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El monte Sinaí

Quinto Vórtice
El monte Sinaí

La pelea de las montañas

Cuenta la historia, que cuando las montañas escucharon que Adonai iba a entregar la Torá al pueblo de Israel, corrieron todas al desierto y comenzaron a pelearse entre ellas:
El monte Carmel le dijo al Monte Tabor: vuelve a tu lugar ya que sobre mi entregarán la Torá.
El monte Tabor le contestó al Carmel: regresa al lugar de donde saliste, ya que sobre mi será entregada la Torá.
“Yo soy la montaña más alta”, dijo una. “No”, dijo otra, “Yo soy la montaña más empinada y por lo tanto la Torá debería entregarse sobre mi”.
Llegó también el Monte Tzofim y dijo que debía ser el elegido, porque está muy cercano a la ciudad de Ierushalaim.
Y el monte Sinaí quedó a un costado y dijo para sí: ¿Quién soy yo para que sobre mí se entregue la Torá?
Y Adonai hizo regresar al monte Carmel, Tabor y Tzofim a sus lugares después de escuchar la pelea: no entregaré la Torá sobre ustedes, sino sobre el Monte Sinai. Y dice el Midrash que fue entregado, no por ser el más alto, o bello, o cercano a algún lugar, sino por ser el más humilde.

Según Midrash Shojer Tov

 

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La Gran Pirámide

Quinto Vórtice
La Gran Pirámide

… Cuando la raída galabeya negra del guía y la casaca azul de su general se perdieron por el pasadizo que les había conducido hasta allí, Napoleón apenas tuvo un par de minutos para situarse. Pasado ese tiempo, como si lo hubieran calculado todo con precisión de relojero, su antorcha murió.
Bonaparte se estremeció. Fue como si las puertas de la pirámide se hubieran cerrado de golpe y para siempre.
La oscuridad cubrió el recinto sin miramiento: la entrada al lugar, las dos pequeñas aberturas cuadradas practicadas en las paredes norte y sur de la sala que se perdían muro adentro con destino incierto, así como el gran cofre de granito que presidía la estancia, se sumergieron en una noche repentina y densa.
Todo había quedado cubierto por aquel espeso velo negro. De hecho, el arcón era lo único que había llamado su atención. Se trataba de un tanque suficientemente holgado como para recibir a un hombre en su interior.
¿Era allí donde debía vaciar su alma? ¿A oscuras? ¿Sería en ese lugar donde se determinaría su «peso»? Y en ese caso, ¿cómo?
• La pirámide os guiará -le había advertido Elías Buqtur horas antes, sin anunciarle que le abandonaría a su suerte-. Dejaros llevar por el sagrado poder que legaron a la posteridad los antiguos señores de Egipto. No os resistáis. No tratéis de comprender. Aceptad sólo lo que os llegue.
Napoleón a duras penas podía imaginar que un cofre tan simple hubiera albergado alguna vez el cadáver de un rey. Y que una habitación tan austera hubiera sido en tiempos el sepulcro de un faraón. Fue un error. Perfectamente rectangular y construida con grandes bloques de piedra milimétricamente encajados entre sí, la grandeza del lugar necesitaba cierto tiempo y capacidad de observación para ser apreciada en su justa medida.
La perfección de sus formas, su acabado armonioso y sencillo, la ausencia de inscripciones o adornos superfinos, parecían propios del santuario de una poderosa divinidad dormida, abandonado mucho antes de que el gran Alejandro llegara al Nilo, y probablemente saqueado una y mil veces antes de la visita del corso.
La idea le inquietó.
Con meditada suavidad, casi por instinto, palpó el extremo izquierdo de su fajín en busca de la empuñadura del sable. El mango frío le tranquilizó. Si le salía al paso algún imprevisto, sabría defenderse.
Pero ¿defenderse de quién? ¿O de qué? ¿Acaso no le había advertido Elías que su peor enemigo allá dentro, acaso el más terrible de sus adversarios, sería él mismo? ¿No era aquella una más de las pruebas que le tenía reservada la misteriosa hermandad en la que militaban su intérprete y – ya no lo ponía en duda- su propio general Kléber? ¿O quizá se había confiado demasiado al acompañarlos solo, sin escolta, hasta la peligrosa meseta de Giza, donde ningún extranjero se atrevía a adentrarse sin una fuerte protección militar?
Y decidido, el joven general buscó a tientas el tacto liso y gélido del granito. Tras localizar los perfiles del tanque exactamente donde lo recordaba, se encaramó a uno de sus extremos, tumbándose a todo lo largo que era en su interior. No podía perder nada. Estaba dispuesto a aguardar a que los acontecimientos se sucedieran sin su intervención y resolver aquella embarazosa situación por la más pasiva de las vías.
• ¿Qué quiso decir Elías con que vaciara aquí mi alma para dejármela pesar? -se preguntó mientras apoyaba su espalda contra el fondo del tanque.
Fue entonces cuando Napoleón Bonaparte, el líder de las tropas de ocupación de Egipto, hizo un descubrimiento terrible: aquel ataúd tenía exactamente sus medidas…

Javier Sierra
El secreto egipcio de Napoleón (extracto)

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El Círculo de Piedras de Avebury

Cuarto Vórtice
El Círculo de Piedras de Avebury

“Realmente creo que tuvo que ser un templo patriarcal, como los demás del mismo tipo y que hemos descrito también, en el que se rendía culto al verdadero Dios.”

William Stukeley
Sobre Avebury

Sobre el gran círculo neolítico de Avebury los arqueólogos han encontrado un sorprendente y al parecer único monumento cuadrado debajo del círculo de piedra de Avebury:

«Nuestra investigación ha revelado megalitos desconocidos en el famoso círculo de piedra de Avebury… Hemos detectado y mapeado una serie de piedras prehistóricas que fueron ocultadas posteriormente junto con las posiciones de otras probablemente destruidas durante los siglos XVII y XVII. Juntas, revelan un sorprendente y aparentemente único monumento cuadrado megalítico dentro de los círculos de Avebury que tiene el potencial de ser una de las primeras estructuras en este lugar.»

Mark Gillings, director en la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester

«Nuestro cuidadoso programa de prospección geofísica finalmente ha completado el trabajo iniciado por Alexander Keiller (el arqueólogo que inició las excavaciones en 1939). Se ha demostrado que la línea de piedras que identificó es el lado de un cuadrado de megalitos de unos 30 metros de ancho y que encierra un obelisco. También son visibles líneas cortas de piedras erectas que irradian desde este cuadrado y conectan con el círculo interno del Sur. Círculos megalíticos son bien conocidos desde el momento en que Avebury fue construido a finales del Neolítico (III milenio antes de Cristo), pero la configuración megalítica de un cuadrado es muy inusual».

Joshua Pollard de la Universidad de Southampton

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Abadía de Glastonbury

CUARTO VÓRTICE
Abadía de Glastonbury
La Abadía se encuentra en pleno centro de Glastonbury. Solo quedan sus ruinas, pero, aun así, se siente la fuerza de lo que en su día tuvo que ser esta colosal construcción.
Se cree que cuando estuvo en pie, pudo haber tenido el aspecto que muestra la maqueta.
Enmarcada dentro de un recinto de casi 14 hectáreas, contiene un micro mundo donde se palpa en el aire toda su historia y leyenda.

Se dice que esta iglesia fue fundada mucho antes que la iglesia de Roma, por José de Arimatea, contando con la ayuda y conexión Druídica y en honor a la Diosa. Más tarde se dijo que José de Arimatea hizo construir aquí una iglesia en honor a la Virgen María.

Pero se sabe también que mucho antes, José de Arimatea traía aquí a su joven sobrino Jesús para que fuera educado en los misterios de la Diosa ya que los Druidas y Druidesas lo reconocieron como una reencarnación del legendario guerrero celta Cu Chulain y que por eso le llamaban el Archidruida.

En el año 704 bajo el mandato del Rey Ine, se construyó en este paraje una iglesia en honor de San Pedro y San Pablo, y este centro de culto se convirtió en el monasterio más rico y más visitado del país donde llegaban peregrinos de todas partes de Europa.

San Dunstan fue Abad entre los años 940 y 956, y, un incendio devastador destruyó casi por completo el edificio en el año 1184.
Sus posteriores abades la reconstruyeron con la ayuda de donaciones hasta que con el reinado de Enrique VIII y sus malas relaciones con la iglesia de Roma, cesaron los donativos y cuidados tanto para ésta como para otras fundaciones, ensañándose particularmente con la Abadía de Glastonbury, llegando incluso a asesinar por decreto, al abad de la época Richard Whiting.
Fue Thomas Cronwel quien mando ejecutarlo brutalmente acusándolo de alta traición al rey. Resulta anecdótico que un año más tarde, el propio Thomas Cronwel también fuera acusado de alta traición y ejecutado.
La Abadía, Glastonbury, Avalon, Druidas, Druidesas…. todo quedo en el olvido hasta el siglo XIX con el resurgir de las leyendas artúricas. De alguna manera, fue Arturo, el Grial y la Dama del Lago quienes impidieron que las ruinas de la Abadía y la magia y herencia de Avalon fueran destruidas y olvidadas, pues la inspiración de poetas, escritores, pintores y personas sensibles, trajeron de nuevo al presente todo el poder de Avalon, y así hoy en día podemos visitar esta Abadía y sentir toda la grandeza que en este lugar un día fue esplendorosa.
Fue en 1911 cuando unos monjes extendieron la noticia del hallazgo casual de la tumba del rey Arturo y de Ginebra debajo de una piedra en la que encontraron una cruz de plomo con la siguiente inscripción en latín:
Hicfacet sepultus inclitus rex arturius in insula avalonia
Aquí yace enterrado el ínclito rey Arturo, en la isla de Avalón

Y más abajo se encontró el esqueleto de un hombre que tenía en sus manos un mechón de pelo rubio que se supuso perteneció a la Reina Ginebra.

Se colocaron estos restos en una tumba de mármol negro frente el altar principal de la Abadía,
Se mezcla la historia y la leyenda en un acto continuado de descrédito por parte de algunos monarcas como Enrique II en su afán de desprestigiar la existencia del rey Arturo, los Druidas, y todo lo que a religión pagana o católica tuviera referencia, por lo que aquí, como en otros lugares mágico-sagrados, tenemos que centrarnos en lo que nuestra intuición y nuestro corazón nos diga.
Se dice que algunas noches el fantasma del Abad, que injustamente fue ajusticiado, ronda por este lugar.
Hoy en día la Abadía pertenece al fideicomiso diocesano de las ciudades de Bath y Wells.
Emblemático de Glastonbury es el cuervo y aquí, en la Abadía podremos ver cuervos en todos los magníficos árboles.
Para la tradición celta, los árboles son de vital importancia (como podrás ver en otro apartado) y aquí en la Abadía, podemos conectarnos al ejemplar por el que cada uno de nosotros se sienta atraído.
Especiales son los manzanos. La misma palabra Avalon quiere decir manzano, siendo, además, el árbol y fruto de la Diosa.
Dentro del recinto de la Abadía sigue estando el antiguo huerto de los manzanos de las sacerdotisas de la Diosa.
Tomado de la página de Lina Linares

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Uluru y Kata Tjuta

TERCER VÓRTICE

Uluru y Kata Tjuta

Cuenta una leyenda de los aborígenes australianos, que una vez se libró una terrible batalla en Uluru durante el Tiempo de los Sueños, cuando un pueblo conocido como Los Hombres Serpiente Venenosos, atacó para dar muerte a los pueblos que habitaban la zona, Los Hombre Serpiente no Venenosos, pero Bulari, la Diosa madre de la Tierra, logró vencerlos con una nube de gases letales.
Muchos de los Hombres Serpiente, permanecen encerrados en una prisión bajo el Uluru, el punto más sagrado de toda Australia, más conocido por el nombre de Ayers Rock, una enorme colina de granito que cambia de color durante el día y asombra a cuantos la visitan, por constituir una de las maravillas del mundo mineral.
Ayers Rock, lugar de una de las más importantes batallas durante el Tiempo de los Sueños.
Cuenta la leyenda, que aún se encuentran encerrados en el interior de la montaña los cuerpos de algunos de los Hombres Serpientes.
Se dice que otras batallas se libraron entre el Dios del Sol -que llegó del cielo en una nave- y el Dios de la Tierra en Moon City o Ciudad Secreta, otro punto sagrado del territorio australiano. Para los aborígenes estos lugares son los restos de ciudades construidas por los Arientas y Luritchas, seres que eran mitad hombre y mitad animal.
Mito australiano

Fotografía: Thomas Schoch

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Machu Picchu

 

SEGUNDO VÓRTICE

MACHU PICCHU
¿Esconde algo Machu Picchu?
«Desde 1998 dedico mis investigaciones a la presencia permanente de los incas en la selva amazónica, el Antisuyo. Uno de los objetivos principales consiste en localizar el Paititi, la mítica ciudad perdida de los incas. También me interesa el estudio de la qellcca, la escritura perdida de esta civilización. En los últimos años hemos encontrado decenas de magníficos complejos arqueológicos al norte del departamento de Cuzco: ¡Fortalezas, necrópolis y ciudadelas completas! Pensamos que la ciudad principal, la que controlaba este territorio, no está tan lejos de nuestra zona de investigación…
Cuando recibí el primer mensaje de David Crespy pensé que era uno de esos iluminados que siempre me escriben sobre temas esotéricos. Hablaba de una puerta visible pero invisible, algo un poco confuso. Pero cuando me envió las fotografías de esta supuesta puerta cambié de opinión, no me lo podía creer. Además, sus explicaciones ulteriores eran muy claras y muy lógicas, pensé que podía confiar en su testimonio…
“La idea de que este edificio pudiera ser una sepultura real, la tumba de Pachacuti, me vino rápidamente a la mente: el edificio domina todo el sector urbano y está localizado a 20 metros de la entrada principal de Machu Picchu. Además, de acuerdo con las tradiciones y según varios arqueólogos como el peruano Guillermo Lumbreras o la historiadora española Carmen Martín Rubio, el noveno soberano inca, fundador del Tauhantinsuyu, fue inhumado en Machu Picchu. El vano de acceso o puerta que localizó David Crespy podría corresponder a la entrada a la tumba de Pachacuti…
“Tras un primer contacto con la ciuadela no lo dudé, se trataba de un contexto funerario. Gracias al trabajo de campo realizado el pasado mes de abril, hemos podido comprobar nuestra hipótesis…
“Los resultados fueron increíbles. Detectamos la presencia de varias gradas, situadas un metro por detrás de la entrada, además de la presencia de metal en las gradas, tal vez objetos funerarios dentro de hornacinas. Estas gradas conducen a una gran cámara de forma cuadrangular. Los georadares detectaron la presencia de más de una decena de cavidades, algunas más pequeñas, tal vez sepulturas de niños, además de varios depósitos de material no ferroso: oro y plata…
“Es un asunto delicado, ya que podría tratarse de un hallazgo muy importante y casi se ha convertido en un asunto de Estado. Varios responsables de los ministerios competentes nos explican que hay políticos que prefieren que sean arqueólogos peruanos quienes realicen la apertura, aunque nuestro grupo está compuesto por un 90% de profesionales de este país. Estamos esperando la respuesta oficial… Podría tratarse de la tumba más grande de todos los incas, de Pachacuti, que es el Napoleón o el Julio César de la civilización inca…

Thierry Jamin
Tomado de una entrevista para el National Geographic por Alec Forssmann, 14 de febrero de 2013

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Tiwanaku o Tiahuanaco

SEGUNDO VÓRTICE

Tiwanaku o Tiahuanaco

“Mientras las últimas partes del continente Mu se despedazaban en el Océano Pacífico, terribles catástrofes tenían lugar en toda la tierra. La cadena Andina de montañas surgió en aquella época, y desfiguró la costa este de América del Sur. La ciudad de Tiahuanaco era un importante puerto de mar, y una ciudad colonial del imperio Lemur de gran magnificencia e importancia. Durante el cataclismo se elevó sobre el nivel del mar, y el clima suave y tropical se reemplazó por el helado clima polar de las altas mesetas eternamente barridas por el viento. Antes de que esto tuviera lugar no existía el lago Titicaca. Aquí en lo alto de las ruinas. El señor Aramu-muru (conocido también por Meru o Manu) ordenó que se construyera el Monasterio con gigantes bloques de piedra cortados por la energía de la fuerza lumínica primaria. Esta construcción ciclópea es igual hoy a la que fue en otro tiempo, y sigue siendo un repositorio de la ciencia, la cultura, y el conocimiento arcano de los Lémures. El señor Aramu-muru es miembro de la raza Ciclópea, y esta es conocida con el secreto y arcano conocimiento como la raza de los “Eles”. Eran Titanes que viajaban por el camino de las estrellas. Para llegar a la Tierra atravesaron el espacio siguiendo todos los grandes ciclos del tiempo. Tenían 4 metros y eran hombre y mujer, pero no de la manera que consideramos hoy la diferenciación sexual.”

George Hunt Williamson, más conocido como Brother Philip
El Secreto de los Andes

 

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Lago Titicaca y Tiahuanaco

Puerta del Sol en Tiahuanaco. Foto: Mhwater

SEGUNDO VÓRTICE

Lago Titicaca y Tiahuanaco

Leyenda del Valle de Wiñay Marka: Mito sobre el Origen del Lago Titicaca.
A orillas del Lago Titicaca, existe una leyenda que dice que la creación del mundo duró muchos siglos y, durante este tiempo, Apu Qullana Awki creó el Universo (la tierra, el cielo, los mares, los ríos, los lagos, a los animales, las plantas, la gente, las estrellas, etc) Cuando terminó de crear el mundo Apu Qullana Awki se fue a vivir a una de las montañas más grandes del altiplano, que se ubica cerca del lago, sin antes dejar un mandamiento para la gente.
En aquellos tiempos, todo lo que hoy ocupa el lago Titicaca era un paraíso llamado Wiñay Marka (Ciudad Eterna), donde no había odio, envidia, ni riñas entre los hombres. Era un valle hermoso. Lo único que tenían que cumplir la personas era el mandamiento del Apu, que consistía en no subir ni escalar la montaña sagrada, donde moraba el Apu y que se identificaba por las llamas que ardían en la cima de aquella montaña.
Sin embargo, un día la gente instados por el Awqa (ser maléfico) escalaron la montaña que protegía a todo el Valle Sagrado. El Awqa hizo creer a la gente que llegando a la cima de aquella montaña, iban a convertirse en seres superiores, tan igual o aún más que el Apu Oullana Awki.
Entonces, debido a esta desobediencia, Apu hizo salir de las cuevas cantidades desbordantes de pumas, que devoraron a las personas. Todo fue una verdadera carnicería que hizo correr ríos de sangre.
Ante tal situación, el padre Sol lloró inconsolablemente durante cuarenta días y cuarenta noches, las lágrimas del Sol habían formado una inmensa laguna, que ahogó a todos los pumas que habían matado a la gente. De esta destrucción se salvaron pocos, que dijeron: Qaqa Titinakawa (son pumas grises). Así nació el lago y su nombre.

Tradición oral recogida por Víctor Ochoa
(Recogida en la isla Jisk’ata, Puno)
Fuente: Raíces de América: El Mundo Aymara
Compilación de Xavier Albó
UNESCO-ALIANZA AMERICA 1988

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El monte Shasta

LOS SENDEROS DEL DRAGÓN, LOS CAMINOS DE LA SERPIENTE O LA LÍNEAS LEY

PRIMER VÓRTICE
La leyenda de la ciudad en las montañas (El monte Shasta)

El personaje principal de la siguiente historia es un elusivo hombre llamado J. C. Brown, quien, en 1904, era un empleado de la Lord Cowdray Mining Company de Londres, Inglaterra. Él fue empleado para buscar metales preciosos en esta región de vetas de oro, y mientras que estaba aquí, se topó con una sección de roca en el frente de un peñasco que parecía no concordar con la formación que lo rodeaba. Mientras que estaba examinando esta piedra curiosa, notó que bloqueaba la entrada a lo que parecía ser una cueva. Brown, que era un geólogo, pensó que toda la escena no era natural y comenzó a cavar en la entrada de la cueva, la cual se hallaba llena de basura y vegetación. He aquí su historia:
«Hace 30 años me subí a la ladera del monte Shasta en busca de oro, cuando llegué, encontré algunas grietas, intente pasar a través de algunas de ellas, ya que en algunas podría caber un adulto. Yo era delgado, audaz y sin dinero, no tenía nada que perder, y, por lo tanto, he tomado la linterna, el queroseno y el frasco de conservas, y me metí en esta ranura.
Pronto la grieta se convirtió en un hueco que al final resulto ser de un túnel, en el cual se puede mover cómodamente. El camino era muy largo, en mi opinión, estaba a unos 11 kilómetros, y finalmente terminé en algo parecido a una ciudad, que consiste en una variedad de habitaciones comunicadas por transiciones. Aquí me di cuenta que no en vano comenzó este viaje. Las paredes estaban completamente cubiertas con láminas de cobre, que tenían algo escrito, pero yo no entendía qué idioma era o pertenecía.
Hojas sueltas, se puede ver que habían caído y yacían en el suelo, era obvio que toda esta ciudad es atravesada por una poderosa mina de oro. En una habitación, me encontré con un montón de esqueletos (conté 27) por lo cual yo estaba muy asustado. Yo había pensado que los esqueletos pertenecían a personas como yo, valientes e idiotas que vinieron aquí en busca de oro y no podían salir.
Pero en la otra habitación había dos momias, vestidas de lo que antes era un lujo, pero ahora la ropa se encontraba bastante en mal estado. Al ver las momias, por extraño que parezca, me tranquilicé. Decidí que ellos y los esqueletos pertenecen a los rituales funerarios que habían ocurrido hace mucho tiempo.
Pronto me di cuenta de que había encontrado un verdadero tesoro, pero para empezar a desarrollar la mina de oro, primero debería salir de aquí, y luego conseguir dinero. Para algún día regresar a la «Ciudad de Oro». Pero a fin de conseguir lo necesario para contratar trabajadores y comprar equipos, tuve que esperar 30 años.»
Lamentablemente, J. C. Brown nunca reveló la ubicación exacta del túnel secreto en la montaña, y es altamente probable que estos tesoros de una era prehistórica nunca más volverán a deleitar la vista de otro ser humano. Envuelto en las nubes y la niebla y sellado a través de las eras en hielo y nieve, el Monte Shasta mantiene su secreto para sí, como siempre.

Fotografía: OSU Special Collections & Archives : Commons

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Kenneth Arnold y el Monte Rainier

PRIMER VÓRTICE

Kenneth Arnold y el Monte Rainier

La historia de lo que observé en los montes de Cascade, por increíble que pueda parecer, es positivamente cierta. Nunca he pedido ni he querido la menor notoriedad por haber estado en el lugar apropiado en el momento adecuado. Informé sobre algo que, con toda certeza, cualquier piloto habría informado. No creo de ningún modo que mi observación se debiera a una sensibilidad de la vista distinta a la normal en cualquier piloto.
El martes 24 de junio de 1947 había terminado mi trabajo para la Central Air Service de Chehalis, Washington, y a las dos de la tarde despegué de ese aeropuerto con la intención de dirigirme a Yakima, Washington. Mi viaje se retrasó durante una hora con el fin de buscar un gran transporte de la Marina que se suponía había caído en el lado sudoeste de Monte Rainier o en sus alrededores, en el Estado de Washington, y que no se ha encontrado hasta el momento.
Volé directamente hacia Monte Rainier, tras haber alcanzado una altitud de 9.500 pies, que es aproximadamente la elevación de la alta meseta de la que surge Monte Rainier. Hice un vuelo de rastreo por el lado oeste de la elevada altiplanicie buscando el aparato en las diversas crestas y luego descendí hasta la vertiente lateral del cañón, en donde se encuentra Ashford, Washington.
Como no pude ver nada que se pareciera a la nave perdida, di un giro de 300 grados a la derecha por encima de la pequeña ciudad de Mineral, y me dirigí nuevamente a Monte Rainier. Me elevé a una altitud de 9.200 pies. El aire estaba tan tranquiló ese día que el volar se convertía en un auténtico placer y, como hacen casi todos los pilotos cuando están a gran altitud y se encuentran con esas condiciones atmosféricas, puse mi avión en dirección a Yakima, Washington, que estaba casi al este de mi posición, y me senté a observar el cielo y la tierra. A mi izquierda, a unas quince millas de distancia y creo que a 14.000 pies de altitud, había un DC-4. El cielo y el aire eran tan límpidos como el cristal.
Apenas llevaba dos o tres minutos con ese curso cuando observé sobre mi avión el reflejo de un fulgor brillante. Me sorprendió, pues creí que se debía a que me encontraba muy cerca de algún otro aparato. Escudriñé el cielo en todas direcciones, pero no pude encontrar el origen del reflejo hasta que miré hacia la parte septentrional izquierda de Monte Rainier, en donde observé una cadena de nueve aparatos de extraño aspecto que volaban de norte a sur a una altitud aproximada de 9.500 pies, con una dirección definida de unos 170 grados. Se aproximaban rápidamente a Monte Rainier, por lo que supuse se trataba de aviones con propulsión a chorro. De cualquier manera, el caso es que descubrí que el reflejó procedía de ellos, pues cada pocos segundos dos o tres descendían o cambiaban ligeramente de posición, de forma que el sol incidía en ellos en un ángulo que permitía el reflejo directo en mi avión.


Como los objetos estaban muy lejos, durante varios segundos no pude darme cuenta de cuál era su forma o su formación. En seguida se acercaron a Monte Rainier y pude ver sus perfiles contra la nieve con mucha claridad. Me resultó extraño no verles las colas, pero supuse que se trataba de algún tipo de aviones de propulsión a chorro. Decidí medir su velocidad, pues tenía dos puntos definidos que me permitían hacerlo; el aire estaba tan claro que era fácil ver los objetos y determinar su forma y tamaño a casi cincuenta millas de distancia. Recuerdo bien que en el reloj colocado en el panel de conducción faltaba un minuto para las tres cuando el primer objeto de la formación pasó al borde sur de Monte Rainier.
Observé los objetos con gran interés, pues nunca había visto antes aviones que volasen tan cerca de las cimas de las montañas; volaban en dirección sur-sudeste, descendiendo por la parte trasera de una cadena de montañas. Creo que su altitud podía variar en mil pies hacia arriba o hacia abajo, pero desde mi punto de observación se mantenían en el horizonte, lo que indicaba que mantenían la misma altitud que yo. Volaban de la misma forma que he visto hacerlo a los gansos, como si estuvieran unidos en una formación diagonal. Parecían mantener una dirección definida, pero aparecían y desaparecían tras las cimas de las más altas montañas.
Apenas llevaba dos o tres minutos con ese curso cuando observé sobre mi avión el reflejo de un fulgor brillante. Me sorprendió, pues creí que se debía a que me encontraba muy cerca de algún otro aparato. Escudriñé el cielo en todas direcciones, pero no pude encontrar el origen del reflejo hasta que miré hacia la parte septentrional izquierda de Monte Rainier, en donde observé una cadena de nueve aparatos de extraño aspecto que volaban de norte a sur a una altitud aproximada de 9.500 pies, con una dirección definida de unos 170 grados. Se aproximaban rápidamente a Monte Rainier, por lo que supuse se trataba de aviones con propulsión a chorro. De cualquier manera, el caso es que descubrí que el reflejó procedía de ellos, pues cada pocos segundos dos o tres descendían o cambiaban ligeramente de posición, de forma que el sol incidía en ellos en un ángulo que permitía el reflejo directo en mi avión.

Como los objetos estaban muy lejos, durante varios segundos no pude darme cuenta de cuál era su forma o su formación. En seguida se acercaron a Monte Rainier y pude ver sus perfiles contra la nieve con mucha claridad. Me resultó extraño no verles las colas, pero supuse que se trataba de algún tipo de aviones de propulsión a chorro. Decidí medir su velocidad, pues tenía dos puntos definidos que me permitían hacerlo; el aire estaba tan claro que era fácil ver los objetos y determinar su forma y tamaño a casi cincuenta millas de distancia. Recuerdo bien que en el reloj colocado en el panel de conducción faltaba un minuto para las tres cuando el primer objeto de la formación pasó al borde sur de Monte Rainier…