Expediciones

Vikingos en Norteamérica: la maldición de Vinland

La cultura vikinga, además de en leyendas y mitos, es rica también en misterios. Sin embargo, pocos tan extraños y peculiares como el de la mismísima hija del famoso Erik el Rojo, una mujer cuyos crímenes y sed de sangre parecen haberla maldecido para la historia, ya que su figura se pierde entre la bruma como un drakkar rumbo a Vinland.

Comencemos a contar esta historia precisando que los escasos testimonios que nos hablan de  son dos sagas islandesas: la Grœnlendinga saga y la Eiríks saga rauða, precisamente los dos textos que son conocidos como «sagas de Vinland» en su conjunto.

Retrocedamos en el tiempo hasta el borde del año 1000, en la época en que Erik Thorvaldsson (noruego de nacimiento y aparentemente llamado el Rojo por el color de sus barbas) habitaba en Islandia tras haber sido desterrado su padre por asesinato. Quizá ello marcara su propio destino, ya que Erik también sería expulsado de Islandia por varios homicidios cometidos alrededor del año 982.

Es entonces cuando Erik y su mujer, Thjodhild, navegan hacia el oeste, donde recalan en una tierra poco conocida y, lo más importante, sin hielos. Allí medró Erik durante tres años habitando en varios lugares. cuando por fin volvió a Islandia, decidió llamar a aquella tierra Groenlandia o ‘tierra verde’. Quería atraer colonos con esa maniobra, algo que lograría en el 985, cuando regresó para fundar varios asentamientos más.

Durante ese tiempo, Erik tuvo cuatro hijos: Leif, Thorstein, Thorvald y Freydís. Algo importante a tener en cuenta es que, mientras Erik permanecía fiel al culto pagano nórdico, Leif y su familia se convirtieron al cristianismo, muy al contrario que Freydís. Esa circunstancia puede haber pesado en el olvido que la historia ha deparado a esta mujer.

En cualquier caso, Leif (islandés de nacimiento) ha sido mucho mejor tratado por la tradición. Se le describe como un hombre sabio, sensato y valiente, y se ganó el sobrenombre de Afortunado cuando recogió a dos náufragos islandeses durante una travesía.

En la historia popular, Leif es considerado como el primer europeo que desembarcó en Norteamérica, aunque las propias sagas nos dan pistas de que esto pudo no ser así. Según el estudioso Einar Haugen, Leif solo seguía los pasos de Bjarni Herjólfsson, un navegante que llegó a divisar tierra donde hoy está América, aunque no desembarcó en ella. La misma fuente indica que habrían sidolos dos náufragos que Leif recogió allí los primeros europeos que pisaron el nuevo continente, aunque la historia no les haya legado nombre o gloria algunos.

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Leif, pues, decidió poner rumbo hacia Occidente. Para ello, tras reclutar a treinta y cinco hombres, invitó a su padre a acompañarlos. Sin embargo, un mal presagio (una caída de caballo) retuvo a Erik en tierra. Esto no detuvo a su hijo ni a sus hombres, que decidieron emprender la expedición pese a todo.

Fue tiempo después, y tras varias etapas de viaje durante las que decidieron ir cada vez más hacia poniente, cuando Leif y sus hombres arribaron a lo que se conocería como Vinland: una tierra de riquezas tales como madera abundante, grandes salmones, frutales y viñas (las cuales darían nombre a esta «nueva» tierra). Tras pasar allí el invierno, volverían triunfales a Groenlandia, no sin rescatar a otro náufrago en el camino (de nuevo, Leif el Afortunado).

No obstante, las cosas empeorarían en el siguiente viaje a Vinland, llevado a cabo por Thorvald, hermano de Leif, quien discutiría largamente con él porque consideraba que no habían explorado lo suficiente aquellas tierras y a quien seguramente también tentaban las riquezas (especialmente la madera que su hermano había traído, con la que se podían construir grandes casas).

Thorvald, finalmente, consiguió regresar a la tierra prometida de los vikingos y se quedó durante varios inviernos explotando sus abundantes tesoros naturales. Sin embargo, el terreno no solo iba a teñirse de uvas negras, sino también de sangre.

Y es que Vinland no estaba deshabitada: en ella vivían indígenas llamados skrælings o skrælingjar. ya desde su primer contacto con ellos, el ambicioso Thorvald decidió capturar o matar a no menos de ocho. En venganza, los skrælingjar contratacaron y Thorvald recibió en la axila una flecha que acertó a volar entre el barco que le servía de parapeto y su escudo. Murió poco después de la herida resultante.

La maldición de Vinland se extendería después al siguiente hijo de Erik y hermano de Leif, Thorstein. Decidido a liderar la tercera expedición hacia las nuevas tierras con el objetivo de recuperar el cuerpo inerte de Thorvald, el tercer vástago del Rojo se extravío durante meses en mitad del mar y terminó volviendo a Groenlandia, donde murió poco después.

Y es ahora, en el momento en que la desgracia parece haberse cebado en esta familia, cuando la hija, Freydís, aparece en escena.

Freydís era conocida como una mujer de carácter fuerte, audaz, osada y resuelta; y por ello no es de extrañar que, sin dejarse impresionar por el destino de sus hermanos, decidiese organizar su propia expedición a Vinland. Pero muy seguramente, como deduciremos de sus actos, también debía estar corrompida por la ambición, la avaricia y la envidia por la fama y las riquezas que Leif había traído a su regreso.

Sin embargo, organizar una expedición a una tierra tan distante no era fácil ni barato. No fue hasta la llegada de dos comerciantes, Helgi y Finnbogi, cuando la hija de Erik vio su oportunidad y se propuso convencerles para organizar un viaje y repartirse entre todos los beneficios. Tras considerarlo, Helgi y Finnbogi accedieron con la condición de que ambas partes embarcasen el mismo número de hombres. Freydís fingió estar de acuerdo, pero embarcó secretamente varios hombres más…, por si fuera necesario contar con su fuerza.

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Dado que su knarr o navío mercante era más rápido, Helgi y Finnbogi llegaron a Vinland antes que Freydís y, como se había acordado, ocuparon las viviendas que Leif había construido. No obstante, continuando su camino de traición, Freydís les expulsó de allí y los defraudados comerciantes tuvieron que construirse sus propias viviendas.

Después de que ambos grupos pasaran el invierno aparentemente enemistados, un día Freydís decidió pasar a la acción. Habló con Finnbogi en privado y le propuso intercambiar sus barcos porque deseaba abandonar Vinland y la nave de ellos era más rápida. Una vez conseguido este acuerdo y con la paz aparentemente firmada, Freydís manchó su cara y rasgó sus ropajes cuando volvió a su casa logrando que su marido Thorvard se extrañara de verla llegar en aquel estado. Ante sus preguntas, Freydís confesó que había ido a hacer un trato con los hermanos…, ¡pero añadió que la habían agredido y forzado!

Freydís provocó amargamente a Thorvard, insultándole y amenazándole con separarse de él si no vengaba la afrenta. Así, su marido no tuvo más remedio que obedecer; las casas de sus antiguos compañeros fueron asaltadas y algunos de ellos murieron, entre ellos, Finnbogi.

Las dos sagas citadas cuentan hechos diferentes en este punto, pero ambas narraciones coinciden en que es en este instante cuando la ira de los skrælingjar se desata y los indígenas atacan a los colonos. Durante una escaramuza, algunos indios acorralaron a Freydís y, en una de las escenas más célebres de la Saga de Erik el Rojo, sin acobardarse ante su muerte inminente, la brava vikinga tomó la espada de uno de sus compañeros muertos, se sajó un pecho, y provocó así el pánico entre los indígenas, que huyeron despavoridos.

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El relato prosigue en la saga de los groenlandeses, donde se narra cómo Freydís ultimó la matanza de sus antiguos compañeros ejecutando a los supervivientes; e incluso, cuando nadie más se atrevía a ello, dio muerte por su propia mano a cinco mujeres.

Freydís y sus hombres emprendieron poco después el viaje de vuelta a Groenlandia, bajo la amenaza de la violenta líder de matar a quien contara la verdad a Leif. Sin embargo, al poco de su llegada, alguien reveló lo ocurrido y varios de los hombres de Freydís fueron torturados hasta confesar. Pese a todo, Leif «no quiso castigar a Freydís como se merecía», de modo que su crimen quedaría aparentemente impune.

Aquí termina el relato y, salvo por lo narrado en las sagas, empieza la maldición del olvido. Mientras que Erik y Leif disfrutan de honores, monumentos y conmemoraciones, el nombre de Freydís, la lady Macbeth vikinga, parece haber caído en desgracia hasta hoy.

Salva Rubio

Ilustraciones: © Thule Ediciones.

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