la mansion de los cuervos

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

La mansión de los cuervos y otros relatos de casas encantadas.

Calamar Ediciones. Madrid, 2014.

224 págs.

15 €

Uno de los temas más recurrentes en la historia de la literatura de terror es el de las casas encantadas. Desde la primera novela gótica hasta nuestros días, desde El castillo de Otranto de Walpole hasta La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, las casas inquietantes, encantadas o maléficas, han aterrorizado a los lectores. Esta antología coordinada por Ángel Gómez Rivero (quien, además, es autor de dos de los relatos, entre ellos el que da título a la colección) surgió como un proyecto entre los autores, todos ellos vinculados con el evento Algeciras Fantástika. En la introducción, Gómez Rivero relata cómo todos aceptaron con gran interés y entusiasmo participar en el proyecto.

Esta recopilación contiene dieciséis relatos y un poema, además de una segunda introducción, escrita por Alicia Mariño Espuelas, que habla de las casas encantadas o malditas en la literatura universal. Abre la antología un poema de Luis Alberto de Cuenca, «La casa de la bruja»; después viene el primer relato, «La mansión Velasco», de Carlos Díaz Maroto (uno de los más interesantes de la antología), cuya protagonista, recién casada, viaja a la inquietante mansión de la familia de su marido en Galicia. El final sorprenderá gratamente a los admiradores de Richard Matheson y su casa infernal. Tras esta historia encontramos «La morada tormentosa», escrito por Ángel Gómez Rivero, donde se juega con la percepción del lector y la de los protagonistas, dos actores de teatro (Lon Blasko y Chris Pratt) que representan una obra escrita por un tal Edgar Phillips Stoker, cuyo nombre ya provoca escalofríos en el lector. Más tarde, en «El Caserón de la Malmuerta», de Juan Emilio Ríos Vera, se mezclan poesía y narrativa en un cuento intimista; mientras que en «Encantamientos en Algeciras», de Luis Alberto del Castillo, las historias de casas encantadas están insertas en las conversaciones que mantiene un grupo de amigos durante una merienda, la cual acaba en cena. en el relato escrito por Luis Alboreca Peña, «Residencial Campos Elíseos», el mal reside en un piso piloto. Por su parte, «Relatividad», de Juan Luis Helguera de Deus, es un asfixiante relato con un giro final magistral. Tras él hallamos «Pasar a la posteridad», de Gonzalo Gala Guzmán; uno de los relatos más cortos de la antología, pero no por ello menos aterrador. Después tenemos «La corrala de la luz», escrito por Juan Antonio Palacios Escobar, donde se demuestra que no todas las casas encantadas son maléficas. en «La casa de las Alpujarras» Paloma Fernández Gomá cuenta la inquietante historia de una estudiante perseguida por el fantasma de un hombre árabe desde su visita a la Alhambra. Otros relatos son «La casa natal», de Juan Emilio Ríos Vera, donde un hombre se enfrenta a su terrible pasado; «La cámara cerrada», de Ángel Gómez Rivero, que nos relata una historia de fantasmas en un piso compartido por dos estudiantes; «En el frío invierno», de Carlos Díaz Maroto, es un cuento corto que da otra vuelta de tuerca al tema de las casas hechizadas; «Después de la medianoche», escrito por Gonzalo Gala Guzmán, narra una noche de diversión que termina en pesadilla; en «El cerro de los “descamisaos”», de Luis Alberto del Castillo Navarro, dos camellos se encuentran con un asunto escabroso; «Una jornada de desagravio», de Juan Emilio Ríos Vera, relata una sesión de espiritismo muy poética; y por fin, cerrando la colección, encontramos el segundo relato escrito por Ángel Gómez Rivero, el cual da título a la antología: «La mansión de los Cuervos». en este último relato un escéptico reportero de una revista de temas misteriosos debe pasar la noche investigando una mansión maldita, Ravens’ Manor.

Los relatos y el poema que componen esta antología son muy variados y tocan el tema de las casas encantadas desde diferentes puntos de vista. La mansión de los cuervos y otros relatos de casas encantadas demuestra la versatilidad del tópico, así como que no todas las casas hechizadas tienen por qué hacer el mal.

Gema Solís Villamarzo