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Las extrañas tumbas rupestres del Cortijo de Casma

Vista del Cortijo de Casma

El actual cortijo de Casma es una construcción totalmente recuperada en el siglo XIX que se levanta sobre los restos de edificaciones rurales mas antiguas. Se ubica frente al mar, en la falda de la Sierra del Retín, entre las poblaciones gaditanas de Barbate y Zahara de los Atunes. Anteriormente propiedad de la casa Medina Sidonia, desde 1982 pertenece al Ejército que lo adquirió, junto con un un terreno de algo mas de 5000 hectáreas, para la realización de prácticas militares anfibias. Por otra parte, se trata del primer campo de adiestramiento de las FAS que ha implantado un sistema de gestión medioambiental, siendo premiado por diferentes organizaciones ecologistas.

Y es precisamente el entorno ecocultural lo mas importante para el tema que vamos a tratar, ya que se observan en las inmediaciones del caserío, entre la profusa vegetación, gran cantidad de evidencias arqueológicas de casi todas las etapas históricas: varios abrigos con pinturas rupestres figurativas y esquemáticas, dólmenes, restos turdetanos, fenopúnicos, romanos… hasta bunkers de los construidos, preventivamente, durante la II Guerra Mundial. También es rico este espacio en manifestaciones etnológicas ancestrales, ya que aun están en uso las antiguas técnicas de pesca, almadrabas y salinas. También cuenta el cortijo de Casma con su leyenda particular: la de una bella aristócrata que bajaba a caballo hasta la playa para encontrarse con su amante,  que no era otro que el joven Rey Alfonso XIII. No toda la leyenda es real, pero la estancia de la dama (supuestamente la archiduquesa María Cristina) en Casma sí que es verídica, aunque… eso es otra historia.

No obstante, por pertenecer al Ejército, no hay dificultad en acceder a estos terrenos si se solicita una autorización. Una vez llegados al cortijo, el oficial de guardia (en nuestro caso el teniente A. Atienza), nos aportó la información pertinente para localizar los restos arqueológicos que deseábamos investigar. Se trata de tumbas rupestres (muy abundantes en la zona del Campo de Gibraltar), que en este caso, sin embargo, presentan características específicas dignas de singular atención.

Ubicadas a media ladera frente al caserío, están excavadas en los afloramientos de rocas areniscas de la propia formación geológica de la sierra del Retín. La mayor parte de ellas se sitúa en posición fuertemente inclinada, lo que induce a pensar que, con el transcurso de los siglos, alguno de estos peñascos haya basculado sensiblemente.

Esta reducida necrópolis está compuesta por seis sepulturas que se intercalan con otras estructuras -pequeñas piletas de diferentes formas- también labradas en la misma piedra, y las múltiples cazoletas. Casi todos los sepulcros de este área fueron estudiados por los padres de la historiografía prehistórica hispana quienes arrojaron sus opiniones sobre ellas, pero ni siquiera en las más recientes investigaciones se ha podido dilucidar su fecha, ya que no pueden vincularse a ningún resto material al que sea factible aplicar técnicas de datación absoluta (como el carbono 14 para los huesos; termoluminiscencia para las cerámicas, dendrocronología para los troncos, etc.), ni  tampoco se han encontrado en lugar próximo niveles de habitación o productos antrópicos fechables. Así, pues, su encuadre cronológico parece hacerse imposible. Queda un último recurso para intentar adscribirlas a una cultura determinada: el estudio morfoestilístico; es decir, comparar “nuestras” tumbas con otras que presenten las mismas características y que sí estén fechadas. Lo malo es que desde el neolítico hasta la tardía Edad Media existen enterramientos similares, así que tampoco con esta metodología se avanza…  En consecuencia, las hipótesis sobre la adscripción de la necrópolis pivota entre la prehistoria reciente y la alta Edad Media (visigoda).

Pero, mas allá del marco cronológico, hay otro dato de mayor trascendencia: su función. A simple vista esto podría parecer una obviedad, pero no lo es: las tumbas son ligeramente antropomorfas, aunque sin delinear lo que sería la silueta de un cuerpo humano: se limitan, o bien a una planta mas estrecha en los extremos (cabeza y pies) y mas ancha en el centro (para el torso) o a una morfología oblonga. Pero en todos los casos los bordes están escasamente trabajados (no son planos, mas bien redondeados e irregulares) y se vuelven ligeramente hacia el interior, como si el espacio funerario fuera un recipiente. Esto ha dado pié a que los antiguos lugareños pensaran que se trataban de abrevaderos para el ganado hechos por los moros, aunque esta utilización no es factible debido a su inclinación y escasa profundidad.

Por otra parte, los elementos funerarios con este diseño se cubrían sistemáticamente con losas de piedra (en número variable, generalmente de una a tres), que tapaban por completo al difunto; sin embargo, en este caso no podría ser así por las siguientes causas:

  • Varias tumbas se hallan en posición bastante inclinada, con lo cual el difunto quedaría en su interior  totalmente inestable y, aun asumiendo que algo de esta inclinación se deba a cambios en la propia roca matriz por causas naturales, está claro que en origen ya no eran horizontales, de forma que, si no el cadáver, sí las losas que los cubrían se deslizarían y caerían al suelo.
  • Para que la cubierta cierre bien es necesario que los bordes estén planos, y, sin embargo, en esta necrópolis no se les ha dado dicho tratamiento; además, normalmente las losas dejan marcas de encaje sobre el soporte: hendiduras, raspaduras… que en este caso no son observables en absoluto.
  • No se ha encontrado ninguna laja de tapadera o fragmento de ella. Es cierto que se pueden haber reutilizado para construcciones posteriores pero este lugar es rico en piedra, así que no tienen demasiada necesidad de ellas y, además, siempre habría alguna que antes o durante el traslado se fragmentaría y quedaría, por inservible, en el suelo. No obstante, aquí no se ve ni rastro de esas supuestas tapaderas.
  • Y lo mas importante: la hoquedad para el cuerpo tiene escasa profundidad, siendo así que el cadáver quedaría, literalmente, aplastado por las losas cuando se las pusieran encima.

En la actualidad todavía perviven seguidores de la religión zoroástrica: en India, Paquistán, Uzbequistán… En ella se mantiene la tradición entre los parsi, de dejar a los difuntos en altos promontorios aislados (las “torres del silencio” o dokhmas), donde los buitres se encargan de descarnarlos y posteriormente se recoge la osamenta “pelada” para depositarla en un osario.

A lo largo del tiempo no ha sido esta la única cultura con esas usanzas: Claudio Emiliano nos transmitió una costumbre similar entre la casta norteafricana de los Barceos: “Los barceos, un pueblo de Occidente, ultrajan los cadáveres de los muertos por enfermedad, ya que consideran que han muerto cobarde y afeminadamente, y los entregan al fuego; pero a los que han perdido la vida en la guerra, los consideran nobles, valientes y dotados de valor, y en consecuencia, los entregan a los buitres, porque creen que éstos son animales sagrados”. Por su parte, Silio Italico, refiriéndose a un pueblo que nos es mucho mas cercano en el espacio, los íberos, dio testimonio de que este pueblo hacía algo por el estilo con sus héroes: “Los iberos: Para estos hombres morir en la batalla es algo glorioso, y quemar el cuerpo es un crimen. Creen que el alma vuelve al cielo si el buitre hambriento come el cuerpo caído”.

Ante estas evidencias, pensamos que las sepulturas de Casma pueden no ser tales, si no secaderos de cadáveres. Esta propuesta la refuerza en hecho de que en los alrededores no se haya documentado ningún tipo de hábitat humano ya que, junto con lo inapropiado por la vertiente del terreno, en su momento no sería factible vivir en sus aledaños, tanto por los malsanos olores como porque los animales, en su caso, no se acercarían. Sin embargo, es un lugar perfecto para las buitreras.

Así, los difuntos se abandonarían en estas bateas pétreas hasta que los agentes naturales los dejaran reducidos al esqueleto (esta operación puede durar hasta un año), para después ser trasladados, como enterramiento secundario, posiblemente a una tumba colectiva. En la Península son escasas las evidencias de este procedimiento, pero en todo el planeta han sido muchos los pueblos que aplicaron la desecación natural; por poner un par de ejemplos en cada extremo del mundo: los Augas en Nueva Guinea-Papúa, que dejaban a sus difuntos totalmente “secos” y después los rociaban con polvo de minerales y no los inhumaban. También los Guanches en Canarias, que ponían a desecar a sus muertos al sol, durante el día, y al humo de hogueras próximas, por la noche, procediendo a la momificación una vez el cuerpo había perdido todos sus líquidos.   

De manera que, en base a a lo antedicho, lanzamos la hipótesis de que las tumbas rupestres del cortijo de Casma sean en realidad  pudrideros, aunque eso sí, de fecha aun indeterminada.

Fotografías: Esther Núñez Pariente de León

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Leyendas y curiosidades del Cementerio de Sevilla

A partir de mediados del siglo XIX en Sevilla se condensaron los enterramientos -que hasta entonces se dispersaban en pequeños cementerios locales vinculados a parroquias u hospitales- en una única necrópolis. Inicialmente esta se denominó de San Sebastián y se ubicaba próxima al Hospital de San Lázaro, y después de San José, situada en terrenos de la Cartuja, si bien no fue hasta 1851, bajo la planificación del arquitecto municipal Balbino Marrón, cuando se comenzaron las obras del actual cementerio de San Fernando, inaugurándose finalmente en 1853.

 

Este presentaba un urbanismo ajardinado, novedoso y cuidado: al considerar los nichos poco agradables y sin «visitas», se relegaron a los espacios perimetrales, utilizándose masivamente para difuntos que no tuvieran demasiadas «visitas» de sus deudos; sin embargo, la calle central -de cerca de 1 km. de longitud y tres rotondas-, así como las adyacentes a la misma, fueron dedicadas a los panteones y tumbas destacados, correspondientes a personajes ilustres y pudientes de la ciudad; todas estas calles tenían nombres de santos o eclesiásticos, pero, eso sí, no podían repetir la misma nomenclatura que las calles urbanas, ya que a nadie le gustaba vivir en una dirección que tenía su homóloga en el camposanto.

El esquema constructivo se entendio como bipartito: el cementerio para sepultura de los católicos, mayoritarios, y el de disidentes, para todos los demás. No obstante, en 1936 se añadió un tercer espacio: el musulman, ya que Francisco Franco se trajo a España durante la Guerra Civil a numerosos marroquies, que exigieron poder enterrarse bajo su propio rito funerario; sin embargo, a penas si se usó, ya que los muertos en el frente eran difícilmente «repatriables» hasta Sevilla, para su inhumación como muslín. Y en 1943 se añadió un cuarto sector diferenciado, en este caso para los practicantes del judaísmo (la meará sefardita).

En el cementerio de San Fernando se condensan auténticas pequeñas joyas de la arquitectura y la escultura: ejemplos son las capillas de los López-Solé y la de los Peyré, realizadas por el insigne arquitecto sevillano Aníbal González; o su propio panteón, donde existe un Cristo llamado del Cachorro, imitación de la tan afamada talla del mismo nombre que en Semana Santa procesiona por las calles de Sevilla. Lo curioso es que se ha llegado a decir que el auténtico es el del panteón y que el de la iglesia, en realidad, lo imita. O el tenebroso mausoleo del Conde del Águila, que arrastra una tétrica leyenda ya que parece ser que en el mismo se han producido apariciones fantasmagóricas… También es curioso el monumento a los caídos en la Guerra de África, pues en su afán por algo así como el clacisismo, imita a los túmulos licios. O la tumba del cantante Antonio Machín, en este caso, mas que por el valor artístico, por la tradición que aun mantienen sus familiares, dado que una vez al año, derraman una botella de ron cubano sobre su lápida y cantan sus canciones.

Otros cenotafios, como el de Miguel Tenorio o el del marquesado Pickman presentan una simbología repleta de elementos masónicos y, en el caso del último, sufrió los avatares que sucedieron a la muerte en duelo del III Marqués, Rafael de León, ya que, debido a la forma en la que perdió la vida, no podía ser enterrado en sagrado, lo que conllevó la ida y venida de católico a disidente y viceversa, en dos ocasiones, del ataúd del noble duelista.

Es lamentable que algunas de las grandes y viejas tumbas estén en un estado total de abandono (la familia propietaria habrá desaparecido o no se acordará de sus antiguos difuntos), quedando visibles desde el exterior, incluso, los restos esqueléticos de los allí enterrados.

También hay una magnífica estatuaria de personajes hispalenses: la del notable pintor José Villegas, director que fue de la Academia de Bellas Artes de España en Roma y del Museo del Prado, cuya tumba presenta, además de la consuetudinaria cruz, la imponente figura de una dogaressa en bronce y una paleta de pintor, confiriéndole este último detalle un toque de romanticismo.

Son numerosos los monumentos de toreros, el más conocido de entre ellos el de Joselito el Gallo, cuyo túmulo fue realizado por el conocido escultor Mariano Benlliure y del que se dice que la gitanilla que va delante del cortejo llora de verdad…  Pero, quizás, la escultura mas representativa de esta necrópolis sea el Cristo de las Mieles. Esta imagen atesora su particular historia: encargada al reconocido escultor Antonio Susillo, este crucificado de bronce tiene en su haber dos leyendas: la primera es que se creyó milagroso ya que de sus labios manaba agua; incluso técnicos del Vaticano estuvieron verificándolo y no fue hasta que se observó su boca por dentro, que se constató que no se trataba de agua sino de miel, ya que las abejas habían realizado un panal en su interior y,  al llegar el verano, cera y miel se licuaron, llegando a rebosar y escurrir por rostro y torso. La otra leyenda es mas trágica, puesto que se pensó que Susillo se había suicidado por culpa de esta imagen. Resulta que, estando maltrecha su economía, el escultor esperaba rehacerla gracias a lo que recibiera por tan extraordinaria obra; sin embargo, descubrió que se había confundido: tenía cruzada la pierna al lado contrario de lo habitual y, pensando que ya nadie la querría con ese defecto, se disparó en la cabeza con una pistola. Años después, el Cristo fue instalado en la primera rotonda de la arteria principal del cementerio: la calle de la Fe; la enorme cruz queda soportada por una elevación de piedras que representan al monte Gólgota, y allí, a una pequeña cripta, fueron trasladados los restos mortales de Susillo en 1940, una vez superados los recelos eclesiásticos  por tratarse de un suicida.

Otro espacio de interés dentro de esta gran necrópolis es el cementerio de disidentes. Aquí se inhumaban todos aquellos cadáveres que no habían recibido las exequias católicas: protestantes y otras religiones (menos los ingleses que tienen su propio cementerio por el barrio de San Jerónimo) además de niños sin bautizar y los que se quitaban la vida. Hacia 1931, con la República, se derribó gran parte del muro que lo separaba de los otros sectores de enterramiento, siendo ahora apenas visible. Hoy en día está casi vacío: hay fosas comunes, se mantienen algunas olvidadas tumbas en el suelo; los escasos nichos no se utilizan y, lo que si se conserva, es un pequeño monumento en forma de pilar rematado en una esfera de piedra, recordatorio de cuatro marineros noruegos que perecieron en el accidental bombardeo, durante la Guerra Civil, del vapor  Gulnes, atracado en ese crítico momento en el vecino puerto de San Juan de Aznalfarache.

Y el último área individualizada del cementerio hispalense es el dedicado a los profesos del judaísmo. Tuvo un origen mas tardío -en 1943- ya que hasta entonces, los difuntos de esta religión se inhumaban en una franja de terreno indiferenciada del resto, que fue otorgada por el Ayuntamiento a la comunidad judía en 1900 y que estaba próxima a la zona de fosas. En 1949, por petición de una comisión estadounidense entre la que se encontraban varios judíos, se solicitó por vía oficial la mejora de “su” cementerio. Es curiosa la circunstancia de que, en este caso, una de las mejoras requeridas era vallarlo completamente, al objeto de que estos difuntos estuvieran nítidamente diferenciados de los de cualquier otro credo.   

Fotografías: Esther Núñez Pariente de León.

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Orfeo: el alma de Bulgaria

Datos de actividad humana a lo largo del actual territorio de Bulgaria existen desde la época del Paleolítico, dado que se descubrieron dibujos de gran valor científico en varias grutas. Pero los primeros habitantes de esas tierras serían los tracios que llegaron a tener su propio estado entre los siglos VII-II a.C. Numerosas tumbas de aquella época con objetos y tesoros hallados dentro dieron mucha información sobre las costumbres y las creencias de este pueblo. Mi país se considera la patria de Orfeo, el cantante místico de dioses y mortales de la mitología griega, de Espartaco (el gladiador que organizo la primera insurrección de los esclavos), del primer bajorrelieve (tal vez) conocido hasta la fecha con la imagen de la diosa Cibeles, del santuario donde las sacerdotisas tracias auguraron a Alejandro Magno y a Julio Cesar que conquistarían el mundo, y en épocas más recientes, de los fundadores de una filosofía de vida llamados Bogomilos (queridos por Dios) que llegó hasta Europa del Oeste bajo el nombre de Catarismo.

Pero hoy compartiré con vosotros mi viaje al recinto arqueológico considerado como el lugar de último descanso de Orfeo. Para situarnos, empezaré dando unos pocos datos geográficos. En la parte sur-suroeste del actual territorio de Bulgaria, se encuentra un grupo de tres montañas que forman prácticamente un conjunto. Rodopy se relaciona con Orfeo y Dionisos, esconde muchos misterios y de uno de ellos hablaré a continuación. Rila es la más alta (con el pico de mayor altitud en los Balcanes – Musala, 2925m). El Olimpo mide siete metros menos,  con lo cual quiero decir que sigo sin entender –y eso que lo he intentado– a los dioses griegos por la elección de morada.Y Pirin (para mí la más bella), con el folklore que más me llega al alma pues es la única donde todavía se encuentra el enigmático edelweiss, la flor de las nieves… ¿Os habéis fijado en el asombrso parecido entre Pirin y Pirineos?

No se sabe, por lo menos hasta la fecha, dónde nació exactamente Orfeo pero sí se sabe dónde está su tumba, y hablo de un hallazgo admitido por la ciencia oficial. Hace unos 20 años, arqueólogos búlgaros y griegos llegaron a la conclusión de que el enigmático recinto encontrado sobre una colina alrededor del pequeño pueblo de Tatul, podría ser la tumba del mítico Orfeo, el tracio que con sus cánticos cautivaba no solo a los dioses de Olimpo sino a todo ser vivo. Su arte salvó a los héroes de Homero que, en búsqueda del Vellocino de oro, corrían el peligro de ser embrujados por las sirenas.

Pero ¿en qué se basa esta afirmación tan temeraria? El principal motivo lo dio la pequeña estatua de un hombre con lira en mano encontrada al lado de la tumba. El segundo es la situación de la tumba bastante inusual ya que los tracios enterraban bajo tierra a sus difuntos, incluidos los reyes. Al ser un personaje entre los dioses y los mortales, Orfeo tal vez y después de su fin tuvo que ocupar un lugar intermedio entre lo divino y lo terrenal…

En el recinto se descubrieron también monedas y objetos rituales que fueron datados entre los siglos X y XII a.C. Información adicional sobre el cantante proviene de la mitología griega, de Homero y de varias leyendas relacionadas con este carismático personaje, real o ficticio… Una de ellas revela su amor trágico con Eurídice. Tras perder a su amada, Orfeo empieza a despreciar la belleza femenina provocando de esta manera la rabia de las ménades, que despechadas, le asesinan y tiran las partes de su cuerpo en varios lugares. Otro mito relata que, tras su muerte, fue incinerado y las cenizas llevadas a un lugar en la montaña sagrada Rodopy, algo que junto a los objetos encontrados mencionados antes, da pie a lanzar la hipótesis de que estaríamos en presencia de su tumba.

Pero esto no explicaría por qué se hizo con tanta exactitud y de tales medidas (170x60x50cm aproximadamente) el sarcófago tallado en la roca… Esperemos que el tiempo nos dé una respuesta más concreta. Y un último apunte: hablamos de la misma época en la que se desarrolló otra gran civilización, la de Troya y Micenas. Cuando hace unos años visitamos el lugar –y confieso que hasta entonces yo veía solo la parte histórico-cultural que también es fascintante– nuestro guía nos contó un suceso que me hizo empezar a reflexionar y relacionar algunos hechos. Y no me refiero solo a este hallazgo en concreto. El guía, un chico de 18 años del pueblo al lado (Tatul) -las primeras casas están a penas a 100m del recinto– tan pronto nos presentaba la información oficial, de repente se subió sobre el sarcófago, pegándonos un buen susto. Encima en chanclas, el jovencito. No había forma de convencerle que bajara… Y para traumatizarnos por completo, desde allí nos contó como unos meses antes, otro entusiasta también escaló la tumba. Intuyo que con calzado normal… Bromeo porque al final todo terminó bien dentro de lo que cabe y gracias a Dios, pero el hecho es que el secundo chico –el visitante– cayó en el precipicio al lado que tendría unos 8-10 metros de profundidad, con un árbol en medio. Estuvo en coma una noche y al despertar confesó que su último recuerdo era haber escupido el la tumba. Se conoce que no tenía nada mejor que hacer… A mí no me dio la sensación de que nuestro guía, el de las chanclas, se inventara la historia.

Pero esto no es todo. El nombre del pueblo en la actualidad es Tatul. Y “tatul” en búlgaro es la planta Datura Stramonium, una planta venenosa, con efectos alucinógenos, que crece casi en el mundo entero. Se le conoce popularmente como la “hierba del diablo” o la “higuera del infierno”… Qué curiosa casualidad, ¿verdad? Orfeo con su arte también exaltaba, adormilaba o enloquecía a los que le escuchaban… ¿Estaríamos hablando de prácticas de viajes astrales, bilocación, en fin de estados alterados de la conciencia? Las vibraciones mágicas de la lira (o flauta según algunos) de Orfeo más el estramonio como que hacen pensar en ello ¿no?

El santuario se descubrió, como ya mencioné más arriba, hace unos 20 años, antes era una colina cubierta de vegetación y el pueblo –de unos 130 habitantes en la actualidad o menos– no se sabe por qué ni desde cuándo tiene ese nombre… Pero ojo, el uso del estramonio en Europa se conoce desde la Antigüedad Clásica. Dioscórides en su De materia medica ya describe sus propiedades psicoactivas y su toxicidad si la dosis es alta. Se tiene constancia que dicha planta era usada por los antiguos griegos en las fiestas en honor al dios Dionisos llamadas después por los romanos Bacanales. Y Dionisos es el dios griego de la alegría y el vino, también conocido como el dios extranjero porque vivía junto con Orfeo en la montaña Rodopy. Según la mitología, los titanes mataron al pequeño Dionisos, hecho que enfureció a su padre Zeus que los fulminó con sus rayos. De las cenizas de los titanes y la tierra luego surgieron los humanos y todos los seres vivos. Al comer un animal, uno nunca podría estar seguro si no comería a un pariente reencarnado y por eso ni se hacían sacrificios, ni se comía carne. El vegetarianismo de los Bogomilos y los Cátaros se relaciona con esta leyenda.

Zeus resucitó a su hijo ya que los titanes no consiguieron destruir su corazón y a partir de allí su amistad con un mortal (Orfeo) está reflejada en varias fuentes escritas. ¿Por qué estarían en los Rodopy, al lado del Tracio y no en el Olimpo, con el resto de la peña divina? ¿Se sentiría más protegido en aquellos lares? Por otro lado, Perséfone, la madre de Dionisos, junto con su esposo Hades, habitaba el inframundo, el de los difuntos, y Orfeo visitó su reino intentando salvar a su amada Eurídice. ¿Por qué no aguantó y miró atrás en el último momento sabiendo que la perdería con ese gesto? Un autor búlgaro sugiere la hipótesis de que Orfeo tal vez tuvo que hacer una elección, una cruel elección entre su amor y el conocimiento secreto que obtuvo en la morada de Hades… O tal vez, se me ocurre a mí, fue allí solo para despedirse de Eurídice y apoderarse de la sabiduría mística. Y no digo que la pérdida de la persona amada no supone bajarse al peor de los inframundos… La gruta llamada “La Garganta del Diablo” tiene tal vez este sorprendente nombre para obstruir la entrada de los humanos. ¿El inframundo de Hades? Está en la parte sur del macizo pero más al oeste, a unos 56-60km en línea recta de la tumba de Orfeo. Su longitud es de 1 km y para los turistas hay solo 350 m habilitados, con un río subterráneo visible por el trayecto del que se cuenta que no salieron los dos submarinistas que decidieron explorarlo y nunca se encontraron sus cuerpos… Lo mismo con las ovejas de un pastor de la zona.

Tal vez por eso Dionisos se sentía bien en los Rodopy, su madre estaría cerca y tenía a un fiel amigo… Pero los misterios de la enigmática Rodopy no acaban con esto y pronto os contaré más…

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Ruta por el Turín subterráneo

Turín es una ciudad que no deja de sorprenderte. Los amantes del misterio debemos hacer parada obligatoria en lugares como la Catedral donde se encuentra el Santo Sudario de Cristo, el polo de la energía negativa con una supuesta estatua de Lucifer en la Piazza Statuto, el Portón del Diablo, y como no, el Museo Egipcio.

Pero hay otra visita a Turín que es muy interesante y es la que nos lleva por las entrañas de la ciudad. Me estoy refiriendo a la ruta del Turín subterráneo… Si quieres descubrir los túneles que atraviesan la ciudad, aquí os dejamos los lugares más interesantes que debéis visitar.

 

Empezamos en el Museo Pietro Micca, llamado así por un héroe de guerra con cuya intervención se salvó la ciudad a comienzos del siglo XVIII. Los orígenes del museo se remontan a la vida y la historia militar del General Guido Amoretti bajo cuyas órdenes se protegió la ciudad de Turín. En el museo se encuentra el acceso a las galerías a través de la bodega. Allí encontramos todo un laberinto de túneles subterráneos que llevaban hasta fuera de la Ciudadela y llevaban justo hasta debajo de la posición enemiga. De hecho, toda esta red estaba dispuesta con explosivos para detonarlos cuando los ejércitos intentasen tomar la ciudad. Así, las galerías fueron una de las principales razones de la victoria sobre los franceses durante el cerco de Turín en 1706, gracias al sacrificio heroico de Pietro Micca que prendió fuego a la mecha de una carga explosiva en un túnel antes de que los franceses pudieran entrar en la ciudad a través de los túneles.

A partir del lugar de las galerías donde se encontró el cuerpo de Pietro Micca, Amoretti comenzó un trabajo de descubrimiento y restauración de las galerías y durante este período, en 1958, se encontró la famosa escalera, donde Pietro Micca hizo detonar la mina.

De este modo quedó constituido este museo en honor de este héroe de guerra turinés.

La segunda parada a este viaje a lo más profundo de Turín la tenemos en el Museo de la Resistencia. Allí podemos visitar uno de los refugios antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la mayoría de los refugios de este tipo en la ciudad quedaron cerrados tras la guerra por lo que han permitido la preservación de estos lugares tal y cómo fueron utilizados en el período de combate.

Por el museo accedemos al refugio de Piazza Risorgimento, uno de los más grandes de los más de cuarenta refugios públicos construidos a lo largo de la ciudad de Turín. Consta de  tres galerías paralelas, de 40 metros de largo y 4,5 metros de largo cada una, conectadas por ocho pasajes y situadas a una profundidad de doce metros. Ocupan aproximadamente unos 700 metros cuadrados.

La siguiente parada nos lleva hasta los cimientos de la Catedral de Turín y de sus lugares anejos. Se desciende a través de la cripta renacentista que se abre bajo la llamada Catedral de San Juan Bautista. Allí podemos ver por los estratos los distintos niveles que ocupó la ciudad a lo largo de su historia. Según desciendes vas encontrando restos más antiguos. Así, podemos ver los restos de los edificios de época romana así como tres antiguas iglesias paleocristianas en las que se pueden ver sus enterramientos, además de un mosaico antiguo y misterioso que representa la rueda de la fortuna, uno de los símbolos  de del destino en la vida humana.

Seguimos esta ruta en los antiguos recintos para conservar el hielo. Están ubicados bajo el Centro Palatino, el antiguo y gran mercado cubierto de la Piazza della Repubblica: se trataba de enormes depósitos de hielo en el corazón de la ciudad. Llegamos hasta el sótano de la iglesia Consolata. Debajo de esta basílica barroca, se ha inaugurado otro espacio subterráneo que a través de su sótano nos conduce a una antigua necrópolis medieval, rica en restos históricos y símbolos esotéricos que podemos apreciar en las lápidas de piedra.

Hasta aquí, la ruta por el Turín subterráneo. Si viajas a esta ciudad, polo del bien y del mal, no dejes de sumergirte en la inmensa red de túneles de la ciudad que van desde época romana hasta la terrible Segunda Guerra Mundial. Una ruta oscura e interesante…

Para hacer esta visita, te recomendamos:

www.somewhere.it

 

Fotografías: Mistérica

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En busca de los osarios

El tema de los osarios siempre me ha interesado y lo que querría proponeros es un viaje para visitar distintos osarios de la mano de un libro titulado El imperio de la muerte de Paul Koudounaris de la editorial H.f.ullmann.

El libro nos habla de cómo desde tiempos neolíticos se observa la importancia dada a los huesos en algunas necrópolis, parece que la idea primigenia de la exposición de los huesos pudiera tener un componente ceremonial o religioso. Pero el verdadero origen de los que hoy llamamos osarios tiene una vinculación con el cristianismo que, a diferencia de otras religiones, entierra a los muertos en vez de incinerarlos.

Los cristianos, desde sus orígenes, van a querer enterrarse en suelo sagrado, esto es, alrededor de las iglesias. Este hecho va a implicar una rápida saturación de los suelos sagrados de donde viene el problema de qué hacer con tantos huesos acumulados. Una de las soluciones a este problema será la creación de osarios.

Así, los primeros osarios se crearon en los monasterios ortodoxos griegos ante la acuciante necesidad de espacio para sus muertos. El primer osario del que tenemos registro es el del monasterio de Santa Catalina del Sinaí en Egipto, aproximadamente del año 530.

En Europa occidental se datan en fechas posteriores. Tenemos constancia de algunos en el siglo XII, pero cuando toman importancia es en el siglo XIII. En el caso de Alemania, llegó a ser obligatorio que las iglesias contaran con un osario. La costumbre pasó pronto a Italia, a Francia, y más tarde a todo el continente.

Si bien estos primeros osarios estaban destinados únicamente al almacenamiento de huesos, a partir del siglo XIV esos recintos empezarían a ser visitados y venerados.

Los osarios van a tener un auge importantísimo a partir de la Contrarreforma, fundamentalmente desde comienzos del siglo XVII. Es en ese momento cuando pasan de ser recintos que almacenan huesos a constituir composiciones artísticas arquitectónicas. Y aquí es donde surgen los osarios visitables, realizados con una intención artística además de sagrada.

Empezamos el recorrido por la República Checa y por el osario de Sedlec, quizá el más famoso de Europa.

El monasterio original se construyó en 1142 y adquirió notoriedad cuando Enrique, el abad, fue enviado a Tierra Santa y trajo consigo tierra recogida en el Gólgota y la esparció por el cementerio de la abadía. Este acto generó un fenómeno de atracción de fieles, y el cementerio de Sedlec se convirtió en un lugar de entierro codiciado en toda Europa Central.

En torno al año 1400 se construyó una iglesia gótica en el cementerio dedicada a todos los santos, con una bóveda en la parte superior y una capilla en el sótano, donde se ubicó el osario. Esta es la estructura que podemos ver ahora.

La historia del osario actual nos conduce al siglo XVIII, cuando la familia Schwarzenberg adquirió el monasterio. En 1860 se acometieron las reformas del espacio y la nueva decoración. La capilla contó con restos de más de cuarenta mil personas.

Entre las composiciones artísticas de este lugar realizadas con huesos podemos destacar: la lámpara de araña, los cálices de hueso, grandes custodias con calaveras en medio, guirnaldas y cuatro chapiteles con calaveras rematados por angelotes. Además, como elemento relevante dentro de la capilla, hay que destacar el escudo de la familia Schwarzenberg, realizado íntegramente con huesos.

El segundo que quiero citar está en Roma, y se ubica en la Iglesia de Santa María de la Concepción de los Capuchinos que fue construida entre 1626 y 1631 bajo las órdenes del papa Urbano VIII.

Tras la finalización de la construcción de la iglesia, en 1631, Fray Antonio Marcello Barberini ordenó el traslado de los restos de los hermanos Capuchinos desde el cementerio principal hasta la cripta de la iglesia. Pero el encargo implicaba además que estos huesos fuesen ordenados de forma “artística”. La cripta está  dividida en seis pequeñas capillas decoradas con los huesos de más de 4.000 capuchinos fallecidos entre 1528 y 1870.

Además de los huesos ordenados de diferentes formas, en la cripta también se pueden ver algunos esqueletos completos ataviados con el hábito de los monjes capuchinos, lo que le confiere un aspecto verdaderamente siniestro. En la iglesia hay una inscripción que dice: “Aquello que vosotros sois, nosotros éramos; aquello que nosotros somos, vosotros seréis”.

Pero también hay osarios que no están vinculados a la fe cristiana. Y hay uno muy importante. Me estoy refiriendo a las Catacumbas de París. Las catacumbas en su origen eran unos túneles destinados a canteras para fabricar los edificios de la ciudad, pero en 1786, para combatir las epidemias y enfermedades que asolaban a la población se decidió trasladar los cadáveres y huesos de distintos cementerios de la ciudad a las catacumbas. La mayoría de esos huesos provenían del gran cementerio de los Inocentes, en el cual sabemos que estuvieron representadas las más famosas Danzas de la muerte que por desgracia en esa época se destruyeron.

Sabemos que las catacumbas albergan más de seis millones de esqueletos humanos en unos 300 kilómetros de túneles, la mayor concentración de este tipo en Europa.

Esos huesos se dispusieron colocados a lo largo de todas las galerías, de las que en la actualidad solo se pueden visitar una pequeña parte.

Si queremos visitar osarios en la Península, tenemos por una parte, el de Wamba, muy cerquita de Valladolid. Aquí os remito al Programa 14 de Mistérica Radio Secreta donde Manuel Berrocal nos habla de este osario. Pero no muy lejos tenemos uno muy importante que está en Portugal, en la localidad de Évora.

Se trata de la Capela dos Ossos, una pequeña capilla interior situada en las proximidades de la Iglesia de San Francisco. Fue construida en el siglo XVI por un monje franciscano quien, bajo el espíritu de la Contrarreforma, quería llevar a sus hermanos hacia la contemplación y transmitir un mensaje sobre el carácter efímero y transitorio de la vida.

Sus paredes y sus ocho columnas están “decoradas” con huesos y cráneos cuidadosamente ordenados y sujetos con cemento.
Se calcula que el número aproximado de esqueletos es de unos 5000, provenientes de los cementerios de las iglesias situadas en los alrededores. Algunos de los cráneos tienen dibujados grafitis sobre ellos. Además, hay dos cadáveres disecados, uno de ellos perteneciente a un niño, los cuales están colgados de unas cadenas.

Y aquí termina este pequeño recorrido por los osarios más importantes pero recordad que existen muchos más que podéis conocer a través del libro El imperio de la muerte de Paul Koudounaris.

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La Italia del Pentamerón. 5 castillos de cuento

Los castillos siempre han sido elementos indispensables en los cuentos de todos los tiempos. No hay castillo que no esté encantado, bajo un hechizo, o en el que viva una bruja malvada. Tampoco faltará una doncella apresada en una torre o víctima de algún sortilegio, y siempre habrá un apuesto caballero dispuesto a luchar contra el dragón y dar muerte al hechicero o la maléfica bruja. Estos edificios tan especiales nos hacen soñar, nos trasladan a otras épocas o nos fascinan con su impresionante arquitectura. Pero no hay que olvidar que los castillos también cuentan con un lado oscuro de fantasmas y leyendas, y quizá por ello son el escenario perfecto para los cuentos más crueles.

En la última película de Matteo Garrone, El cuento de los cuentos (2015), el director italiano ha recuperado tres de las narraciones del Pentamerón, una obra escrita por  Giambattista Basile en el siglo xvii. Garrone ha querido mostrar la esencia de los cuentos de hadas, que, lejos de ser candorosos relatos de final feliz, no son sino terribles historias en las que priman lo monstruoso y lo cruel, a diferencia de las narraciones acarameladas influidas por Disney que han llegado a nuestros días. El director hace discurrir estos tres asombrosos cuentos en diversos palacios y castillos de una Italia no tan conocida, y que no deja de ser fascinante.

El Pentamerón

El Pentamerón es la primera colección moderna de cuentos, y podríamos afirmar que es el antecesor de los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm. este libro, obra de Giambattista Basile (1570-1632) y publicado póstumamente en 1634, es considerado maldito. Permaneció más dos siglos en el olvido debido a dos razones: por haber sido escrito en el dialecto napolitano y debido a la feroz crítica de Ferdinando Galiane (siglo xviii), que lo relegó al destierro de las letras italianas. Quizá por estas razones la obra no fue revalorada hasta el siglo xx. Su afán por reivindicarla es una de las razones por las que Matteo Garrone ha elegido este libro como hilo argumental de su película El cuento de los cuentos.

“Este libro [Pentamerón], obra de Giambattista Basile (1570-1632) y publicado póstumamente en 1634, es considerado maldito

Franz von Bayros. Ilustración del cuento «La vieja desollada» para la edición alemana del Pentamerón, 1909.

La obra sigue, de algún modo, la tradición de las colecciones de relatos que Boccaccio inaugurara con el Decamerón, aunque el Pentamerón es la primera recopilación en la que todas las narraciones son cuentos de hadas. Basile crea su antología a partir de una historia principal que abre y cierra el libro, donde se insertan historias que van narrando diez mujeres del pueblo a lo largo de cinco jornadas (esto hace un total de cincuenta relatos). los cuentos de Basile, lejos de ser cándidos (como aquellos de hadas a los que estamos acostumbrados), reflejan aspectos reales de la vida misma o les dan la vuelta a los arquetipos: las doncellas son astutas y libidinosas, las reinas son crueles y usan malas artes, los necios salen triunfantes con sus tretas, los reyes son egoístas y descuidan a sus hijas…; mientras, por el contrario, los ogros aparecen como bondadosos e insectos monstruosos son amados como si se tratara de seres humanos. El lenguaje de Basile es delicioso, capaz de combinar el erotismo y la violencia, lo elegante y lo grotesco, los códigos de honor y lo obsceno… De este modo, logra retratar la moralidad y las costumbres de su sociedad.

“El lenguaje de Basile es delicioso, capaz de combinar el erotismo y la violencia, lo elegante y lo grotesco, los códigos de honor y lo obsceno… De este modo, logra retratar la moralidad y las costumbres de su sociedad”

Italo Calvino, el escritor de origen italiano, dirá del Pentamerón: «El cuento de los cuentos es el sueño de un Shakespeare napolitano, obsesionado con todo lo terrorífico, con un apetito insaciable por los brujos y los ogros, fascinado por imágenes tortuosas y grotescas en las que la crudeza se fusiona con lo sublime».

La adaptación a El cuento de los cuentos

Matteo Garrone ha elegido tres de los cuentos del Pentamerón para construir su narración fílmica. Aunque sigue el guion del original, Garrone a veces da giros dramáticos y estéticos a las historias o modifica los finales para sorprender al espectador. Los relatos elegidos son: «La pulga» (5, I), «La cierva encantada» (9, IX) y «La vieja desollada» (10, X).

Apenas esbozaré en unas líneas los argumentos de los tres cuentos, pero sin avanzar demasiado, pues debemos dejar que Garrone nos los desvele en su película. «La pulga» nos habla de un rey aburrido que un día se encuentra a dicho animal y empieza a dedicarle más cuidados que a su propia hija. Lo curioso del caso es que, según el rey alimenta a la pulga, esta va creciendo y creciendo hasta hacerse gigantesca. un día el insecto muere, para desdicha de su amo, y a este no se le ocurre otra cosa sino poner a la vista de todos la piel del parásito. Ofrecerá la mano de su hija al sagaz caballero que adivine a qué animal pertenece.

Fotograma de la película El cuento de los cuentos (2015) donde la reina devora el corazón del monstruo marino.

«La cierva encantada» narra la historia de una reina que no podía concebir, hasta que un día un siniestro nigromante le ofreció la solución: alguien debía aniquilar a un monstruo marino, extraerle el corazón y dárselo a comer. Será el propio rey el que se encargue de esta tarea. Una vez conseguido, la reina devora el corazón crudo y en un solo día da a luz a un varón albino. Curiosamente, el mismo día y a la misma hora una sirvienta da también a luz a otro albino.

En la «La vieja desollada», dos ancianas hermanas viven aisladas en su choza, sin salir jamás a causa de su fealdad. Pero una de ellas entona bellos cánticos por las noches que son escuchados por el rey, soltero e insaciable mujeriego, quien cae rendido ante las dulces melodías. Seducido por la música y creyendo que se trata de una bella doncella, la invita a su lecho. La anciana exigirá total oscuridad para entregarse al rey. Al alba, tras una noche de frenesí, él desea ver el cuerpo de su amante. al descubrir el engaño, ordena que la tiren por la ventana barranco abajo.

Los castillos elegidos

Matteo Garrone, con gran coherencia, ha elegido como escenarios para ambientar estas tres historias de El cuento de los cuentos diversos palacios y castillos de Italia. La Toscana, el Lazio y Sicilia son algunas de las regiones donde encontramos las localizaciones de la película. Son emplazamientos no muy conocidos por el gran público, pero tremendamente imponentes a la vez que mágicos.

El castillo de Sammezzano

Sailko. Castillo Sammezzano, habitación blanca. Licencia Creative Commons.

Empecemos por el castillo Sammezzano. Se trata de un castillo que se encuentra en el municipio de Regello, en la Toscana. Fue erigido en 1605 por Ximénez de Aragón y perduraría en esta familia española hasta el siglo xix. En esa época se acometió la remodelación del palacio, que lo dotó de su aspecto oriental. Como es bien sabido, en aquel momento la curiosidad por oriente estaba de moda entre los aristócratas europeos. El palacio cuenta con trescientas sesenta y cinco habitaciones (una para cada día del año), cada cual con una decoración diferente: la Sala de las Estalactitas, la Sala del Pavo Real, la Sala de los Amores… todas ellas con motivos arabescos y mocárabes inspirados en palacios como la Alhambra. es en una de sus salas, decorada con ataurique blanco, donde Garrone sitúa a la reina del cuento «La cierva encantada» mientras esta devora el corazón sangriento del monstruo marino. Aunque estamos ante un edificio ricamente ornamentado que debería ser todo un referente turístico, a partir del siglo xx la desgracia se abatió sobre él y comenzó a cambiar de dueño sin razón aparente. Llegó incluso a convertirse en un hotel, para finalmente quedar abandonado. Tan solo el empeño de un comité que trabaja en su restauración desde el 2012 hace posible visitar algunas de las habitaciones del palacio.

 

El castillo de Donnafugata

Catarella. Castillo de Donnafugata en Ragusa.

Otro de los castillos escogidos es Donnafugata, en Sicilia, cuyo origen es legendario. Su nombre quiere decir ‘mujer fugada’ y proviene de una historia popular. La leyenda cuenta que la reina Blanca de Navarra, viuda del rey Martín I de Aragón, se escondió allí para huir del conde Bernardo Cabrera, quien la había capturado, pues estaba enamorado de ella. ante la insistente búsqueda de Cabrera, doña Blanca tuvo que huir de nuevo al palacio Steri de Palermo, donde fue escondida de nuevo por Giovanni Moncada. Así se salvó del despechado conde. Con el tiempo, el modesto edificio inicial se convirtió en una villa neoclásica y finalmente se fortificó con una torre. Lo extraño es que se ha perdido todo resquicio documental de sus alteraciones constructivas y apenas se sabe nada de sus arquitectos. De su precioso jardín tenemos que destacar el laberinto, donde Garrone ambienta una de las escenas de la película.

El castillo de Roccascalegna

Otro de los enclaves misteriosos de la película es el castillo de Roccascalegna, que arrastra una terrible historia relacionada con la cruenta muerte del barón Corvo de Corvis a manos de los aldeanos. Transcurría el siglo xvi cuando el cruel barón gobernaba la región, acosando a su pueblo con exagerados impuestos y obligando a los campesinos a arrodillarse ante un cuervo negro que tenía enjaulado a las puertas del castillo. El castigo por no pagar los impuestos o la cuantía requerida para transitar por la villa era la propia muerte. Por si fuera poco, el barón fue más allá y exigió el derecho de pernada. Ante tal perversión, el cura y las gentes del pueblo se rebelaron contra el noble, y cuenta la leyenda que una de las vírgenes que quería desflorar fue la que lo hirió mortalmente. El castillo se ubica en la provincia de Chieti y su construcción data del siglo xii, aunque su aspecto actual se debe a la remodelación que experimentó en el siglo xvi.

“Hay teorías que hablan del posible origen astrológico del castillo pues la posición de la luz en diversos momentos del año hacen pensar que el edificio es un calendario celeste”

El castillo Caetani

Greymouser. Castillo Caetani. Licencia Creative Commons.

Otro enclave de la película es el castillo Caetani de Sermoneta, en la región italiana del Lazio. Fue construido en el siglo xiii por la familia Annibaldi y pronto sería cedido al papa Bonifacio VIII de la familia Caetani. Este lugar fue concebido como una enorme fortaleza. elevado sobre una cima, está dotado de cinco muros perimetrales de hasta tres metros de anchura, protegidos por puentes levadizos. Todo ello lo convirtió en una plaza fortificada estratégica y prácticamente inexpugnable. En la época se cernieron terribles conjuras sobre la familia Caetani: cuando Alejandro VI Borgia fue elegido papa, no dudó en excomulgar a Onorato III Caetani y confiscó el castillo a favor de sus hijos, César y Lucrecia Borgia. Con el tiempo, la fortaleza fue morada de muchos personajes ilustres, tales como Federico II, Carlos V, Lucrecia Borgia y los papas Gregorio XIII y Sixto V. En este lugar provisto de tanta historia no faltan las leyendas. Una de ellas narra que vaga por sus pasillos el espíritu de un niño, quien murió violentamente en los subterráneos. Se cree que se trata de un pequeño príncipe cuyo retrato se encuentra en la sala del Cardenal, pero se desconoce su identidad.

El castillo del Monte

Luca Lombardi. Castillo del Monte. Licencia Creative Commons.

La última parada de nuestro viaje a través de El cuento de los cuentos nos lleva a Apulia, al sureste de Italia. Se trata del Castel del Monte. Antes de adentrarnos en sus aspectos ocultos, mencionaremos que se trata de una fortificación octogonal erigida en el siglo xiii, elevada sobre una colina, cuyas imponentes torres tienen una altura de veintiséis metros. La construcción está repleta de simbolismos y enigmas. En primer lugar, cabe mencionar que su forma de corona no es casual, sino el reflejo de la corona de Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien fue el fundador del castillo. La forma de octógono reproduce también la forma de la capilla palatina de Aquisgrán, erigida por Carlomagno. Hay teorías sobre un posible origen astrológico del castillo, pues la posición de la luz en diversos momentos del año hace pensar que el edificio es un calendario celeste. Otra hipótesis, basada en la numerología y en la relación entre arquitectura y astrología, vincula el edificio nada menos que con las pirámides de Guiza, y especula que en su interior se encontraba un mapa con la ubicación de la cámara oculta del faraón. También se habla de que el edificio puede esconder claves similares a las de lugares tan emblemáticos como las catedrales de Notre Dame y Chartres (Francia), o la Cúpula de la Roca (Jerusalén). Estas teorías se fundamentan en la posible filiación esotérica del emperador Federico II.

Nos detenemos aquí, pero podremos encontrar muchos más misterios y enigmas en las demás localizaciones de la película: el Palazzo Chigi Ariccia, el bosque del Palacio Real de Capodimonte, el bosque monumental de Sasseto, la villa abandonada de Sorano… Todos ellos enclaves llenos de magia en los que Matteo Garrone ubica magistralmente los tres inquietantes relatos de ese magnífico libro que es el Pentamerón. Queda así demostrado que no hay mejor escenario para narrar un cuento terrible que la imponente arquitectura de un castillo de leyenda, como hemos visto en este breve recorrido por los la Italia secreta que se esconde tras El cuento de los cuentos.

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Rocafort y las luces del olvido

Extrañas luminarias que se han visto entre las ruinas, antiguas habladurías sobre el paseo del carruaje de la muerte por sus calles, la repentina desaparición del agua de la charca que abastecía el pueblo… Son algunos de los elementos que sitúan a Rocafort como uno de tantos pueblos malditos que salpican la geografía española.

 

Situado en el corazón de la comarca de La Litera —en la provincia de Huesca—, que linda al norte con La Ribagorza a los pies de los Pirineos, los recuerdos se sostienen en ajados sillares de roca áspera, quejumbrosa. Son las ruinas de Rocafort que callan ausentes, mirando al vacío, esperando la paciencia del tiempo.

Entre las imponentes construcciones, una hilera de casas de varias plantas mira al sur donde sus vanos y puertas parecen ser los ojos vacíos y tristes que todavía recuerdan la maldición que convirtió a Rocafort en las ruinas de hoy. Huecos del olvido, gigantes de roca que dan la bienvenida al curioso viajero que se acerca o termina topándose en su vagar con el pueblo. El resto parece carcasa, las cáscaras rotas de lo que en su tiempo fueron las cálidas viviendas de los habitantes del pueblo, abandonado por completo entre los años sesenta y setenta. La vida en Rocafort se apagó antes de que la electricidad, con sus aires de progreso y modernidad, llegase a iluminar las calles, aunque eso no es problema para que en su centro siga alzándose un edificio por encima del resto. La iglesia del pueblo —dedicada a San Miguel, del que no ha de olvidarse su simbología como protector ante entidades demoníacas— sigue presidiendo el escenario en ruinas de Rocafort, testigo absoluto de su decadencia y su alargado agonizar; la construcción aun hoy soporta los inviernos arropada por la niebla y los falsos silencios de la noche. 

Pero aunque la electricidad nunca llegase a Rocafort no impidió que en el pueblo se viesen y se vean algunas misteriosas luces móviles en la noche cerrada. Existen aún hoy testimonios que aseguran haber visto bolas de luz recorriendo el cielo sobre las ruinas o incluso cómo estas extrañas luces, errantes luminosos, se adentran entre los escombros y los tejados derruidos. En cuanto a la naturaleza de estos fenómenos, poco se puede concluir. Algunos inciden que los destellos son un recordatorio, la energía de la memoria colectiva que no olvida, que no quiere olvidar la maldición que pesa sobre el pueblo —energías al fin y al cabo de los que antaño habitaron estas tierras y se niegan a abandonar lo que fue suyo—; otros en cambio lo achacan al folclore aragonés y catalán, con la presencia de las Lumbretas —o Almetas—, manifestaciones de las almas ambulantes, procesiones incansables y lastimeras, muchas veces representadas como el desfile de ánimas en pena, donde el lector encontrará una analogía con la Santa Compaña gallega o La Huéspeda leonesa. Así es como estas luces viajeras de Rocafort parecen corresponderse a los ojos de la tradición con la lenta hilera de almas que, vestidas de blanco y llevando candelas o luminarias, recorren el Pirineo aragonés. No faltan por supuesto las relaciones entre estos avistamientos lumínicos sobre las ruinas y los fenómenos ufológicos que parecen haber acontecido de forma muy singular sobre la zona.

El caso que más llama la atención a este respecto —que fue recogido por Francisco Recio y el desaparecido investigador y reconocido ufólogo Jaime Sánchez Clota— aconteció en agosto de 2005. El hecho, tomado como un importante caso de abducción, lo constata en su momento la víctima, que conduciendo dirección Lleida es testigo de unas enormes luces que lo deslumbran. A raíz del deslumbramiento comienza a sentir un malestar que lo obliga a estacionar a un lado de la carretera y con síntomas de mareo sufre un desvanecimiento. Lo siguiente que nuestro protagonista recuerda es aparecer aturdido en un terreno totalmente ajeno, sin ninguna pista de dónde se encuentra su vehículo y rodeado de un despoblado en ruinas: Rocafort. Tras un tiempo indeterminado caminando errante por la zona en busca de ayuda, consiguió localizar a una persona que le acercó a su casa, ambos perplejos ante el relato de la víctima. No obstante, lo realmente siniestro de la historia es el paréntesis amnésico de más de cinco horas entre su desvanecimiento y la recuperación de consciencia y la distancia espacial que le separan de su coche, algo más de cuarenta kilómetros. A pesar de ser el testimonio más importante de supuesta abducción en el entorno de Rocafort, existen muchos más testigos que aseguran avistamientos extraños desde los años noventa sobre el pueblo relacionándolo directamente con el campo de estudio de la ufología.

Siguiendo los pasos del viajero que contempla las ruinas como gigantes que, boquiabiertos, dan la bienvenida, cuando uno se adentra en las tristes y silenciosas moradas de Rocafort, pronto comienza a vislumbrar los sordos recuerdos del pasado, los antiguos hogares de sus cocinas, los silos horadados en la roca, oscuros depósitos de antaño que apuntan a asentamientos anteriores al pueblo mismo. Bocas en la tierra que pese a su utilidad como fresqueras o contenedores de aceite, hacen pensar en la maldición que aun reposa sobre el pueblo y que encuentra su eco en los testimonios de pueblos vecinos. Son esos silos vacíos los que el viajero termina relacionando con la charca en torno a la cual se compuso el pueblo, una charca que —reza la maldición, contada casi como una retahíla por los más ancianos—, sin previo aviso, se esfumó, provocando la desgracia para sus habitantes y condenando a Rocafort bajo el peso del olvido. Un peso que ni siquiera el fuerte adobe o el cemento de las últimas reconstrucciones del pueblo, han sido capaces de soportar.

Muchas son las voces que se alzan y rememoran hoy la leyenda que mantenía vivo al pueblo en sus últimos años habitados. La leyenda, recogida entre otros por el escritor Cristian Laglera de boca de uno de los vecinos, cuenta no sólo la maldición sobre el pueblo y su charca, sino también el triste deambular de un siniestro carruaje en la noche cerrada, una carreta montada por la misma Muerte que recorría el pueblo, incansable, sigilosa, casi como una premonición que anunciaba el inminente destino de aquellas tierras. Algunos aseguraban haber visto el carruaje o haber oído el crujir de sus pesadas ruedas en la tierra, sea como fuere, por temor o por el convencimiento de la maldición, poco a poco Rocafort se fue quedando mudo, sumido en el silencio del abandono.

Por el momento y hasta que las inclemencias del tiempo terminen borrando su huella, el pueblo sigue dando la tétrica bienvenida y acogiendo a todo aquel que tímido o valeroso, llegue a sus puertas.

Fotografías: Marina González Pérez

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El infierno dormita bajo las tierras de Pennsylvania

El pueblo minero de Centralia, Pennsylvania, EE. UU., sufre una agonizante tragedia desde la década de los sesenta: un terrible incendio subterráneo en sus minas de carbón, imposible de extinguir, ha convertido el lugar en un verdadero infierno terrenal.

«¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!»

Divina comedia, «Infierno», Canto III. Dante Alighieri

A pesar del interés que despierta la pequeña población de Centralia, al este del estado de Pennsylvania, no posee la fama de otras grandes catástrofes. Todavía hoy, gracias a la persistencia de cientos de voluntarios que desean preservar la historia de la ciudad, se puede llegar a esta tierra humeante y casi devorada por el bosque desde la Interestatal 81 y una serie de carreteras secundarias que discurren en dirección a Ashland. Las casas que siguen en pie no llegan a la decena y el resto del entonces bullicioso pueblo se resume en un limitado entramado de asfalto lleno de grietas y socavones.

El inicio de este asentamiento originalmente minero se remonta a principios del siglo xix, y no son pocos los hechos que a lo largo de su historia han manchado esta tierra de sangre y violencia. Con el comienzo de la explotación del carbón de antracita en Pennsylvania por las grandes compañías, se funda la prometedora ciudad de Centreville, que años más tarde pasaría a llamarse Centralia. Es en la década de 1870 cuando miles de mineros irlandeses llegan esperanzados a estas tierras en busca de trabajo y un nuevo hogar. Los problemas sindicales de la época, los continuos abusos laborales y la explotación de los mineros en funestas condiciones son algunos de los coletazos que terminan truncando el sueño minero. Todo ello, unido a la crisis financiera de 1873 (conocida como Panic of 1873), crea un caldo de cultivo que da vía libre para que poco a poco la situación vaya agravándose. Así se dará lugar a condiciones poco menos que esclavistas, con numerosas palizas, horribles muertes debidas a falta de seguridad y continuos incendios dentro de los túneles. No es de extrañar, por lo tanto, que en estos mismos años comiencen a extenderse por todo el estado de Pennsylvania las agrupaciones secretas y clandestinas de mineros unidos contra el despotismo del poder industrial. Así es como llega a constituirse en Centralia una poderosa célula de los Molly Maguires; sociedad compuesta por mineros irlandeses que hacían uso de la violencia, la intimidación e incluso el asesinato contra los terratenientes. Para devolver el mismo trato que les habían dado a ellos, los mollies (apelativo con el que se conocía extraoficialmente a este grupo organizado) lucharon en defensa de los mineros al más puro estilo del héroe romántico: huyendo de la justicia, quebrantando la ley y provocando innumerables y graves altercados. Su lucha —reflejada en películas tan interesantes como The Molly Maguires (Odio en las entrañas, 1970)— sirvió de excusa para perpetrar horrendos asesinatos, como el del fundador de Centralia, Alexander Rea, en 1868. Por este último hecho fueron finalmente apresados y condenados a muerte.

Aquella terrible ola de violencia (a menudo ocultada en la historia) dejó rescoldos, como los de un fuego sin apagar, que aún siguen vivos bajo la tierra. Envidias, acusaciones en falso o represiones públicas son algunos de los factores que fueron llenando de odio el pueblo de Centralia a lo largo de las décadas siguientes. Sin embargo, la decadencia de la población llegaría en la década de 1960, cuando las compañías industriales empezaron a abandonar la explotación del carbón en favor de otro tipo de combustibles y energías.

Pero la circunstancia que realmente convirtió este pueblo en un espectro infernal ocurrió en 1962, año en el que se produjo un fatídico incendio de magnitudes inconmensurables bajo la tierra sobre la que descansa Centralia. Aún hoy día, son inexplicables los motivos por los que comenzaron a arder las minas de forma incontrolada. Existen diferentes posturas: desde la de aquellos que achacan la tragedia a la quema de basuras durante esa época, hasta la adoptada por los ancianos del lugar, que aseguraban que existía un misterioso pozo en llamas del que escapaban extraños y quejumbrosos ruidos surgidos de las profundidades de los túneles descubiertos en los años treinta. La opinión de los ocho habitantes actuales de Centralia, quienes se negaron a abandonar el infierno despertado en sus tierras, roza la teoría conspiratoria, ya que señalan directamente al gobierno como culpable. Creen que todo fue una treta para apoderarse de las importantes vetas de carbón de la zona. Dejando a un lado la locura paranoide de esta última supuesta causa, lo sorprendente de toda la historia de Centralia es que el incendio jamás pudo sofocarse. Se propusieron decenas de soluciones y se tomaron fuertes medidas durante las décadas posteriores, pero el fuego subterráneo continuó su violenta combustión desquebrajando calles, expulsando grandes columnas de humo de la tierra y escupiendo rescoldos entre las llamas de los socavones.

Durante los años setenta y ochenta el problema comenzó a hacerse cada vez más patente, pese a que aún quedaban más de un centenar de habitantes que habían depositado sus esperanzas en el fin de las llamas. La alerta cundió cuando el propietario de la gasolinera del pueblo descubrió, mientras revisaba los tanques subterráneos de gasolina, que el carburante se encontraba a casi 80 ºC (la temperatura más alta recomendable es de 20 ºC). Otro hecho alarmante fue la caída de un muchacho por un hoyo de cincuenta metros de profundidad, que se abrió bajo sus pies mientras jugaba en el patio trasero de su casa. Finalmente, todo el pueblo fue obligado a marcharse por un programa de reubicación del gobierno central, que condenó Centralia a su clausura en 1992 (todavía hoy se pueden leer los múltiples carteles de advertencia que informan sobre la inestabilidad del suelo, los gases expulsados y el peligro de muerte). Hubo una serie de demandas de algunos propietarios que acabaron resolviéndose a favor de los habitantes a principios de 2007. Nueve personas retornaron a sus tierras, bajo su propia responsabilidad, pese a lo inhóspito del paisaje, lleno de gases tóxicos que continúan emanando del interior de la tierra.

Un dato curioso es que en los años siguientes al inicio de la terrible tragedia, eran muchas las escuelas católicas que tenían sede en la zona, las cuales aportaron su propia conjetura ideológica al misterio de Centralia: sin duda todo el odio, la violencia y la sangre derramada a lo largo de los años habían corrompido la tierra hasta el punto de que el mismísimo infierno se abría paso hacia la superficie.

Es interesante constatar cómo la historia de Centralia, pese a su agonizar actual, sigue más viva que nunca, al igual que las llamas que lamen la ciudad desde el interior. El infierno de este lugar ha inspirado a cientos de artistas a lo largo del tiempo con poemas, novelas, una ópera rock y algunas películas. Entre estas últimas, la que más llama la atención es Silent Hill (2006). aunque está basada abiertamente en la conocida saga de videojuegos, su guionista, Roger Avary, se inspiró en la población de Pennsylvania. Más allá de las obras de ficción, Centralia sigue despertando gran interés entre investigadores y curiosos, que han retomado esta historia en varios reportajes (como el de BBC News), interesantes documentales (entre los que destaca el realizado en 2007 por Chris Perkel y Georgie Roland, The Town That Was) y en el excelente trabajo de investigación realizado por David DeKok en su libro Fire Underground: The Ongoing Tragedy of the Centralia Mine Fire (2009).

Con todo, la tierra humeante de Centralia sigue en pie, quejumbrosa y agrietada, quebradiza y débil, siendo devorada lentamente por dos de las más poderosas fuerzas de la tierra: el fuego que la golpea desde abajo y la naturaleza que poco a poco engulle la ciudad. En un pequeño rincón, enterrada a buen recaudo de las llamas, aún espera dormida la cápsula del tiempo que fuera depositada en 1866 con la historia de la ciudad. según reza su inscripción, debería abrirse en 2016. Si el fuego no los devora ¿cuántos secretos más desvelará el infierno de Centralia?

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Alentejo: megalitos y mouras encantadas

Subiendo la colina que atraviesa el bosque en dirección este, encontramos un milenario monumento compuesto por grandes losas de piedra ennegrecida. A sus pies, semienterrados en la arena, se pueden apreciar algunos huevos abiertos de serpiente. Estamos en la provincia del Alentejo portugués y sus habitantes llaman a estos lugares casas de las Mouras Encantadas. Las leyendas cuentan que se aparecen durante los solsticios y en noches de luna llena. tomemos asiento para escuchar la historia que enlaza los megalitos con sus arcanas protectoras.

 

Mitología lusitana

El actual territorio portugués hunde sus raíces históricas en la antigua provincia romana de Lusitania. Su población autóctona anterior, de etnia desconocida, se mezcló con gentes de origen celta a lo largo del siglo vi a. C. Luego, tras la llegada de romanos y cartagineses, absorbió el imaginario cultural mediterráneo, y esa simbiosis dio nacimiento a una de las más interesantes mitologías europeas, que actualmente continúa emparentada con la región española de Galicia. El panteón religioso lusitano primigenio estaba compuesto por un dios supremo, Endovélico, quien compartía triunvirato con Ataegina y Runesocesius. En este contexto se encuentran diferentes rituales prerromanos, de los que el más singular y conocido es el culto ibérico de las cabezas cortadas.

respetando parcialmente estos mitos antiguos, en cada uno de los valles del interior de la Lusitania se van difundiendo diferentes narraciones para explicar fenómenos naturales y sobrenaturales de carácter muy oscuro, donde los protagonistas ya no son dioses. En estos relatos predominan las historias de brujas, demonios y ritos relacionados con la luna sobre los cuentos de hadas, más suaves o moralizantes. Sin embargo, estos últimos cuentos son imperantes en otras regiones de sustrato celta, como las islas Británicas, Irlanda o Bretaña. No obstante, en el Alentejo, una región al sur de Portugal que posee la mayor concentración de megalitos de toda la Península, los guardianes de aquellas construcciones no son precisamente simpáticos elfos que salgan de sus cuevas al atardecer, sino las llamadas mouras encantadas, que se describirán más adelante con detalle.

Dolmen da Orca. Fotografía: Alberto.

Megalitismo en femenino: el Crómlech de los Almendros

Detengámonos ahora en la morada y refugio de estos seres encantados: los megalitos. Se trata de un fenómeno constructivo prehistórico de origen y función desconocidas que aparece en diferentes lugares del planeta al mismo tiempo durante el primer Neolítico europeo (5000 a. C. aprox.) y desaparece a mediados de la Edad del Bronce (1500 a. C. aprox.).

Los últimos constructores de la Edad del Bronce se llevaron a la tumba el secreto que esconden estas faraónicas construcciones (de hecho, algunos tuvieron el privilegio de ser enterrados a sus pies). desde entonces todas las civilizaciones posteriores han querido interpretar estos restos generando infinidad de leyendas y especulaciones sobre su finalidad. En el caso del folclore lusitano, los megalitos han sido descritos desde muy antiguo como lugares donde habitan seres del inframundo, puntos de reunión para brujas los viernes por la noche o cuevas habitadas por serpientes que guardan tesoros. Estas historias quedan recogidas en los recopilatorios de cuentos folclóricos y leyendas llevados a cabo durante el siglo xix por varios autores interesados en rescatar la riquísima tradición oral de la Península, entre los que destaca el etnógrafo portugués Consiglieri Pedroso.

No es casualidad que el megalito más antiguo de Iberia y uno de los primeros del mundo esté en la región del Alentejo portugués. Los alrededores de la actual ciudad de Évora, su capital, albergan dos complejos megalíticos muy especiales: un inmenso dolmen de corredor en Zambujeiro (3500 a. C. aprox.) y el Crómlech de los Almendros, datado por radiocarbono en su primera fase con la increíble fecha de 4800 a. C. Para ponernos en situación, un dolmen o tumba de corredor es una estructura con forma de pasillo, creada por la superposición de losas horizontales y bloques verticales hincados en la tierra y cubiertos de piedras o tierra. Por su parte, un crómlech es un conjunto de bloques de piedra clavados verticalmente en el suelo en forma de círculo o elipse.

“No es casualidad que el megalito más antiguo de Iberia y uno de los primeros del mundo esté en la región del Alentejo portugués”

Lo inexplicable, tanto en los megalitos del Alentejo como los del Algarve y la Estremadura portuguesa, es que los enterramientos estudiados en sus inmediaciones recojan una proporción mayor de tumbas de mujeres que de hombres. ¿Fueron acaso ellas sus constructoras y promotoras? ¿Están las leyendas sobre mouras protectoras de megalitos basadas en una posible sociedad matriarcal jerarquizada? Todavía no hay respuesta para estas preguntas, pero la utilización continuada de los dólmenes para rituales de fertilidad y matrimonio hace pensar que su uso ha sido predominantemente femenino.

Casa dos Mouros en la sierra de Aboboreira. Fotografía: Antonio Miguel de Campos.

cerca de la espectacular Sintra se encuentra el dolmen de Anta de Belas, donde aún hoy los recién casados pasan la noche juntos a la intemperie para poner a prueba si el matrimonio va a ser fructífero. al norte, en tierras más agrestes, el dolmen de Serra de São Domingo sigue siendo el lugar elegido para un antiguo ritual donde las mujeres pasan la noche recostadas en la piedra como rito de fertilidad. tampoco hace falta salir de la región central del Alentejo para encontrarse cualquier fin de semana, en mayo o junio, con celebraciones de bodas en los megalitos, donde el punto álgido de las ceremonias es dar tres vueltas en torno al dolmen o menhir local mientras la comunidad aplaude. No está documentado si estos rituales tienen su raíz en la reinterpretación cristiana de los megalitos que se dio en la Edad Media, o si tienen algún vínculo con tradiciones de la antigua Lusitania o incluso prerromanas. De cualquier modo, la Iglesia católica, que es predominante en Portugal, ha asimilado algunos dólmenes y les ha atribuido apariciones de santos y hechos milagrosos. En estos casos los dólmenes fueron bendecidos y convertidos en capillas, llamadas en portugués anta-capela. el ejemplo mejor conservado es el de Pavia y su capilla de San Dionisio. Por supuesto, no todos fueron incorparados a la tradición cristiana y muchos se destruyeron, tal como está documentado, sobre todo, en la región del norte (incluyendo también parte de Galicia), donde solían celebrarse en los megalitos muchos rituales paganos nocturnos, relacionados con cultos lunares, sin la aprobación eclesiástica.

Mouras: constructoras en forma de serpiente

El folclore lusitano, al igual que el del resto de Europa y Asia, está plagado de referencias a seres sobrenaturales que viven o se ocultan bajo el subsuelo. A veces estos lugares imaginarios tienen una puerta que conecta con el mundo de los vivos, y esa entrada suele estar en lugares remotos o inaccesibles. En las leyendas portuguesas son dólmenes, cuevas, fuentes o arcoíris (arco da velha en su idioma local; curiosamente, velha es el nombre de los legendarios constructores de megalitos). Los lugares de este tipo que más abundan en los bosques de Portugal son esas antiguas construcciones y las cuevas impenetrables que el imaginario colectivo ha hecho protagonistas de todo tipo de historias fantásticas. Rui Boaventura es el autor más destacado cuando hablamos de megalitismo lusitano, ya que tiene recopilados más de 3 000 megalitos hallados en suelo portugués desde mediados del siglo xix; una vastísima colección teniendo en cuenta el tamaño del país. El interés por estos temas volvió a la actualidad en 2014, cuando la Universidad de Helsinki publicó la interesantísima tesis doctoral de Henna Lindström, donde su autora hace un meticuloso estudio de la relación entre los megalitos y sus legendarias constructoras y guardianas, las mouras encantadas.

En prácticamente todas las fabulas europeas se relaciona la construcción de los megalitos con las mouras o espíritus del otro mundo. Estas misteriosas mujeres tienen cualidades similares: vida eterna, sabiduría en conocimientos ancestrales, juventud y belleza. Perfecta combinación para encandilar las mentes y disuadir a todo el que osara acercarse a los megalitos en busca de tesoros. Aunque tales leyendas se consideran de origen prerromano, la primera referencia que nos ha llegado donde aparecen mouras está en el libro de Vasco da Ponte Relación de algunas casas y linajes del reino de Galicia, publicado entre 1530 y 1535. En él se relata un viaje en busca del tesoro que custodiaban unas bellas mouras en una cueva megalítica llena de búhos. Nada quedaba al azar en aquellos relatos, pues los búhos son otra referencia a la sabiduría de las enigmáticas guardianas de tesoros.

En una gran parte de estas historias, que siguen estando presentes en el imaginario colectivo portugués, también aparecen mouros; pero, al contrario que su versión femenina, ellos no son encantadores, bellos ni sabios. Son todo lo contrario, son agresivos, rudos y solo están interesados en los bienes materiales. De hecho, en las leyendas nunca son protagonistas, sino meros guardianes de los tesoros. ¿Por qué esta gran diferencia con respecto a las mouras? ¿Qué motivación hay en la zona para dar más importancia a los seres sobrenaturales femeninos que a los masculinos? Es difícil de explicar en conjunto, pero con respecto a los mouros en concreto, el hecho de que sean caracterizados de forma mucha más avara y cruel en el sur hace pensar a los investigadores que se trata de historias posteriores, probablemente tardomedievales, asociadas a la imagen negativa de los musulmanes africanos, que se extendió por los reinos cristianos tras la reconquista. El parecido lingüístico con el término «moro» ha dado lugar a equívocas interpretaciones sobre su origen, pero el hecho de que la misma palabra se utilice también en las islas británicas y en algunas zonas del norte de Europa sin conexión con las conquistas norteafricanas deja a un lado cualquier confusión.

“Las apariciones de mouras y su interacción con el mundo real están relacionadas con los momentos de solsticios, equinoccios y plenilunio”

Las apariciones de mouras y su interacción con el mundo real están relacionadas con los momentos de solsticios, equinoccios y plenilunio (casualmente, justo cuando los megalitos son utilizados de forma ritual). es entonces cuando transmiten su conocimiento ancestral y destreza a las personas que se acercan a visitarlas con la actitud adecuada. Las manifestaciones de mouras en las leyendas pueden darse en forma de animales, como toros, vacas, cabras o serpientes. En este último caso, tal como se recoge en los estudios etnográficos de autores portugueses, son representadas cantando y peinándose largas cabelleras rubias o pelirrojas, lo cual dispara la imaginación del oyente y le crea una contradicción, ya que se mezclan las sensaciones de terror y respeto que infunden las serpientes en las zonas agrícolas con la sensualidad y la sabiduría, al dotar a estos seres de voz embaucadora y atributos femeninos. La figura de la serpiente está también asociada a las pinturas rupestres, cercanas a yacimientos megalíticos en el suelo lusitano, cuyo apogeo tuvo lugar bien entrada la Edad del Bronce. Estos se vinculan además con divinidades femeninas europeas de la fertilidad, como la minoica Rea, la fenicia Astarté y las griegas Ártemis, Atenea, Hécate, Deméter y Perséfone –(la reina del inframundo). Por otro lado, son conocidas las representaciones de serpientes devorando el sol; alegorías del ciclo de la vida y muerte o de las estaciones, ya que los ofidios hibernan en madrigueras en el subsuelo –(el Mourama o inframundo de la mitología portuguesa) y mudan la piel, así que resultan perfectas para explicar los ciclos de muerte y nacimiento.

 

Conclusión

En resumen, la función de los incontables megalitos que se yerguen sobre suelo portugués seguirá siendo un misterio en los próximos años. Aún así, tanto los nuevos estudios sobre sus alineaciones, como las excavaciones que están sacando a la luz nuevos datos acerca de la existencia de una sociedad mucho más matriarcal de lo que hasta ahora se pensaba, dejan la puerta abierta a interpretaciones antropológicas muy interesantes. Hay que apuntar que esta región no ha gozado, como otros lugares, de la inversión necesaria para sacar a la luz cuanto se esconde bajo el suelo ibérico, por lo cual esperamos impacientes nuevos hallazgos y publicaciones.

También se han hecho nuevos descubrimientos en las Azores. Estas islas situadas en medio del Atlántico que actualmente pertenecen a Portugal, a consecuencia del expansionismo colonialista del siglo xv, se creían deshabitadas hasta la llegada de los europeos. Sin embargo, en una de sus islas, Terceira, en zonas militares anteriormente vetadas, se han localizado formaciones de tipo megalítico en Monte Brasil y en la Grotta do Medo (‘gruta del miedo’). aparecen, incluso, inscripciones rúnicas y cavidades circulares que no tienen similitud con los signos del megalitismo atlántico. Por si esto fuera poco, se han podido fotografiar en la isla formaciones tipo cart ruts; largos surcos milenarios alineados, aparentemente artificiales, cuyo origen se desconoce y que han fascinando a los estudiosos desde hace décadas. Todo apunta, si esto se confirma, a que los habitantes prehistóricos de Lusitania podrían haberse aventurado hacia las rutas del Atlántico mucho antes de lo que se tiene oficialmente constancia. No obstante, todavía hay que esperar a que los arqueólogos consigan los permisos necesarios para excavar en estas zonas.

Las mouras encantadas, sin embargo, no necesitan ningún tipo de investigación para seguir estando presentes en las conversaciones de amigos y familiares en Portugal. La cuestión del posible matriarcado prehistórico continúa en el aire. El ejemplo más cercano en la Península puede ser el de la diosa Mari de la mitología vasca; divinidad que habita en cuevas y se manifiesta bajo una espeluznante forma de cabra en las leyendas locales. Allí donde se alce un megalito, los habitantes de la región seguirán manteniendo viva la llama de las mouras encantadas protectoras que, muy probablemente, hayan conseguido indirectamente que en algunos casos este patrimonio haya llegado intacto hasta nuestros días.

Sergio Álvarez

 

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Cleopatra, desesperación y magia en Alejandría

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John William Waterhouse. Cleopatra, 1887. Colección privada, a/c Martin Beinsly Fine Art.

Cleopatra VII de Egipto, cuya figura ha sido presentada en el cine como prototipo de belleza, justa reina de inmaculado linaje y amante apasionada, podría haber sido todo lo contrario: ajena a los cánones de belleza actuales, proveniente de una dinastía extranjera en decadencia y una astuta estratega que utilizaba a sus amantes. Eso sí, fue iniciada en los misterios egipcios. La realidad y el mito se entrelazan en lo que respecta a la más famosa de las reinas del Nilo.

El mito y la realidad

Cleopatra VII, también conocida como Cleopatra Filopátor Nea Thea, fue la última reina regente de la dinastía ptolemaica, que había gobernado el país del Nilo desde la caída de Alejandro Magno en el siglo iii antes de Cristo. Se la presenta como una mujer independiente, culta, hermosa e inteligente que dominó un extenso reino desde su palacio de Alejandría, donde era venerada por su pueblo. Por si esto no fuera suficiente, utilizó sus encantos naturales para atraer a los hombres más poderosos de su época y expandir su influencia en todo el Mediterráneo. La más bella de todas las reinas de la antigüedad utilizaba las mejores vestiduras y los mejores cosméticos que se podían adquirir en el mundo antiguo para seducir a embajadores y dignatarios. No conoció un no por respuesta hasta que el envidioso Octaviano aplastó Egipto bajo el yugo romano y terminó de esta forma con tres mil años de armoniosa civilización faraónica. El conocido final perfecto, con Cleopatra y su marido cometiendo doble suicidio por amor, es un mito que nos ha llegado a través de las películas de Hollywood, novelas y series de televisión. Las fuentes, sin embargo, nos hablan de una historia diferente, más interesante y llena de matices.

Para empezar, el contexto histórico en el que Cleopatra llegó al poder era muy diferente al de aquel reino estable de los constructores de las pirámides de Guiza. El pueblo egipcio había estado sometido a una jerarquía sacerdotal hereditaria, con sede en Menfis, desde las primeras dinastías faraónicas del Imperio Antiguo (ca. 2700 a. C.). Nunca fue «libre» ni tuvo ningún órgano representativo, como se deja entrever en algunas de las historias que han llegado hasta nosotros Es hacia finales del Imperio Nuevo (ca. 1100 a. C.) cuando Egipto alcanza su máxima expansión territorial. Desde ese momento se sumerge en un proceso regresivo: es invadido por diferentes potencias extranjeras y pierde su independencia cultural respecto a las civilizaciones vecinas. El momento en el que Alejandro Magno entra en Menfis y es proclamado faraón, en el 332 a. C., fue un episodio triste para la sociedad egipcia, que veía a estos nuevos invasores forasteros como «menos malos» que los anteriores. de hecho, Alejandría era una ciudad estado vetada a los propios egipcios, desde donde una minoría griega recaudaba la riqueza del país y tomaba las decisiones.

Cleopatra subió al trono en el año 51 a. C. con el sobrenombre de Filopátor, ‘la que ama a su padre’. Su progenitor, Ptolomeo XII, fue precisamente una de las figuras más nefastas de su dinastía, y personifica cuán inestable era el poder que ella heredó. apodado irónicamente Auletes (traducido como ‘el flautista’) por su afición a la música y su absoluta despreocupación de los asuntos de estado, perdió importantes territorios en el Mediterráneo, como Chipre, sin oponer resistencia. Ello ocasionó continuas revueltas internas y externas, que tuvo que apaciguar sobornando regularmente a la casta sacerdotal de Menfis y al Senado romano para mantenerse en el trono. Otro problema era su condición de hijo bastardo.

Alexandre Cabanel. Cleopatra probando venenos con prisioneros condenados, 1887. Royal Museum of Fine Arts, Amberes.
Alexandre Cabanel. Cleopatra probando venenos con prisioneros condenados, 1887. Royal Museum of Fine Arts, Amberes.

Para poder reinar, Cleopatra debió casarse con su hermano Ptolomeo XIII, de apenas doce años de edad. algo usual y permitido por ley en Egipto ya que en esos casos la tutela recaía en los eunucos de palacio. En aquel árbol familiar, el historial familiar de traiciones entre hermanos y padres era extenso y pintoresco. según las fuentes romanas, cuando Cleopatra VII era niña presenció, al marchar su padre a Roma en busca de aliados en el 58 a. C., cómo su hermana Berenice IV envenenaba a su otra hermana, Cleopatra VI, para hacerse con el control. Poco después también mandó asesinar a su propio marido y rechazó tajantemente compartir el poder. Cuando su padre volvió a Alejandría, se reestableció en el trono y mandó decapitar a Berenice como represalia. su .esposa, Cleopatra V, también desaparece misteriosamente de toda referencia mural en los templos a partir del 57 a. C. Todos estos acontecimientos debieron ser traumáticos para la joven Cleopatra; aunque no lo suficiente, ya que ella misma entró en el juego de traiciones y luchas por el poder al iniciar una sangrienta guerra civil contra su hermano. Este conflicto destruyó parte de la colección de la biblioteca de Alejandría y terminó con la vida de Ptolomeo XIII, de apenas dieciséis años de edad.

Cleopatra no era precisamente un angelito, ni siquiera en apariencia. Aunque se la ha presentado como una gran beldad de su época, las monedas con su efigie y las estatuas que se han conservado distan mucho del canon de belleza mostrado por la industria cinematográfica. Lo que sí ha quedado registrado en fuentes romanas es su refinada educación palaciega, ya que fue instruida en literatura, música, matemáticas, filosofía, política y magia. Podía desenvolverse en varios idiomas, incluyendo el egipcio (al contrario que el resto de su dinastía), y según el escritor romano Cicerón (que la conoció), tenía cautivadores personalidad y tono de voz. Este mismo autor fue quien creó el mito de que Cleopatra vivía en la opulencia y era una insaciable coleccionista de amantes, con los que habría montado bacanales varias veces a la semana. Una leyenda cuyo objetivo era desprestigiar su imagen en Roma, pero que ha llegado a nosotros con un sentido positivo y glamuroso.

Alejandría, año 30 a. C. ¿El fin de Egipto?

Relieve de Isis en el templo de File. Wikimedia Commons.
Relieve de Isis en el templo de File. Wikimedia Commons.

Otro matiz importante que se falsifica en las novelas sobre Cleopatra es el final real de su historia. Se ha creado la percepción de Octaviano como un malvado que habría conquistado Egipto por envidia y destruido su milenaria cultura, tras la batalla de Accio en 31 a. C. y el suicidio de Cleopatra y Marco Antonio. Esto contradice la lógica de que la historia la escriben los vencedores. De hecho, el vencedor se convirtió en César Augusto, el creador del Principado que llevaría a su máxima extensión las posesiones romanas y engrandecería Alejandría al convertirla en el puerto de enlace con Asia. A pesar de que es cierto que consideró Egipto jurídicamente como su patrimonio personal, también es verdad que mejoró con creces el trato recibido por los campesinos egipcios durante la dinastía ptolemaica. Además, conservó y amplió con dinero público la biblioteca de Alejandría, en la cual mantuvo los nuevos volúmenes llegados de Pérgamo. Asimismo, construyó nuevos caminos y reestructuró el sistema de canales, lo que mejoró la producción agrícola y la distribución de mercancías a zonas apartadas. lo más importante es que llevó a las rutas comerciales la estabilidad que solo el ejército romano podía proveer. Así abrió de nuevo la navegación por el mar Rojo para mercadear con China a través de la ruta de la seda. a pesar de todo esto, se le ha hecho pasar por el malo malísimo en todas las películas; el demonio que destrozó el idílico paraíso del Nilo.

En cuanto a sus últimas disposiciones, nunca sabremos qué pretendía realmente Cleopatra cuando firmó las Donaciones de Alejandría en 34 a. C. Se trató de un acuerdo con Marco Antonio mediante el que este les legaba a ella y sus hijos grandes territorios (algunos en poder de Octavio), reconocía a Cesarión como heredero de César y ponía fin a su matrimonio con Octavia. Quizá su objetivo fuera imponer a su descendencia en las provincias orientales romanas, pero se intuye que no tenía mucho interés en cambiar la situación de los egipcios. Es más, antes de conocer la noticia del suicidio de su amado Marco Antonio, hay constancia de que ordenó asesinar a las voces disidentes del reino y planificó huir con el botín de los templos. Como dato curioso, según la doctora Pilar Rivero de la Universidad de Zaragoza, uno de sus planes de huida habría sido refugiarse en Hispania.

El culto a Isis y la serpiente mágica

En agosto del año 30 a. C. los soldados romanos de Octavio consiguieron entrar en los aposentos de Cleopatra. La escena que se encontraron fue dantesca: había serpientes reptando por todos lados; la reina yacía difunta en su lecho real y sus dos asistentas, moribundas, trataban desesperadamente de recomponer su cuerpo y maquillarla para que la presentación al público fuera, como de costumbre, perfecta. Las tres habían decidido suicidarse con el veneno de la más sagrada de las serpientes, la cobra egipcia. Esta escena fue descrita años después del suceso por autores que conocían la importancia simbólica que acarreaba. La griega diosa-serpiente Pitón, hija de la madre tierra Gea, se enrosca haciéndose una con las divinidades ofidias minoicas y con Glykon, otro dios reptiliano de raíces macedónicas. todos a una morderían fatalmente a Cleopatra VII, que así se habría reencarnado en la diosa-cobra egipcia Merseger, guardiana inmortal del inframundo. Un final magistral.

El historiador Plutarco fue el principal difusor del dramático suicidio por mordedura de áspid (o cobra egipcia) de la reina. Sin embargo, este autor nació casi un siglo después de aquel hecho, por lo que se entiende que pudo basarse en crónicas de Augusto, cuyos originales no han llegado a nuestros días. Realidad o ficción, lo que nos transmiten estos escritos es la intención de Cleopatra de morir acorde a la creencia egipcia en la vida del más allá. La alegoría de la cobra es una referencia directa a la diosa Isis y los cultos mágicos antiguos.

Probablemente Cleopatra VII fuera iniciada en los cultos mistéricos de Isis y educada por sacerdotes de Tebas durante su infancia. Esta diosa era la protectora de la naturaleza y se le atribuían poderes curativos mágicos. Aunque la deidad que personificaba la magia era Heka, los sacerdotes dedicados a Isis conservaban los libros de conjuros y fórmulas mágicas. es más que presumible que la reina tuviera acceso a este conocimiento a través de las bibliotecas de los templos, a los que favoreció económicamente durante su mandato. Cuenta el historiador romano Suetonio que, tras seducir a Julio César, la reina le persuadió para realizar una visita a Egipto, que ella convirtió en el mayor espectáculo de propaganda religiosa visto hasta entonces. Se preparó una comitiva de casi cuatrocientos barcos dotados de todos los lujos del momento y se le mostraron al hombre más poderoso de Roma la pirámide de Keops en Guiza, los grandes templos y bibliotecas de Tebas. como colofón, una visita al santuario de la isla de File, donde Cleopatra fue recibida como reencarnación de la mismísima Isis. Esta perfecta representación teatral tuvo un impacto tremendo en Julio César y su séquito, de modo que a su vuelta a Roma expandieron aquel culto oriental. Ello que se tradujo en la construcción de nuevos templos dedicados a Isis por todo el Mediterráneo.

Poca documentación se ha recuperado de estos templos egipcios donde se practicaba magia. Sin embargo, hay una colección de escritos que ha salido a la luz en los últimos dos siglos, procedente de varios lugares del desierto egipcio, llamada Papiros mágicos griegos. recogen textos y fórmulas mágicas escritas en un estilo esotérico donde se funden los mitos egipcios, griegos, hebreos y babilónicos. son las mejores fuentes que tenemos sobre la religión sincrética que se dio en época helenística. Hay encantamientos de amor, maldiciones, amuletos, fórmulas protectoras e invocaciones para demonios y seres protectores. También pueden encontrarse referencias al uso de venenos, que ya se venían desarrollando desde las primeras dinastías egipcias. Cleopatra debió haber utilizado este conocimiento para sobrevivir en un entorno donde era habitual morir víctima del antimonio o el arsénico, derramado cuidadosamente en la cena por un rival familiar.

Cuando Cesarión, el hijo de Cleopatra y Julio César, fue asesinado en Alejandría, se extendió sobre ella y su legado lo que los romanos llamaban damnatio memoriae o condena de la memoria, por lo que toda referencia a su persona habría quedado borrada para la posteridad. A pesar de eso, su leyenda ha perdurado durante siglos. Sobre todo en las corrientes esotéricas, donde apenas tres siglos después de su muerte, en la misma Alejandría, las crónicas árabes posteriores nos hablan de una famosa alquimista que utilizaba como seudónimo su mismo nombre. Esto deja abierta la incógnita de si Cleopatra pudo ser la gran precursora del hermetismo en Europa. Desafortunadamente, nunca lo sabremos.

«Cleopatra y la fascinación de Egipto»

Sala de la exposición «Cleopatra y la fascinación de Egipto».
Sala de la exposición «Cleopatra y la fascinación de Egipto».

Hasta el 8 de mayo se puede visitar en el Centro de exposiciones Arte Canal la mayor exposición sobre la figura de la última reina ptolemaica que ha visitado Madrid. está comisariada por los profesores Giovanni Gentili y Martín Almagro-Gorbea, y la componen cuatrocientas piezas arqueológicas procedentes de ochenta museos diferentes (incluyendo Brooklyn, Berlín e incluso piezas de la valiosísima colección del museo egipcio de Turín).

En la muestra se ha dado gran importancia al contexto histórico, y su visita constituye un paseo por los principales lugares donde transcurrió la vida de Cleopatra VII, incluyendo un audiovisual que recrea la historia de la ciudad de Alejandría. El diseño de los expositores y figuras se ha cuidado para que se adecue al estilo ptolemaico. En la última parte de la exposición, se puede ver una interesante colección de pinturas, esculturas y atrezo cinematográfico, que refleja la influencia de la reina en el arte y el cine. Destaca un óleo original de John William Waterhouse. Paralelamente a la exposición, se han organizado talleres en torno a Egipto para todas las edades, entre los que destaca uno dedicado a la comprensión del Libro de los Muertos.

Las incógnitas que la figura de Cleopatra VII dejó abiertas a su muerte son innumerables. Empezando por su propia tumba, que no se ha podido hallar a pesar de las abundantes y bien dotadas expediciones arqueológicas destinadas a ello. Ella pidió ser enterrada de forma ritual junto a Marco Antonio, por lo que, en caso de localizarse, el lugar podría ser uno de los más impresionantes hallazgos del siglo xxi, y tal vez nos regalara más pistas sobre la verdadera reina maga. Por ahora debemos contentarnos con contemplar las ruinas de su palacio, sumergido bajo el actual puerto de Alejandría, que ciertamente evoca un pasado de esplendor cuya verdadera historia se ha perdido para siempre.

Sergio Álvarez

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta Nº 6  La mujer y el misterio.