11 Vía para la insubordinación

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Henri Michaux.

Una vía para la insubordinación.

Alpha Decay. Barcelona, 2015.

96 págs.

14,90 €

 

Escrito en 1980, cuatro años antes su muerte, Una vía para la insubordinación es el último texto importante en el que Henri Michaux, autor de culto y reconocido experimentador de todo tipo de alucinógenos, plasmó su obsesión por lo esotérico y sus encuentros con lo invisible.

En este ensayo, suspendido entre la teoría y el ritual, Michaux intenta arrojar algo de luz sobre fenómenos tan inclasificables como los poltergeist (del alemán poltern, ‘hacer ruido’, y Geist, ‘espíritu’) o las posesiones demoníacas, entre otros que aún hoy siguen sin una respuesta convincente.

Con una prosa muy personal y peculiar, Michaux recopila una serie de episodios fenoménicos acaecidos en diferentes partes del mundo, a lo largo de varios siglos, para componer una interesante sintomatología de la posesión. Entre ellos se incluyen ejemplos de santos atormentados (como el abate Viannay o san Pedro de Alcántara), adolescentes femeninas reprimidas en plena crisis hormonal y existencial, drogadictos, etc. ¿El objetivo del autor al escribir esta amena e inclasificable obra? Trazar un viaje por la historia de estos fenómenos sobrenaturales, que se convierten en vías de insubordinación para todos aquellos que las padecen. La levitación, el trance místico, la misteriosa resurrección de los muertos, los objetos que aparecen en un lugar diferente del que estaban, las casas encantadas… todo son manifestaciones de lo que Michaux define como «una vía directa del psiquismo a las cosas» o la «física de la insubordinación y de la horripilación». En resumen, un viaje a nuestros ocultos subconscientes; una vía en la que el «otro» se expresa a veces de forma rubicunda y violenta, y otras como un doppelgänger travieso y juguetón (o como diríamos en nuestro folclore español, un duendecillo burlón).

Y es que el fenómeno poltergeist, entendido como un suceso perturbador que no puede explicarse sin la intervención de algún ente sobrenatural —un demonio, un fantasma, a veces incluso un ángel—, está profundamente enraizado en la cultura popular de aquellas civilizaciones que han dejado en algún momento la puerta abierta a la superstición. No pertenece solo a Occidente, ya que también se ha documentado en Oriente desde la antigüedad hasta hoy.

Por tanto, la peculiaridad de la obra se encuentra en el hecho de que Michaux presente el hecho paranormal como un acontecimiento memorable y anecdótico, más que terrorífico, que le da pie a tratar la posesión a la manera de Thomas de Quincey, y en la que subyacen —aunque no se mencionen— obras fundacionales sobre el retorno de lo reprimido, como Lo siniestro de Freud y El demonio de la perversidad de Poe.

Aunque, lamentablemente, no todos los casos se puedan justificar o desentrañar con la misma facilidad que Michaux sugiere, puede que —como él muy bien indica— el mayor misterio esté dentro de nosotros mismos, en nuestro propio infierno y cómo aprendemos a vivir con él. Ahí es nada.

La editorial Alpha Decay presenta Una vía para la insubordinación en una edición amena, clara y sencilla. A pesar de ser un ensayo muy breve, han sabido enriquecerlo con un exquisito prólogo de Javier de Calvo «Orinado en la fuente», de lo más divertido y en una línea muy próxima y coherente con el autor. Una pequeña joya que anticipa a modo de síntesis esta peculiar lectura, pero de una forma de lo más cómica personificando y emplazando a todos los fenómenos paranormales en una fiesta, y en el que queda de manifiesto la naturaleza grosera del poltergeist tal como el título del prólogo indica. Vaya por delante un anticipo: «Imagina que llegas a una barbacoa al aire libre en honor de los fenómenos paranormales. El primero en llegar es la Telepatía…». Mucho ingenio y buen humor para tratar tan insolente fenómeno.

Belén Doblas