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Los relatos de Hawthorne

Nathaniel Hawthorne.

Musgos de una vieja casa parroquial.

Acantilado.

 Por Pedro Ortega.

Nathaniel Hawthorne (Salem, Massachusetts, 1804 – Plymouth, New Hampshire, 1864) es un escritor de muy variados registros y muy apegado siempre a las historias que acontecen en su tierra, en su mayoría ubicadas en Nueva Inglaterra o en relación con ella. Fue autor de novelas como The Scarlet Letter, The House of the Seven Gables o The Blithdale Romance, pero en la faceta en la que realmente destacó fue en la del relato, que se popularizó a través de sus publicaciones en diarios y revistas. En este sentido, la editorial Acantilado ha querido rendir tributo a este genial escritor publicando dos colecciones de relatos: Historias contadas dos veces y, la que hoy reseñamos, Musgos de una vieja casa parroquial.

Musgos de una casa parroquialEl presente volumen es una recopilación un tanto heterogénea en lo que a temática de los relatos se refiere. Por un lado tenemos un registro de relato fantástico y por otro uno de crítica social y de pensamiento. Si bien en los primeros la imaginación es desbordante y captura rápidamente al lector, en los segundos tenemos que ponernos en la piel de un habitante de Nueva Inglaterra en el siglo XIX y pensar en el tipo de sociedad y en los problemas que presenta y contra los que Hawthorne blande su pluma.

Los primeros son sin duda mis favoritos. Abundan la hechicería, las pócimas y los venenos en títulos como “La hija de Rappaccini”, “La marca de nacimiento” o “Penacho” en los que el elemento mágico o alquímico está muy presente. El tema del doble inquietante aparece en “El señor Du Miroir” en donde algo más que casualidad identifica en sus hechos y pareceres a dos singulares personajes. Y más que inquietante es “Egotismo, o la serpiente en el pecho” donde el fenómeno de la posesión se disfraza de reptil inoculado en el pecho del protagonista.

Entre los segundos, podemos citar “La correspondencia de P.” en el cual el autor hace una crítica de las letras contemporáneas, sobre todo británicas, haciendo un repaso a la obra de Lord Byron, P.B. Shelley, Coleridge o Keats. Otras críticas sociales aparecen en “Los nuevos Adán y Eva” que aparecen en un mundo contemporáneo donde todos los habitantes han muerto o “El ferrocarril celestial” al que se supone que todos deberían querer subir para llegar a su anhelado destino, pero que resulta ser una quimera.

Quiero hacer mención a que en varios de los relatos aquí recogidos aparece la figura de Don Quijote. Es muy de agradecer cómo un escritor de más allá del charco, en pleno siglo XIX, glosa y alaba de nuestro genial caballero.

El libro se cierra con un fantástico cuento titulado “Una colección de virtuoso” donde el escritor nos hace recorrer un gabinete de curiosidades donde se hallan todos los objetos y curiosidades relacionadas con los grandes personajes de la historia o de la literatura: Bucéfalo disecado, la paloma del arca de Noé, el espejo mágico de Cornelio Agripa, la capa de Carlomagno, Excalibur o el zapatito de Cenicienta. Con este colofón, Hawthorne exhibe su particular universo: todos aquellos elementos del imaginario tanto real como fantástico de los que ha bebido en sus creaciones literarias.

Dejo en manos del lector aficionado a los relatos esta interesante antología que a buen seguro le resultará de lectura deliciosa y profunda, siempre con esa connotación espacio-temporal que debe asentar en nosotros el clima social de la Nueva Inglaterra del siglo XIX.

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