El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

El tríptico de El jardín de las delicias es la pieza fundamental de la exposición retrospectiva que el Museo del Prado ha celebrado con motivo del quinto centenario de la muerte (1516-2016) del Bosco. destaca la vigencia de esta obra inabarcable y enigmática, sin fecha ni firma, algo habitual en las obras de este artista.

Cada siglo ha interpretado de diferentes modos al Bosco: el inventor de monstruos y quimeras grotescas, el traductor visual de las metáforas bíblicas, el pintor diabólico del horror y el misterio, o el surrealista avant la lettre creador de extrañas pesadillas. Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, era «el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente».

no voy a hablar aquí de la totalidad de su obra El jardín de las delicias, sino de un aspecto fragmentario, del bestiario antropomórfico que habita en este tríptico, para intentar descifrar algún enigma a través de ciertas palabras e iconografías claves: «H» de herejía» e «híbrido». «O» de «ornitorrinco». «B» de «búho». «P» de «paraíso». «C» de «cuerpo» y «culo». «E» de «escatología». «S» de «suplicios».

Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, [el Bosco] era ‘el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente’.

 

«H» de «herejías medievales»: la secta de los adamitas

Jeroen van Aken (c. 1450-1516), más conocido como Hieronymus Bosch, nació y vivió en Bolduque (´s-Hertogenbosch, Holanda), de donde tomó su nombre. Pertenecía a una familia de artistas del gremio de los pintores. Las obras del Bosco pertenecen al estilo gótico, pues conservan una mentalidad medieval muy alejada del estilo renacentista de la época. en ellas coexisten en extraña sintonía las ciencias ocultas, la alquimia y la Biblia. En 1488 se unió a la Hermandad de Nuestra Señora, a la que pertenecían también su padre y su adinerada esposa. Era esta una elitista cofradía ultraortodoxa, lo que contrasta fuertemente con el contenido heterodoxo de las obras del Bosco. En una época en la que la Inquisición reprimía brutalmente toda forma de expresión contraria al dogma, pertenecer a una cofradía tan reputada podía ser la mejor manera de ocultar las herejías que se le atribuyen al Bosco, las cuales se desvelan en forma de enigmas en su tríptico.

El Bosco. «Infierno», El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Wilhem Fraenger, en su obra Hieronymus Bosch. Das Tausendjährige Reich (1945), defiende la tesis de que el Bosco pertenecía a la secta herética de los Hermanos del Espíritu Libre o adamitas; esta teoría aparece también en el libro de Javier Sierra, El maestro del Prado (2013). La secta estaba arraigada en Flandes desde el siglo xiii, precisamente en la ciudad natal del Bosco: Bolduque. Las herejías eran una respuesta al poder avasallador de la Iglesia y sus dogmas fanáticos. la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria. por ello practicaban sus rituales desnudos y en cuevas, en plena naturaleza, como un modo de regeneración espiritual. precisamente son los cuerpos heréticos y desnudos de los adamitas los que pueblan El jardín de las delicias.

la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria

Pero ¿cuál es el origen de este tríptico? ¿Quién y por qué lo encargó? ¿Es acaso una Biblia herética?

Aunque El jardín de las delicias (1490-1500) está realizado en forma de tríptico, no fue creado para ninguna iglesia; fue encargado por un miembro de la familia real de Holanda, posiblemente Engelberto II de Nassau o su sobrino Enrique III de Nassau. Ambos pertenecían, como el Bosco, a la cofradía de Nuestra Señora, y posiblemente también a la secta adamita. La obra oculta el retrato de dos hombres en una cueva, los cuales han sido atribuidos respectivamente al pintor y al aristócrata que la encargó, como una firma iconográfica y críptica.

Jacques Le Boucq. Retrato de Jheronimus Bosch, c. 1550. Carboncillo y sanguina sobre papel. Biblioteca Municipal de Arrás, Francia.

El cuadro, que se encontraba en el Palacio Real de Bruselas, fue confiscado por los españoles a los herederos de la casa de Orange y subastado junto con El carro de heno y Mesa de los pecados capitales. Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación; tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno.

Entresacado: “Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación, tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno”

 

Bestiario monstruoso

– «B» de «búho» y «O» de «ornitorrinco»

El tríptico se cierra con dos puertas pintadas en la escala de grises, las cuales representan el tercer día de la creación del mundo. En ellas hay sendas leyendas escritas en latín que rezan «Él mismo lo dijo y todo fue hecho» y «Él mismo lo ordenó y todo fue creado». Una imagen de Dios preside el orbe cristalino que sustenta una tierra plana y rodeada de agua translucida, tal como convencionalmente se la representaba.

La tabla izquierda está dedicada al paraíso, con Dios presentando a la recién creada Eva a un Adán sedente. Por encima de ellos vemos la fuente de la vida, que surge de un lago cristalino rodeado de animales míticos, bellos y exóticos. De allí surgen extrañas criaturas, una especie de renacuajos y reptiles, que parecen escindirse y transformarse; como si se tratara de una tabla evolutiva de la vida anfibia casi cuatrocientos años antes de Darwin y el Origen de las especies.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: fuente de la vida, búho, anfibios y reptiles.

En el orbe central de la fuente, desde una especie de globo ocular gigantesco, se asoma un búho o una lechuza; aves asociadas a magos y brujas además de a Atenea, la diosa de la sabiduría. El búho representa el secreto y la clarividencia. Simboliza la unión entre el inframundo, el mundo visible y el celestial. Estas aves aparecen observándonos fijamente en las tres tablas, como si estuvieran en posesión de una verdad oculta solo entendible para los iniciados.

En la parte inferior del paraíso, hay un pozo de agua oscura con todo un bestiario alucinógeno, donde destaca un extraño ser encapuchado (una especie de ornitorrinco leyendo un breviario). Unicornios, grifos, jirafas y elefantes eran animales habituales en el imaginario occidental, pero el ornitorrinco fue desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera este animal? Quizá seamos nosotros quienes traducimos este híbrido a un código visual reconocible. El ornitorrinco es un enigma darwiniano, un oxímoron en sí mismo: anfibio, mamífero y ave a la vez. es el paradigma de todos los seres grotescos que aparecen en este bestiario; de estas criaturas llamadas drolleries (bufonadas o grotescos) que ilustran los manuscritos medievales con todo tipo de animales con actitudes humanizadas, como metáforas de los pecados, deseos y pasiones.

Unicornios, grifos, jirafas o elefantes eran animales habituales en el imaginario Occidental, pero el ornitorrinco era desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera a este animal?

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: poza con criaturas ficcionales y ornitorrinco.

– «C» de «cuerpo» y «culo»

El Bosco también fusiona hombres con animales, reales o míticos, con plantas, con instrumentos y con demonios, creando criaturas que parecen extraídas de Las Metamorfosis de Ovidio. El Edén y el infierno se convierten en una especie de isla laboratorio del Doctor Moreau con sus híbridos contra natura, en el lugar donde habitan los monstruos de la imaginación y la locura, de la represión religiosa y sexual, de las alucinaciones y la magia.

En la tabla central aparece el «jardín de las delicias». En esta Arcadia pagana o paraíso perdido, donde el hombre vivía en armonía con los animales, vemos a seres entregados a una serie de infinitas combinaciones sexuales entre humanos y animales, e incluso a extrañas formas de placer compartido con flores exuberantes y frutas suculentas. Varios lagos surcan la tierra, en referencia a la fertilidad, y esta se hace especialmente presente en la piscina central. Allí aparecen tentadoras mujeres rubias con manzanas en la cabeza, sirenas y algunas jóvenes negras; rodeadas por un desfile de hombres montados sobre unicornios y «gatocornios», camellos, caballos, jabalíes, ciervos, peces voladores… La profusión de aves, de todas las formas y tamaños, es abrumadora; entre ellas aparece algún ornitorrinco, el omnipresente búho que nos taladra con su mirada, y dos ícaros de frágiles alas.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: el cortejo de los caballeros.

¿Pero representan esos cuerpos desnudos de los adamitas una condena de la lujuria, o acaso la celebran sin temor al pecado original? La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual. Estos cuerpos se entregan al placer de los sentidos sin importarles cómo lo obtienen. Vemos culos de los que surgen aves, rostros, flores, frutas o perlas; culos azotados y amoratados; culos como soporte de una partitura o de los que afloran instrumentos musicales… sodomíticas y escatológicas imágenes, pero con diferentes interpretaciones.

La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual

 

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central.: coraza de langosta y adamitas.

– Una temporada en el infierno. «E» de «escatología» y «S» de «suplicios»

La escatología tiene un doble significado en el idioma español: por un lado trata de los excrementos, y por otro es un conjunto de teorías (comunes a diferentes mitologías y religiones) referidas al fin del mundo y la humanidad; en suma, el Apocalipsis. El purgatorio y el infierno cristianos forman parte de esas teorías, que el Bosco traduce de nuevo a su bestiario monstruoso. Así los animales del Edén ya no son objeto de placer, sino que se han convertido en seres infernales con deformaciones grotescas; símbolos de la corrupción del alma humana y ejecutores del castigo por los pecados capitales.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: Instrumentos musicales de tortura y lujuria.

La música se consideraba afrodisíaca y la lujuria se asociaba a «la música de la carne». Los instrumentos de suplicio son armas y artefactos musicales gigantescos: flautas, arpas, gaitas, tambores… Engendros acorazados pululan por este escenario alrededor de la tenebrosa laguna Estigia, congelada y surcada por un ornitorrinco con patines y hombres abocados a naufragar. Algunos seres van vestidos como monjes, y uno de ellos sostiene un largo gancho del que cuelga una llave gigante con un hombre como carnaza; críptico mensaje cuya clave es el hombre desnudo. Decapitaciones, empalamientos y descuartizamientos son la rutina infernal. Un caballero caído portador de un cáliz de oro (tal vez el Santo Grial de reminiscencias artúricas) es devorado por bestias que atraviesan su armadura. Otro caballero, desnudo pero con yelmo, es atravesado con una espada blandida por un híbrido de pez abisal con alas de mariposa.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: la llave del hombre desnudo y los caballeros asesinados.

El amo de este infierno dantesco es un gigantesco pajarraco antropomorfo devorador de hombres, a los que deglute y expulsa, como desechos abyectos, hacia un pozo negro; un sumidero insondable donde un hombre vomita y otro defeca monedas de oro. Vemos la escatología tanto en la fase anal freudiana, asociada a la avaricia, como en el sentido bíblico apocalíptico.

 

Los hombres de la cueva

El Bosco, El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: presunto autorretrato del Bosco.

Pero después de esta lectura fragmentada, ¿se ha conseguido descifrar algún misterio? ¿Era el Bosco fiel transmisor de la ortodoxia religiosa medieval? ¿O por el contrario era un hereje que socavaba desde su interior el dogma católico? Creo que este tríptico desvela una clave sobre el propio autor. Javier Sierra sostiene que, a pesar de no estar firmada, esta obra es sin duda de él, porque encierra una firma visual en forma de autorretrato: en la parte inferior derecha del panel central (correspondiente al paraíso) se ve a dos hombres medio ocultos en una cueva junto a una mujer con una manzana en la mano. El rostro del hombre más oculto ha sido interpretado como un autorretrato del pintor; el otro hombre sería el aristócrata que encargó la obra. Este último es más visible y aparece con el dedo señalando a la Eva/Venus adamita.

Esta firma iconográfica podría ser entendida como el desvelamiento de la pertenencia del artista a la secta adamita, ya que era conocedor en profundidad de sus rituales heréticos. Aunque estos códigos encriptados en las imágenes tienen significados polisémicos inabarcables, los símbolos, alegorías y metáforas escondidos en su obra nos conducen a esta interpretación: en el Bosco, hijo de una época cismática, coexistían la ortodoxia y la heterodoxia, la lujuria y la culpa, lo sublime y lo grotesco, el eterno conflicto entre el orden y el caos.

 

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta 7

 

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