El ávido espectador o curioso lector de nuestro tiempo, que como es evidente no es ajeno a las atrocidades más reales que nos llegan a través de los telediarios, sigue todavía fascinándose, temeroso de lo que pueda escapar de las páginas de un libro, con las narraciones más fantásticas, macabras y siniestras que puedan caer en sus manos. A menudo leemos o somos testigos de monstruosas criaturas de ficción que juzgamos como creaciones propias de nuestra era o al menos de nuestra historia más reciente, pero ¿son realmente los miedos que representan estos monstruos “actuales”?

Lo cierto es que la literatura universal posee una cualidad única, su capacidad de maleabilidad cultural, es decir, que es totalmente compatible para reinventarse a sí misma a través de diferentes medios, amoldándose, adaptándose y mezclándose con otros elementos. Esto, claro está, no es excepción en las criaturas fantásticas que han nacido de los clásicos literarios. Como muestra, un botón.

Y es que quizá uno de los textos más antiguos conservados que recopilan narraciones autoconclusivas fantásticas es Las mil y una noches. Los oscuros y misteriosos caminos que recorren muchas de las creaciones allí narradas llegan hasta nuestros días de la forma más inesperada. Una de las criaturas más atroces descritas es el denominado ghul (ghoul o gul), un ser demoníaco y aterrador en su aspecto. Así aparece caracterizado en la «Historia de la Yegua Blanca» —título en la versión inglesa de Andrew Lang: «The Story of Sidi-Nouman»— de la que poseemos una traducción al castellano de V. Blasco Ibáñez: “Surgió de entre las tumbas una forma (…); por el horror de su fisonomía y por su cabeza de hiena carnicera, reconocí un gul (…). Y el gul se inclinó hasta el suelo [de la fosa] y se incorporó sosteniendo en sus manos un objeto redondo que (…) reconocí como un cráneo humano recientemente separado de un cuerpo sin vida (…) y lanzando un grito de bestia feroz, clavó con fruición sus dientes en aquella carne muerta”.

Será H. P. Lovecraft quien retomará este ente y lo revitaliza en algunos de sus relatos como “La búsqueda en sueños de la ignota Kadath” o ”El modelo de Pickman”. Sea como fuere, la cultura moderna y posmoderna ha transformado este demonio necrófago del folklore árabe y lo ha mezclado con la mitología y supersticiones haitianas —a su vez derivadas de algunas ramas de la brujería africana—. El resultado no podría estar más de moda, aunque poco de gul reconocemos en las modernas representaciones de lo que hoy conocemos como la figura narrativa del zombi, desde que en los films de George A. Romero comenzase a deformarse la esencia original hasta llegar incluso a cómics y series como The Walking Dead.