Hoy abordamos el complejo tema del mito de la Torre de Babel a partir de una tabla del Palacio de La Granja, esta vez la Construcción de la Torre de Babel, de Peter Brueghel el joven, fechada en 1595.

Citamos la ficha del Museo del Prado al respecto:

Atribuida a Peter Brueghel el Joven, esta pequeña tabla, procedente de las colecciones del Palacio de La Granja, representa una fascinante metáfora legendaria, la construcción de la Torre de Babel. Se trata de uno de los grandes mitos de la arquitectura y del lenguaje, de origen bíblico, que ha recibido a lo largo del tiempo sucesivos significados añadidos complementando la narración y sus implicaciones, incluidas la masónicas y esotéricas. Del mismo modo, la figuración del mito ha conocido desde la Edad Media diferentes variantes de la forma y contenido de la representación, incluida su ausencia después de derribada. El mito de la construcción de la Torre de Babel y de su posterior destrucción es un mito fundacional de la misma idea de la arquitectura, atando su verosimilitud a la voluntad del poder del monarca o del príncipe y al magisterio y sabiduría del arquitecto, los únicos capaces de subir hasta el cielo, de construir un sueño, de medirse con la misma idea de Dios como Arquitecto del Universo. Una metáfora que puede desvelarse también como símbolo de la confusión, de la destrucción y del castigo. Por ese motivo, la Torre de Babel podía presentase en su proceso de construcción, como ocurre con esta tabla de Brueghel, o en el momento de su destrucción, ya fuera directamente demolida por Dios o sus ángeles, por rayos y truenos, o indirectamente debido al castigo divino de la confusión de las lenguas lo que impidió que los constructores pudieran entenderse. Las lecturas ideológicas, políticas y religiosas que semejantes adaptaciones del mito permitieron durante la Edad Moderna son enormemente elocuentes. Una ulterior lectura arquitectónica del mito y de su representación figurativa es aquella que convierte a la Torre de Babel en metáfora de lo inacabado, de lo que está en permanente construcción, como atributo de lo arquitectónico o en metáfora de la confusión de lenguajes, asumiendo con resignación el castigo divino como condición misma del construir (Texto extractado de Rodríguez Ruíz, D. en: El Real Sitio de la Granja de San Ildefonso: retrato y escena del Rey, 2000, p. 291).