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Las iglesias bizantinas

Focio (Constantinopla, ca. 820 – Bordi, de Armenia, 6 de febrero de 893) fue patriarca de Constantinopla, escritor bizantino, y santo de la Iglesia ortodoxa. Fue la principal figura influyente en la evangelización de los eslavos y también en el llamado «Cisma de Focio». Aquí os dejamos uno de sus textos en el que describe cómo era el interior de una iglesia bizantina, probablemente la desaparecida iglesia de Nuestra Señora del Faro en Constantinopla:

… El atrio de la iglesia está espléndidamente formado: pues losas de mármol blanco, reluciente, brillante, alegre, ocupan por completo la fachada y, al ser uniformes y suaves y estar perfectamente ajustadas, …, sugieren a la imaginación del espectador que se trata de un único y continuo bloque de piedra que tuviera líneas rayadas sobre él… Pero cuando uno consigue, con dificultad, apartarse de allí, y contempla el interior de la iglesia, ¡qué gozo, turbación y asombro te llena! Es como si hubiera entrado en el mismo cielo completamente solo… y fuera iluminado por la belleza, en todas sus formas, brillando a su alrededor como muchas estrellas, tal es el asombro que le embarga… El oro y la plata cubren la mayor parte de la iglesia… Aquí encima hay capiteles adornados con oro, cornisas doradas… En el mismo techo, se ha pintado en cubos de mosaico de colores, una figura humana con los rasgos de Cristo. Parece como si él estuviese inspeccionando la Tierra, ideando su organización y disposición ordenada… En los segmentos cóncavos próximos a la cima de la semiesfera, se ha representado una hueste de ángeles escoltando a nuestro señor común… El ábside que se levanta sobre el santuario reluce con la imagen de la Virgen que extiende sus brazos sin mancha en favor nuestro e intercediendo por la seguridad y las hazañas del emperador sobre sus enemigos. Un coro de apóstoles y mártires, de profetas y patriarcas llena y embellece toda la iglesia con imágenes…

Iglesia Nuestra Señora del Faro?, según la Homilia X de Focio. Cyril Mango, The art of Byzantine Empire, 312-1453 (Sources and documents), 1972, pp. 185-186. Tomado de J. Yarza y otros (ed.), Fuentes y Documentos para la Historia del Arte. Arte Medieval I. Alta Edad Media y Bizancio, G. Gili, Barcelona, 1982, nº 128, pp. 235-238.

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El Patio de los Leones

Patio de los Leones en la Alhambra

Este antiguo y fantástico Palacio posee una magia singular, un especial poder para hacer recordar sueños y cuadros del pasado, y para presentarnos desnudas realidades con las ilusiones de la memoria y de la imaginación. Sentía yo, pues, una inefable complacencia paseándome entre aquellas «vagas sombras», buscando los sitios de la Alhambra que más se prestaban a estas fantasmagorías de la imaginación; y nada era tan adecuado para el caso como el Patio de los Leones y sus salones adyacentes. Aquí ha sido más benigna la mano del tiempo: los adornos moriscos, elegantes y primorosos, existen casi en su primitiva brillantez. Los terremotos han conmovido los cimientos de esta fortaleza y agrietado sus más fuertes muros; sin embargo, ¡ved!, ni una de estas delgadas columnas se ha movido, ni se ha desplomado ningún arco de ese ligero y frágil templete; toda la obra de hadas de estas cúpulas, tan delgadas -al parecer- como los delicados cristales de la mañana de escarcha, se conserva, después de un período de siglos, en tan perfecto estado como si acabase de salir de la mano del artista musulmán. Escribía yo en medio de estos recuerdos del pasado, en las plácidas horas de la mañana y en el fatal Salón de los Abencerrajes; la fuente manchada de sangre, monumento legendario de la degollación de aquellos magnates, estaba delante de mí, y el elevado surtidor de ella salpicaba sus gotas sobre mi escrito. ¡Cuán difícil se hacía el armonizar la antigua tradición de sangre y de violencia con la dulce y apacible escena que me rodeaba! Todo parecía preparado de antemano para inspirar buenos y dulces sentimientos, porque todo era allí delicado y bello: la luz penetraba plácidamente por lo alto, al través de las ventanas de una cúpula pintada y decorada como de mano de hadas; por el amplio y labrado arco del pórtico contemplaba el Patio de los Leones iluminado por el sol, que enviaba sus rayos a lo largo del peristilo, reverberando en las aguas de la fuente; la alegre golondrinilla revoloteaba en torno del patio y después se elevaba y partía trinando melodiosamente por encima de los tejados; la laboriosa abeja libaba zumbando por los jardines, y las pintadas mariposas giraban de flor en flor, jugando unas con otras en el embalsamado ambiente. No se necesitaba más que un débil esfuerzo de la imaginación para figurarse alguna pensativa beldad de harén paseándose por aquella apartada mansión de la voluptuosidad oriental.

Sin embargo, el que quiera contemplar este sitio bajo un aspecto más conforme con sus vicisitudes, visítelo cuando las sombras de la noche roban su luz a aquel hermoso patio y echan también un velo a los salones contiguos. Entonces nada hay tan dulcemente melancólico ni tan en armonía con la historia de su pasada grandeza.

A esas horas del ocaso visité en cierto día la Sala de la Justicia, cuyas soberbias y oscurecidas arcadas se extienden a un extremo del patio. En tal sitio se celebró ante Fernando e Isabel y su triunfante comitiva la solemne ceremonia de una misa de gracias al tomar posesión de la Alhambra. La cruz puede todavía verse en el punto donde se levantó el altar y en el que ofició el gran cardenal de España y otros dignatarios eclesiásticos del país. Me imaginaba yo entonces la escena que presentaría esta regia estancia cuando se vio ocupada por los ufanos conquistadores; la mezcla de mitrados obispos y tonsurados frailes, caballeros cubiertos de acero y cortesanos vestidos de seda, el cómo cruces y báculos y religiosos estandartes se confundirían con los arrogantes pendones y banderas de los altos personajes de Aragón y de Castilla, desplegados en señal de triunfo en los moriscos salones; me figuraba también a Colón, al futuro descubridor del Nuevo Mundo, humilde y olvidado espectador de la fiesta, ocupando un modesto sitio en un apartado rincón; y veía, por último, allá en mi mente, a los Católicos Soberanos postrándose delante del altar elevando un himno en acción de gracias por su victoria, y resonando en las bóvedas los sagrados acordes y la grave entonación del Tedeum.

Pero la pasajera ilusión, el vano fantasma de la imaginación huyó, como los pobres musulmanes sobre quienes habían triunfado. El salón donde se celebró la victoria estaba derruido y solitario, no oyéndose sino el aleteo del murciélago en las oscuras bóvedas, o la lechuza lanzando sus gritos siniestros desde la vecina Torre de Comares.

Al entrar en el Patio de los Leones uno de los días siguientes me sorprendí sobremanera viendo un moro cubierto con su turbante, pacíficamente sentado junto a la fuente. Creí al pronto ver tornada en realidad alguna de las supersticiones de aquel sitio y que algún antiguo habitante de la Alhambra habría roto el manto de los siglos, volviéndose ser visible. Pero no tardé en reconocer que era un simple mortal, un tetuaní de Berbería, que tenía una tienda en el Zacatín de Granada, donde vendía ruibarbo, quincalla y perfumes. Hablaba correctamente el español, y conversé con él, pareciéndome despejado e inteligente. Me dijo que subía la Cuesta muy a menudo en el verano para pasar una parte del día en la Alhambra, en donde recordaba los antiguos palacios de Berbería construidos y ornamentados de un modo semejante, aunque nunca con tanta magnificencia.

Mientras nos paseábamos por el Palacio, me llamó él la atención sobre algunas inscripciones arábigas, que encerraban gran belleza poética.

-¡Ah, señor! -me dijo-. Cuando los moros dominaban en Granada eran una gente más alegre que hoy. No se cuidaban más que del amor, de la música y de la poesía. Componían versos con pasmosa facilidad, y los cantaban al son de la música. Los que hacían mejores estrofas y los que tenían mejor voz podían estar seguros de obtener favor y preferencia. En aquellos tiempos, si alguno pedía pan, se le respondía que compusiese una canción, y el más pobre mendigo, si pedía limosna en verso, era recompensado a menudo con una moneda de oro.

-Y esa afición popular a la poesía -le pregunté-, ¿se ha perdido completamente entre ustedes?

-De ningún modo, señor; la gente de Berbería, aun los de las clases más bajas, componen todavía canciones bastante buenas, como en otros tiempos, pero no se recompensa hoy el talento como entonces; el rico prefiere en la actualidad el sonido del oro al de la poesía y la música.

Hallábase hablando así cuando se fijó en una de las inscripciones que profetizaban el poderío y la imperecedera gloria de los monarcas musulmanes, señores de esta fortaleza. Movió su cabeza, se encogió de hombros y la vertió al español.

-Así hubiera sucedido -exclamó-, y los musulmanes reinarían todavía en la Alhambra, si Boabdil no hubiese sido un traidor y no hubiera entregado la ciudad a los cristianos; pues los Monarcas Católicos no habrían podido nunca conquistarla por la fuerza.

Traté de vindicar la memoria del desgraciado Boabdil contra esta difamación, y demostrar que las disensiones que acarrearon la caída del trono musulmán fueron debidas a la crueldad de su padre, que tenía el corazón de un tigre; pero el moro no admitió esta disculpa.

-Muley Hassan -dijo- pudo ser cruel; pero fue bravo, activo y patriota. Si le hubieran ayudado, Granada sería todavía nuestra; pero su hijo Boabdil desbarató sus planes, quebrantó su poder y sembró la traición en su Palacio y la discordia en sus huestes. ¡La maldición de Dios caiga sobre él por su traición!

Pronunciadas estas palabras, el moro se retiró de la Alhambra.

La indignación de mi compañero el del turbante venía bien con la siguiente anécdota que me contó un amigo mío, y fue: «que durante un viaje por Berbería tuvo una entrevista con el Pachá de Tetuán. El gobernador morisco le significó particular interés en sus preguntas sobre este país, y con especialidad en lo que concernía a las hermosas provincias de Andalucía, a las delicias de Granada y a los restos de la regia Alhambra. Las respuestas de mi amigo despertaron en él todos esos recuerdos, tan profundamente adorados por los moros, del poder y esplendor de su antiguo imperio en España; y, volviéndose a sus servidores musulmanes, el Pachá se mesó la barba y exhaló tristes y apasionadas lamentaciones porque centro tan poderoso se hubiera caído de las manos de los verdaderos creyentes. Se consoló, sin embargo, cuando supo que el poder y prosperidad de la nación española estaban en decadencia, creyendo que vendría un tiempo en que los moros reconquistarían sus perdidos dominios, no estando quizá muy lejano el día en que los ritos de Mahoma se celebrarían en la Mezquita de Córdoba, y en que algún príncipe mahometano tuviera de nuevo su trono en la Alhambra».

Tal es el deseo y la creencia general de los moros de Berbería. Ellos consideran a España, y especialmente a Andalucía, como su legítimo patrimonio, del cual fueron despojados por traición y violencia. Estas ideas se confirman y perpetúan entre los descendientes de los proscritos moros de Granada diseminados por las ciudades de Berbería. Algunos de ellos residen en Tetuán, conservando sus antiguos nombres, tales como Páez y Medina, y uniéndose en matrimonio con familias que presumen ser del mismo elevado origen. Su ponderado linaje es mirado con cierta popular deferencia, rara vez demostrada entre las familias mahometanas por ningún rango hereditario, excepto por la familia real.

Los vástagos de estas estirpes -según se dice- continúan suspirando por el terrestre paraíso de sus antecesores, y entonan preces en sus mezquitas todos los viernes, implorando de Allah que llegue el tiempo en que Granada vuelva a ser restituida a los fieles, suceso que esperan con tanta avidez y confianza como tenían los cruzados cristianos en recobrar el Santo Sepulcro. Añadamos aún que algunos de ellos conservan los antiguos planos y escrituras de las posesiones y jardines de sus antepasados de Granada, y aún tienen las llaves de sus casas, enseñándolas como testimonio de su hereditario derecho, para presentarlas en el soñado día de la restauración.

El Patio de los Leones tiene también su repertorio de leyendas maravillosas. Ya he mencionado la vulgar creencia en los lúgubres ecos y ruidos de cadenas producidos de noche por los espíritus de los degollados Abencerrajes. En una de las reuniones nocturnas en la casa de doña Antonia contó Mateo Jiménez un hecho que ocurrió en tiempos de su abuelo, el famoso sastre:

«Había un soldado inválido que estaba encargado de enseñar la Alhambra a los extranjeros. Cierta noche, entre dos luces, pasando por el Patio de los Leones, oyó pasos en la Sala de los Abencerrajes.

»Suponiendo que se hallaba dentro algún curioso, se llegó para acompañarle, cuando vio con gran asombro cuatro moros ricamente vestidos, con brillantes corazas y cimitarras y puñales cuajados de piedras preciosas. Movíanse de un lado a otro con paso grave y solemne, súbitamente se pararon y le hicieron señas para que se acercase; pero el viejo militar echó a correr, y no pudo nadie hacer que volviera a entrar jamás en la Alhambra.» De este modo los hombres vuelven algunas veces la espalda a la fortuna, pues -según la firme opinión de Mateo- los moros querían revelarle el sitio donde se hallaban escondidos sus tesoros. «Un descendiente del inválido fue más avisado que él; vino a la Alhambra, pobre; y, al cabo de un año, se fue a Málaga, compró casas, echó carruaje, y todavía vive allí, siendo uno de los hombres más respetados y poderosos de aquella ciudad.» Todo lo cual -según sospechaba sabiamente Mateo- fue por consecuencia de haber encontrado el tesoro de los fantásticos moros aparecidos.

Washington Irving. Cuentos de la Alhambra.

Fotografía: José Luiz Bernardes Ribeiro

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Los viajes de Néstor

Hoy propongo viajar a través de la vida y de los viajes de un pintor que merece todo nuestro reconocimiento. Me refiero al pintor y diseñador grancanario Néstor Martín-Fernández de la Torre, conocido con el nombre artístico de Néstor. Y lo vamos a hacer a través del libro Néstor. Crítica y contexto de Aitor Quiney de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria.

Néstor nació y murió en Las Palmas de Gran Canaria y vivió entre los años 1887 y 1938. Pese a esta circunstancia, Néstor fue un gran viajero y vivió largas temporadas en Barcelona, Madrid o París. Néstor desde luego supo jugar bien sus cartas. No era fácil en su tiempo ser dandi, masón y homosexual, pero él no renunció a vivir la vida como la sentía, pese a los prejuicios y a las malas críticas de algunos personajes de la época.

 

Seguimos la vida y el arte de Néstor de acuerdo con el libro.
La primera parte corresponde a su período de juventud entre los años 1900 y 1913. Muy jovencito marcha a Madrid, pero pronto se marcha a París donde va a descubrir la pintura Simbolista. De hecho siempre se ha considerado a Néstor simbolista aunque esta afirmación no es cierta al madurar como artista. Tras su periplo por Europa se asienta una larga temporada en Cataluña donde se aferrará al círculo Modernista catalán. De este período inicial quiero destacar su lienzo Berenice (como el relato de Poe) que también pudo haberse llamado Saturnal. Es un claro ejemplo de pintura Simbolista a la que algunos han comparado con el alemán Arnold Böcklin o el francés Gustave Moreau.

La segunda etapa artística de Néstor comienza más o menos en 1914-15 cuando llega de nuevo a Madrid para vivir aquí 10 años. Lo curioso es que los críticos de arte se olvidan de toda su etapa anterior y hablan de él como un autor nuevo. Lo curioso de este período es que Néstor comienza a mirar a su isla, a Gran Canaria, que a partir de entonces va a estar muy ligada a su pintura. En este sentido va a comenzar un conjunto de 8 lienzos titulado El poema del Atlántico. Y de esta fase destacar de nuevo un tema simbolista: Degollada, haciendo honor a las decapitaciones típicas de las Salomés y Judiths que proliferan en toda Europa. De hecho, en esa época Julio Romero de Torres pintará a una santa degollada como la suya.

En esta época en Madrid se relaciona con el círculo de la Residencia de Estudiantes: Lorca, Dalí, Alberti y Gustavo Durán, de quien será pareja. De hecho, sabemos que Dalí admiraba a Néstor y todos los días pasaba por su estudio a deleitarse con su obra. Y es que el estudio de Néstor, aparte de estar adornado por sus obras tenía telas, marcos totalmente barrocos y entrar allí era toda una experiencia. Vamos, que Néstor era un dandi hasta las últimas consecuencias.

A partir de 1927 el trabajo artístico de nuestro artista va a variar, tanto en el soporte como en el estilo. Va a comenzar a realizar escenografías y figurinismo para los ballets de Antonia Mercé, también conocida como La Argentina. Podemos citar obras como El amor brujo de Manuel de Falla o Barba Azul de Jacinto Grau donde Néstor nos sorprende. Pero la obra más rompedora fue El fandango de candil donde Néstor dio rienda suelta a su creatividad con un gran escenario distorsionado e inclinado hacia abajo, en un estilo muy próximo al Expresionismo Alemán que nos recuerda mucho a películas como El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene o Frankenstein de James Whale.

Pero aquí en Madrid pareció no gustar mucho este estilo tan avanzado de Néstor. Así que en 1930 se marcha a París donde sí que va a ser reconocido su trabajo. De hecho allí realizó una exposición antológica sobre su obra donde se pudo ver su Poema del Mar o Poema Atlántico, ya terminado con sus 8 paneles, los diseños escenográficos para La Argentina, 8 de sus sátiros así como dibujos hasta un total de 137 obras. Este fue sin duda el auge de su carrera.

Regresó pronto a las Palmas donde comienza la última fase de su obra. En este momento se va a fijar mucho más en su tierra y sus obras van a reflejar costumbres de la época así como tradiciones de las Islas Canarias. También hizo algunos encargos en Tenerife. Digamos que, al igual que otros pintores de su época, en su madurez se retiró a su patria y su producción de volvió, de alguna manera, nacionalista pero en el buen sentido de la palabra.

La obra de Néstor está ciertamente dispersa. Además, al ser un pintor inmerecidamente poco reconocido, pocos cuadros hay en grandes museos. Están sobre todo en colecciones privadas. No obstante, en su tierra natal si que han querido rendirle su merecido homenaje y allí tenemos el Museo Néstor, en la Calle Francisco González Díaz.
Así que aprovecho a recomendar a los lectores que estén cerca de las Palmas que no dejen de ver este museo pues estoy seguro de que la obra de Néstor no les va a dejar indiferentes.

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El monte Sinaí

Quinto Vórtice
El monte Sinaí

La pelea de las montañas

Cuenta la historia, que cuando las montañas escucharon que Adonai iba a entregar la Torá al pueblo de Israel, corrieron todas al desierto y comenzaron a pelearse entre ellas:
El monte Carmel le dijo al Monte Tabor: vuelve a tu lugar ya que sobre mi entregarán la Torá.
El monte Tabor le contestó al Carmel: regresa al lugar de donde saliste, ya que sobre mi será entregada la Torá.
“Yo soy la montaña más alta”, dijo una. “No”, dijo otra, “Yo soy la montaña más empinada y por lo tanto la Torá debería entregarse sobre mi”.
Llegó también el Monte Tzofim y dijo que debía ser el elegido, porque está muy cercano a la ciudad de Ierushalaim.
Y el monte Sinaí quedó a un costado y dijo para sí: ¿Quién soy yo para que sobre mí se entregue la Torá?
Y Adonai hizo regresar al monte Carmel, Tabor y Tzofim a sus lugares después de escuchar la pelea: no entregaré la Torá sobre ustedes, sino sobre el Monte Sinai. Y dice el Midrash que fue entregado, no por ser el más alto, o bello, o cercano a algún lugar, sino por ser el más humilde.

Según Midrash Shojer Tov

 

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La Gran Pirámide

Quinto Vórtice
La Gran Pirámide

… Cuando la raída galabeya negra del guía y la casaca azul de su general se perdieron por el pasadizo que les había conducido hasta allí, Napoleón apenas tuvo un par de minutos para situarse. Pasado ese tiempo, como si lo hubieran calculado todo con precisión de relojero, su antorcha murió.
Bonaparte se estremeció. Fue como si las puertas de la pirámide se hubieran cerrado de golpe y para siempre.
La oscuridad cubrió el recinto sin miramiento: la entrada al lugar, las dos pequeñas aberturas cuadradas practicadas en las paredes norte y sur de la sala que se perdían muro adentro con destino incierto, así como el gran cofre de granito que presidía la estancia, se sumergieron en una noche repentina y densa.
Todo había quedado cubierto por aquel espeso velo negro. De hecho, el arcón era lo único que había llamado su atención. Se trataba de un tanque suficientemente holgado como para recibir a un hombre en su interior.
¿Era allí donde debía vaciar su alma? ¿A oscuras? ¿Sería en ese lugar donde se determinaría su «peso»? Y en ese caso, ¿cómo?
• La pirámide os guiará -le había advertido Elías Buqtur horas antes, sin anunciarle que le abandonaría a su suerte-. Dejaros llevar por el sagrado poder que legaron a la posteridad los antiguos señores de Egipto. No os resistáis. No tratéis de comprender. Aceptad sólo lo que os llegue.
Napoleón a duras penas podía imaginar que un cofre tan simple hubiera albergado alguna vez el cadáver de un rey. Y que una habitación tan austera hubiera sido en tiempos el sepulcro de un faraón. Fue un error. Perfectamente rectangular y construida con grandes bloques de piedra milimétricamente encajados entre sí, la grandeza del lugar necesitaba cierto tiempo y capacidad de observación para ser apreciada en su justa medida.
La perfección de sus formas, su acabado armonioso y sencillo, la ausencia de inscripciones o adornos superfinos, parecían propios del santuario de una poderosa divinidad dormida, abandonado mucho antes de que el gran Alejandro llegara al Nilo, y probablemente saqueado una y mil veces antes de la visita del corso.
La idea le inquietó.
Con meditada suavidad, casi por instinto, palpó el extremo izquierdo de su fajín en busca de la empuñadura del sable. El mango frío le tranquilizó. Si le salía al paso algún imprevisto, sabría defenderse.
Pero ¿defenderse de quién? ¿O de qué? ¿Acaso no le había advertido Elías que su peor enemigo allá dentro, acaso el más terrible de sus adversarios, sería él mismo? ¿No era aquella una más de las pruebas que le tenía reservada la misteriosa hermandad en la que militaban su intérprete y – ya no lo ponía en duda- su propio general Kléber? ¿O quizá se había confiado demasiado al acompañarlos solo, sin escolta, hasta la peligrosa meseta de Giza, donde ningún extranjero se atrevía a adentrarse sin una fuerte protección militar?
Y decidido, el joven general buscó a tientas el tacto liso y gélido del granito. Tras localizar los perfiles del tanque exactamente donde lo recordaba, se encaramó a uno de sus extremos, tumbándose a todo lo largo que era en su interior. No podía perder nada. Estaba dispuesto a aguardar a que los acontecimientos se sucedieran sin su intervención y resolver aquella embarazosa situación por la más pasiva de las vías.
• ¿Qué quiso decir Elías con que vaciara aquí mi alma para dejármela pesar? -se preguntó mientras apoyaba su espalda contra el fondo del tanque.
Fue entonces cuando Napoleón Bonaparte, el líder de las tropas de ocupación de Egipto, hizo un descubrimiento terrible: aquel ataúd tenía exactamente sus medidas…

Javier Sierra
El secreto egipcio de Napoleón (extracto)

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El Círculo de Piedras de Avebury

Cuarto Vórtice
El Círculo de Piedras de Avebury

“Realmente creo que tuvo que ser un templo patriarcal, como los demás del mismo tipo y que hemos descrito también, en el que se rendía culto al verdadero Dios.”

William Stukeley
Sobre Avebury

Sobre el gran círculo neolítico de Avebury los arqueólogos han encontrado un sorprendente y al parecer único monumento cuadrado debajo del círculo de piedra de Avebury:

«Nuestra investigación ha revelado megalitos desconocidos en el famoso círculo de piedra de Avebury… Hemos detectado y mapeado una serie de piedras prehistóricas que fueron ocultadas posteriormente junto con las posiciones de otras probablemente destruidas durante los siglos XVII y XVII. Juntas, revelan un sorprendente y aparentemente único monumento cuadrado megalítico dentro de los círculos de Avebury que tiene el potencial de ser una de las primeras estructuras en este lugar.»

Mark Gillings, director en la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester

«Nuestro cuidadoso programa de prospección geofísica finalmente ha completado el trabajo iniciado por Alexander Keiller (el arqueólogo que inició las excavaciones en 1939). Se ha demostrado que la línea de piedras que identificó es el lado de un cuadrado de megalitos de unos 30 metros de ancho y que encierra un obelisco. También son visibles líneas cortas de piedras erectas que irradian desde este cuadrado y conectan con el círculo interno del Sur. Círculos megalíticos son bien conocidos desde el momento en que Avebury fue construido a finales del Neolítico (III milenio antes de Cristo), pero la configuración megalítica de un cuadrado es muy inusual».

Joshua Pollard de la Universidad de Southampton

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Abadía de Glastonbury

CUARTO VÓRTICE
Abadía de Glastonbury
La Abadía se encuentra en pleno centro de Glastonbury. Solo quedan sus ruinas, pero, aun así, se siente la fuerza de lo que en su día tuvo que ser esta colosal construcción.
Se cree que cuando estuvo en pie, pudo haber tenido el aspecto que muestra la maqueta.
Enmarcada dentro de un recinto de casi 14 hectáreas, contiene un micro mundo donde se palpa en el aire toda su historia y leyenda.

Se dice que esta iglesia fue fundada mucho antes que la iglesia de Roma, por José de Arimatea, contando con la ayuda y conexión Druídica y en honor a la Diosa. Más tarde se dijo que José de Arimatea hizo construir aquí una iglesia en honor a la Virgen María.

Pero se sabe también que mucho antes, José de Arimatea traía aquí a su joven sobrino Jesús para que fuera educado en los misterios de la Diosa ya que los Druidas y Druidesas lo reconocieron como una reencarnación del legendario guerrero celta Cu Chulain y que por eso le llamaban el Archidruida.

En el año 704 bajo el mandato del Rey Ine, se construyó en este paraje una iglesia en honor de San Pedro y San Pablo, y este centro de culto se convirtió en el monasterio más rico y más visitado del país donde llegaban peregrinos de todas partes de Europa.

San Dunstan fue Abad entre los años 940 y 956, y, un incendio devastador destruyó casi por completo el edificio en el año 1184.
Sus posteriores abades la reconstruyeron con la ayuda de donaciones hasta que con el reinado de Enrique VIII y sus malas relaciones con la iglesia de Roma, cesaron los donativos y cuidados tanto para ésta como para otras fundaciones, ensañándose particularmente con la Abadía de Glastonbury, llegando incluso a asesinar por decreto, al abad de la época Richard Whiting.
Fue Thomas Cronwel quien mando ejecutarlo brutalmente acusándolo de alta traición al rey. Resulta anecdótico que un año más tarde, el propio Thomas Cronwel también fuera acusado de alta traición y ejecutado.
La Abadía, Glastonbury, Avalon, Druidas, Druidesas…. todo quedo en el olvido hasta el siglo XIX con el resurgir de las leyendas artúricas. De alguna manera, fue Arturo, el Grial y la Dama del Lago quienes impidieron que las ruinas de la Abadía y la magia y herencia de Avalon fueran destruidas y olvidadas, pues la inspiración de poetas, escritores, pintores y personas sensibles, trajeron de nuevo al presente todo el poder de Avalon, y así hoy en día podemos visitar esta Abadía y sentir toda la grandeza que en este lugar un día fue esplendorosa.
Fue en 1911 cuando unos monjes extendieron la noticia del hallazgo casual de la tumba del rey Arturo y de Ginebra debajo de una piedra en la que encontraron una cruz de plomo con la siguiente inscripción en latín:
Hicfacet sepultus inclitus rex arturius in insula avalonia
Aquí yace enterrado el ínclito rey Arturo, en la isla de Avalón

Y más abajo se encontró el esqueleto de un hombre que tenía en sus manos un mechón de pelo rubio que se supuso perteneció a la Reina Ginebra.

Se colocaron estos restos en una tumba de mármol negro frente el altar principal de la Abadía,
Se mezcla la historia y la leyenda en un acto continuado de descrédito por parte de algunos monarcas como Enrique II en su afán de desprestigiar la existencia del rey Arturo, los Druidas, y todo lo que a religión pagana o católica tuviera referencia, por lo que aquí, como en otros lugares mágico-sagrados, tenemos que centrarnos en lo que nuestra intuición y nuestro corazón nos diga.
Se dice que algunas noches el fantasma del Abad, que injustamente fue ajusticiado, ronda por este lugar.
Hoy en día la Abadía pertenece al fideicomiso diocesano de las ciudades de Bath y Wells.
Emblemático de Glastonbury es el cuervo y aquí, en la Abadía podremos ver cuervos en todos los magníficos árboles.
Para la tradición celta, los árboles son de vital importancia (como podrás ver en otro apartado) y aquí en la Abadía, podemos conectarnos al ejemplar por el que cada uno de nosotros se sienta atraído.
Especiales son los manzanos. La misma palabra Avalon quiere decir manzano, siendo, además, el árbol y fruto de la Diosa.
Dentro del recinto de la Abadía sigue estando el antiguo huerto de los manzanos de las sacerdotisas de la Diosa.
Tomado de la página de Lina Linares

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Uluru y Kata Tjuta

TERCER VÓRTICE

Uluru y Kata Tjuta

Cuenta una leyenda de los aborígenes australianos, que una vez se libró una terrible batalla en Uluru durante el Tiempo de los Sueños, cuando un pueblo conocido como Los Hombres Serpiente Venenosos, atacó para dar muerte a los pueblos que habitaban la zona, Los Hombre Serpiente no Venenosos, pero Bulari, la Diosa madre de la Tierra, logró vencerlos con una nube de gases letales.
Muchos de los Hombres Serpiente, permanecen encerrados en una prisión bajo el Uluru, el punto más sagrado de toda Australia, más conocido por el nombre de Ayers Rock, una enorme colina de granito que cambia de color durante el día y asombra a cuantos la visitan, por constituir una de las maravillas del mundo mineral.
Ayers Rock, lugar de una de las más importantes batallas durante el Tiempo de los Sueños.
Cuenta la leyenda, que aún se encuentran encerrados en el interior de la montaña los cuerpos de algunos de los Hombres Serpientes.
Se dice que otras batallas se libraron entre el Dios del Sol -que llegó del cielo en una nave- y el Dios de la Tierra en Moon City o Ciudad Secreta, otro punto sagrado del territorio australiano. Para los aborígenes estos lugares son los restos de ciudades construidas por los Arientas y Luritchas, seres que eran mitad hombre y mitad animal.
Mito australiano

Fotografía: Thomas Schoch

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Machu Picchu

 

SEGUNDO VÓRTICE

MACHU PICCHU
¿Esconde algo Machu Picchu?
«Desde 1998 dedico mis investigaciones a la presencia permanente de los incas en la selva amazónica, el Antisuyo. Uno de los objetivos principales consiste en localizar el Paititi, la mítica ciudad perdida de los incas. También me interesa el estudio de la qellcca, la escritura perdida de esta civilización. En los últimos años hemos encontrado decenas de magníficos complejos arqueológicos al norte del departamento de Cuzco: ¡Fortalezas, necrópolis y ciudadelas completas! Pensamos que la ciudad principal, la que controlaba este territorio, no está tan lejos de nuestra zona de investigación…
Cuando recibí el primer mensaje de David Crespy pensé que era uno de esos iluminados que siempre me escriben sobre temas esotéricos. Hablaba de una puerta visible pero invisible, algo un poco confuso. Pero cuando me envió las fotografías de esta supuesta puerta cambié de opinión, no me lo podía creer. Además, sus explicaciones ulteriores eran muy claras y muy lógicas, pensé que podía confiar en su testimonio…
“La idea de que este edificio pudiera ser una sepultura real, la tumba de Pachacuti, me vino rápidamente a la mente: el edificio domina todo el sector urbano y está localizado a 20 metros de la entrada principal de Machu Picchu. Además, de acuerdo con las tradiciones y según varios arqueólogos como el peruano Guillermo Lumbreras o la historiadora española Carmen Martín Rubio, el noveno soberano inca, fundador del Tauhantinsuyu, fue inhumado en Machu Picchu. El vano de acceso o puerta que localizó David Crespy podría corresponder a la entrada a la tumba de Pachacuti…
“Tras un primer contacto con la ciuadela no lo dudé, se trataba de un contexto funerario. Gracias al trabajo de campo realizado el pasado mes de abril, hemos podido comprobar nuestra hipótesis…
“Los resultados fueron increíbles. Detectamos la presencia de varias gradas, situadas un metro por detrás de la entrada, además de la presencia de metal en las gradas, tal vez objetos funerarios dentro de hornacinas. Estas gradas conducen a una gran cámara de forma cuadrangular. Los georadares detectaron la presencia de más de una decena de cavidades, algunas más pequeñas, tal vez sepulturas de niños, además de varios depósitos de material no ferroso: oro y plata…
“Es un asunto delicado, ya que podría tratarse de un hallazgo muy importante y casi se ha convertido en un asunto de Estado. Varios responsables de los ministerios competentes nos explican que hay políticos que prefieren que sean arqueólogos peruanos quienes realicen la apertura, aunque nuestro grupo está compuesto por un 90% de profesionales de este país. Estamos esperando la respuesta oficial… Podría tratarse de la tumba más grande de todos los incas, de Pachacuti, que es el Napoleón o el Julio César de la civilización inca…

Thierry Jamin
Tomado de una entrevista para el National Geographic por Alec Forssmann, 14 de febrero de 2013

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Tiwanaku o Tiahuanaco

SEGUNDO VÓRTICE

Tiwanaku o Tiahuanaco

“Mientras las últimas partes del continente Mu se despedazaban en el Océano Pacífico, terribles catástrofes tenían lugar en toda la tierra. La cadena Andina de montañas surgió en aquella época, y desfiguró la costa este de América del Sur. La ciudad de Tiahuanaco era un importante puerto de mar, y una ciudad colonial del imperio Lemur de gran magnificencia e importancia. Durante el cataclismo se elevó sobre el nivel del mar, y el clima suave y tropical se reemplazó por el helado clima polar de las altas mesetas eternamente barridas por el viento. Antes de que esto tuviera lugar no existía el lago Titicaca. Aquí en lo alto de las ruinas. El señor Aramu-muru (conocido también por Meru o Manu) ordenó que se construyera el Monasterio con gigantes bloques de piedra cortados por la energía de la fuerza lumínica primaria. Esta construcción ciclópea es igual hoy a la que fue en otro tiempo, y sigue siendo un repositorio de la ciencia, la cultura, y el conocimiento arcano de los Lémures. El señor Aramu-muru es miembro de la raza Ciclópea, y esta es conocida con el secreto y arcano conocimiento como la raza de los “Eles”. Eran Titanes que viajaban por el camino de las estrellas. Para llegar a la Tierra atravesaron el espacio siguiendo todos los grandes ciclos del tiempo. Tenían 4 metros y eran hombre y mujer, pero no de la manera que consideramos hoy la diferenciación sexual.”

George Hunt Williamson, más conocido como Brother Philip
El Secreto de los Andes