El misterio de los bosques

Desde tiempos ancestrales, los bosques han sido considerados lugares ocultos, mágicos, con un aura espectral que ha atraído la atención de curiosos, exploradores o simples caminantes con el afán de avanzar donde el hombre todavía no ha extendido sus edificaciones. De la tradición de literatura artúrica, pasando por las novelas de caballerías hasta las narraciones de los Hermanos Grimm, el bosque siempre ha sido reflejado como un lugar que oscila entre lo siniestro y lo encantado, travesía a lo más ignoto e inhóspito; sin olvidar que incluso su característica de lugar maldito algunos creen verla en la referencia bíblica que se hace del “campo” donde Caín mata a su hermano (Gn. 4, 8) o en el avance del bosque en Macbeth. Pero la razón a todo ello parece ser más sencilla de lo aparente: se quiere ver al bosque como concepto opuesto a la civilización, lo salvaje de la naturaleza frente a lo doméstico de la vida humana.

Los bosques misteriosos
Los bosques misteriosos

El folclore se ha alimentado del encanto de la frondosidad y profundidad de los bosques, si bien ha ayudado a expandir el temor a adentrarse en las vastas áreas naturales con diversas leyendas, seres monstruosos o espectros, que dependiendo de la zona cultural, hunden sus raíces hasta nuestros días. La visión del bosque, tanto literaria como cinematográfica, como lugar maldito habitado por las más insospechadas criaturas es muy amplia. He seleccionado para esta ocasión tres aspectos con sus respectivas recomendaciones culturales: si son ávidos exploradores o sin embargo prefieren quedarse sólo en el senderismo, disfruten de ellas como si de un buen paseo en la naturaleza se tratase.

Sin duda alguna, una de las criaturas más inquietantes y horribles es la del wendigo. Con origen en las tribus indígenas de Canadá, esta extraña criatura humanoide y caníbal que puede llegar a poseer a los atrevidos viajeros del bosque, llegó a ser un tabú entre los propios indígenas despertando auténtico pánico. Hará las delicias de aquellos lectores expectantes por verdaderas atmósferas de suspense y terror en narraciones tan maravillosas como “El morador de la oscuridad” o “Ithaqua”, ambas del genial escritor y en ocasiones un poco olvidado August Derleth. Destaco la visión del wendigo que se llevó a la pequeña pantalla en la serie Terror en estado puro (Fear Itself, 2008), en el episodio ocho de la primera temporada, “Skin and Bones”.

Los bosques europeos en cambio disfrutan de la presencia de monstruos un tanto más “adorables”, o al menos así nos lo hizo ver David el Gnomo (1985). Los trolls, más extendidos entre el folclore noruego, pueblan los frondosos bosques escandinavos ocultos en cuevas y bajo puentes oscuros, esperando a sus presas, con un gusto gourmet por la carne de los cristianos según cuentan las leyendas. Un buen acercamiento al mundo de los trolls es sin duda el relato “El puente del troll”, incluido en la antología Humo y espejos (1999) de Neil Gaiman. Muy recomendable la cinta Trollhunter (2010), a caballo entre el falso documental y el metraje encontrado.

Y por último, para completar la tríada, no puede faltar la presencia malévola en sí misma encarnada en lo más profundo de los bosques. La maldición como embrujo para todo aquél que ose penetrar en la oscuridad de la naturaleza, parece ser la muralla perfecta para los guardianes de estos entornos —paradisíacos para algunos. Las fuerzas más tenebrosas gobiernan entre robles, álamos y pinares centenarios, y ya sea mediante antiguas y lúgubres deidades o espectros infernales, dejan un aviso bien claro: quien entra, que no espere salir airoso. “El gran dios Pan” de Arthur Machen nos invita a conocer las negras raíces con el pasado celta, mientras que la recientemente estrenada El bosque de los suicidios (2016), muestra el horror del folclore japonés en un bosque habitado por unas figuras espectrales entre los yureis y los moryo.