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El bestiario monstruoso del «jardín de los suplicios»

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

El tríptico de El jardín de las delicias es la pieza fundamental de la exposición retrospectiva que el Museo del Prado ha celebrado con motivo del quinto centenario de la muerte (1516-2016) del Bosco. destaca la vigencia de esta obra inabarcable y enigmática, sin fecha ni firma, algo habitual en las obras de este artista.

Cada siglo ha interpretado de diferentes modos al Bosco: el inventor de monstruos y quimeras grotescas, el traductor visual de las metáforas bíblicas, el pintor diabólico del horror y el misterio, o el surrealista avant la lettre creador de extrañas pesadillas. Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, era «el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente».

no voy a hablar aquí de la totalidad de su obra El jardín de las delicias, sino de un aspecto fragmentario, del bestiario antropomórfico que habita en este tríptico, para intentar descifrar algún enigma a través de ciertas palabras e iconografías claves: «H» de herejía» e «híbrido». «O» de «ornitorrinco». «B» de «búho». «P» de «paraíso». «C» de «cuerpo» y «culo». «E» de «escatología». «S» de «suplicios».

Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, [el Bosco] era ‘el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente’.

 

«H» de «herejías medievales»: la secta de los adamitas

Jeroen van Aken (c. 1450-1516), más conocido como Hieronymus Bosch, nació y vivió en Bolduque (´s-Hertogenbosch, Holanda), de donde tomó su nombre. Pertenecía a una familia de artistas del gremio de los pintores. Las obras del Bosco pertenecen al estilo gótico, pues conservan una mentalidad medieval muy alejada del estilo renacentista de la época. en ellas coexisten en extraña sintonía las ciencias ocultas, la alquimia y la Biblia. En 1488 se unió a la Hermandad de Nuestra Señora, a la que pertenecían también su padre y su adinerada esposa. Era esta una elitista cofradía ultraortodoxa, lo que contrasta fuertemente con el contenido heterodoxo de las obras del Bosco. En una época en la que la Inquisición reprimía brutalmente toda forma de expresión contraria al dogma, pertenecer a una cofradía tan reputada podía ser la mejor manera de ocultar las herejías que se le atribuyen al Bosco, las cuales se desvelan en forma de enigmas en su tríptico.

El Bosco. «Infierno», El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Wilhem Fraenger, en su obra Hieronymus Bosch. Das Tausendjährige Reich (1945), defiende la tesis de que el Bosco pertenecía a la secta herética de los Hermanos del Espíritu Libre o adamitas; esta teoría aparece también en el libro de Javier Sierra, El maestro del Prado (2013). La secta estaba arraigada en Flandes desde el siglo xiii, precisamente en la ciudad natal del Bosco: Bolduque. Las herejías eran una respuesta al poder avasallador de la Iglesia y sus dogmas fanáticos. la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria. por ello practicaban sus rituales desnudos y en cuevas, en plena naturaleza, como un modo de regeneración espiritual. precisamente son los cuerpos heréticos y desnudos de los adamitas los que pueblan El jardín de las delicias.

la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria

Pero ¿cuál es el origen de este tríptico? ¿Quién y por qué lo encargó? ¿Es acaso una Biblia herética?

Aunque El jardín de las delicias (1490-1500) está realizado en forma de tríptico, no fue creado para ninguna iglesia; fue encargado por un miembro de la familia real de Holanda, posiblemente Engelberto II de Nassau o su sobrino Enrique III de Nassau. Ambos pertenecían, como el Bosco, a la cofradía de Nuestra Señora, y posiblemente también a la secta adamita. La obra oculta el retrato de dos hombres en una cueva, los cuales han sido atribuidos respectivamente al pintor y al aristócrata que la encargó, como una firma iconográfica y críptica.

Jacques Le Boucq. Retrato de Jheronimus Bosch, c. 1550. Carboncillo y sanguina sobre papel. Biblioteca Municipal de Arrás, Francia.

El cuadro, que se encontraba en el Palacio Real de Bruselas, fue confiscado por los españoles a los herederos de la casa de Orange y subastado junto con El carro de heno y Mesa de los pecados capitales. Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación; tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno.

Entresacado: “Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación, tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno”

 

Bestiario monstruoso

– «B» de «búho» y «O» de «ornitorrinco»

El tríptico se cierra con dos puertas pintadas en la escala de grises, las cuales representan el tercer día de la creación del mundo. En ellas hay sendas leyendas escritas en latín que rezan «Él mismo lo dijo y todo fue hecho» y «Él mismo lo ordenó y todo fue creado». Una imagen de Dios preside el orbe cristalino que sustenta una tierra plana y rodeada de agua translucida, tal como convencionalmente se la representaba.

La tabla izquierda está dedicada al paraíso, con Dios presentando a la recién creada Eva a un Adán sedente. Por encima de ellos vemos la fuente de la vida, que surge de un lago cristalino rodeado de animales míticos, bellos y exóticos. De allí surgen extrañas criaturas, una especie de renacuajos y reptiles, que parecen escindirse y transformarse; como si se tratara de una tabla evolutiva de la vida anfibia casi cuatrocientos años antes de Darwin y el Origen de las especies.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: fuente de la vida, búho, anfibios y reptiles.

En el orbe central de la fuente, desde una especie de globo ocular gigantesco, se asoma un búho o una lechuza; aves asociadas a magos y brujas además de a Atenea, la diosa de la sabiduría. El búho representa el secreto y la clarividencia. Simboliza la unión entre el inframundo, el mundo visible y el celestial. Estas aves aparecen observándonos fijamente en las tres tablas, como si estuvieran en posesión de una verdad oculta solo entendible para los iniciados.

En la parte inferior del paraíso, hay un pozo de agua oscura con todo un bestiario alucinógeno, donde destaca un extraño ser encapuchado (una especie de ornitorrinco leyendo un breviario). Unicornios, grifos, jirafas y elefantes eran animales habituales en el imaginario occidental, pero el ornitorrinco fue desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera este animal? Quizá seamos nosotros quienes traducimos este híbrido a un código visual reconocible. El ornitorrinco es un enigma darwiniano, un oxímoron en sí mismo: anfibio, mamífero y ave a la vez. es el paradigma de todos los seres grotescos que aparecen en este bestiario; de estas criaturas llamadas drolleries (bufonadas o grotescos) que ilustran los manuscritos medievales con todo tipo de animales con actitudes humanizadas, como metáforas de los pecados, deseos y pasiones.

Unicornios, grifos, jirafas o elefantes eran animales habituales en el imaginario Occidental, pero el ornitorrinco era desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera a este animal?

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: poza con criaturas ficcionales y ornitorrinco.

– «C» de «cuerpo» y «culo»

El Bosco también fusiona hombres con animales, reales o míticos, con plantas, con instrumentos y con demonios, creando criaturas que parecen extraídas de Las Metamorfosis de Ovidio. El Edén y el infierno se convierten en una especie de isla laboratorio del Doctor Moreau con sus híbridos contra natura, en el lugar donde habitan los monstruos de la imaginación y la locura, de la represión religiosa y sexual, de las alucinaciones y la magia.

En la tabla central aparece el «jardín de las delicias». En esta Arcadia pagana o paraíso perdido, donde el hombre vivía en armonía con los animales, vemos a seres entregados a una serie de infinitas combinaciones sexuales entre humanos y animales, e incluso a extrañas formas de placer compartido con flores exuberantes y frutas suculentas. Varios lagos surcan la tierra, en referencia a la fertilidad, y esta se hace especialmente presente en la piscina central. Allí aparecen tentadoras mujeres rubias con manzanas en la cabeza, sirenas y algunas jóvenes negras; rodeadas por un desfile de hombres montados sobre unicornios y «gatocornios», camellos, caballos, jabalíes, ciervos, peces voladores… La profusión de aves, de todas las formas y tamaños, es abrumadora; entre ellas aparece algún ornitorrinco, el omnipresente búho que nos taladra con su mirada, y dos ícaros de frágiles alas.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: el cortejo de los caballeros.

¿Pero representan esos cuerpos desnudos de los adamitas una condena de la lujuria, o acaso la celebran sin temor al pecado original? La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual. Estos cuerpos se entregan al placer de los sentidos sin importarles cómo lo obtienen. Vemos culos de los que surgen aves, rostros, flores, frutas o perlas; culos azotados y amoratados; culos como soporte de una partitura o de los que afloran instrumentos musicales… sodomíticas y escatológicas imágenes, pero con diferentes interpretaciones.

La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual

 

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central.: coraza de langosta y adamitas.

– Una temporada en el infierno. «E» de «escatología» y «S» de «suplicios»

La escatología tiene un doble significado en el idioma español: por un lado trata de los excrementos, y por otro es un conjunto de teorías (comunes a diferentes mitologías y religiones) referidas al fin del mundo y la humanidad; en suma, el Apocalipsis. El purgatorio y el infierno cristianos forman parte de esas teorías, que el Bosco traduce de nuevo a su bestiario monstruoso. Así los animales del Edén ya no son objeto de placer, sino que se han convertido en seres infernales con deformaciones grotescas; símbolos de la corrupción del alma humana y ejecutores del castigo por los pecados capitales.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: Instrumentos musicales de tortura y lujuria.

La música se consideraba afrodisíaca y la lujuria se asociaba a «la música de la carne». Los instrumentos de suplicio son armas y artefactos musicales gigantescos: flautas, arpas, gaitas, tambores… Engendros acorazados pululan por este escenario alrededor de la tenebrosa laguna Estigia, congelada y surcada por un ornitorrinco con patines y hombres abocados a naufragar. Algunos seres van vestidos como monjes, y uno de ellos sostiene un largo gancho del que cuelga una llave gigante con un hombre como carnaza; críptico mensaje cuya clave es el hombre desnudo. Decapitaciones, empalamientos y descuartizamientos son la rutina infernal. Un caballero caído portador de un cáliz de oro (tal vez el Santo Grial de reminiscencias artúricas) es devorado por bestias que atraviesan su armadura. Otro caballero, desnudo pero con yelmo, es atravesado con una espada blandida por un híbrido de pez abisal con alas de mariposa.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: la llave del hombre desnudo y los caballeros asesinados.

El amo de este infierno dantesco es un gigantesco pajarraco antropomorfo devorador de hombres, a los que deglute y expulsa, como desechos abyectos, hacia un pozo negro; un sumidero insondable donde un hombre vomita y otro defeca monedas de oro. Vemos la escatología tanto en la fase anal freudiana, asociada a la avaricia, como en el sentido bíblico apocalíptico.

 

Los hombres de la cueva

El Bosco, El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: presunto autorretrato del Bosco.

Pero después de esta lectura fragmentada, ¿se ha conseguido descifrar algún misterio? ¿Era el Bosco fiel transmisor de la ortodoxia religiosa medieval? ¿O por el contrario era un hereje que socavaba desde su interior el dogma católico? Creo que este tríptico desvela una clave sobre el propio autor. Javier Sierra sostiene que, a pesar de no estar firmada, esta obra es sin duda de él, porque encierra una firma visual en forma de autorretrato: en la parte inferior derecha del panel central (correspondiente al paraíso) se ve a dos hombres medio ocultos en una cueva junto a una mujer con una manzana en la mano. El rostro del hombre más oculto ha sido interpretado como un autorretrato del pintor; el otro hombre sería el aristócrata que encargó la obra. Este último es más visible y aparece con el dedo señalando a la Eva/Venus adamita.

Esta firma iconográfica podría ser entendida como el desvelamiento de la pertenencia del artista a la secta adamita, ya que era conocedor en profundidad de sus rituales heréticos. Aunque estos códigos encriptados en las imágenes tienen significados polisémicos inabarcables, los símbolos, alegorías y metáforas escondidos en su obra nos conducen a esta interpretación: en el Bosco, hijo de una época cismática, coexistían la ortodoxia y la heterodoxia, la lujuria y la culpa, lo sublime y lo grotesco, el eterno conflicto entre el orden y el caos.

 

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta 7

 

 

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Salvator Mundi ¿El último Leonardo?

Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, s.d. Óleo sobre lienzo, 65,6 x 45,4 cm. Colección privada. © 2011 Salvator Mundi LLC. Fotografía: Tim Nighswander/Imaging4Art

 

En 2011, con motivo de la exposición celebrada en la National Gallery de Londres titulada «Leonardo da Vinci: pintor en la corte de Milán», sale a la luz un pretendido cuadro del maestro florentino hasta la fecha perdido. Se trata de un lienzo que sigue la iconografía de Cristo como Salvador del mundo: vestido con túnica, bendiciendo con una mano y sosteniendo un orbe en la otra. En las líneas que siguen vamos a introducirnos en este misterioso cuadro y tratar de explicar sus aspectos más relevantes.

Comenzaremos con una aproximación a lo que significa la imagen de Cristo como Salvator Mundi. Este tipo de representaciones se pusieron de moda en pleno Renacimiento, a finales del siglo xv, y se dan en la esfera flamenca y en Italia. Este tipo de representaciones son una evolución de los tipos de la Santa Faz y del Cristo en Majestad. La mano que bendice con tres dedos es un signo de la Santísima Trinidad (si es con dos dedos, nos remite a la doble naturaleza divina y humana de Cristo; si es con los cinco dedos, a las cinco llagas), mientras que el orbe es un atributo regio. En muchas de estas imágenes hay una cruz sobre el globo terráqueo, señal de la pasión y crucifixión de Cristo.

Rogier van der Weyden, panel central del Tríptico de la familia Braque, 1452. Museo del Louvre, París.

La primera obra de este tipo que podemos mencionar proviene de Rogier van der Weyden. Se trata del denominado Tríptico Braque (1452), en cuyo panel central aparece esta iconografía de Cristo, pero acompañado de la Virgen y de san Juan Evangelista. De allí en adelante proliferó este tipo de Cristo portador del orbe y en actitud de bendecir. así lo encontramos en los primitivos flamencos, (entre ellos Jan van EyckHans Memling y Gérard David), en la Italia del Quattrocento (donde tenemos a Antonello da Messina) y también en España (es el caso de Fernando Gallego). Siguiendo esta estela, en el paso del siglo xv al xvi Leonardo da Vinci y Alberto Durero también se ocupan del tema. En el siglo xvi continúa desarrollándose y tenemos numerosos ejemplos de la mano de Tiziano.

Parece que no está del todo claro que Leonardo fuera el autor de un Salvator Mundi a finales del siglo xv, pues podría haber sido obra de su taller. Hay una referencia a este lienzo en las Vidas de Vasari, obra del siglo xvi que recopila las biografías de los artistas italianos. La pista más fiable proviene de un grabado firmado por Wenceslaus Hollar en 1650, donde se menciona explícitamente que fue copiado de un original de Leonardo. Este grabado es formalmente similar al lienzo del que estamos hablando, y esa es una de las pruebas a favor de la autoría de Leonardo. Pero, aparte de este grabado, existen numerosas versiones del Salvator Mundi; al menos veinte contando obras de taller y copias posteriores, lo que indica la probabilidad de que exista un original del maestro.

Wenceslaus Hollar, Copia de Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, 1650. Grabado, 26,4 x 19,0 cm. The Royal Collection (RL 801855)

Otro de los argumentos para pensar que Leonardo llevó a cabo esta obra es que a lo largo de su producción representa a Jesús en las distintas etapas vitales: su niñez es el tema de grandes obras, como La Virgen de las Rocas o Santa Ana, la Virgen y el Niño; como adolescente aparece en una obra perdida, presuntamente encargada por Isabela de Este, de la que tenemos una versión de taller en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid; y, como olvidarlo, sobre la etapa de madurez tenemos La última cena de Milán. Hay también apuntes en lápiz del rostro de Cristo en el Codex Atlanticus, datado en 1480, que podrían haber sido bocetos para esta obra. No es por tanto descartable que Leonardo quisiera pintar a Cristo en majestad en la forma de Salvador del mundo.

El lienzo fue adquirido en 2005 por un consorcio privado neoyorquino, RW Chandler. Tras más de cinco años de investigación fue autentificado por Robert Simon, doctor en Historia del Arte de la Universidad de Columbia. A favor de la autoría de Leonardo, Simon esgrime el hecho de que pigmentos, técnica y estilo hacen referencia directa al maestro florentino. Entrando en más detalles, se aprecian arrepentimientos en el dibujo del pulgar de la mano derecha y en los contornos de la mano izquierda tras la esfera, los cuales son típicos de Leonardo —es bien sabido cómo dibujaba y redibujaba una y otra vez hasta que quedaba perfecto. Además, la cabeza parece estar elaborada a partir de un cartón, como era frecuente en la producción del maestro. Otro elemento a tener en cuenta es el diseño del brocado de la túnica del Salvador. Existen antecedentes de un diseño parecido en un dibujo de Leonardo conservado en la Royal Library de Oxford.

 

Pero no hay unanimidad en que la autoría de este lienzo sea al cien por cien de Leonardo. Contamos, por ejemplo, con la opinión del catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma y miembro de la Real Academia de la Historia, quien en el momento en que se suscitó la polémica afirmaba: «Necesitamos más pruebas científicas. Todavía no se han publicado estudios sobre el material, ni sobre la composición de los pigmentos (…) de momento lo único que se ha hecho es una atribución por parte de un grupo de especialistas». También apuntaba un rasgo iconográfico importante: «hay algunas diferencias “extrañas” entre el lienzo actual y un dibujo al óleo que aparece en un grabado de 1650, realizado por el artista Wenceslaus Hollar». Hoy en día, varios años después, todavía parece no haber pruebas contundentes a favor de la autoría de Leonardo.

Pero nosotros nos vamos a detener en un elemento clave, donde posiblemente podamos hallar alguna pista de la intervención de Leonardo da Vinci y de elementos que van más allá de lo natural. Nos referimos a la enigmática esfera transparente que el Salvador porta en su mano izquierda. Hemos de señalar, ante todo, que esta es la primera vez que un Salvator Mundi tiene en su mano un orbe transparente. Los anteriores eran esferas macizas o con los continentes dibujados, como si se tratara de globos terráqueos, por lo que deducimos que hay una intencionalidad velada al introducir este elemento. Desde el punto de vista geométrico, el pintar con exactitud la mano que sujeta la esfera transparente y se ve a su través requiere conocimientos matemáticos sobre la distorsión de la luz al atravesar el cristal esférico, los cuales solamente podía tener Leonardo en aquel tiempo. De hecho, posteriores representaciones de este orbe transparente reflejan el desconocimiento de la refracción de la luz.

Wenceslaus Hollar, Copia de Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, 1650. Grabado, 26,4 x 19,0 cm. The Royal Collection (RL 801855)

El orbe transparente que pinta Leonardo es de cristal de roca, la forma más pura del cuarzo, y es posible que hubiese una segunda intención en su representación. Las esferas de cristal de roca se habían conservado durante la Edad Media en gabinetes de objetos extraordinarios. Provenían de la Antigüedad y la técnica para realizarlas se había perdido. Se consideraban objetos con propiedades singulares y se creía que estaban hechas de hielo petrificado de los picos de las más altas montañas; por eso se consideraban objetos mágicos. Leonardo era sin duda conocedor de estos atributos sobrenaturales, como atestiguan dos libros que tenía en su biblioteca: el texto medieval de Marbodeus titulado El lapidario o la fuerza y la virtud de las piedras preciosas, de las hierbas y de los animales y el libro de Alberto Magno titulado Libro secreto de las virtudes de las hierbas, las piedras y los animales, publicado en Bolonia en 1478. Como es bien sabido, la esfera de cristal es empleada en la adivinación del futuro.

Por otra parte, Leonardo sabía de la importancia de la esfera como forma perfecta (Platón la señalaba como la más importante dentro de los sólidos por contener el universo entero). La idea de una estructura perfecta, hecha de cristal de roca dotada de propiedades mágicas, que contuviera el mundo dentro de sí fue, sin duda, la mejor manera que encontró Leonardo para representar el atributo del Todopoderoso.

A modo de conclusión, podemos afirmar que no hay una certeza, aunque sí una alta probabilidad, de que este lienzo proceda de la mano de Leonardo da Vinci. Ante la duda de si el maestro pudo idear la obra, las pruebas son más concluyentes; sobre todo la que se fundamenta en la inclusión del orbe de cristal de roca. Podemos decir entonces que, aunque tal vez no la mano ejecutora, sí que la mente de Leonardo estuvo tras este Salvator Mundi, ya que la bola de cristal como orbe sagrado es, sin duda, una idea original del gran genio florentino.

 

Pedro Ortega

Este artículo está publicado en Mistérica Ars Secreta 4:

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Alentejo: megalitos y mouras encantadas

Cromlech de los Almendros. Fotografía: Mistérica.

Subiendo la colina que atraviesa el bosque en dirección este, encontramos un milenario monumento compuesto por grandes losas de piedra ennegrecida. A sus pies, semienterrados en la arena, se pueden apreciar algunos huevos abiertos de serpiente. Estamos en la provincia del Alentejo portugués y sus habitantes llaman a estos lugares casas de las Mouras Encantadas. Las leyendas cuentan que se aparecen durante los solsticios y en noches de luna llena. tomemos asiento para escuchar la historia que enlaza los megalitos con sus arcanas protectoras.

 

Mitología lusitana

El actual territorio portugués hunde sus raíces históricas en la antigua provincia romana de Lusitania. Su población autóctona anterior, de etnia desconocida, se mezcló con gentes de origen celta a lo largo del siglo vi a. C. Luego, tras la llegada de romanos y cartagineses, absorbió el imaginario cultural mediterráneo, y esa simbiosis dio nacimiento a una de las más interesantes mitologías europeas, que actualmente continúa emparentada con la región española de Galicia. El panteón religioso lusitano primigenio estaba compuesto por un dios supremo, Endovélico, quien compartía triunvirato con Ataegina y Runesocesius. En este contexto se encuentran diferentes rituales prerromanos, de los que el más singular y conocido es el culto ibérico de las cabezas cortadas.

respetando parcialmente estos mitos antiguos, en cada uno de los valles del interior de la Lusitania se van difundiendo diferentes narraciones para explicar fenómenos naturales y sobrenaturales de carácter muy oscuro, donde los protagonistas ya no son dioses. En estos relatos predominan las historias de brujas, demonios y ritos relacionados con la luna sobre los cuentos de hadas, más suaves o moralizantes. Sin embargo, estos últimos cuentos son imperantes en otras regiones de sustrato celta, como las islas Británicas, Irlanda o Bretaña. No obstante, en el Alentejo, una región al sur de Portugal que posee la mayor concentración de megalitos de toda la Península, los guardianes de aquellas construcciones no son precisamente simpáticos elfos que salgan de sus cuevas al atardecer, sino las llamadas mouras encantadas, que se describirán más adelante con detalle.

Dolmen da Orca. Fotografía: Alberto.

Megalitismo en femenino: el Crómlech de los Almendros

Detengámonos ahora en la morada y refugio de estos seres encantados: los megalitos. Se trata de un fenómeno constructivo prehistórico de origen y función desconocidas que aparece en diferentes lugares del planeta al mismo tiempo durante el primer Neolítico europeo (5000 a. C. aprox.) y desaparece a mediados de la Edad del Bronce (1500 a. C. aprox.).

Los últimos constructores de la Edad del Bronce se llevaron a la tumba el secreto que esconden estas faraónicas construcciones (de hecho, algunos tuvieron el privilegio de ser enterrados a sus pies). desde entonces todas las civilizaciones posteriores han querido interpretar estos restos generando infinidad de leyendas y especulaciones sobre su finalidad. En el caso del folclore lusitano, los megalitos han sido descritos desde muy antiguo como lugares donde habitan seres del inframundo, puntos de reunión para brujas los viernes por la noche o cuevas habitadas por serpientes que guardan tesoros. Estas historias quedan recogidas en los recopilatorios de cuentos folclóricos y leyendas llevados a cabo durante el siglo xix por varios autores interesados en rescatar la riquísima tradición oral de la Península, entre los que destaca el etnógrafo portugués Consiglieri Pedroso.

No es casualidad que el megalito más antiguo de Iberia y uno de los primeros del mundo esté en la región del Alentejo portugués. Los alrededores de la actual ciudad de Évora, su capital, albergan dos complejos megalíticos muy especiales: un inmenso dolmen de corredor en Zambujeiro (3500 a. C. aprox.) y el Crómlech de los Almendros, datado por radiocarbono en su primera fase con la increíble fecha de 4800 a. C. Para ponernos en situación, un dolmen o tumba de corredor es una estructura con forma de pasillo, creada por la superposición de losas horizontales y bloques verticales hincados en la tierra y cubiertos de piedras o tierra. Por su parte, un crómlech es un conjunto de bloques de piedra clavados verticalmente en el suelo en forma de círculo o elipse.

“No es casualidad que el megalito más antiguo de Iberia y uno de los primeros del mundo esté en la región del Alentejo portugués”

Lo inexplicable, tanto en los megalitos del Alentejo como los del Algarve y la Estremadura portuguesa, es que los enterramientos estudiados en sus inmediaciones recojan una proporción mayor de tumbas de mujeres que de hombres. ¿Fueron acaso ellas sus constructoras y promotoras? ¿Están las leyendas sobre mouras protectoras de megalitos basadas en una posible sociedad matriarcal jerarquizada? Todavía no hay respuesta para estas preguntas, pero la utilización continuada de los dólmenes para rituales de fertilidad y matrimonio hace pensar que su uso ha sido predominantemente femenino.

Casa dos Mouros en la sierra de Aboboreira. Fotografía: Antonio Miguel de Campos.

cerca de la espectacular Sintra se encuentra el dolmen de Anta de Belas, donde aún hoy los recién casados pasan la noche juntos a la intemperie para poner a prueba si el matrimonio va a ser fructífero. al norte, en tierras más agrestes, el dolmen de Serra de São Domingo sigue siendo el lugar elegido para un antiguo ritual donde las mujeres pasan la noche recostadas en la piedra como rito de fertilidad. tampoco hace falta salir de la región central del Alentejo para encontrarse cualquier fin de semana, en mayo o junio, con celebraciones de bodas en los megalitos, donde el punto álgido de las ceremonias es dar tres vueltas en torno al dolmen o menhir local mientras la comunidad aplaude. No está documentado si estos rituales tienen su raíz en la reinterpretación cristiana de los megalitos que se dio en la Edad Media, o si tienen algún vínculo con tradiciones de la antigua Lusitania o incluso prerromanas. De cualquier modo, la Iglesia católica, que es predominante en Portugal, ha asimilado algunos dólmenes y les ha atribuido apariciones de santos y hechos milagrosos. En estos casos los dólmenes fueron bendecidos y convertidos en capillas, llamadas en portugués anta-capela. el ejemplo mejor conservado es el de Pavia y su capilla de San Dionisio. Por supuesto, no todos fueron incorparados a la tradición cristiana y muchos se destruyeron, tal como está documentado, sobre todo, en la región del norte (incluyendo también parte de Galicia), donde solían celebrarse en los megalitos muchos rituales paganos nocturnos, relacionados con cultos lunares, sin la aprobación eclesiástica.

Mouras: constructoras en forma de serpiente

El folclore lusitano, al igual que el del resto de Europa y Asia, está plagado de referencias a seres sobrenaturales que viven o se ocultan bajo el subsuelo. A veces estos lugares imaginarios tienen una puerta que conecta con el mundo de los vivos, y esa entrada suele estar en lugares remotos o inaccesibles. En las leyendas portuguesas son dólmenes, cuevas, fuentes o arcoíris (arco da velha en su idioma local; curiosamente, velha es el nombre de los legendarios constructores de megalitos). Los lugares de este tipo que más abundan en los bosques de Portugal son esas antiguas construcciones y las cuevas impenetrables que el imaginario colectivo ha hecho protagonistas de todo tipo de historias fantásticas. Rui Boaventura es el autor más destacado cuando hablamos de megalitismo lusitano, ya que tiene recopilados más de 3 000 megalitos hallados en suelo portugués desde mediados del siglo xix; una vastísima colección teniendo en cuenta el tamaño del país. El interés por estos temas volvió a la actualidad en 2014, cuando la Universidad de Helsinki publicó la interesantísima tesis doctoral de Henna Lindström, donde su autora hace un meticuloso estudio de la relación entre los megalitos y sus legendarias constructoras y guardianas, las mouras encantadas.

En prácticamente todas las fabulas europeas se relaciona la construcción de los megalitos con las mouras o espíritus del otro mundo. Estas misteriosas mujeres tienen cualidades similares: vida eterna, sabiduría en conocimientos ancestrales, juventud y belleza. Perfecta combinación para encandilar las mentes y disuadir a todo el que osara acercarse a los megalitos en busca de tesoros. Aunque tales leyendas se consideran de origen prerromano, la primera referencia que nos ha llegado donde aparecen mouras está en el libro de Vasco da Ponte Relación de algunas casas y linajes del reino de Galicia, publicado entre 1530 y 1535. En él se relata un viaje en busca del tesoro que custodiaban unas bellas mouras en una cueva megalítica llena de búhos. Nada quedaba al azar en aquellos relatos, pues los búhos son otra referencia a la sabiduría de las enigmáticas guardianas de tesoros.

En una gran parte de estas historias, que siguen estando presentes en el imaginario colectivo portugués, también aparecen mouros; pero, al contrario que su versión femenina, ellos no son encantadores, bellos ni sabios. Son todo lo contrario, son agresivos, rudos y solo están interesados en los bienes materiales. De hecho, en las leyendas nunca son protagonistas, sino meros guardianes de los tesoros. ¿Por qué esta gran diferencia con respecto a las mouras? ¿Qué motivación hay en la zona para dar más importancia a los seres sobrenaturales femeninos que a los masculinos? Es difícil de explicar en conjunto, pero con respecto a los mouros en concreto, el hecho de que sean caracterizados de forma mucha más avara y cruel en el sur hace pensar a los investigadores que se trata de historias posteriores, probablemente tardomedievales, asociadas a la imagen negativa de los musulmanes africanos, que se extendió por los reinos cristianos tras la reconquista. El parecido lingüístico con el término «moro» ha dado lugar a equívocas interpretaciones sobre su origen, pero el hecho de que la misma palabra se utilice también en las islas británicas y en algunas zonas del norte de Europa sin conexión con las conquistas norteafricanas deja a un lado cualquier confusión.

“Las apariciones de mouras y su interacción con el mundo real están relacionadas con los momentos de solsticios, equinoccios y plenilunio”

Las apariciones de mouras y su interacción con el mundo real están relacionadas con los momentos de solsticios, equinoccios y plenilunio (casualmente, justo cuando los megalitos son utilizados de forma ritual). es entonces cuando transmiten su conocimiento ancestral y destreza a las personas que se acercan a visitarlas con la actitud adecuada. Las manifestaciones de mouras en las leyendas pueden darse en forma de animales, como toros, vacas, cabras o serpientes. En este último caso, tal como se recoge en los estudios etnográficos de autores portugueses, son representadas cantando y peinándose largas cabelleras rubias o pelirrojas, lo cual dispara la imaginación del oyente y le crea una contradicción, ya que se mezclan las sensaciones de terror y respeto que infunden las serpientes en las zonas agrícolas con la sensualidad y la sabiduría, al dotar a estos seres de voz embaucadora y atributos femeninos. La figura de la serpiente está también asociada a las pinturas rupestres, cercanas a yacimientos megalíticos en el suelo lusitano, cuyo apogeo tuvo lugar bien entrada la Edad del Bronce. Estos se vinculan además con divinidades femeninas europeas de la fertilidad, como la minoica Rea, la fenicia Astarté y las griegas Ártemis, Atenea, Hécate, Deméter y Perséfone –(la reina del inframundo). Por otro lado, son conocidas las representaciones de serpientes devorando el sol; alegorías del ciclo de la vida y muerte o de las estaciones, ya que los ofidios hibernan en madrigueras en el subsuelo –(el Mourama o inframundo de la mitología portuguesa) y mudan la piel, así que resultan perfectas para explicar los ciclos de muerte y nacimiento.

 

Conclusión

En resumen, la función de los incontables megalitos que se yerguen sobre suelo portugués seguirá siendo un misterio en los próximos años. Aún así, tanto los nuevos estudios sobre sus alineaciones, como las excavaciones que están sacando a la luz nuevos datos acerca de la existencia de una sociedad mucho más matriarcal de lo que hasta ahora se pensaba, dejan la puerta abierta a interpretaciones antropológicas muy interesantes. Hay que apuntar que esta región no ha gozado, como otros lugares, de la inversión necesaria para sacar a la luz cuanto se esconde bajo el suelo ibérico, por lo cual esperamos impacientes nuevos hallazgos y publicaciones.

También se han hecho nuevos descubrimientos en las Azores. Estas islas situadas en medio del Atlántico que actualmente pertenecen a Portugal, a consecuencia del expansionismo colonialista del siglo xv, se creían deshabitadas hasta la llegada de los europeos. Sin embargo, en una de sus islas, Terceira, en zonas militares anteriormente vetadas, se han localizado formaciones de tipo megalítico en Monte Brasil y en la Grotta do Medo (‘gruta del miedo’). aparecen, incluso, inscripciones rúnicas y cavidades circulares que no tienen similitud con los signos del megalitismo atlántico. Por si esto fuera poco, se han podido fotografiar en la isla formaciones tipo cart ruts; largos surcos milenarios alineados, aparentemente artificiales, cuyo origen se desconoce y que han fascinando a los estudiosos desde hace décadas. Todo apunta, si esto se confirma, a que los habitantes prehistóricos de Lusitania podrían haberse aventurado hacia las rutas del Atlántico mucho antes de lo que se tiene oficialmente constancia. No obstante, todavía hay que esperar a que los arqueólogos consigan los permisos necesarios para excavar en estas zonas.

Las mouras encantadas, sin embargo, no necesitan ningún tipo de investigación para seguir estando presentes en las conversaciones de amigos y familiares en Portugal. La cuestión del posible matriarcado prehistórico continúa en el aire. El ejemplo más cercano en la Península puede ser el de la diosa Mari de la mitología vasca; divinidad que habita en cuevas y se manifiesta bajo una espeluznante forma de cabra en las leyendas locales. Allí donde se alce un megalito, los habitantes de la región seguirán manteniendo viva la llama de las mouras encantadas protectoras que, muy probablemente, hayan conseguido indirectamente que en algunos casos este patrimonio haya llegado intacto hasta nuestros días.

Sergio Álvarez

 

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Penny Dreadful: un mordisco de cómic al horror clásico

Eva Green as Vanessa Ives and Timothy Dalton as Sir Malcolm in Penny Dreadful (season 1, episode 8). - Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME - Photo ID: PennyDreadful_108_0681
Eva Green como Vanessa Ives y Timothy Dalton como Sir Malcolm in Penny Dreadful (temporada 1, episodio 8). – Foto: Jonathan Hession/SHOWTIME

La elegancia decimonónica, el terror arrabalero londinense, el pulp fiction de plumas de pavo real, las ínfulas poéticas más refinadas y malditas y, en definitiva, toda la sed de sangre que un dandy vampírico a la vieja usanza necesita, se encuentra, se sacia, en este maravilloso ejercicio de retorcido y malvado fin de siècle televisivo. Al fin se estrena en España esta serie de ocho capítulos capitaneados por John Logan, un reputado guionista hollywoodiense que cuenta entre algunas de sus películas más conocidas obras como, Gladiator y la más cercana a la sangre londinense que nos ocupa, Sweeny Todd, de nuestro querido y cada vez más prescindible Tim Burton. Acompañando a John Logan se encuentra Sam Mendes, al que conocemos sobre todo por dirigir la estupenda American Beauty. Ambos crean para la cadena de televisión estadounidense Showtime, un serial basado supuestamente en las pequeñas publicaciones de horror en la antigua Inglaterra victoriana que proliferaban por aquella época, de la que precisamente Sweeny Todd era uno de sus hallazgos, pero traídas al presente en un pastiche muy de cómic, parecido a la Liga de los Hombres Extraordinarios, en el que mezclan a los vampiros con Dorian Gray, Frankenstein y cualquier otro personaje popular y maldito del horror del siglo XIX.

La historia de esta primera temporada es bastante débil y en ocasiones inconsistente, con comportamientos y actitudes a veces tan inconexos como incoherentes. Pero eso es lo de menos, porque la factura estética de la serie es tan apabullante que acabamos perdonando todos sus pecados. Tanto la fotografía como los decorados o la cuidada ambientación, es de una soberbia calidad, y para ello se han contratado a algunos directores punteros como el español Juan Antonio Bayona, que se encarga de los dos primeros capítulos de la saga con una maestría estética semejante a la de sus películas. El elenco de actores recoge algunos nombres célebres venidos a menos, como Josh Harnett o Timothy Dalton, pero son fagocitados en escena cada vez que aparece la insultante y graciosa presencia de su majestad Eva Green que, a veces se muestra irónica, a ratos poseída, en ocasiones enloquecida, pero siempre, absolutamente siempre, esconde toda una definición del arte escénico cada vez que se acerca una taza de té a sus labios. Simplemente está estupenda. Mención aparte hay que hacerla a mi admirado David Warner, uno de mis “malos” favoritos del cine, que aquí hace un pequeño papel como Van Helsing. La música, a cargo de Abel Korzeniowski, acompaña a las imágenes con un estupendo manto sonoro tan siniestro como atormentado, en uno de los mejores trabajos que recuerdo a nivel musical en una serie de televisión. Clásica, pero a un mismo tiempo actual, la partitura del maestro Korzeniowski siembra oscuridad y belleza a partes iguales.

Episode 101

Las reminiscencias del posromanticismo tardío campan a sus anchas en los perversos fotogramas de Penny Dreadful. Uno parece ver cuadros de Franz Von Stuck o los ambientes malditos de Baudelaire o Poe mientras recorre los capítulos de esta serie, todo ello salpicado por el cine de terror actual realizado con gusto, estilo y de una manera muy gótica, más cercana a la ortodoxia clasicista del terror romántico que a la serie B del terror actual, aunque Penny Dreadful emane de las dos fuentes. La pena es que haya capítulos muy irregulares o que algunas tramas carezcan de interés o resulten prescindibles. El punto débil es, sin duda alguna, su guión. Si no fuera por ello estaríamos hablando de una obra maestra. Afortunadamente, en lo que sí destaca sobremanera esta serie, es en el auténtico regalo para la vista: su cuidada estética. Es una delicia disfrutar del excelente vestuario. En cada cambio de escena estoy que me muerdo las uñas por saber qué llevará la Green. También destaca la magnífica ambientación, la iluminación, la decoración, que huele toda ella a perfumes henchidos en cloacas de sangre. En ese sentido, Penny Dreadful es muy especial y, si te atrae el terror del siglo XIX y la estética decadentista, Penny Dreadful es perfecta. Y afortunadamente sus responsables han confirmado una segunda temporada, que actualmente se está rodando en Dublín y que constará de diez capítulos más con los que saciar de sangre nuestro apetito de gótico canónico.

Por Alberto Monreal

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Cleopatra, desesperación y magia en Alejandría

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John William Waterhouse. Cleopatra, 1887. Colección privada, a/c Martin Beinsly Fine Art.

Cleopatra VII de Egipto, cuya figura ha sido presentada en el cine como prototipo de belleza, justa reina de inmaculado linaje y amante apasionada, podría haber sido todo lo contrario: ajena a los cánones de belleza actuales, proveniente de una dinastía extranjera en decadencia y una astuta estratega que utilizaba a sus amantes. Eso sí, fue iniciada en los misterios egipcios. La realidad y el mito se entrelazan en lo que respecta a la más famosa de las reinas del Nilo.

El mito y la realidad

Cleopatra VII, también conocida como Cleopatra Filopátor Nea Thea, fue la última reina regente de la dinastía ptolemaica, que había gobernado el país del Nilo desde la caída de Alejandro Magno en el siglo iii antes de Cristo. Se la presenta como una mujer independiente, culta, hermosa e inteligente que dominó un extenso reino desde su palacio de Alejandría, donde era venerada por su pueblo. Por si esto no fuera suficiente, utilizó sus encantos naturales para atraer a los hombres más poderosos de su época y expandir su influencia en todo el Mediterráneo. La más bella de todas las reinas de la antigüedad utilizaba las mejores vestiduras y los mejores cosméticos que se podían adquirir en el mundo antiguo para seducir a embajadores y dignatarios. No conoció un no por respuesta hasta que el envidioso Octaviano aplastó Egipto bajo el yugo romano y terminó de esta forma con tres mil años de armoniosa civilización faraónica. El conocido final perfecto, con Cleopatra y su marido cometiendo doble suicidio por amor, es un mito que nos ha llegado a través de las películas de Hollywood, novelas y series de televisión. Las fuentes, sin embargo, nos hablan de una historia diferente, más interesante y llena de matices.

Para empezar, el contexto histórico en el que Cleopatra llegó al poder era muy diferente al de aquel reino estable de los constructores de las pirámides de Guiza. El pueblo egipcio había estado sometido a una jerarquía sacerdotal hereditaria, con sede en Menfis, desde las primeras dinastías faraónicas del Imperio Antiguo (ca. 2700 a. C.). Nunca fue «libre» ni tuvo ningún órgano representativo, como se deja entrever en algunas de las historias que han llegado hasta nosotros Es hacia finales del Imperio Nuevo (ca. 1100 a. C.) cuando Egipto alcanza su máxima expansión territorial. Desde ese momento se sumerge en un proceso regresivo: es invadido por diferentes potencias extranjeras y pierde su independencia cultural respecto a las civilizaciones vecinas. El momento en el que Alejandro Magno entra en Menfis y es proclamado faraón, en el 332 a. C., fue un episodio triste para la sociedad egipcia, que veía a estos nuevos invasores forasteros como «menos malos» que los anteriores. de hecho, Alejandría era una ciudad estado vetada a los propios egipcios, desde donde una minoría griega recaudaba la riqueza del país y tomaba las decisiones.

Cleopatra subió al trono en el año 51 a. C. con el sobrenombre de Filopátor, ‘la que ama a su padre’. Su progenitor, Ptolomeo XII, fue precisamente una de las figuras más nefastas de su dinastía, y personifica cuán inestable era el poder que ella heredó. apodado irónicamente Auletes (traducido como ‘el flautista’) por su afición a la música y su absoluta despreocupación de los asuntos de estado, perdió importantes territorios en el Mediterráneo, como Chipre, sin oponer resistencia. Ello ocasionó continuas revueltas internas y externas, que tuvo que apaciguar sobornando regularmente a la casta sacerdotal de Menfis y al Senado romano para mantenerse en el trono. Otro problema era su condición de hijo bastardo.

Alexandre Cabanel. Cleopatra probando venenos con prisioneros condenados, 1887. Royal Museum of Fine Arts, Amberes.
Alexandre Cabanel. Cleopatra probando venenos con prisioneros condenados, 1887. Royal Museum of Fine Arts, Amberes.

Para poder reinar, Cleopatra debió casarse con su hermano Ptolomeo XIII, de apenas doce años de edad. algo usual y permitido por ley en Egipto ya que en esos casos la tutela recaía en los eunucos de palacio. En aquel árbol familiar, el historial familiar de traiciones entre hermanos y padres era extenso y pintoresco. según las fuentes romanas, cuando Cleopatra VII era niña presenció, al marchar su padre a Roma en busca de aliados en el 58 a. C., cómo su hermana Berenice IV envenenaba a su otra hermana, Cleopatra VI, para hacerse con el control. Poco después también mandó asesinar a su propio marido y rechazó tajantemente compartir el poder. Cuando su padre volvió a Alejandría, se reestableció en el trono y mandó decapitar a Berenice como represalia. su .esposa, Cleopatra V, también desaparece misteriosamente de toda referencia mural en los templos a partir del 57 a. C. Todos estos acontecimientos debieron ser traumáticos para la joven Cleopatra; aunque no lo suficiente, ya que ella misma entró en el juego de traiciones y luchas por el poder al iniciar una sangrienta guerra civil contra su hermano. Este conflicto destruyó parte de la colección de la biblioteca de Alejandría y terminó con la vida de Ptolomeo XIII, de apenas dieciséis años de edad.

Cleopatra no era precisamente un angelito, ni siquiera en apariencia. Aunque se la ha presentado como una gran beldad de su época, las monedas con su efigie y las estatuas que se han conservado distan mucho del canon de belleza mostrado por la industria cinematográfica. Lo que sí ha quedado registrado en fuentes romanas es su refinada educación palaciega, ya que fue instruida en literatura, música, matemáticas, filosofía, política y magia. Podía desenvolverse en varios idiomas, incluyendo el egipcio (al contrario que el resto de su dinastía), y según el escritor romano Cicerón (que la conoció), tenía cautivadores personalidad y tono de voz. Este mismo autor fue quien creó el mito de que Cleopatra vivía en la opulencia y era una insaciable coleccionista de amantes, con los que habría montado bacanales varias veces a la semana. Una leyenda cuyo objetivo era desprestigiar su imagen en Roma, pero que ha llegado a nosotros con un sentido positivo y glamuroso.

Alejandría, año 30 a. C. ¿El fin de Egipto?

Relieve de Isis en el templo de File. Wikimedia Commons.
Relieve de Isis en el templo de File. Wikimedia Commons.

Otro matiz importante que se falsifica en las novelas sobre Cleopatra es el final real de su historia. Se ha creado la percepción de Octaviano como un malvado que habría conquistado Egipto por envidia y destruido su milenaria cultura, tras la batalla de Accio en 31 a. C. y el suicidio de Cleopatra y Marco Antonio. Esto contradice la lógica de que la historia la escriben los vencedores. De hecho, el vencedor se convirtió en César Augusto, el creador del Principado que llevaría a su máxima extensión las posesiones romanas y engrandecería Alejandría al convertirla en el puerto de enlace con Asia. A pesar de que es cierto que consideró Egipto jurídicamente como su patrimonio personal, también es verdad que mejoró con creces el trato recibido por los campesinos egipcios durante la dinastía ptolemaica. Además, conservó y amplió con dinero público la biblioteca de Alejandría, en la cual mantuvo los nuevos volúmenes llegados de Pérgamo. Asimismo, construyó nuevos caminos y reestructuró el sistema de canales, lo que mejoró la producción agrícola y la distribución de mercancías a zonas apartadas. lo más importante es que llevó a las rutas comerciales la estabilidad que solo el ejército romano podía proveer. Así abrió de nuevo la navegación por el mar Rojo para mercadear con China a través de la ruta de la seda. a pesar de todo esto, se le ha hecho pasar por el malo malísimo en todas las películas; el demonio que destrozó el idílico paraíso del Nilo.

En cuanto a sus últimas disposiciones, nunca sabremos qué pretendía realmente Cleopatra cuando firmó las Donaciones de Alejandría en 34 a. C. Se trató de un acuerdo con Marco Antonio mediante el que este les legaba a ella y sus hijos grandes territorios (algunos en poder de Octavio), reconocía a Cesarión como heredero de César y ponía fin a su matrimonio con Octavia. Quizá su objetivo fuera imponer a su descendencia en las provincias orientales romanas, pero se intuye que no tenía mucho interés en cambiar la situación de los egipcios. Es más, antes de conocer la noticia del suicidio de su amado Marco Antonio, hay constancia de que ordenó asesinar a las voces disidentes del reino y planificó huir con el botín de los templos. Como dato curioso, según la doctora Pilar Rivero de la Universidad de Zaragoza, uno de sus planes de huida habría sido refugiarse en Hispania.

El culto a Isis y la serpiente mágica

En agosto del año 30 a. C. los soldados romanos de Octavio consiguieron entrar en los aposentos de Cleopatra. La escena que se encontraron fue dantesca: había serpientes reptando por todos lados; la reina yacía difunta en su lecho real y sus dos asistentas, moribundas, trataban desesperadamente de recomponer su cuerpo y maquillarla para que la presentación al público fuera, como de costumbre, perfecta. Las tres habían decidido suicidarse con el veneno de la más sagrada de las serpientes, la cobra egipcia. Esta escena fue descrita años después del suceso por autores que conocían la importancia simbólica que acarreaba. La griega diosa-serpiente Pitón, hija de la madre tierra Gea, se enrosca haciéndose una con las divinidades ofidias minoicas y con Glykon, otro dios reptiliano de raíces macedónicas. todos a una morderían fatalmente a Cleopatra VII, que así se habría reencarnado en la diosa-cobra egipcia Merseger, guardiana inmortal del inframundo. Un final magistral.

El historiador Plutarco fue el principal difusor del dramático suicidio por mordedura de áspid (o cobra egipcia) de la reina. Sin embargo, este autor nació casi un siglo después de aquel hecho, por lo que se entiende que pudo basarse en crónicas de Augusto, cuyos originales no han llegado a nuestros días. Realidad o ficción, lo que nos transmiten estos escritos es la intención de Cleopatra de morir acorde a la creencia egipcia en la vida del más allá. La alegoría de la cobra es una referencia directa a la diosa Isis y los cultos mágicos antiguos.

Probablemente Cleopatra VII fuera iniciada en los cultos mistéricos de Isis y educada por sacerdotes de Tebas durante su infancia. Esta diosa era la protectora de la naturaleza y se le atribuían poderes curativos mágicos. Aunque la deidad que personificaba la magia era Heka, los sacerdotes dedicados a Isis conservaban los libros de conjuros y fórmulas mágicas. es más que presumible que la reina tuviera acceso a este conocimiento a través de las bibliotecas de los templos, a los que favoreció económicamente durante su mandato. Cuenta el historiador romano Suetonio que, tras seducir a Julio César, la reina le persuadió para realizar una visita a Egipto, que ella convirtió en el mayor espectáculo de propaganda religiosa visto hasta entonces. Se preparó una comitiva de casi cuatrocientos barcos dotados de todos los lujos del momento y se le mostraron al hombre más poderoso de Roma la pirámide de Keops en Guiza, los grandes templos y bibliotecas de Tebas. como colofón, una visita al santuario de la isla de File, donde Cleopatra fue recibida como reencarnación de la mismísima Isis. Esta perfecta representación teatral tuvo un impacto tremendo en Julio César y su séquito, de modo que a su vuelta a Roma expandieron aquel culto oriental. Ello que se tradujo en la construcción de nuevos templos dedicados a Isis por todo el Mediterráneo.

Poca documentación se ha recuperado de estos templos egipcios donde se practicaba magia. Sin embargo, hay una colección de escritos que ha salido a la luz en los últimos dos siglos, procedente de varios lugares del desierto egipcio, llamada Papiros mágicos griegos. recogen textos y fórmulas mágicas escritas en un estilo esotérico donde se funden los mitos egipcios, griegos, hebreos y babilónicos. son las mejores fuentes que tenemos sobre la religión sincrética que se dio en época helenística. Hay encantamientos de amor, maldiciones, amuletos, fórmulas protectoras e invocaciones para demonios y seres protectores. También pueden encontrarse referencias al uso de venenos, que ya se venían desarrollando desde las primeras dinastías egipcias. Cleopatra debió haber utilizado este conocimiento para sobrevivir en un entorno donde era habitual morir víctima del antimonio o el arsénico, derramado cuidadosamente en la cena por un rival familiar.

Cuando Cesarión, el hijo de Cleopatra y Julio César, fue asesinado en Alejandría, se extendió sobre ella y su legado lo que los romanos llamaban damnatio memoriae o condena de la memoria, por lo que toda referencia a su persona habría quedado borrada para la posteridad. A pesar de eso, su leyenda ha perdurado durante siglos. Sobre todo en las corrientes esotéricas, donde apenas tres siglos después de su muerte, en la misma Alejandría, las crónicas árabes posteriores nos hablan de una famosa alquimista que utilizaba como seudónimo su mismo nombre. Esto deja abierta la incógnita de si Cleopatra pudo ser la gran precursora del hermetismo en Europa. Desafortunadamente, nunca lo sabremos.

«Cleopatra y la fascinación de Egipto»

Sala de la exposición «Cleopatra y la fascinación de Egipto».
Sala de la exposición «Cleopatra y la fascinación de Egipto».

Hasta el 8 de mayo se puede visitar en el Centro de exposiciones Arte Canal la mayor exposición sobre la figura de la última reina ptolemaica que ha visitado Madrid. está comisariada por los profesores Giovanni Gentili y Martín Almagro-Gorbea, y la componen cuatrocientas piezas arqueológicas procedentes de ochenta museos diferentes (incluyendo Brooklyn, Berlín e incluso piezas de la valiosísima colección del museo egipcio de Turín).

En la muestra se ha dado gran importancia al contexto histórico, y su visita constituye un paseo por los principales lugares donde transcurrió la vida de Cleopatra VII, incluyendo un audiovisual que recrea la historia de la ciudad de Alejandría. El diseño de los expositores y figuras se ha cuidado para que se adecue al estilo ptolemaico. En la última parte de la exposición, se puede ver una interesante colección de pinturas, esculturas y atrezo cinematográfico, que refleja la influencia de la reina en el arte y el cine. Destaca un óleo original de John William Waterhouse. Paralelamente a la exposición, se han organizado talleres en torno a Egipto para todas las edades, entre los que destaca uno dedicado a la comprensión del Libro de los Muertos.

Las incógnitas que la figura de Cleopatra VII dejó abiertas a su muerte son innumerables. Empezando por su propia tumba, que no se ha podido hallar a pesar de las abundantes y bien dotadas expediciones arqueológicas destinadas a ello. Ella pidió ser enterrada de forma ritual junto a Marco Antonio, por lo que, en caso de localizarse, el lugar podría ser uno de los más impresionantes hallazgos del siglo xxi, y tal vez nos regalara más pistas sobre la verdadera reina maga. Por ahora debemos contentarnos con contemplar las ruinas de su palacio, sumergido bajo el actual puerto de Alejandría, que ciertamente evoca un pasado de esplendor cuya verdadera historia se ha perdido para siempre.

Sergio Álvarez

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta Nº 6  La mujer y el misterio.

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Murder ballads: hasta que la muerte nos separe

On the last day I took her where the wild roses grow
And she lay on the bank, the wind light as a thief
And I kissed her goodbye, said, «all beauty must die»
And lent down and planted a rose between her teeth

Nick Cave & Kylie Minogue. «Where the Wild Roses Grow», Murder Ballads, 1996.

 

Una mujer ciegamente enamorada de un hombre al que entrega su pureza. Celoso de su amor y enloquecido de celos, él la asesina y la deja a merced de las suaves olas del río, entre los juncos, con una rosa entre sus labios. Murder Ballads es el noveno álbum de estudio de Nick Cave & The Bad Seeds; un puñado de canciones que parecen de amor pero que en realidad son de muerte, con las cuales el artista australiano no solo rinde su propio homenaje al subgénero homónimo de las murder ballads, sino que lo trae a los modos compositivos contemporáneos: el pop y el rock. No en vano, este disco gozó de un gran éxito comercial, utilizando como baluarte el hermoso vídeo Where the wild roses grow en el que, junto a su compatriota Kylie Minogue, crea un estilizado dueto lírico con evidentes referencias a la Ofelia de los prerrafaelitas, entre otras.

Pasión, celos, engaño y crimen se mezclan en las murder ballads, un subgénero de las baladas tradicionales escandinavas, celtas y anglosajonas en el que se relatan antecedentes, momento central o desenlace de un terrible crimen pasional. ¿Por qué relatar estas historias cruentas? ¿Por qué enmascarar crímenes bajo hermosas melodías que suenan a amor?

 

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Jakub Schikaneder. Estudio de una mujer asesinada para el lienzo Asesinato en el hogar, 1890.

Origen de las murder ballads

El origen de las llamadas murder ballads se remonta a las broadsheets ballads o gallow ballads del siglo xvii en Gran Bretaña, más concretamente a la zona fronteriza entre Escocia e Irlanda. En cierto modo son un equivalente de los romances de ciego españoles, en donde se narraban sucesos generalmente reales cargados de novelesca y detalles inventados para hacerlos más apetecibles a los oyentes, además de aportar una lección moral. A diferencia de los romances clásicos, el lenguaje y la métrica eran populares, de fácil comprensión y gran dramatismo, para captar y mantener la atención.

Transmitidas oralmente, como la Ilíada y la Odisea clásicas, las baladas iban adaptándose a las formas, gustos y acontecimientos locales. Por ello es fácil rastrear de qué manera un tema como la popular Oxford Girl se convirtió en The Wexford Girl al llegar a Irlanda, y luego pasó a ser Kentucky Girl cuando cruzó el océano y llegó a los Estados Unidos. Aunque situada en diferentes escenarios, en las tres versiones se cuenta básicamente la misma historia: un molinero deja embarazada a una joven; al no querer hacerse cargo del niño, la golpea hasta matarla. En este tema aparece un recurso delator clásico que, como en muchas otras manifestaciones artísticas, desencadena la caza y captura del criminal: la sangre. En algunas versiones el padre del molinero se da cuenta de que el asesino ha sangrado por la nariz; en otras ocasiones la hemorragia se produce cuando es llevado a juicio. En cualquier caso, la sangre aparece como elemento incriminador que ayuda a que se haga justicia.

Murder ballads en Estados Unidos

Uno de los mayores estudiosos de las murder ballads es el estudiante del folclore norteamericano Alan Lomax, que dedicó todo un volumen del clásico de 1960 Folk Songs of North America a este tipo de canciones. Una de las más conocidas y estudiadas es «Pretty Polly». Resulta posible rastrear más de ochenta grabaciones de esta canción, desde la primera de B. F. Shelton (1927) hasta versiones de Ella Fitzgerald, Queen Adreena, Bob Dylan o The Birds. El tema cuenta la historia de una joven que es llevada al bosque por su amante, donde es acuchillada y enterrada en una tumba recién cavada. Después el asesino se hace a la mar, pero es acechado por el fantasma de la mujer hasta que finalmente confiesa su crimen, enloquece y, según la versión, se suicida o es ajusticiado. Está especialmente bien documentado el origen de esta balada, ya que se conserva una broadsheet en la Lewis Walpole Library llamada The Gosport Tragedy, fechada entre 1760 y 1765, donde se relata la misma historia incluyendo idénticos episodios, como el de la desdichada Polly rogando por su vida de rodillas ante la tumba recién cavada y posteriormente su fantasma apareciéndose a su despiadado asesino, en ambos casos con casi las mismas palabras que en las versiones modernas. Este es un ejemplo de murder ballad en el que se incorpora el componente de lo sobrenatural a la narración.

 

Una amante desdeñada confunde a un maniquí con una rival. Illustrated Police News, 9 de noviembre de 1872.
Una amante desdeñada confunde a un maniquí con una rival. Illustrated Police News, 9 de noviembre de 1872.

La fusión con el country y el blues

Con la emigración escocesa e irlandesa, estos temas dramáticos tuvieron un especial impacto; sobre todo en la zona del suroeste del país, donde se fusionaron con el folclore y la música local y se convirtieron en la temática habitual de los dos tipos de música popular norteamericana por excelencia: el country y el blues. Es principalmente en estas dos formas como han llegado a popularizarse las murder ballads en nuestra época, de la mano de cantantes country o folk, como Johnny Cash, y de viejos bluesmen, sobre todo de los procedentes de la zona del Mississippi, como Son House o Leadbelly.

En «Delia´s Gone», de Johnny Cash, Delia es atada a una silla por su amante, quien la acusa de haberle sido infiel y le dispara en la cabeza. Como la mujer no muere del primer disparo, él la remata con un tiro de gracia. Ya en prisión, le confiesa al carcelero que no puede dormir porque oye a todas horas los pasos de su amada a su alrededor. Sin embargo, la historia real en la que se basa la canción es mucho menos glamurosa. Delia Green nació en Georgia en 1886. Con catorce años fue asesinada en nochebuena por su primo Mose Houston, de quince, aparentemente por rechazarle y reírse de él. Mose pasó quince años en prisión por ese crimen. Murió en 1927 en Nueva York. Delia está enterrada en una tumba sin nombre en el cementerio de Laurel Grove, en Savannah.

Por su parte, Kurt Cobain hizo popular el viejo clásico de Leadbelly Where did you Sleep Last Night, también conocido como Black Girl o In the Pines. En esta canción un hombre le pregunta a su mujer dónde ha pasado la noche; después se va de casa y sufre un accidente o se suicida, porque su cabeza aparece entre las ruedas de una locomotora, aunque su cuerpo «nunca se llegó a encontrar».

Por último, Frankie and Johnny es una de las murder ballads más famosas de la historia. Ha sido interpretada por Van Morrison, Bob Dylan, Elvis Presley, Stevie Wonder, Duke Ellington… Supone una vuelta de tuerca a la temática tradicional, porque es Frankie quien, cansada de las continuas infidelidades de Johnny, le espera en el bar y, cuando este aparece, le dispara dos veces. La primera versión de esta historia se remonta a 1899 y originalmente se llamaba Frankie Killed Allen. El tema hace referencia al asesinato de Allen Britt, de diecisiete años, por su amante Frances Baker, de veintidós. El hecho quedó recogido en los periódicos de la época, que narraron cómo Allen ganó un concurso de baile sin contar con Frankie; esta, despechada, le esperó a la puerta de su casa y, cuando él volvió de madrugada, le disparó dos veces en el estómago. Allen murió cuatro días después en el hospital. Frankie declaró enajenación mental transitoria y defensa propia, y fue internada de por vida en un sanatorio mental de Portland, donde falleció en 1952.

En la actualidad estas historias suelen pasar desapercibidas para el gran público; sobre todo en países como España, donde las letras en inglés no siempre son entendidas por los oyentes. La forma prevalece sobre el fondo y se pierde el sentido dramático de las historias, por contraposición a su origen de romances cantados para la trasmisión oral entre un público analfabeto. Cuántas veces habremos cantado «Black Girl» de Nirvana o nuestros padres «Delilah» de Tom Jones sin ser conscientes del terrible crimen oculto tras la pegadiza melodía. Cantar un asesinato pasional es un acto que intenta comprender la naturaleza humana más allá de la fascinación morbosa. un intento de aproximación lírica al lado oscuro del alma del hombre que estrangula a su amada encinta; de la joven que espera pacientemente a que su novio regrese a casa para descerrajarle dos tiros; del esposo que, loco de celos, asesina a la madre de sus hijos. Son canciones de amor y locura. Y lo más terrible es que, en muchos casos, se basaron en hechos reales. La realidad siempre supera a la ficción.

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Las musas inquietantes: los vampiros de Tim Powers

Verano de 1816, Suiza. Junto al lago de Ginebra se encuentra Villa Diodati, donde nacerán la criatura Frankenstein y el vampiro lord Ruthven en las imaginaciones de sus autores, Mary Shelley y John Polidori. Pasan el verano en Suiza junto a dos de los grandes poetas románticos ingleses: Percy Shelley (marido de Mary) y lord Byron, de quien Polidori es médico y asistente.

Londres, 1848: tres jóvenes pintores ingleses fundan la hermandad prerrafaelita. Entre ellos se encuentra Dante Gabriel Rossetti, que además escribe poesía al igual que su hermana Christina. El médico de Byron, Polidori, era el tío de estos jóvenes poetas; a través de él y del aventurero Trelawny se entrelazan las historias de estas dos generaciones de poetas, acosados por unas musas amenazadoras gracias a la imaginación de Tim Powers.

La fuerza de su mirada. Los poetas románticos

Pueden decir los locos poetas lo que quieran
de los encantos de hadas, de peris y de diosas,
moradoras de grutas, de lagos y cascadas,
que no hay mayor delicia que una mujer real,
venga de la semilla del viejo Adán o surja
de las piedras de Pirra…

John Keats, Lamia  

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En la poesía inglesa del Romanticismo se suelen distinguir dos generaciones. Los dos grandes poetas de la llamada «primera generación» son William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, autores de las Baladas líricas, obra que se estima generalmente como el pistoletazo de salida del movimiento en Inglaterra y cuyo prefacio, escrito por Wordsworth, se considera el manifiesto del Romanticismo inglés. La segunda generación está compuesta por tres poetas más conocidos por el gran público que los anteriores: John Keats, Percy Bysshe Shelley y lord Byron. Estos poetas se alejan de sus predecesores tanto en obra como en biografía, ya que los tres llevaron vidas propias del prototipo de héroe romántico que contribuyeron a crear (sobre todo Byron) y murieron jóvenes, lejos de su país natal.

El escritor estadounidense Tim Powers (Buffallo, 1952) se inspiró en la vida y obra de estos tres últimos poetas para escribir La fuerza de su mirada (1989). lord Byron era un viejo conocido de Powers porque también fue uno de los principales personajes de una novela anterior, Las puertas de Anubis (publicada en 1983), en la que el escritor norteamericano ya experimenta mezclando la realidad y la ficción para crear una historia fantástica. En el caso de La fuerza de su mirada, al igual que en Las puertas de Anubis, los personajes reales sirven para dar un halo de verosimilitud a la historia.

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El protagonista de esta novela no es ninguno de los poetas, sino Michael Crawford, un médico que está a punto de casarse por segunda vez. La noche antes de la boda, de camino al pueblo de su prometida, se hospeda en una posada junto a algunos amigos y celebran su despedida de soltero. Al salir al exterior de la taberna, en medio de una terrible tormenta, Crawford, dentro de su estado de ebriedad, teme perder el anillo con el que al día siguiente desposará a su prometida, Julia, por lo que decide colocarlo en el dedo de una estatua del jardín para recogerlo más tarde. Sin embargo, cuando vuelve a buscar el anillo, se da cuenta de que ha sucedido algo extraño: la estatua tiene la mano cerrada y no puede sacar su anillo de bodas. Crawford no se da cuenta, pero ya se ha casado. ¿Con quién? Con un ser muy celoso porque, después de la noche de bodas, encuentra a Julia muerta en la cama, su cuerpo totalmente destrozado. Crawford se ve obligado a huir, ya que le acusan del terrible asesinato, y vuelve a Londres, donde se hace pasar por un estudiante de medicina. Allí conoce a John Keats. Gracias al poeta, que en aquella época también estudiaba medicina, descubre un mundo nuevo y siniestro: el de los nefilim. En la novela de Tim Powers, los nefilim, lamias o vampiras son perseguidores o perseguidos. Perseguidos por los llamados «nefis», que principalmente los buscan como una perversión sexual. Pero también los nefilim persiguen a aquellos a quienes se sienten unidos desde su nacimiento o su «matrimonio» (como Crawford) y, al tratarse de seres extremadamente celosos, quieren a su presa solo para ellos, condenándola a una existencia solitaria y atormentada. Tanto John Keats como Percy Shelley están unidos a un nefilim desde su nacimiento, y estos actúan como amantes celosas y, principalmente, como musas. Los nefilim sienten predilección por los escritores y los poetas, por las personas con una mayor sensibilidad artística; ellas son las inspiradoras del genio poético de estos dos jóvenes, que pueden utilizar esa «conexión» para favorecer su escritura. En estas novelas, el arte y el vampirismo se ven constantemente relacionados.

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Pero Crawford solo quiere escapar de su «esposa» nefilim, por lo que se embarca en un viaje a través de la vieja Europa, atravesando Francia, los Alpes y Suiza, para terminar en Italia. En Ginebra, Crawford conoce a Shelley, Byron y Polidori, y se une a ellos en sus viajes hasta Italia, huyendo de sus temibles perseguidoras y conociendo por el camino a otros personajes que también tienen relación con los nefilim. Debatiéndose entre la atracción y la repulsión que les producen estos seres, los protagonistas finalmente intentan deshacerse de una vez por todas de ellas, con consecuencias en algunos casos devastadoras, enfrentándose en una guerra sin cuartel no solamente con criaturas sobrenaturales, sino también con los humanos que las desean y protegen.

 

Ocúltame entre las tumbas. La hermandad prerrafaelita

¿Y qué se puede decir de los muertos,
pequeño hermano?
(Oh, santa María,
¿qué es de quien muere entre cielo e infierno?)

Dante Gabriel Rossetti, «Hermana Helen»

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Tim Powers publicó en 2012 Ocúltame entre las tumbas, una secuela a La fuerza de su mirada. Ya desde su título, procedente de un verso escrito por Elizabeth Siddal, nos remite a la siguiente gran generación de artistas ingleses, esta vez en la época victoriana: los prerrafaelitas.

En 1848, los pintores John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti fundan la hermandad prerrafaelita, una asociación de artistas ingleses (principalmente pintores, aunque también formaban parte de ellos críticos y escritores). Rossetti, que además de pintor era poeta, estaba muy interesado en desarrollar lazos de unión entre la pintura y la poesía, por lo que gran parte de las obras de los pintores considerados prerrafaelitas se inspiran en temas y personajes literarios: desde Shakespeare (y las numerosas representaciones de Ofelia, de Hamlet) hasta Dante Alighieri, pasando por poemas de John Keats («La víspera de Santa Inés», «La belle dame sans merci») y mitos y leyendas medievales o de la antigüedad clásica.

Dante Gabriel Rossetti provenía de una familia de artistas. Su hermano William era crítico y su hermana Christina fue una de las poetisas más reconocidas del siglo xix. Su amante, Elizabeth Siddal, además de ser musa y modelo de los pintores prerrafaelitas, también dibujaba y escribía poesía. su tío, el hermano de su madre, era ni más ni menos que John William Polidori, autor del relato El vampiro y médico de lord Byron, que ya aparece en la novela anterior. Gracias a esta conexión con Polidori, Tim Powers enlaza las dos generaciones de artistas y hace que los nefilim vuelvan a la carga en Ocúltame entre las tumbas; esta vez atormentando a Dante, a Christina, al poeta Algernon Charles Swinburne y a Edward John Trelawny, entre otros.

De nuevo en esta novela los famosos poetas tampoco son los protagonistas, sino John Crawford, hijo de Michael Crawford, el protagonista de La fuerza de su mirada. John es veterinario y ha perdido a su mujer y a sus dos hijos en un accidente un tanto extraño. Un día pasa por su consulta Adelaide McKee, una exprostituta, y le revela que siete años atrás, durante un encuentro carnal, se quedó embarazada de él. Su hija ha desaparecido, pero Adelaide sabe que sigue viva y que alguien la tiene, pues la necesita para sus malvados planes, que podrían causar la completa destrucción de Londres. John, al igual que su padre en la novela anterior, se debate entre la lógica de su mente racional y la superstición que, (por otra parte normal en su vida, ya que la ha heredado de sus padres). Adelaide y él se ven envueltos en una cruzada contra los nefilim, que han vuelto a Londres tras haber estado «durmiendo» durante más de treinta años. En esta cruzada se unen a Trelawny (el viejo aventurero amigo de Byron y Shelley que ejerce de extraño puente entre los seres humanos y los nefilim) y a los Rossetti (Christina «despertó» a su tío, Polidori, cuando era tan solo una niña, y este ha estado atormentándola desde entonces).

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Los vampiros de Tim Powers. Realidad y fantasía

Bebe ávido, u otra raza,
de nuestro tiempo muy lejos,
te sacará de la tierra
para brindar con los muertos.

Lord Byron, «Versos inscritos en una calavera usada como copa de vino»

 

Tim Powers, tanto en estas dos novelas como en la mencionada anteriormente, Las puertas de Anubis, recurre a un cóctel en el que mezcla ingredientes reales (históricos) con otros ficticios (de su invención) para conseguir un tipo de obra fantástica, ya sea de ciencia ficción o de terror, que hace que el lector se sumerja totalmente en la historia, e incluso llegue a pensar por un momento que, por increíble que parezca, los hechos que narra Powers podrían ser la realidad. Esto conlleva un meticuloso trabajo de investigación por parte del autor, que estudia a fondo las biografías y la obra de los personajes reales para integrarlos, de manera magistral, en su narración fantástica.

Además de eso, Powers da un nuevo giro al mito del vampiro en estas dos novelas remontando sus orígenes a la antigüedad, basándose en la mitología clásica e incluso en mitos bíblicos y hebreos. Sus vampiros no son los muertos que regresan de la tumba ávidos de sangre humana que les procure juventud y la vida eterna; son nefilim, musas, serpientes sedientas de sangre, posesivas y celosas de las personas a las que se han visto unidas, a quienes no dan una inmortalidad física, pero quizá sí artística. Son espíritus que pueden apoderarse de cuerpos muertos, pero no resucitan el alma de su antiguo morador, sino que lo poseen como si fuera un íncubo o un súcubo. Están relacionados con Medusa, el monstruo que convertía en piedra a aquellos que la miraban; Tim Powers hace que las «almas» de los nefilim se encuentren atrapadas en las piedras, que estas sean sus cuerpos. Los nefilim de las novelas de Powers son seres que ya estaban sobre la faz de la tierra mucho antes que la raza humana.

Las rocas […]

perdieron dureza, tornándose blandas,

ganaron en forma y crecieron un poco,

sin cantos y semejantes a hombres,

o más bien a esos cuerpos que emergen

bajo el cincel de un artista que empieza

a esculpir la figura.

Ovidio, MetamorfosisApoyándose en sus conocimientos históricos, Powers teje una trama en la que muchos de los acontecimientos históricos reales son causados por estos seres sobrenaturales. Por ejemplo, en La fuerza de su mirada, el autor hace que los miembros de la sociedad secreta de los Carbonarios, además de luchar contra la ocupación, luchen en secreto contra los Siliconarios, defensores de los nefilim. El autor se centra, principalmente, en los hechos de las vidas de los personajes históricos que protagonizan sus novelas. Una de las características de los nefilim de Powers es que no pueden atravesar el agua. Por eso los protagonistas de La fuerza de su mirada siempre intentan vivir junto a grandes extensiones de agua, ya sean el mar o lagos (como el de Ginebra, junto al que está situada la famosa Villa Diodati). En el prólogo de la novela, Shelley le dice a Byron que abandonó Inglaterra porque «a ellas les resulta casi imposible atravesar el agua, y el canal de la Mancha cuenta con una buena cantidad». Después de tal revelación, el lector puede comprender mejor la muerte en un trágico naufragio del propio Shelley o el epitafio de John Keats («Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua»). Tim Powers también justifica el increíble hecho (real, ya que Trelawny lo narra en sus Memorias de los últimos días de Byron y Shelley) de que, al incinerar el cuerpo de Percy Shelley, no se consumieran algunos fragmentos de su huesos (como su cráneo) y, lo más sorprendente, que su corazón permaneciese intacto. Powers también «culpa» a los nefilim de las tragedias que supusieron las muertes de la mayoría de los hijos de Percy y Mary Shelley, los abortos de ésta última, o la muerte de la pequeña Allegra Byron, hija de lord Byron con Claire Clairmont.

En Ocúltame entre las tumbas, los nefilim también están relacionados con hechos históricos de las vidas de los protagonistas: la muerte de la esposa de Dante Gabriel Rossetti, Elizabeth Siddal, y la posterior profanación de su tumba por parte del poeta y pintor; el porqué de las ruinas romanas de Londres; la negativa de Christina Rossetti a contraer matrimonio; la relación de William Rossetti con Trelawny y la misteriosa acompañante del último, conocida como la señora B.

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La figura del aventurero (y quizá pirata) Edward John Trelawny cobra una importancia mayor en la segunda novela, ya que es el gran conocedor de los nefilim que ayuda a los protagonistas a enfrentarse a ellos. Powers escribió un relato ambientado cronológicamente entre las dos novelas, Tiempo de sembrar piedras, en el que narra la historia de cómo Trelawny se convirtió en alguien perseguido por los nefilim. Se basa, de nuevo, en un episodio de la vida real del aventurero inglés, sucedido en la época en que luchó por la independencia griega, cuando dos ingleses intentaron asesinarle y le dispararon por la espalda en la fortaleza que habían construido en una caverna del monte Parnaso.

Todo esto dota a las novelas de un sentido, una lógica dentro de la fantasía. Pero Tim Powers no solo apoya su invención en acontecimientos históricos y hechos biográficos, sino también en la propia obra de los protagonistas. En ambas novelas cada capítulo viene precedido de una o varias citas, la mayoría versos escritos por los protagonistas totalmente relacionados con lo que se narrará posteriormente en el capítulo. Quizá este sea el recurso más importante para hacer que el lector pueda «creerse» la fantasía que cuenta el autor, ya que podría ser perfectamente plausible que los poetas se hubiesen inspirado en hechos (fantásticos) de sus vidas para escribir sus poemas. Dejando aparte los conocimientos que tenga el lector sobre las biografías de los personajes, al hacer que leamos esos versos y adivinemos «entre líneas» la presencia de los nefilim en ellos, Powers consigue algo más fantástico que los súcubos o los vampiros: que creamos lo increíble.

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Vikingos en Norteamérica: la maldición de Vinland

La cultura vikinga, además de en leyendas y mitos, es rica también en misterios. Sin embargo, pocos tan extraños y peculiares como el de la mismísima hija del famoso Erik el Rojo, una mujer cuyos crímenes y sed de sangre parecen haberla maldecido para la historia, ya que su figura se pierde entre la bruma como un drakkar rumbo a Vinland.

Comencemos a contar esta historia precisando que los escasos testimonios que nos hablan de  son dos sagas islandesas: la Grœnlendinga saga y la Eiríks saga rauða, precisamente los dos textos que son conocidos como «sagas de Vinland» en su conjunto.

Retrocedamos en el tiempo hasta el borde del año 1000, en la época en que Erik Thorvaldsson (noruego de nacimiento y aparentemente llamado el Rojo por el color de sus barbas) habitaba en Islandia tras haber sido desterrado su padre por asesinato. Quizá ello marcara su propio destino, ya que Erik también sería expulsado de Islandia por varios homicidios cometidos alrededor del año 982.

Es entonces cuando Erik y su mujer, Thjodhild, navegan hacia el oeste, donde recalan en una tierra poco conocida y, lo más importante, sin hielos. Allí medró Erik durante tres años habitando en varios lugares. cuando por fin volvió a Islandia, decidió llamar a aquella tierra Groenlandia o ‘tierra verde’. Quería atraer colonos con esa maniobra, algo que lograría en el 985, cuando regresó para fundar varios asentamientos más.

Durante ese tiempo, Erik tuvo cuatro hijos: Leif, Thorstein, Thorvald y Freydís. Algo importante a tener en cuenta es que, mientras Erik permanecía fiel al culto pagano nórdico, Leif y su familia se convirtieron al cristianismo, muy al contrario que Freydís. Esa circunstancia puede haber pesado en el olvido que la historia ha deparado a esta mujer.

En cualquier caso, Leif (islandés de nacimiento) ha sido mucho mejor tratado por la tradición. Se le describe como un hombre sabio, sensato y valiente, y se ganó el sobrenombre de Afortunado cuando recogió a dos náufragos islandeses durante una travesía.

En la historia popular, Leif es considerado como el primer europeo que desembarcó en Norteamérica, aunque las propias sagas nos dan pistas de que esto pudo no ser así. Según el estudioso Einar Haugen, Leif solo seguía los pasos de Bjarni Herjólfsson, un navegante que llegó a divisar tierra donde hoy está América, aunque no desembarcó en ella. La misma fuente indica que habrían sidolos dos náufragos que Leif recogió allí los primeros europeos que pisaron el nuevo continente, aunque la historia no les haya legado nombre o gloria algunos.

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Leif, pues, decidió poner rumbo hacia Occidente. Para ello, tras reclutar a treinta y cinco hombres, invitó a su padre a acompañarlos. Sin embargo, un mal presagio (una caída de caballo) retuvo a Erik en tierra. Esto no detuvo a su hijo ni a sus hombres, que decidieron emprender la expedición pese a todo.

Fue tiempo después, y tras varias etapas de viaje durante las que decidieron ir cada vez más hacia poniente, cuando Leif y sus hombres arribaron a lo que se conocería como Vinland: una tierra de riquezas tales como madera abundante, grandes salmones, frutales y viñas (las cuales darían nombre a esta «nueva» tierra). Tras pasar allí el invierno, volverían triunfales a Groenlandia, no sin rescatar a otro náufrago en el camino (de nuevo, Leif el Afortunado).

No obstante, las cosas empeorarían en el siguiente viaje a Vinland, llevado a cabo por Thorvald, hermano de Leif, quien discutiría largamente con él porque consideraba que no habían explorado lo suficiente aquellas tierras y a quien seguramente también tentaban las riquezas (especialmente la madera que su hermano había traído, con la que se podían construir grandes casas).

Thorvald, finalmente, consiguió regresar a la tierra prometida de los vikingos y se quedó durante varios inviernos explotando sus abundantes tesoros naturales. Sin embargo, el terreno no solo iba a teñirse de uvas negras, sino también de sangre.

Y es que Vinland no estaba deshabitada: en ella vivían indígenas llamados skrælings o skrælingjar. ya desde su primer contacto con ellos, el ambicioso Thorvald decidió capturar o matar a no menos de ocho. En venganza, los skrælingjar contratacaron y Thorvald recibió en la axila una flecha que acertó a volar entre el barco que le servía de parapeto y su escudo. Murió poco después de la herida resultante.

La maldición de Vinland se extendería después al siguiente hijo de Erik y hermano de Leif, Thorstein. Decidido a liderar la tercera expedición hacia las nuevas tierras con el objetivo de recuperar el cuerpo inerte de Thorvald, el tercer vástago del Rojo se extravío durante meses en mitad del mar y terminó volviendo a Groenlandia, donde murió poco después.

Y es ahora, en el momento en que la desgracia parece haberse cebado en esta familia, cuando la hija, Freydís, aparece en escena.

Freydís era conocida como una mujer de carácter fuerte, audaz, osada y resuelta; y por ello no es de extrañar que, sin dejarse impresionar por el destino de sus hermanos, decidiese organizar su propia expedición a Vinland. Pero muy seguramente, como deduciremos de sus actos, también debía estar corrompida por la ambición, la avaricia y la envidia por la fama y las riquezas que Leif había traído a su regreso.

Sin embargo, organizar una expedición a una tierra tan distante no era fácil ni barato. No fue hasta la llegada de dos comerciantes, Helgi y Finnbogi, cuando la hija de Erik vio su oportunidad y se propuso convencerles para organizar un viaje y repartirse entre todos los beneficios. Tras considerarlo, Helgi y Finnbogi accedieron con la condición de que ambas partes embarcasen el mismo número de hombres. Freydís fingió estar de acuerdo, pero embarcó secretamente varios hombres más…, por si fuera necesario contar con su fuerza.

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Dado que su knarr o navío mercante era más rápido, Helgi y Finnbogi llegaron a Vinland antes que Freydís y, como se había acordado, ocuparon las viviendas que Leif había construido. No obstante, continuando su camino de traición, Freydís les expulsó de allí y los defraudados comerciantes tuvieron que construirse sus propias viviendas.

Después de que ambos grupos pasaran el invierno aparentemente enemistados, un día Freydís decidió pasar a la acción. Habló con Finnbogi en privado y le propuso intercambiar sus barcos porque deseaba abandonar Vinland y la nave de ellos era más rápida. Una vez conseguido este acuerdo y con la paz aparentemente firmada, Freydís manchó su cara y rasgó sus ropajes cuando volvió a su casa logrando que su marido Thorvard se extrañara de verla llegar en aquel estado. Ante sus preguntas, Freydís confesó que había ido a hacer un trato con los hermanos…, ¡pero añadió que la habían agredido y forzado!

Freydís provocó amargamente a Thorvard, insultándole y amenazándole con separarse de él si no vengaba la afrenta. Así, su marido no tuvo más remedio que obedecer; las casas de sus antiguos compañeros fueron asaltadas y algunos de ellos murieron, entre ellos, Finnbogi.

Las dos sagas citadas cuentan hechos diferentes en este punto, pero ambas narraciones coinciden en que es en este instante cuando la ira de los skrælingjar se desata y los indígenas atacan a los colonos. Durante una escaramuza, algunos indios acorralaron a Freydís y, en una de las escenas más célebres de la Saga de Erik el Rojo, sin acobardarse ante su muerte inminente, la brava vikinga tomó la espada de uno de sus compañeros muertos, se sajó un pecho, y provocó así el pánico entre los indígenas, que huyeron despavoridos.

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El relato prosigue en la saga de los groenlandeses, donde se narra cómo Freydís ultimó la matanza de sus antiguos compañeros ejecutando a los supervivientes; e incluso, cuando nadie más se atrevía a ello, dio muerte por su propia mano a cinco mujeres.

Freydís y sus hombres emprendieron poco después el viaje de vuelta a Groenlandia, bajo la amenaza de la violenta líder de matar a quien contara la verdad a Leif. Sin embargo, al poco de su llegada, alguien reveló lo ocurrido y varios de los hombres de Freydís fueron torturados hasta confesar. Pese a todo, Leif «no quiso castigar a Freydís como se merecía», de modo que su crimen quedaría aparentemente impune.

Aquí termina el relato y, salvo por lo narrado en las sagas, empieza la maldición del olvido. Mientras que Erik y Leif disfrutan de honores, monumentos y conmemoraciones, el nombre de Freydís, la lady Macbeth vikinga, parece haber caído en desgracia hasta hoy.

Salva Rubio

Ilustraciones: © Thule Ediciones.

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Terra Secreta I, primer monográfico de la revista impresa dedicada a viajes y lugares misteriosos. Puedes adquirirla AQUÍ:

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Juego de tronos: La distopía histórica cómo metáfora del mundo

De todo el caudal de series televisivas de gran calidad y éxito, destaca por encima de todas Juego de tronos, producida por la cadena estadounidense HBO, cuya temática de inspiración medieval, combina elementos fantásticos y de aventura. Esta creación está basada en la inconclusa serie de novelas Canción de hielo y fuego, del escritor George R. R. Martin. La producción, que lleva ya emitidas cuatro exitosas temporadas desde abril de 2011, dispone de un presupuesto descomunal para una serie de televisión, que va desde los 60 millones de dólares de la primera temporada hasta los 80 de las últimas.

El 13 de abril es la fecha elegida para el esperado estreno de la quinta temporada, rodada en parte en Andalucía, y en la que, al fin, se podrán ver nuevos escenarios y personajes (concretamente los del reino de Dorne, con la casa Martell al frente). Se han confirmado dos temporadas más y queda dilucidar por sus creadores si habrá una octava temporada o la historia se cerrará con una película que ate todos los cabos sueltos.

¿Por qué tiene tanto éxito Juego de tronos? La explicación facilona y eterna es la de argumentar que el baile de máscaras entre Eros y Thanatos es siempre un caballo ganador, pero las auténticas respuestas son siempre más profundas. Y es que pocas veces he observado en las series una representación tan fidedigna e intelectualmente sugestiva de la explicación que la ciencia política da al poder y su naturaleza. El mundo corrupto y en crisis que describe la serie es un lugar donde diversos personajes de diferente pelaje y condición argumentan y construyen estrategias en torno a una batalla por el poder, en la que la codicia de los poderosos se rodea de burócratas sin moral y atenaza a un pueblo miserable. Mientras tanto, héroes con diferentes legitimidades se alzan contra la opresión de ese poder corrupto y mísero.

La lucha por el Trono de Hierro es la misma lucha por el poder que tuvo lugar en Inglaterra, Castilla o Francia durante nuestra Baja Edad Media. Esta extrapolación que hacemos de realidades históricas a la novela nos referiría a muchas realidades históricas, porque su creador, George R. R. Martin, un apasionado de la historia política, ha basado su recreación novelada en sus lecturas sobre la historia europea. Aunque aquí se da prioridad a la Baja Edad Media, también se traslucen acontecimientos basados en la Roma imperial, entre otras civilizaciones históricas que inspiran al autor para cincelar a sus protagonistas, escenarios, y acontecimientos.

La historia de Juego de tronos es fantástica. Podríamos decir, por su ambientación y características, que el argumento se desarrolla en una especie de Baja Edad Media en la que el heterogéneo mundo feudal se ha transformado en un orden monárquico centralizado. Sin embargo, sus maquiavélicas referencias se extienden más allá de este periodo histórico. De hecho, y creo que aquí reside en parte el éxito de la serie, lo que se recrea es la propia naturaleza del ser humano y su relación con el poder. No son pocos los críticos de televisión que han trazado una analogía muy clara entre el complejo universo de Poniente y el contexto actual

Ciertamente, lo que describe ese lugar en crisis (política e institucional) es nuestro mundo actual. Este momento histórico, pesimista y castigado por una supuesta crisis financiera, es, me temo, un escenario muy muy parecido al que aparece en la serie. Y aunque en Poniente haya hechiceras capaces de convocar seres mágicos o dragones que escupan fuego, mucho más increíbles son los presidentes de bancos que queman con absoluta impunidad millones de euros retirados de las cuentas de sus clientes, o los políticos corruptos que se permiten el lujo de pedir al contribuyente que se apriete el cinturón, mientras en sus bolsillos sobresalen los billetes de sobresueldos y corruptelas varias.

Da igual que seas ruso, americano o lituano, Juego de tronos explica tu realidad en clave política, porque tiene la genial capacidad de trascender todo espacio geográfico o temporal. Es una fábula eterna aplicable a muchos mundos, incluido el nuestro. Esta es la verdadera clave de su éxito.

Por esta razón, os propongo viajar con nosotros a Poniente y sus siete reinos, y conocer a sus señores (las grandes familias que viven bajo el Trono de Hierro), para así descubrir el tuétano de sus historias y leyendas. Como si cabalgáramos en uno de los dragones de Daenerys Targarien, vamos a ir de un punto a otro desvelando las peculiaridades de este fascinante universo y sus protagonistas. Descubriremos en ellos un reflejo veraz de la historia europea. Leyenda a un lado, historia al otro. Algunas analogías y hechos históricos han sido certificados por el propio George R. R. Martin. Otros no lo han sido, pero son tan evidentes que los vamos a incluir en este artículo para así desvelaros los secretos mejor guardados de Poniente. Empecemos, pues…

PONIENTE COMO REPRESENTACIÓN DEL MUNDO

Mapa de Poniente
Mapa de Poniente

En realidad, Poniente (Westeros, que suena similar al término inglés Western World), no es más que una metáfora de la antigua Europa. Al igual que en el mundo medieval, existe una parte occidental, Poniente, relacionada con la civilización, y una parte oriental, más allá del mar occidental, en la que habitan pueblos más salvajes. En la serie, conocemos estos últimos a través de los ojos de la Madre de Dragones, Daenerys Targaryen. Por tanto, este universo de ficción se encuentra articulado a semejanza de nuestro mundo durante la antigüedad y Edad Media europeas (griegos contra persas, Roma contra mongoles, cristianismo contra el Islam, etc.). De un lado la civilización conocida y el progreso; de otro, lo desconocido, lo inhumano, lo salvaje… Este miedo a la amenaza exterior está muy presente en la arquitectura política de Poniente y, como un espectro, recorre todos sus reinos, actuando en cada uno de distinta manera.

Además del mencionado eje este-oeste, que contrapone las refinadas y avanzadas culturas occidentales con las bárbaras culturas orientales, Poniente también dispone de un eje similar de norte a sur. Resulta curioso que esta tierra ficticia se parezca bastante en su dibujo geográfico a Gran Bretaña, donde también había un muro entre el norte y el sur, con un cuello de botella en medio (como en Poniente, donde el Muro de Hielo separa el norte frío y salvaje del mundo civilizado). Esa idea del muro del norte se inspira, literalmente, en el que Adriano construyó en la angostura de Inglaterra para protegerse de los pictos (una congregación de tribus originarias de Escocia) durante la ocupación romana de Britania. En la serie, el muro separa los siete reinos de Más Allá del Muro, donde viven las tribus salvajes y otro peligro mayor, los caminantes (en los libros, los Otros). El muro de Adriano, levantado entre los años 122 y 132 d. C., estaba construido enteramente de piedra y tenía un grosor de dos a cuatro metros, con una altura de cuatro a ocho metros. Repartidos a lo largo de él había catorce fuertes y ochenta fortines. En su trasunto ficticio, esta edificación se ha hiperbolizado, pues el muro de Hielo de Poniente está construido con bloques de ese material y tiene una altura de 213 metros, ni más ni menos. Dispone también de un entramado defensivo en su cima, con catapultas y diverso material de guerra, operado por la legendaria Guardia de la Noche, que vigila y cuida el muro desde el Castillo Negro, centro de operaciones de esta interesante secta gótico-militar. El muro fue levantado por un antepasado de los Stark, Brandon el Constructor.

Puede verse otra clara analogía con Inglaterra en la época histórica anterior a la unificación de Enrique VIII, entre los años 475 y 827. Durante este periodo, se estableció una heptarquía formada por los reinos de Kent, Sussex, Wessex, Essex, Northumbria, Estanglia y Mercia, entre los cuales hubo diversas disputas y luchas territoriales. Coexistían reinos sajones, jutos y anglos, y durante sus luchas algunos líderes se proclamaban reyes de la totalidad del territorio. En realidad, este panorama es exacto al de la serie y sus procesos son similares: ambos explican cómo un mundo feudal se convierte en un orden absolutista bajo un solo rey.

Esta claro que el trasunto de Inglaterra en la serie es evidente y que se nutre de su historia. Las referencias comprenden desde el periodo de la anarquía de Enrique I (siglo xi), pasando por el reinado de Ricardo Corazón de León (siglo xii), la Guerra de los Cien Años (siglos xiv y xv) y terminando con la situación posterior a la guerra de las Dos Rosas (siglo xv), tras la cual la unión de las dos dinastías enfrentadas, los Lancaster y los York, desembocó en la dinastía Tudor, que puso fin a la Edad Media y dio paso a la modernidad; un proceso que tuvo como consecuencia el fortalecimiento del papel del rey y de las élites que lo rodeaban. El propio George R. R. Martin ha reconocido que la guerra de las Dos Rosas fue un eje matriz para relacionar toda la serie. De hecho, los nombres de los Lancaster y los York inspiraron los de dos de las principales familias de Juego de tronos (los Lannister y los Stark, respectivamente).

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ROMA

La capital de Poniente es Desembarco del Rey. Se compara a esta ciudad con la antigua Roma, aunque también recuerda a Bizancio. Es una localidad sucia, burocrática, podrida por las intrigas y las traiciones. Hay siete torres, como siete colinas había en Roma. La atraviesa un río pestilente llamado Aguasnegras, que podríamos comparar con el Tíber. El poder está muy estratificado: una clase alta muy cerrada coexiste con cantidades ingentes de plebe hambrienta y castigada. Abundan la prostitución, los mercaderes, los soldados de fortuna y la depravación, mientras el poder imperial permanece encerrado en la Fortaleza Roja. Tanto Roma como su trasunto ficticio han dispuesto del carácter absolutista que confiere el gobierno de casi todo el mundo conocido.

En la historia reciente de Desembarco del Rey, se cuenta que el antiguo gobernante, Aerys Targaryen, tenía rasgos de locura y crueldad que recuerdan a los de Nerón o Cómodo. Esa es la leyenda negra con la que empieza el relato. Posteriormente, a Aerys le sustituye un rey usurpador, Robert Baratheon, que podría relacionarse con Julio César, aunque también es comparable a un pacificador como Augusto. El reinado de Robert tiene su origen en un golpe de estado y representa una solución de compromiso para la paz. Le sucede el sádico Joffrey Baratheon, elevado al poder a una edad prematura, que podría ser equiparado a Calígula por sus caprichos sanguinarios.

EL REINO DEL NORTE

La capital es Invernalia, gobernada por el Rey en el Norte, perteneciente a la casa Stark. Es el reino más grande de los siete, tan grande como los otros seis juntos. Al finalizar la cuarta temporada de la serie, su gobierno pasa a las sanguinarias manos de la casa Bolton de Fuerte Terror.

La casa Stark

«Se acerca el invierno»

Samsa Stark
Samsa Stark

Ha sido la casa principal del norte durante siglos y su linaje se extiende hasta los Primeros Hombres. Gobiernan la región norteña como reyes por derecho propio. Su emblema es un lobo huargo sobre un campo de plata. El fundador de este linaje, Brandon el Constructor, fue quien edificó la fortaleza de Invernalia, y gracias a él se constituyeron en Reyes en el Norte. Solo los Targaryen pudieron tomar su territorio, pues hasta entonces la fortaleza y testarudez de los norteños lo habían hecho imposible. Ejércitos enteros, mucho mayores que el suyo, fueron aniquilados ante estas torres y murallas.

Los Stark representan en la serie a esas personas con honor, de fuertes convicciones y honradas, pero apaleadas por la astucia de otros y las bajas maniobras políticas. Son como un pelele en el que el espectador pone todas sus esperanzas, que se ven hechas trizas una y otra vez. En este sentido, Georges R. R. Martin se ceba con ellos. En la primera temporada, Eddard Stark es ajusticiado y decapitado gracias a los tejemanejes de los Lannister. Interpretado por Sean Bean (actor que nunca sobrevive en sus películas), Eddard Stark no logra anteponer a su honor y su ética el sentido común necesario para la supervivencia política. La moraleja que el perverso George R. R. Martin nos quiere enseñar con la casa Stark es evidente: para ser buen gobernante no se puede ser virtuoso en un mundo de gente malvada. Si se practica el juego de tronos, hay que usar las reglas de los perversos; una idea profundamente inspirada en El Príncipe de Tomás de Maquiavelo, libro en el que se basan varias de las ideas desarrolladas en la serie.

La forma de vida de los Stark se nutre de las costumbres escandinavas. Ellos serían los normandos que ocuparon el norte de Inglaterra. De hecho, incluso defienden la cultura del frío en el lema familiar: «Se acerca el invierno». Están siempre al borde del peligro, sin poder bajar la guardia ante sus enemigos. Sin embargo, a pesar de su valentía y fortaleza, el futuro de la casa Stark se resquebraja por el devenir de los integrantes de la saga.

Eddard Stark muere. Sus hijas, la delicada Sansa y la aguerrida Arya, sufren en soledad su forzada orfandad, durante la que se convierten en objeto de todo tipo de vejaciones y persecuciones. El hijo menor, Brandon, es el primero en sufrir una tropelía al ser empujado desde gran altura por Jaime Lannister, lo cual le deja parapléjico. Solo el bastardo Jon Snow parece caminar por la serie con cierto tino.

La cena negra
La cena negra

Sin embargo, es el heredero del imperio de su padre, Robb Stark, junto a su mujer embarazada y su madre Catelyn Tully, quien peor suerte corre. En la famosa Boda Roja, es traicionado y asesinado junto a 3.500 soldados leales. La boda era una trampa orquestada por el sibilino Lord Walder Frey. Este sangriento acontecimiento está basado en la Cena Negra, un siniestro capítulo de la historia de Escocia, donde el clan Douglas, cuyo poder era demasiado molesto para otros nobles, sufrió una traición similar. El vil atropello sucedió en el castillo de Edimburgo en 1440. se convocó un banquete para, supuestamente, acercar posturas, pero que no fue otra cosa que una trampa en la que se apresó y decapitó a sus líderes, hecho que violaba las principales leyes de hospitalidad.

Otro hecho similar, la masacre de Glencoe, cometida contra el clan de los MacDonald, también forma parte de la historia negra de Escocia. Tuvo lugar en la madrugada del 13 de febrero de 1692, durante la era de la Revolución Gloriosa y del Jacobismo. El río de sangre comenzó simultáneamente en tres emplazamientos: Invercoe, Inverrigan y Achacon. En total, 38 MacDonald del clan de Glencoe fueron asesinados por sus invitados, que habían aceptado su hospitalidad, con la excusa de que los anfitriones no habían actuado prontamente ni prometido lealtad al nuevo rey, Guillermo de Orange. Otros cuarenta niños y mujeres murieron a la intemperie después de que sus hogares fueran quemados.

La casa Bolton

«Nuestras espadas están afiladas»

Los Bolton son una antigua casa noble, descendiente de los Primeros Hombres, que se hará con el norte tras traicionar a los Stark. Su asentamiento es Fuerte Terror; su emblema, un hombre desollado. La sanguinaria y retorcida saga es una familia poderosa; durante muchos siglos, la rival más importante de los Reyes en el Norte, los Stark de Invernalia.

Después de saber que los Greyjoy habían atacado gran parte del norte y que los Lannister habían conseguido una victoria en la Batalla del Aguasnegras, Roose Bolton decidió cambiar de bando y se pasó al de los Lannister, traicionando a los Stark en la Boda Roja. Esto le valió ser nombrado señor de Invernalia y así se convirtió en el nuevo Guardián del Norte.

Desuello de los Bolton
Desuello de los Bolton

Durante un tiempo, Theon Greyjoy es prisionero de Ramsay (hijo natural de Roose) en Fuerte Terror. Este lo tortura y desuella parcialmente para, por último, rebautizarlo como Hediondo. Sus prácticas sádicas y retorcidas les entroncan con algunos de los ejércitos más salvajes y sanguinarios de la humanidad. Incluso son muchas las voces que comparan al bastardo Ramsey con Drácula, pues son abundantes las semejanzas. El desuello no era común en la Edad Media, pero sí hay algunos casos registrados, sobre todo en ajusticiamientos extremos a modo de castigos públicos. Otra posible referencia histórica puede encontrarse en los asirios, pueblo de la antigüedad que habitó en la antigua Mesopotamia (sureste asiático) entre los años 1813 a. C. y 609 a. C., y que fue una de las etnias más belicosas de aquel periodo. Eran muy conocidos por sus atrocidades, tales como desmembramientos, decapitaciones y, por supuesto (entre otras lindezas), desollamientos humanos. Un modus operandi que provocaba algo más que respeto entre sus asustados contrincantes, muy parecido a las «deliciosas» técnicas de guerra de esta particular casa de los Bolton. Y si no, que se lo pregunten a Jaime Lannister…

EL REINO DE LA MONTAÑA Y EL VALLE

Este reino está constituido por un valle situado en la costa este de Poniente. Se encuentra rodeado de impenetrables cordilleras montañosas, lo cual, unido a su neutralidad en las actuales guerras de Poniente, lo asemeja bastante a la actual Suiza. Es gobernado desde el Nido de Águilas por la casa Arryn.

La casa Arryn

«Tan alto como el honor»

 Los Arryn son la casa principal del Valle de Arryn y las Montañas de la Luna. Su asentamiento principal es el Nido de Águilas; su emblema, un halcón de plata en el cielo. El inicio de la primera temporada de la serie coincide, precisamente, con la misteriosa muerte de Jon Arryn, antigua Mano del Rey del monarca Robert Baratheon. A raíz de este hecho, su desequilibrada esposa Lysa se refugia, junto a su único hijo (el débil y enmadrado Robert Arryn) en la inexpugnable fortaleza de Nido de Águilas. La verdad es que esta casa, debido en parte a su neutralidad, no es muy importante en la saga; apenas tiene algunos pasajes interesantes y dignos de mención. La enfermedad y el trastorno mental parecen la tónica del malsano ambiente familiar, muy parecido a las graves enfermedades sufridas en el seno de las familias reales, tales como las de Juana la Loca o Charles VI de Francia, el apodado Rey loco.

EL REINO DE LAS ISLAS Y LOS RÍOS

Las Islas del Hierro son siete y forman un archipiélago al oeste de Poniente, en un mar embravecido, de costas rocosas, que cuenta con pocos refugios y puertos seguros. Están gobernadas en la actualidad por la casa Greyjoy de Pyke.

La casa Greyjoy de Pike

«Nosotros no sembramos»

La casa Greyjoy es una de las grandes casas de Poniente; la principal de las Islas del Hierro. Su asentamiento es Pyke, un castillo situado en la isla del mismo nombre. Su emblema es un kraken (un monstruo marino) de oro. Los hombres de las Islas del Hierro se asemejan bastante a los vikingos, pues en ambos casos hablamos de feroces conquistadores. Al igual que este pueblo del norte, los Greyjoys son excelentes navegantes y cuentan con una flota admirable. Se trata de depredadores marinos que, en ataques relámpago, saquean diferentes ciudades para hacerse con todo tipo de riquezas.

Enrique VII como Theon Greyjoy
Enrique VII como Theon Greyjoy

El principal Greyjoy en la trama de Juego de tronos es Theon Greyjoy, pupilo de Eddard Stark en Invernalia. Theon sigue a Robb Stark hacia el sur y forma parte de su guardia personal en la Batalla del Bosque Susurrante. Más tarde es atrapado por los Bolton y vive un auténtico calvario. Este personaje es uno de los más divididos e interesantes de la serie, pues, aunque ha crecido como un Stark más, en realidad se trata de un rehén separado de su familia original, los Greyjoy. Tal y como le pasó al rey Enrique VII, que fue separado de su familia a una edad muy temprana en la ya referida Guerra de las Dos Rosas, al caer los Tudor en manos de la casa de York, estos cuidaron al niño y lo educaron excelentemente. Con el paso de los años, se persiguió a la casa de los York, volviendo de nuevo a su casa original de mano de los Lancaster, y convirtiéndose finalmente en Rey de Inglaterra. Una historia que sin duda alguna incide en esa dualidad, complicada y rica en matices, de Theon Greyjoy.

 

Además de las Islas del Hierro, este reino también dispone de la Tierra de los Ríos, que es un valle con numerosos bosques e innumerables vías fluviales. No existe en esta tierra una gran ciudad pero sí muchos pueblos, y en el que gobierna la casa de Catelyn Tully, la mujer de Eddard Stark, la casa de los Tully.

La casa Tully

«Familia, deber, honor»

La casa Tully es la principal en las Tierras de los Ríos y gobierna la región desde su asentamiento, llamado Aguasdulces. Su emblema es una trucha de plata sobre campo ondulado de azur y gules. Dada la vulnerabilidad geográfica de las Tierras de los Ríos, los Tully siempre han buscado alianzas en caso de invasión. Luchan al lado de los Stark durante el levantamiento de Robb, pero pierden y huyen o son apresados en Roca Casterley. Catelyn Tully (la esposa de Eddard Stark) representa, sin duda, los valores de esta casa, ya que nadie lucha más por su familia que ella (incluso pasando por encima de las necesidades políticas de los suyos). Como todos los personajes que siguen un estricto código moral, Catelyn tiene una muerte violenta. Afortunada o desgraciadamente, esta es una de las características de Juego de tronos que la hacen a la par frustrante e irresistible.

EL REINO DE LA ROCA

Su gobierno corresponde al Rey de la Roca. Hoy es gobernado por la casa Lannister de Roca Casterly. Este territorio occidental es casi impenetrable por tierra, en parte debido a sus montañas y ríos. Sin embargo, es bastante vulnerable por mar. La región es una de las más ricas debido a sus minas de oro.

La casa Lannister

«Un Lannister siempre paga sus deudas»

Los Lannister son la principal casa noble del Occidente. Su asentamiento es Roca Casterly; su emblema, un león rampante de oro sobre campo de gules. Asentados en un lugar rico en minas de oro, constituyen una de las casas más poderosas de poniente y la más acaudalada. Poseen numerosos tesoros, como una gran espada ancestral llamada Rugido.

Twynn Lannister
Twynn Lannister

El maquiavélico actual patriarca Lannister, Lord Twyn, heredó los títulos de su padre y se convirtió en señor de la Roca y Guardián de Occidente, ganándose una clara reputación de poderoso señor de la guerra, hábil estratega y persona taimada y cruel. Lord Twynn quedó consternado cuando su esposa Joanna murió dando a luz a su tercer hijo, Tyrion Lannister, el famoso enano que es uno de los mejores personajes de Juego de tronos. Su deformidad esconde una gran inteligencia que fascina al espectador.

Tyrion Lannister
Tyrion Lannister

Se compara mucho a Tyrion con nuestro compatriota Blas de Lezo. También se le equipara al emperador Claudio porsu gran inteligencia como dirigente. Blas de Lezo es un (desconocido personaje de nuestra historia) fue teniente general de la Armada Española y uno de nuestros mejores estrategas y marinos. La estrategia utilizada por Tyrion en el Aguasnegras para defender Desembarco del Rey con fuego valyrio se parece mucho a las tácticas empleadas por Blas de Lezo para proteger Cartagena de Indias mientras se encontraba al mando de los navíos españoles. En aquella ocasión, este marino, nacido en Pasajes (Guipúzcoa), derrochó ingenio y valor, y fue capaz de vencer con seis barcos y 2.830 hombres la colosal resistencia del almirante Edward Vernon, quien contaba con 180 naves y casi 25.000 tripulantes y combatientes. Hay una curiosa silimilitud entre el combate del Aguasnegras y el de Cartagena, porque Blas de Lezo utilizó el ardid de dejar paja ardiendo en el mar para crear cortinas de humo y ocultar los navíos españoles. Además, cargaba los cañones con material combustible para provocar incendios en los navíos ingleses. Otra semejanza entre ambos personajes es que a Tyrion se le conoce como el gnomo o el medio hombre, y a Blas de Lezo le llamaron el Almirante Pata Palo porque perdió la pierna izquierda, además de un ojo y la mobilidad de un brazo, durante las diferentes batallas que mantuvo. Por todo ello, también a de Lezo le tildaron de Medio Hombre. ¿Es posible que George R. R. Martin conozca la figura de Blas de Lezo? ¿Estará basado su personaje en él? Las semejanzas son tantas que yo diría que sí.

Los Lannister, por su poder, sus maneras refinadas y su riqueza, se parecen mucho a los sajones en los que el autor encuentra inspiración. Ellos serían la familia Lancaster, de los que toman casi hasta el nombre. También existen muchos lazos entre la casa de los Lannister y los Borgia, dos familias con leyendas negras. Los Borgia fueron una estirpe de origen valenciano que se hizo con el papado de Roma en dos ocasiones en el siglo xv. La incestuosa relación entre Cersei y Jaime recuerda mucho a la que las habladurías malintencionadas de su época atribuyeron a César y Lucrecia Borgia. Los hermanos gemelos Cersei y Jaime comenzaron una relación amorosa a edad temprana. Tras la victoria de Robert Baratheon sobre Rhaegar Targaryen, este se casó con Cersei, con quien, supuestamente, tuvo tres hijos, aunque realmente fueron hijos de Jaime. Entre ellos se contaba el cruel y despiadado Joffrey Baratheon, futuro rey. Joffrey fue asesinado de manera similar al emperador Calígula, cuyo tío no era otro que Claudio; precisamente el personaje histórico con el que Tyrion (tío de Joffrey) ha sido comparado en numerosas ocasiones.

EL REINO DE DOMINIO

El Dominio es gobernado desde Altojardín por un dirigente de la casa Tyrell. Es la región más fértil de Poniente y contiene muchas aldeas y ciudades altamente pobladas. La fertilidad de esta provincia provee de manjares y delicias a todos los sufridos habitantes del reino. Este enclave se considera el hogar de la caballería en Poniente: es donde el arte equino es más valorado, donde existen los torneos más gloriosos y donde se respeta el honor de las reglas de caballería.

La casa Tyrell

«Crecer fuerte»

Casa Tyrrell
Casa Tyrrell

Como ya se ha mencionado, la casa Tyrell de Altojardín es la gobernante del Dominio. Su corazón es el asentamiento de Altojardín, y su emblema, una rosa de oro sobre un campo de rosas, ya lo dice todo. Los Tyrell, descendientes de un rey de los Primeros Hombres, ostentaban el título de Gran Mayordomo de Altojardín de los Reyes Gardener Dominio antes de la llegada de Aegon I Targaryen, quien, al hacerse con el poder, les otorgó el gobierno de tan gracioso sitio a cambio de su fidelidad. Fueron una de las casas más reacias a la rebelión de Robert Baratheon.

Tras la muerte de este, los Tyrell se aliaron con el aspirante al trono Renly Baratheon. Margaery Tyrell se convirtió en su esposa y su hermano, el apuesto Ser Loras Tyrell, Caballero de las Flores, en su amante. Sin embargo, tras la muerte de Renly se modificaron los planes de la casa Tyrell y pasaron a apoyar a los Lannister. Se convirtieron en los principales aliados de estos últimos al apoyar a Joffrey Baratheon, al que acabarían asesinando más tarde. Margaery contrajo un nuevo matrimonio con Joffrey y, tras la muerte de este durante el banquete nupcial, se pactó un nuevo matrimonio entre ella y Tommen Baratheon.

Los Tyrell estarían inspirados en los occitanos, un pueblo del sur de Francia que se contaba entre los más avanzados de la Baja Edad Media. Se trata de una sociedad galante, como la provenzal del siglo xii, con un uso del lenguaje más culto que el de otros reinos, en parte debido a su renacentista y evolucionada forma de vida. Son los más artísticos, los más guapos y los más refinados. Así son los Tyrell: artúricos y aventureros, amantes de los torneos y las gestas caballerescas. Sin duda alguna, una de las casas más glamurosas de Poniente.

EL REINO DE LAS TORMENTAS

Una de las regiones más pequeñas de Poniente, de montañas desiertas, costas pedregosas y bosques perennes. Hay numerosas islas cuyos mares están sembrados de tormentas —de ahí su nombre—, lo que supone una estupenda defensa para el reino. La principal casa de este es la Baratheon.

La casa Baratheon

«Nuestra es la furia»

Stanis Baratheon
Stanis Baratheon

Los Baratheon son la principal casa de Tierra de Tormentas. Su asentamiento es Bastión de Tormentas y su emblema, un venado coronado sobre campo de oro. El origen de la nobleza de esta casa viene de la mano de los Targaryen, de quienes fueron consejeros y carismáticos comandantes, permaneciendo leales a ellos durante muchos años. Sin embargo, esto cambió cuando el príncipe Rhaegar Targaryen, heredero al trono, secuestró a Lyanna Stark, prometida de nuestro querido Robert Baratheon.

Falstaff es Robert Baratheon
Falstaff es Robert Baratheon

Los Baratheon son la antítesis de las culturas galantes y evolucionadas, como los Tyrell,; ellos son los más toscos, como los normandos. De hecho, George R. R. Martin admite que el personaje de Robert Baratheon se inspira en el Falstaff de Shakespeare, poseedor del mismo espíritu socarrón, aunque también es innegable el parecido con Enrique VIII. A ambos les gustaban los torneos y la guerra, los dos dejaron el gobierno en manos de otros, ambos preferían la compañía de prostitutas a la de su propia esposa y, además, está la cuestión de los rumores incestuosos que hubo sobre una de las mujeres de Enrique VIII (Ana Bolena)…; y así hasta configurar una serie de coincidencias que inciden claramente en que ambos personajes «históricos» se encuentran ligados sin ninguna duda.

DORNE

La última región anexionada a los Siete Reinos. La gobiernan los príncipes de Dorne, de la casa Martell de Lanza del Sol, y es la región más calurosa de Poniente. La zona es rocosa, montañosa, árida y seca. Sus ríos proveen de tierras fértiles y, aún en verano, hay suficientes lluvias y otros recursos hídricos para mantener Dorne habitable. El territorio es una gran península que abarca la región más sureña de Poniente. Su capital es Lanza del Sol. En el interior, el agua es el bien más preciado.

La casa Martell

«Nunca doblegado, nunca roto»

Oberyn Martell
Oberyn Martell

La casa Nymeros Martell de Lanza del Sol es la casa gobernante de Dorne. De esta familia se sabe poco si se sigue solo la serie, ya que será en la quinta temporada donde finalmente nos introduzcamos en su mundo. Su asentamiento es Lanza del Sol; su emblema, un sol atravesado por una lanza de oro. La casa Martell ha logrado mantenerse independiente del Trono de Hierro por dos siglos, algo que ninguna de las otras regiones de Poniente ha conseguido. Los Martell se mantienen aislados en Dorne, sin implicarse en las guerras que suceden a la muerte de Robert Baratheon. Ni siquiera los dragones de los Targaryen han sido eficaces allí. Esta casa es la guardiana del sur, lugar que aparece descrito como el norte de África y que parece una metáfora de Al Andalus: dotado de un paisaje desértico, exótico, Dorne parece ser una zona de inspiración claramente árabe. A la vez, sin embargo, su nombre tiene relación con el pueblo franco; lo cual resulta paradójico, ya que los musulmanes fueron frenados en Poitiers por el franco Carlos Martell (el Martillo), del cual se ha tomado el apellido para dar nombre a esta saga de ficción. Por ahora, poco más conocemos de esta familia más allá del malogrado príncipe Oberyn Martell, muerto por la espada de Gregor Clegane en el fabuloso combate por el juicio de Tyrion Lannister.

Juego de tronos es, pues, un filón editorial y televisivo de primera magnitud, y la expectación ante su posible desarrollo y final es máxima. Son muchos a los que les puede la ansiedad e incluso entran en cólera por el retraso de Georges R. R. Martin, al que los fans no paran de presionar por Internet. Los únicos que conocen su desarrollo final son el propio autor, David Benioff y Dan Weiss, creadores de la adaptación televisiva. Se sabe por una antigua carta de George R. R. Martin a su editorial en 1993, que en principio solo habría cinco supervivientes en la serie: Tyrion Lannister, Daenerys Targaryen, Jon Snow y los pequeños Stark, Arya y Bram. Sin embargo, desde 1993 las cosas pueden haber cambiado mucho y esta idea ha podido variar. Lo que sí parece claro es que el futuro de Poniente pasa por las amenazas del exterior, los caminantes blancos y Daenerys Targaryen. ¿Cómo será el ataque a Poniente de estas fuerzas extraordinarias? ¿Cómo reaccionarán nuestros protagonistas ante las pruebas que les esperan? Para empezar, algunas de estas preguntas tendrán su respuesta —o no en la quinta temporada que está a punto de estrenarse. Más emoción, imposible.

Alberto Monreal

Imágenes cortesía de CANAL+

 

SI QUIERES SABER MÁS, TE RECOMENDAMOS…

 

Libro 1Nicolás Maquiavelo.

El Príncipe.

Barcelona: Ariel, 2013.

 

 

Ganar o morir.inddVarios autores.

Ganar o morir. Lecciones políticas en «Juego de tronos».

Tres Cantos: Akal, 2014.

 

 

Este artículo pertenece a Mistérica Ars Secreta Nº 2.

 

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Waterhouse y el ocultismo

John William Waterhouse fue un pintor británico que desarrolló su obra a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue seguidor de la corriente pictórica de mediados del XIX conocida como Prerrafaelismo. De hecho, ha sido apodado como “el moderno prerrafaelita” por seguir sus preceptos décadas más tarde. Académico de reconocido prestigio, se sostiene la teoría de que pudo militar en alguna sociedad secreta de corte ocultista pero no hay ningún documento que lo atestigüe. En estas páginas vamos a tratar de dilucidar los argumentos a favor de esta teoría: ¿fue Waterhouse un seguidor del ocultismo?

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J.W. Waterhouse, La bola de cristal,1902.

Tenemos que situarnos en el tiempo: estamos a finales del siglo XIX, en 1859 se había publicado El origen de las especies de Darwin y comienza el progreso tecnológico. Las religiones oficiales están en crisis y en ese momento surgen multitud de credos y sociedades de carácter esotérico y ocultista. En 1875 Madame Blavatsky había fundado la Sociedad Teosófica en Estados Unidos y había publicado su gran libro de referencia Isis sin velo. En ese momento viaja a París, que es un hervidero de heterodoxia, hay multitud de sesiones espiritistas y reuniones secretas y van a proliferar numerosas organizaciones herméticas, rosacruces, teosóficas, ocultistas, etc. Es el tiempo en que Joséphin Péladan organiza las exposiciones artísticas de corte esotérico bajo el nombre de salones de la Rose+Croix. Este influjo de credos heterodoxos se expande por todo el continente en lugares como Munich o Praga. Inglaterra, aunque algo más tarde, también va a seguir esta tendencia. Mundialmente famosa será la Orden Hermética de la Aurora Dorada –generalmente conocida como Golden Dawn- fundada en Inglaterra en 1888, orden en la que militarán personajes tan insignes como Arthur Machen, Bram Stoker, W.B. Yeats, H.G. Wells o el archiconocido Aleister Crowley. Se cree que Waterhouse pudo ser uno de ellos.

John William Waterhouse (Roma, 6 de abril de 1849 – Londres, 10 de febrero de 1917) es hijo de un pintor británico que trabajó unos años en Italia. Pronto la familia regresa a Inglaterra y el joven John William va a seguir los pasos de su padre. Sus comienzos estuvieron dedicados a la pintura de historia, campo en el que cosechó notables éxitos y el reconocimiento de la Royal Academy, máxima institución de las artes en Gran Bretaña. Tanto es así que en 1895 será nombrado académico. Su prestigio le permite una mayor libertad y su pintura se va a acercar a la tradición prerrafaelita, que había tenido su auge en la década de los 50. En esta etapa vamos a ver como algunas de sus pinturas más importantes están imbuidas de algo más que simple esteticismo: van a aparecer toda una serie de claves relacionadas con la magia, la adivinación y las tradiciones secretas de la Antigüedad que nos hacen pensar que Waterhouse tenía conocimientos profundos de estas materias, más allá de ser un puro aficionado, y especular sobre su vinculación ocultista. Para ver esto de una forma más clara vamos a detenernos en tres de sus lienzos más conocidos: Consultando al oráculo (1884), El círculo mágico (1886) y La bola de Cristal (1902).

Consultando al oráculo representa a un grupo de jóvenes doncellas que acuden a una maga para consultar su futuro, el cual emana de una cabeza que susurra el destino al oído de la maga. El momento recogido por Waterhouse es el de la revelación: la maga escucha atenta al oráculo mientras con un brazo trata de frenar la sorpresa de las jóvenes que se muestran atónitas en la escena. Según la cultura de la época, lo más lógico hubiera sido pensar que Waterhouse había representado una escena de la Antigua Grecia: la consulta al oráculo de Delfos, pero vamos a ver que esto no es así. Si nos fijamos en el espacio en el que transcurre la acción vemos que se trata de una estancia hebrea. Esto nos lleva a pensar mediante qué formas se adivinaba el futuro en esta cultura. Esa cabeza que representa Waterhouse podría ser un Terafín, que según el Tárgum -una traducción al arameo dela Biblia hebrea producida o compilada en el antiguo Israel y Babilonia- no sería sino la cabeza de un joven varón primogénito que ha sido sacrificado con finalidades mágicas y que tiene el poder de la adivinación del futuro.

J.W. Waterhouse, El círculo mágico, 1886.

En El círculo mágico el tema es mucho más evidente: Waterhouse representa un acto de hechicería. Aquí, una bruja hierve una poción en un caldero mágico y mientras traza un círculo de fuego –elemento de protección contra los malos espíritus- en torno a ella. A su alrededor hay cuervos –aves de mal agüero- y un sapo, animal también vinculado a la magia. Si nos fijamos en el vestido de la hechicera tiene bordados motivos de la Antigua Grecia. Por otra parte, en su cinto lleva una hoz con la forma de las empleadas por los druidas. Por último, rodeada a su cuello, una serpiente se muerde la cola. Esta serpiente tiene el nombre de Ouroboros y representa la naturaleza cíclica de la vida. Su representación se remonta al Antiguo Egipto pero es también frecuente en el hermetismo y en la alquimia. En este contexto el Ouroboros representa la unidad de todas las cosas, tanto materiales como espirituales, que no desaparecen sino que cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y creación; es también el símbolo del infinito. Aquí podemos darnos cuenta de cómo Waterhouse está poniendo en un mismo contexto elementos mágicos de las culturas antiguas y del saber alquímico.

Por último hacemos referencia a La bola de cristal. De nuevo, aparece una maga, esta vez observando la imagen reflejada en el interior de una bola de cristal. Vemos un libro de hechizos abierto por una página de la que la protagonista habrá pronunciado las palabras mágicas. Junto al libro una calavera, un elemento de múltiples lecturas que puede hacer referencia a la práctica brujeril o a la muerte. Si nos fijamos en el vestido y en el interior de la estancia observamos que se trata de una escena medieval. El tema nos retrotrae a Consultando al oráculo pues, como sabemos, la bola de cristal se utilizaba como elemento de videncia, al igual que hacía el oráculo. La bola de cristal se utiliza para una práctica de adivinación que se remonta a la cultura celta donde los druidas veían en las piedras de berilo el pasado, el presente y el futuro. En la Edad Media, sin embargo, las bolas para adivinación eran de cristal de roca.

Este cuadro, paradójicamente, hace pareja con otro, hoy desaparecido, titulado El misal, en donde una joven devota reza arrodillada. Se dice que Frederick Pyman encargó la pareja de cuadros a Waterhouse para su residencia de Whitby. Whitby es una localidad costera al nordeste de Inglaterra en la que tienen similar presencia, las tradiciones cristiana y de culto a la magia blanca. Es más, Whitby es la localidad donde Bram Stoker halló las primeras referencias sobre el nombre ‘Dracul’ y donde se inspiró para crear su obra cumbre: Drácula, que en buena parte se desarrolla en esta ciudad. Este es un elemento que sugiere una posible vinculación entre Waterhouse y Stoker, este último miembro de la Golden Dawn. Se ha propuesto que la pareja de cuadros que pinta Waterhouse viniera a representar el cristianismo y la magia en la ciudad de Whitby.

Imagen 4
J.W. Waterhouse, Jasón y Medea, 1907.

Hay toda una serie de lienzos más en los que Waterhouse apela a elementos mágicos. Por una parte, Circe protagoniza varios de ellos. Aparece en la Odisea y es una hechicera que convierte a todos los hombres en cerdos; y quiere conquistar el corazón de Ulises y retenerlo en su tierra para siempre. Otros cuadros hacen referencia a filtros o pociones mágicas como El filtro de amor, Jasón y Medea o Destino. Como podemos ver, la magia es un tema que está presente a lo largo de la pintura de Waterhouse.

A la vista de estas cuestiones cabe considerar que los conocimientos que tiene Waterhouse sobre la magia van más allá de la pura afición. Los elementos que aparecen implican un conocimiento profundo del tema, una erudición que, dado el contexto del auge de las sociedades ocultistas, hacen más que probable la participación de Waterhouse en alguna de ellas. No obstante, como reputado académico, es muy posible que Waterhouse mantuviera en secreto su participación en alguna sociedad secreta. Los expertos en Waterhouse sostienen la teoría de que el pintor fue un ocultista. También lo cree este que les escribe.

 

Pedro Ortega

 

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Este artículo pertenece a Mistérica Ars Secreta Nº 1.