“Se llega a ser crítico de arte por azar, tras haber fracasado en la literatura, en la enseñanza, en la publicidad o en la soldadura autógena.” François Truffaut.

El crítico de arte puede ser una figura tan temida como admirada. Una mala crítica puede hundir la obra de muchos años de un artista, eclipsar el nacimiento de un prometedor escritor, o condenar al ostracismo una obra de teatro innovadora. Desde que el arte existe (hace aproximadamente 75.000 años, con las primeras manifestaciones conscientemente artísticas por parte de nuestros antepasados) el hombre ha manifestado su interés acerca de la creación artística, aunque no es hasta más adelante, con el nacimiento de la escritura, cuando se empieza a crear un perfil especializado en este tipo de valoraciones. Pongamos como ejemplo la descripción que hace Homero del escudo de Aquiles en la “Ilíada”.

escudo_aquiles
Escudo de Aquiles

No obstante, se puede afirmar que no es hasta el Renacimiento italiano cuando la profesión del crítico de arte se profesionaliza. Lorenzo Ghiberti escribió «Los comentarios” (mediados s. XV) con diferentes juicios sobre los artistas y sus obras, y más adelante, Giorgio Vasari en sus “Vidas de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos (1550) no solo ofrece su visión como historiador, sino un punto de vista subjetiva, con biografías llenas de anécdotas e historias sobre los creadores antiguos y contemporáneos.

vidas_vasari
“Las vidas” de Vasari.

La aparición de las exposiciones de arte en el siglo XVIII acabó de concretar la figura del crítico de arte: escritores famosos, artistas consolidados o mediocres, periodistas o académicos juzgaban las obras expuestas sin quedarse en un mero análisis estético, sino incorporando su valoración personal, a menudo cargada de intereses cruzados, inquina o incluso odio.

criticos_arte
Críticos de arte en el siglo XVIII

En la actualidad, el crítico de arte suele ser una persona con cierta maestría en el tema, ya sea como académico, profesional o autodidacta (connossieur) que buscar responder preguntas como el motivo y el tema de una obra de arte en particular, su técnica o las ideas o emociones que busca trasmitir y representar.

Sin embargo, la aparición de las nuevas tecnologías ha supuesto un nuevo salto evolutivo en la figura del crítico de arte, incorporando la inteligencia artificial a la valoración de las obras. Este es el caso de Berenson, un robot creado por el ingeniero Philippe Gaussier y el antropólogo Denis Vidal. Berenson está involucrado en la exposición “Persona: Étrangement Humain” y en un proyecto de investigación centrado en definir al ser humano que se está mostrando en estos días en el Musée du Quai Branly de París. La muestra trata de reflejar cómo las personas otorgamos atributos humanos a objetos, como por ejemplo, un peluche al que adoramos o un ordenador con el que nos enfadamos.

Berenson-le-robot-au-Quai-Branly
Berenson moviéndose entre los visitantes a la muestra y aprendiendo de ellos

Berenson (cuyo nombre es un homenaje al crítico especializado en maestros de la antigüedad Bernard Berenson) se pasea entre los visitantes a la exposición, analiza sus expresiones faciales como positivas o negativas, y con esta información nutre “Prometheus”, su sistema de redes neuronales artificiales. En función de este análisis de la información recibida del exterior, Berenson se acerca a las obras que “le gustan” y sonríe, o bien frunce el ceño y se aleja de las que considera que no son de su gusto. Podemos verle en acción en el siguiente vídeo:

bernard-berenson
Video: Cómo aprende Berenson

En palabras de uno de sus «padres», Denis Vidal, el robot crítico de arte Berenson “se adapta al entorno en el que se encuentra, se basa en toda una serie de gustos artificiales. Nuestro objetivo era desarrollar un robot que pudiese explorar la estética del mundo. Ahora estamos desarrollando otros robots con gustos diferentes, gustos artificiales. De esta manera todos estos robots podrán explorar su entorno de una manera mucho más interesante”.

No sabemos hasta qué punto Berenson es capaz de emitir juicios propios, lo que sí es seguro es que da un paso adelante en la evolución de la inteligencia artificial y el big data aplicado a las humanidades.

Para saber más: