Hablar de The Doors es hablar de Jim Morrison, el rey lagarto, el gran icono del rock clásico de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX. Pero también es hablar de Ray Manzarek (teclado), John Densmore (batería) y Robby Krieger (guitarra). Es hablar de psicodelia, alcohol y LSD, la influencia del blues rock y la irreverencia. Pero, ¿en serio es solo eso? No, también es hablar de cultura más allá de la música.

Jim Morrison era un gran amante de la literatura y fue estudiante de cine en la universidad de UCLA. El grupo que formó comenzó llamándose The Doors Of Perception, un nombre que se acortó por motivos de marketing y que fue inspirado por Las puertas de la percepción (1954) de Aldous Huxley. Huxley defiende que las drogas abren el “filtro” del cerebro para que podamos percibir todas las impresiones e imágenes que se producen en la realidad.

Tanto Morrison como Huxley tuvieron esta revelación a partir de un tronco común: ambos se apoyaron en El matrimonio del cielo y el infierno (1793) del gran poeta inglés William Blake (1757-1827), en cuya obra nos dice:

«Si las puertas de la percepción se depurasen,

todo se mostraría a los hombres tal como es: infinito.

Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver

todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna».

Blake tuvo la capacidad de fascinar al músico y al escritor seguramente por lo mismo que a nosotros: su fina alegoría, el poder del imaginario y la exaltación de las pasiones vitales frente al cerco del pensamiento ilustrado y el racionalismo.

Esta semana les dejo con Break On Through (1967), un canto a traspasar las puertas de la percepción a lo cual ya nos invitó William Blake a fines del siglo XVIII.