Kathleen Raine.

Ocho ensayos sobre William Blake.

Editorial Atalanta.

Por Pedro Ortega.

Mi aproximación a la obra de William Blake había sido siempre a través de su obra gráfica, debido fundamentalmente a mi formación como historiador del arte y a la no demasiada profusión de textos de calidad sobre la figura de Blake en nuestro idioma. Sí que puedo mencionar un librito que me fue de bastante utilidad para acercarme a la iconografía de Blake titulado Pequeño diccionario de William Blake de Cristóbal Sierra. También me había aproximado a su poesía a través de una interesante edición bilingüe pero confieso que se me hizo difícil acceder al intrincado sustrato ideológico que reposa tras toda su obra.

Portada BlakeSin embargo, con la obra que tenemos entre manos, he de decir que se puede lograr al menos empezar a entender, a desentrañar el críptico sentido de la colosal obra de William Blake tanto artística como poética. Kathleen Raine, una de las mayores expertas en la obra de Blake, disecciona de manera perfecta algunos topos de la obra del genio y para mí ha sido algo parecido a una revelación. La lectura me iba descubriendo algunas claves para ir entendiendo elementos de Blake que son imprescindibles para su comprensión.

Blake es tildado a menudo de visionario, no sin razón, pues elabora todo un corpus que pendula entre la religión y la filosofía. Un pensamiento que fue totalmente innovador pero que no fue entendido por sus contemporáneos y que no será hasta el Simbolismo finisecular cuando se le descubra. Otro hecho importante es la deuda que tiene Blake con dos heterodoxos: Swedemborg y Böhme, considerados hoy como dos pensadores vinculados al ocultismo. Kathleen Raine establece una precisa relación entre ellos y Blake y establece sus diferencias. En este punto no se muy bien si la autora quiere poner distancia entre Blake y el mundo esotérico o si bien Blake es un esotérico singular. Mucho podría dar de si esta cuestión.

Un elemento muy importante de la obra de Blake son las nociones de Dios y de Demonio, que sorprenden por su novedad y singularidad. Para Blake Dios es la imaginación, todo lo que nuestra mente puede abarcar mientras que el Demonio o Urizen es el individualismo. Cabe aquí señalar la condena de Blake al pensamiento de su época: tanto al positivismo filosófico como a la ciencia empírica. Blake se está dando cuenta que ese mundo de Dios –de la imaginación- se viene al traste por el empirismo que devendrá en materialismo. Un pensamiento del todo innovador.

Hay dos ensayos que quiero subrayar especialmente y que son los que ponen en relación el pensamiento de Blake con su faceta artística. Son «El sufrimiento según las ilustraciones de Blake del Libro de Job» y «El Apocalipsis: Blake y Miguel Ángel». En ambos la autora hace un análisis de cómo el pensamiento religioso de Blake se pone de manifiesto a través de su obra gráfica.

Desde luego este libro ha sido más que revelador y a buen seguro logra un acertado acercamiento al pensamiento y a la obra de Blake. Yo lo considero muy clarificador y revelador para conocer la dimensión de gigante que tiene la figura de Blake y que lo coloca como una de las figuras capitales dentro del pensamiento y las artes occidentales.