Octave Mirbeau

El jardín de los Suplicios

El Olivo azul

Por Belén Doblas

La naturaleza sólo engendra monstruos, y todo el problema en definir qué entendemos por salvajes”.

Charles Baudelaire.

EL JARDÍN DE LOS SUPLICIOSDebería empezar a comentar las bondades de esta obra literaria y de su autor, pero lo haré solamente cuando haya advertido al lector. Quizá pueda parecer un recurso literario para conseguir justamente lo contrario, como ya lo hiciera nuestro malogrado Ducasse, curiosamente francés de origen uruguayo, escritor y coetáneo del autor de esta obra, pero estamos literalmente ante una lectura compleja sobre las voluptuosidades de la belleza y de la tortura repleta de ciénagas sombrías y rebosantes de veneno. Por tanto querido lector, una vez valorado el contenido de esta reseña, dirige tus pasos hacia atrás y no hacia adelante, si crees no estar preparado a enfrentarte a semejantes lances.


El jardín de los Suplicios
en el momento de su publicación constituyó un escándalo mayúsculo dentro de la sociedad francesa y llegó a cosechar de forma inmediata un notable éxito que continúa hasta nuestros días. Su influencia artística no sólo ha sido recogida por la literatura y el séptimo arte, incluso en la música de cierta tendencia más oscura aparece como referente en letras y nombre de grupos musicales de forma inequívoca. Por tanto, no es de extrañar que esta obra esté considerada como una de las mejores novelas de referencia del decadentismo francés.

Nuestra historia gira alrededor de un hastiado joven que deja atrás una Francia infestada de falsedad e hipocresía para iniciar un viaje de renovación e inmolación a la libertad y al amor más absoluto. Un amor al que se entregará sin reservas deseando que este sentimiento puro le permita la purgación de sus pecados nunca confesados. Por el contrario, el destino le ensañará el verdadero suplicio del dolor y del amor basado en una relación dependiente y enfermiza entre la adoración y la sumisión hacia su amada, Clara. No es casualidad que el propio Octave Mirbeau bautizase con ese nombre a su antagonista; Clara, nombre femenino de origen latino que significa pura y transparente, una antítesis en toda regla de su verdadera naturaleza que quedará desvelada en un tortuoso paseo a través del jardín de los Suplicios.

Tampoco resulta sorprendente que Octave Mirbeau, escritor comprometido con su época, se sirva en las primeras páginas de la obra para denunciar la podredumbre moral y social a través de una disertación sobre la violencia y las pulsiones asesinas de la sociedad de su tiempo. Este comienzo será el hilo conductor para realizar una denuncia directa al sistema civilizado de tortura de occidente en contraposición con el artístico de oriente. Todo ello acompañado de una prosa de exquisita delicadeza floral al detalle en oposición de la más repulsiva atrocidad humana jamás imaginada.

Debido a la naturaleza intrínseca de la novela, obra en cierto modo clasificable como maldita, pocas editoriales han tenido la valentía o el coraje de rescatarla y editarla dentro de un acertado catálogo editorial. Por ello, el cuidado tratamiento de esta obra y la exquisita encuadernación hace de la edición de El jardín de los Suplicios del sello editorial El Olivo azul de obligada recomendación.