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El pavoroso imaginario de Ligotti

Grimscribe

 

 

 

 

 

 

 

 

Thomas Ligotti.

Grimscribe. Vidas y obras.

Editorial Valdemar. Madrid, 2015.

248 págs.

21 €

 

La editorial Valdemar ha apostado fuerte por el literato norteamericano contemporáneo Thomas Ligotti. Con esta edición (para la que ha elegido su colección más lujosa, Valdemar Gótica), van ya tres títulos publicados: Noctuario. Relatos extraños y terroríficos (en 2012), La conspiración contra la especie humana (este año; ya reseñado en Mistérica Ars Secreta n.º 3) y el que hoy nos ocupa, Grimscribe. Vidas y obras.

La editorial Valdemar no duda en encuadrar a Thomas Ligotti en una terna formada con Edgar Allan Poe y Howard Phillips Lovecraft, a la que que denomina «la insana, justa y necesaria Trinidad de la Moderna Literatura Fantástica y Extraña». Quizá esta aseveración resulte algo exagerada, pues aunque Ligotti se ha alzado a la cima de los grandes, no sé todavía si es capaz de ostentar esa altísima calificación. Y digo esto porque, si bien Noctuario y La fábrica de pesadillas (este título editado por Panini Cómics en 2007) me parecieron dos obras sencillamente geniales, Grimscribe me ha dejado peor sabor de boca.

Grimscribe. Vida y obras es de nuevo una recopilación de relatos, género en el que Thomas Ligotti se mueve como pez en el agua y en el que es capaz de desarrollar brillantemente tramas cortas, capaces de aterrorizar al lector contemporáneo. Ahora, aunque «La última fiesta de Arlequín», el relato que abre la recopilación, es excelente, del resto de narraciones (con excepciones) podemos decir que son algo menores.

En «La última fiesta de Arlequín», el autor nos cuenta la inmersión de un antropólogo en un extraño pueblo donde durante el invierno se celebra todos los años una festividad caracterizada por unos siniestros payasos. El protagonista se sumergirá en este extraño mundo, donde la imaginación del autor nos lleva de la mano brillantemente a través de una historia espeluznante.

Otro relato que me ha sorprendido gratamente lleva por título «Los anteojos de la caja». En él este elemento permite a su portador viajar a mundos mágicos y que no trae sino consecuencias funestas. También «Nethescurial» es una buena muestra de horror, el cual hunde sus raíces en un extraño documento hallado entre los legajos de una biblioteca. Por último destacar «Los capullos», relato muy a lo Lovecraft, donde la cita con un extraño personaje es la excusa para hallar un fatídico final.

Pese a considerar que Grimscribe no es una obra de la talla de sus antecesoras, quizá se trate solamente de una apreciación personal. No obstante, quiero expresar de nuevo mi condición de seguidor incondicional de Ligotti, lo que no implica que siempre me deleite al ciento por ciento con cada una de sus obras.

Pedro Ortega

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Más que cuatro paredes

la mansion de los cuervos

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

La mansión de los cuervos y otros relatos de casas encantadas.

Calamar Ediciones. Madrid, 2014.

224 págs.

15 €

Uno de los temas más recurrentes en la historia de la literatura de terror es el de las casas encantadas. Desde la primera novela gótica hasta nuestros días, desde El castillo de Otranto de Walpole hasta La casa de hojas de Mark Z. Danielewski, las casas inquietantes, encantadas o maléficas, han aterrorizado a los lectores. Esta antología coordinada por Ángel Gómez Rivero (quien, además, es autor de dos de los relatos, entre ellos el que da título a la colección) surgió como un proyecto entre los autores, todos ellos vinculados con el evento Algeciras Fantástika. En la introducción, Gómez Rivero relata cómo todos aceptaron con gran interés y entusiasmo participar en el proyecto.

Esta recopilación contiene dieciséis relatos y un poema, además de una segunda introducción, escrita por Alicia Mariño Espuelas, que habla de las casas encantadas o malditas en la literatura universal. Abre la antología un poema de Luis Alberto de Cuenca, «La casa de la bruja»; después viene el primer relato, «La mansión Velasco», de Carlos Díaz Maroto (uno de los más interesantes de la antología), cuya protagonista, recién casada, viaja a la inquietante mansión de la familia de su marido en Galicia. El final sorprenderá gratamente a los admiradores de Richard Matheson y su casa infernal. Tras esta historia encontramos «La morada tormentosa», escrito por Ángel Gómez Rivero, donde se juega con la percepción del lector y la de los protagonistas, dos actores de teatro (Lon Blasko y Chris Pratt) que representan una obra escrita por un tal Edgar Phillips Stoker, cuyo nombre ya provoca escalofríos en el lector. Más tarde, en «El Caserón de la Malmuerta», de Juan Emilio Ríos Vera, se mezclan poesía y narrativa en un cuento intimista; mientras que en «Encantamientos en Algeciras», de Luis Alberto del Castillo, las historias de casas encantadas están insertas en las conversaciones que mantiene un grupo de amigos durante una merienda, la cual acaba en cena. en el relato escrito por Luis Alboreca Peña, «Residencial Campos Elíseos», el mal reside en un piso piloto. Por su parte, «Relatividad», de Juan Luis Helguera de Deus, es un asfixiante relato con un giro final magistral. Tras él hallamos «Pasar a la posteridad», de Gonzalo Gala Guzmán; uno de los relatos más cortos de la antología, pero no por ello menos aterrador. Después tenemos «La corrala de la luz», escrito por Juan Antonio Palacios Escobar, donde se demuestra que no todas las casas encantadas son maléficas. en «La casa de las Alpujarras» Paloma Fernández Gomá cuenta la inquietante historia de una estudiante perseguida por el fantasma de un hombre árabe desde su visita a la Alhambra. Otros relatos son «La casa natal», de Juan Emilio Ríos Vera, donde un hombre se enfrenta a su terrible pasado; «La cámara cerrada», de Ángel Gómez Rivero, que nos relata una historia de fantasmas en un piso compartido por dos estudiantes; «En el frío invierno», de Carlos Díaz Maroto, es un cuento corto que da otra vuelta de tuerca al tema de las casas hechizadas; «Después de la medianoche», escrito por Gonzalo Gala Guzmán, narra una noche de diversión que termina en pesadilla; en «El cerro de los “descamisaos”», de Luis Alberto del Castillo Navarro, dos camellos se encuentran con un asunto escabroso; «Una jornada de desagravio», de Juan Emilio Ríos Vera, relata una sesión de espiritismo muy poética; y por fin, cerrando la colección, encontramos el segundo relato escrito por Ángel Gómez Rivero, el cual da título a la antología: «La mansión de los Cuervos». en este último relato un escéptico reportero de una revista de temas misteriosos debe pasar la noche investigando una mansión maldita, Ravens’ Manor.

Los relatos y el poema que componen esta antología son muy variados y tocan el tema de las casas encantadas desde diferentes puntos de vista. La mansión de los cuervos y otros relatos de casas encantadas demuestra la versatilidad del tópico, así como que no todas las casas hechizadas tienen por qué hacer el mal.

Gema Solís Villamarzo

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Si Chambers levantara la cabeza… sonreiría satisfecho

carcosa

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

Una temporada en Carcosa. 21 cuentos extraños en torno al Rey de Amarillo.

Valdemar. Madrid, 2015.

416 págs.

27,50 €.

Una temporada en Carcosa es una propuesta de la editorial Valdemar, señera en nuestro país por rescatar del olvido algunas de las obras maestras de los géneros de terror y misterio. Además, ha decidido publicar esta recopilación en su más flamante colección: Valdemar Gótica. Esta vez nos proponen veintiún cuentos inspirados en El Rey de Amarillo de Robert W. Chambers (1895), un trabajo que ya había sido publicado (y recientemente reeditado) por Valdemar.

El hecho de que El Rey de Amarillo (un cuento muy singular, pero no de primera línea en el panorama literario norteamericano) viva nuevos tiempos de esplendor es debido a que ha servido de inspiración a la serie televisiva True Detective, la cual ha sido un éxito rotundo y se alza como una de las mejores de la actualidad.

No obstante, esta colección de cuentos data de 2012, antes del fenómeno True Detective, y fue recopilada por Joseph S. Pulver, Jr.; así que quizá sea la serie la que beba de este impulso editorial y no al revés. Sea como fuere, es ahora cuando cobra sentido este homenaje a la obra de Chambers a través de los veintiún cuentos (uno de ellos es un poema) que hoy reseñamos.

Uno de los elementos protagonistas en la mayoría de los relatos es Carcosa, un lugar indefinido e incluso atemporal que Chambers había recuperado de Ambrose Bierce, quien fue el primero en imaginar tan inquietante lugar («Un habitante de Carcosa»). Los autores de esta antología lo describen de muy diversa forma, ya sea como un bosque junto a la autopista donde se halla el verdadero pozo de los deseos, unos estudios de cine o un lugar al que acceder después de un viaje iniciático.

También hay que destacar que algunos de los relatos hablan específicamente de El Rey de Amarillo como de un libro real, aunque maldito, que hace enloquecer a quien lo lee u otorga poderes inimaginables a su poseedor. Incluso aparecerá una versión teatral llevada a la televisión y representada por niños, quienes quedarán atrapados por su maldición sin quererlo.

por último, como no, el Rey de Amarillo aparece como un personaje real. Pero no es el rey de un lugar terrenal; el suyo es más bien un reino dicotómico, paralelo, y a menudo el rey se nos presenta enmascarado para no desvelar sus facciones a aquellos que se le acercan. Los relatos tienen muy diverso registro. La literatura contemporánea permite licencias que, dependiendo de los gustos del lector, llegarán a colmar o no las expectativas del receptor.

La obra me parece una compilación única. Es remarcable el que una serie de escritores, partiendo de un motto común, hayan dado rienda suelta a su creatividad para complementar una obra de prestigio. Me parece, por tanto, un gran homenaje a la obra de Robert W. Chambers.

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Una colección de relatos steampunk

05 Retrofuturismos

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

Retrofuturismos. Antología Steampunk.

Ediciones Nevsky. Madrid, 2014.

420 págs.

20,90 €

 

El término steampunk, acuñado por K. W. Jeter en la década de 1980, un poco a modo de broma, para describir las obras que estaban escribiendo Tim Powers, James P. Blaylock y él mismo como contraposición al popular cyberpunk de la época, está en pleno auge. Aunque a veces el término se use para definir solamente una estética muy característica, lo cierto es que el steampunk nació en la literatura de ciencia ficción. Como subgénero de esta última lo defiende Marian Womack, la editora de la presente antología, en el interesantísimo postfacio que acompaña a la obra. Para Womack, el steampunk no solo se centra en la nostalgia por la belleza del pasado (belleza, por cierto, imaginaria, ya que nada ha sido tan atractivo visualmente como se representa en el género), sino que también es un medio para hacer crítica social, al reconocer en la sociedad victoriana un reflejo de nuestra sociedad actual.

Nos encontramos ante la segunda antología steampunk publicada por la editorial Nevsky. La primera, Steampunk. Antología retrofuturista, seleccionada por el escritor Félix J. Palma, se publicó en 2012. Los quince relatos que componen esta segunda antología son muy variados. Todos van más allá de la estética de los dirigibles y los engranajes, y pocos tienen lugar en el sempiterno Londres victoriano. Lo más importante es que gran parte de ellos incorporan elementos de crítica social.

La recopilación contiene quince relatos retrofuturistas, entre los que destacan el relato de Félix J. Palma, «La princesa del centro de la Tierra», que abre la antología con una historia ambientada dentro de su trilogía victoriana; «La biblioteca de BubbleLon» de Sofía Rhei, uno de los más interesantes de la colección, el cual está protagonizado por una bibliotecaria un tanto peculiar y concluye con un bonito guiño a Oscar Wilde; «Biocronografía del salto lateral: el teorema de Aub», un relato de Guillermo Zapata que cuenta con viajes en el tiempo, agujeros de gusano, el inicio de la guerra civil española y la presencia de Luis Buñuel, entre otros elementos; «Aborrecer a Lester J. Murray», de Laura Fernández, la historia más divertida y pulp del libro, trata sobre un dirigible parlanchín; el relato escrito por Rubén Sánchez Trigos, «Gigantes», trae a Georges Méliès al Madrid de la década de 1930 para montar un extraordinario parque de atracciones; «Tiros a la barriga», de Jesús Cañadas, mezcla magistralmente la tecnología steampunk, la magia más arcaica y los sucesos de Casas Viejas (Cádiz, 1933); «Berlin Mechanical Men», de Noemí Sabugal, es un relato hardboiled que narra un conflicto centrado en la lucha de clases con autómatas de por medio; «El manco», escrito por Rocío Tizón, es otra narración de detectives y asesinos en serie; el relato de Luis Guallar, «Como dentro de un reloj», provoca en el lector la angustia de los mejores cuentos góticos, aderezando la clásica casa encantada de estos con autómatas y mecanismos varios; «Los hijos de Saturno», de Sergio Lifante, hace que la infame vampira de Barcelona protagonice una historia sobre una máquina capaz de traer la paz mental (eso sí, por un precio que no todos querrían pagar); «Prey’s Moon», de Joseph Remesar, nos hace reflexionar sobre si bestias tales como los hombres lobo tienen conciencia; y, cerrando la antología, encontramos el relato de Ángel Luis Sucasas y Francisco Miguel Espinosa, «Las manos que construyeron América», ambientado en la guerra de la Independencia norteamericana, que cuenta la historia de dos hermanos junto a la de los bandos contingentes.

Retrofuturismos consigue demostrar la enorme versatilidad que puede llegar a tener el género, así como también que se pueden escribir relatos steampunk de una gran calidad fuera del ámbito anglosajón.

Gema Solís Villamarzo