H.P. Lovecraft y August Derleth.

La habitación cerrada y otros cuentos de terror.

Alianza Editorial.

Por Pedro Ortega.

August Derleth fue sin duda uno de los discípulos destacados de Howard Philips Lovecraft. Por su mano fueron sistematizados los Mitos de Cthulhu, quizá la seña identitaria dentro de la obra de este genio del terror. Pues bien, a la muerte de Lovecraft, quedaron inconclusos toda una serie de relatos que su discípulo Derleth se atrevió a terminar.La habitación cerrada

Ante su lectura, efectivamente observamos la señal del maestro pero podemos también atisbar cómo el discípulo trató de ser fiel estilísticamente al maestro aunque no termine de cerrar exitosamente algunos de los relatos aquí presentados. Un ejemplo de ello es un estrambótico “La Hermandad Negra”, en el que un grupo de extraterrestre clonados con la figura de Edgar Allan Poe pretenden conquistar la Tierra.

Pese a estos casos singulares, lo cierto es que hay relatos bastante llevaderos. Muchos de ellos, siguiendo la estela de Lovecraft, se fijan sobre todo en historias del pasado, vinculadas la mayoría de las veces a extrañas casas fantasmagóricas, en las que un descendiente ha de descubrir un terrible secreto. Un hecho que me llama la atención, probablemente de la mano del discípulo, es tratar de conectar todos los relatos con la cosmogonía que había creado Lovecraft. Así la Universidad de Miskatonik, el terrible Cthulhu, o el arcano egipcio Nyarlathotep, aparecen mencionados en varios relatos, pero con alusiones muy breves, se mencionan frecuentemente en papeles antiguos que los protagonistas leen, pero no dejan de ser más que referencias y no forman parte sustancial de los relatos, como sí hubiera hecho el maestro. Así que estas menciones resultan un recurso un tanto forzado de conectar con el universo literario creado por Lovecraft.

Así, reptilianos, extraterrestres, magos, lámparas maravillosas, van completando un elenco de relatos que se leen muy gratamente aunque su grado de terror es a veces predecible y el lector puede adivinar casi desde el principio el devenir de la narración. Además, algunos finales no terminan de ser redondos, nos dejan con cierto sabor amargo, con un deseo de que la historia continúe hacia un destino más satisfactorio al que Derleth no termina de saber llegar.

Esto no es óbice para que esta lectura nos haga pasar un buen rato y que se lea casi de un tirón. El universo de Lovecraft es siempre apasionante aunque haya sido terminado por otra mano. Te lo pasas muy bien aunque el espíritu crítico te haga pensar que hubiera sido el maestro quien debiera haber terminado esta colección de textos.