Salvator Mundi ¿El último Leonardo?

Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, s.d. Óleo sobre lienzo, 65,6 x 45,4 cm. Colección privada. © 2011 Salvator Mundi LLC. Fotografía: Tim Nighswander/Imaging4Art

 

En 2011, con motivo de la exposición celebrada en la National Gallery de Londres titulada «Leonardo da Vinci: pintor en la corte de Milán», sale a la luz un pretendido cuadro del maestro florentino hasta la fecha perdido. Se trata de un lienzo que sigue la iconografía de Cristo como Salvador del mundo: vestido con túnica, bendiciendo con una mano y sosteniendo un orbe en la otra. En las líneas que siguen vamos a introducirnos en este misterioso cuadro y tratar de explicar sus aspectos más relevantes.

Comenzaremos con una aproximación a lo que significa la imagen de Cristo como Salvator Mundi. Este tipo de representaciones se pusieron de moda en pleno Renacimiento, a finales del siglo xv, y se dan en la esfera flamenca y en Italia. Este tipo de representaciones son una evolución de los tipos de la Santa Faz y del Cristo en Majestad. La mano que bendice con tres dedos es un signo de la Santísima Trinidad (si es con dos dedos, nos remite a la doble naturaleza divina y humana de Cristo; si es con los cinco dedos, a las cinco llagas), mientras que el orbe es un atributo regio. En muchas de estas imágenes hay una cruz sobre el globo terráqueo, señal de la pasión y crucifixión de Cristo.

Rogier van der Weyden, panel central del Tríptico de la familia Braque, 1452. Museo del Louvre, París.

La primera obra de este tipo que podemos mencionar proviene de Rogier van der Weyden. Se trata del denominado Tríptico Braque (1452), en cuyo panel central aparece esta iconografía de Cristo, pero acompañado de la Virgen y de san Juan Evangelista. De allí en adelante proliferó este tipo de Cristo portador del orbe y en actitud de bendecir. así lo encontramos en los primitivos flamencos, (entre ellos Jan van EyckHans Memling y Gérard David), en la Italia del Quattrocento (donde tenemos a Antonello da Messina) y también en España (es el caso de Fernando Gallego). Siguiendo esta estela, en el paso del siglo xv al xvi Leonardo da Vinci y Alberto Durero también se ocupan del tema. En el siglo xvi continúa desarrollándose y tenemos numerosos ejemplos de la mano de Tiziano.

Parece que no está del todo claro que Leonardo fuera el autor de un Salvator Mundi a finales del siglo xv, pues podría haber sido obra de su taller. Hay una referencia a este lienzo en las Vidas de Vasari, obra del siglo xvi que recopila las biografías de los artistas italianos. La pista más fiable proviene de un grabado firmado por Wenceslaus Hollar en 1650, donde se menciona explícitamente que fue copiado de un original de Leonardo. Este grabado es formalmente similar al lienzo del que estamos hablando, y esa es una de las pruebas a favor de la autoría de Leonardo. Pero, aparte de este grabado, existen numerosas versiones del Salvator Mundi; al menos veinte contando obras de taller y copias posteriores, lo que indica la probabilidad de que exista un original del maestro.

Wenceslaus Hollar, Copia de Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, 1650. Grabado, 26,4 x 19,0 cm. The Royal Collection (RL 801855)

Otro de los argumentos para pensar que Leonardo llevó a cabo esta obra es que a lo largo de su producción representa a Jesús en las distintas etapas vitales: su niñez es el tema de grandes obras, como La Virgen de las Rocas o Santa Ana, la Virgen y el Niño; como adolescente aparece en una obra perdida, presuntamente encargada por Isabela de Este, de la que tenemos una versión de taller en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid; y, como olvidarlo, sobre la etapa de madurez tenemos La última cena de Milán. Hay también apuntes en lápiz del rostro de Cristo en el Codex Atlanticus, datado en 1480, que podrían haber sido bocetos para esta obra. No es por tanto descartable que Leonardo quisiera pintar a Cristo en majestad en la forma de Salvador del mundo.

El lienzo fue adquirido en 2005 por un consorcio privado neoyorquino, RW Chandler. Tras más de cinco años de investigación fue autentificado por Robert Simon, doctor en Historia del Arte de la Universidad de Columbia. A favor de la autoría de Leonardo, Simon esgrime el hecho de que pigmentos, técnica y estilo hacen referencia directa al maestro florentino. Entrando en más detalles, se aprecian arrepentimientos en el dibujo del pulgar de la mano derecha y en los contornos de la mano izquierda tras la esfera, los cuales son típicos de Leonardo —es bien sabido cómo dibujaba y redibujaba una y otra vez hasta que quedaba perfecto. Además, la cabeza parece estar elaborada a partir de un cartón, como era frecuente en la producción del maestro. Otro elemento a tener en cuenta es el diseño del brocado de la túnica del Salvador. Existen antecedentes de un diseño parecido en un dibujo de Leonardo conservado en la Royal Library de Oxford.

 

Pero no hay unanimidad en que la autoría de este lienzo sea al cien por cien de Leonardo. Contamos, por ejemplo, con la opinión del catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma y miembro de la Real Academia de la Historia, quien en el momento en que se suscitó la polémica afirmaba: «Necesitamos más pruebas científicas. Todavía no se han publicado estudios sobre el material, ni sobre la composición de los pigmentos (…) de momento lo único que se ha hecho es una atribución por parte de un grupo de especialistas». También apuntaba un rasgo iconográfico importante: «hay algunas diferencias “extrañas” entre el lienzo actual y un dibujo al óleo que aparece en un grabado de 1650, realizado por el artista Wenceslaus Hollar». Hoy en día, varios años después, todavía parece no haber pruebas contundentes a favor de la autoría de Leonardo.

Pero nosotros nos vamos a detener en un elemento clave, donde posiblemente podamos hallar alguna pista de la intervención de Leonardo da Vinci y de elementos que van más allá de lo natural. Nos referimos a la enigmática esfera transparente que el Salvador porta en su mano izquierda. Hemos de señalar, ante todo, que esta es la primera vez que un Salvator Mundi tiene en su mano un orbe transparente. Los anteriores eran esferas macizas o con los continentes dibujados, como si se tratara de globos terráqueos, por lo que deducimos que hay una intencionalidad velada al introducir este elemento. Desde el punto de vista geométrico, el pintar con exactitud la mano que sujeta la esfera transparente y se ve a su través requiere conocimientos matemáticos sobre la distorsión de la luz al atravesar el cristal esférico, los cuales solamente podía tener Leonardo en aquel tiempo. De hecho, posteriores representaciones de este orbe transparente reflejan el desconocimiento de la refracción de la luz.

Wenceslaus Hollar, Copia de Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, 1650. Grabado, 26,4 x 19,0 cm. The Royal Collection (RL 801855)

El orbe transparente que pinta Leonardo es de cristal de roca, la forma más pura del cuarzo, y es posible que hubiese una segunda intención en su representación. Las esferas de cristal de roca se habían conservado durante la Edad Media en gabinetes de objetos extraordinarios. Provenían de la Antigüedad y la técnica para realizarlas se había perdido. Se consideraban objetos con propiedades singulares y se creía que estaban hechas de hielo petrificado de los picos de las más altas montañas; por eso se consideraban objetos mágicos. Leonardo era sin duda conocedor de estos atributos sobrenaturales, como atestiguan dos libros que tenía en su biblioteca: el texto medieval de Marbodeus titulado El lapidario o la fuerza y la virtud de las piedras preciosas, de las hierbas y de los animales y el libro de Alberto Magno titulado Libro secreto de las virtudes de las hierbas, las piedras y los animales, publicado en Bolonia en 1478. Como es bien sabido, la esfera de cristal es empleada en la adivinación del futuro.

Por otra parte, Leonardo sabía de la importancia de la esfera como forma perfecta (Platón la señalaba como la más importante dentro de los sólidos por contener el universo entero). La idea de una estructura perfecta, hecha de cristal de roca dotada de propiedades mágicas, que contuviera el mundo dentro de sí fue, sin duda, la mejor manera que encontró Leonardo para representar el atributo del Todopoderoso.

A modo de conclusión, podemos afirmar que no hay una certeza, aunque sí una alta probabilidad, de que este lienzo proceda de la mano de Leonardo da Vinci. Ante la duda de si el maestro pudo idear la obra, las pruebas son más concluyentes; sobre todo la que se fundamenta en la inclusión del orbe de cristal de roca. Podemos decir entonces que, aunque tal vez no la mano ejecutora, sí que la mente de Leonardo estuvo tras este Salvator Mundi, ya que la bola de cristal como orbe sagrado es, sin duda, una idea original del gran genio florentino.

 

Pedro Ortega

Este artículo está publicado en Mistérica Ars Secreta 4:

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