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04×06 Leonardo y la Sábana Santa

La Santa Síndone o Sábana Santa es una de las principales reliquias de la Cristiandad, y de la que se supone que envolvió el cuerpo de Cristo tras su muerte en la cruz y en la que quedó grabada la forma de su rostro y cuerpo.

La mayoría de los estudios y de las pruebas científicas no arrojan ninguna respuesta convincente sobre su veracidad. Pero por otra parte, dos investigadores británicos han propuesto una teoría muy singular: el autor del Sudario de Turín no fue otro sino Leonardo da Vinci.

Seguiremos con Pedro Ortega y su sección “Patrimonio Secreto” en la que en esta ocasión nos lleva de viaje a Florencia para conocer uno de sus secretos: el enigma de la construcción de la cúpula de Santa María del Fiore por Filippo Brunelleschi.

Y para finalizar, como ya es costumbre, cerraremos el programa con nuestra “AGENDA SECRETA” para manteneros al día de todas las novedades culturales que no os podéis perder.

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04×02 Lo que oculta Notre Dame de París

Notre Dame de París

En esta ocasión nos desplazamos hasta París para visitar uno de los emblemas de la arquitectura gótica. Nada menos que para descubrir los secretos de su catedral: Notre Dame. Y es que queremos rendir homenaje a este monumental edificio que, como todos ya sabéis, tristemente sufrió un gran incendio el pasado mes de abril. Para ello contamos con una invitada que nos desvelará los secretos que esconde esta obra maestra de la arquitectura.

Seguiremos con Pedro Ortega y su sección “PATRIMONIO SECRETO”, en la que nos hablará de otra de las grandes catedrales francesas, la de Chartres, también repleta de secretos y enigmas.

Y para finalizar, como es habitual, cerraremos el programa con nuestra “AGENDA SECRETA” para manteneros al día de todas las novedades culturales que no os podéis perder.

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Programa 03×10 Las torres del silencio en Persia

Torre del silencio

Viajamos a la antigua Persia, un imperio que abarcaba en su día el actual Irán y parte de otros países como Uzbekistán o la India.

Nuestros pasos nos llevarán a conocer una antigua religión que todavía sigue vigente y de la que perduran algunas comunidades, sobre todo en la India. Estamos hablando del Zoroastrismo.

Además de la mano de nuestra invitada, Laura Castro, descubriremos unas construcciones funerarias relacionadas con este culto. Son las llamadas “Torres del silencio”.

Seguiremos con Pedro Ortega y su sección “MADRID SECRETO”, en la que nos descubre un lugar más que interesante: el despacho de Ramón Gómez de la Serna.

Y para finalizar, como es habitual, os proponemos nuestra “AGENDA SECRETA” para manteneros al día de todas las novedades culturales que no os podéis perder.

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Domènech. Lluís Domènech i Montaner en Comillas.

Luis Alberto Alonso Ortiz y Enrique Campuzano Ruiz.

Domènech. Lluís Domènech i Montaner en Comillas.

Santander: Fundació Lluís Domènech i Montaner, 2015.

128 págs.

12 €

Una de las perlas del Cantábrico es, sin lugar a dudas, la señorial villa de Comillas. Emplazada en el corazón de Cantabria, atesora muchas de las perlas del Modernismo catalán existentes fuera de esa comunidad autónoma. Si bien uno de los hitos de la localidad más conocidos es El Capricho de Gaudí, en Comillas son mucho más numerosas las intervenciones de otro modernista: Lluís Domènech i Montaner. Es a este autor y su obra cántabra a los que nos aproximamos en esta reseña.

Domènech había deslumbrado ya al público de su época cuando en 1888 exhibiera sus obras en la Exposición Universal de Barcelona. podemos decir que con este hito Domènech se convirtió en uno de los arquitectos que sentaron las bases del Modernismo catalán. Dicho movimiento artístico, a caballo entre los siglos xix y xx, se caracteriza por una fuerte impronta romántica y por el protagonismo del simbolismo, patente en una profusa ornamentación. Si bien en esta corriente la alusión al cristianismo es constante, también está lleno de elementos simbólicos (flores, dragones, gárgolas, animales marinos, heráldica e imágenes alegóricas), que nos hacen vislumbrar posibles elementos ocultos tras los programas decorativos. Quizá sea esa una segunda lectura de las obras de Domènech en Comillas que queda por hacer.

El I Marqués de Comillas había comisionado la construcción de grandes edificios en la villa, como el Seminario Mayor o el Palacio de Sobrellano, pero las obras no se habían concluido en el momento de su fallecimiento. Fue pues su hijo y sucesor, Claudio López Bru, quien se encargó de terminarlos, y para ello contó con la figura de Domènech. Ya que los edificios estaban proyectados y casi concluidos, la intervención de este arquitecto aparece en la definición de los espacios internos y, sobre todo, de la decoración. En el Seminario Mayor su aportación es verdaderamente notable: la Puerta de las Virtudes, el espectacular vestíbulo con grandes escalinatas, el recibidor, el corredor, la capilla, la escalera de mármol, los artesonados, las vidrieras… En el Palacio de Sobrellano y en la Capilla-Panteón de los Marqueses de Comillas sus obras son menos abundantes, pero no por ello poco meritorias. Las soluciones modernistas de Domènech en aquellos espacios son sobresalientes.

Otro lugar en el que también intervino fue el cementerio de Comillas. Domènech tomó como base una ruina medieval para convertirla en un elemento moderno. El poso romántico le lleva de nuevo a mantener los muros semiderruidos a propósito. Sin embargo, abre vanos en las paredes para que se pueda ver el mar, proyecta una imponente portada y remates modernistas sobre las ruinas, y coloca el emblemático ángel vengador ante la entrada para custodiar las almas que allí descansan. Otras intervenciones de Domènech en la ciudad son el monumento a D. Antonio López, la Fuente de los Tres Caños o el Panteón de la Familia Piélago.

Podría parecer que el mérito de Domènech es menor por intervenir en edificios ya construidos, pero el genio artístico se manifiesta cuando las dificultades se imponen. El reto de este creador fue partir de conceptos arquitectónicos ajenos y convertirlos en propios a través de su impronta artística. Así lo hicieron grandes artistas del Renacimiento, como Bramante o Brunelleschi, quienes, obligados a ceñirse a espacios concebidos como góticos, se las ingeniaron para aportarles soluciones plenamente renacentistas.

La experiencia de Domènech en Comillas sentó las bases de su obra posterior, que hoy podemos admirar en grandes edificios como el Palau de la Música Catalana o el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, quintaesencia del Modernismo catalán (con el permiso de Gaudí).

Cabe destacar el magnífico estudio que han realizado Luis Alberto Alonso Ortiz y Enrique Campuzano Ruiz en esta monografía, donde resaltan tanto la valiosa y detallada información que proporcionan como las fotografías y documentos gráficos, que nos permiten conocer al detalle la obra de Domènech en Comillas.

Queda pues abierta la incógnita de cuál es el significado profundo que se esconde tras el simbolismo de su obra, cuyos referentes se encuentran en las obras que dejó en una de las ciudades más mágicas de nuestra geografía: la villa cántabra de Comillas.

Fotografía: Jose Luis Filpo Cabana.

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La cúpula de Santa maria del Fiore en Florencia

Esquema constructivo de la cúpula de Santa Maria del Fiore. Ilustración: Ah Taut.

El Renacimiento es, sin lugar a dudas, una de las épocas de mayor importancia en lo que al desarrollo del pensamiento y las artes se refiere. Supuso una ruptura con la Edad Media y una mirada al pasado clásico. Uno de los primeros hitos de este florecer intelectual es la construcción de una obra imposible: la cúpula de la catedral florentina de Santa Maria del Fiore, realizada por Brunelleschi.

Uno de los grandes enigmas sobre la arquitectura renacentista fue, durante siglos, la técnica constructiva de la cúpula de Santa Maria del Fiore en Florencia. El genio Filippo Brunelleschi, ante una obra que parecía imposible de ejecutar (estamos hablando de comienzos del siglo XV), se sacó de la chistera una fórmula constructiva que mantuvo en el más absoluto secreto. Es más, lo que hizo fue construir una doble cúpula, de modo que su secreto edificatorio no quedara a la vista y no pudiera así ser copiado por nadie.

Hace muy pocos años el arquitecto Massimo Ricci ha descubierto, por fin, el método de Brunelleschi, que consistía en colocar los ladrillos en forma de espina de pez y trazando una curvatura compleja que se lograba mediante una tira de cuerdas.

Si quieres conocer en profundidad esta historia tan especial, lo tienes todo en el artículo “Florencia y el enigma de la cúpula de Santa Maria del Fiore” que escribí para Mistérica Ars Secreta 9 y que puedes conseguir aquÍ:

Mistérica Ars Secreta 09 (impresa)

Además, el próximo viernes 27 de enero hablaremos del tema con Joaquín Abenza en su magnífico programa El último peldaño en Onda Regional de Murcia a partir de las 23h. ¡No os lo perdáis!

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Bloodborne: un videojuego entre lo bello y lo siniestro

“Y si a las cosas de grandes dimensiones agregamos una idea de terror, parecen mucho mayores sin comparación”. Edmund Burke.

Lo sublime en el arte se refiere a una belleza extrema cuya observación puede llevar a la locura. Cuando se lleva más allá y se convierte en algo espeluznante, aterrador y angustiante se convierte en “lo siniestro”, que podría definir como “el reverso tenebroso” de lo sublime.

En su obra “Lo bello y lo siniestro”, el filósofo Eugenio Trías pone de manifiesto la estrecha relación entre ambos conceptos y con respecto a lo sublime. Trías bucea en textos de diversas épocas y en múltiples manifestaciones del arte y la literatura a fin de establecer límites y encuentros, partiendo de los estudios de 1919 de Sigmund Freud sobre lo siniestro. Y comienza presentando dos definiciones precisas de la mano de Rainer María Rilke, para quien “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”, y por otro lado de Schelling, quien define lo siniestro (Das Unheimliche) como «aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado.”

Es un hecho que los videojuegos se pueden considerar como una nueva expresión de arte, tanto en la forma como en el fondo. Cada vez se publican más videojuegos que además de ofrecer una excepcional interfaz gráfica y jugabilidad se basan en una profunda y rigurosa documentación histórica. Por su dramatismo y expresividad, la época victoriana y la estética gótica son especialmente atractivas para los diseñadores de videojuegos. Escenarios sublimes, rivales terroríficos e intrincados paisajes urbanos se conjugan para crear atmósferas evocadoras y con un punto siniestro que harán las delicias de los aficionados a los juegos de exploración con un toque de misterio gótico.

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El cementerio de Cloister bajo la nieve. Caspar David Friedrich.

Este es el caso del excepcional Bloodborne, un videojuego de rol de acción dirigido por Hidetaka Miyazaki y desarrollado en exclusiva para la plataforma PlayStation 4. El usuario se identifica con El cazador, un intrépido aventurero que deberá recorrer la ciudad gótica de Yharnam para buscar el enigmático Paleblood o “Sangre pálida”. Aunque al inicio del juego no se dan apenas explicaciones de cómo ha llegado el protagonista allí o por qué tiene que conseguir su objetivo, se ve abocado a explorar la inquietante urbe e interactuar o enfrentarse con sus habitantes, afectados por una enfermedad de transmisión sanguínea que convierte a personas y animales en terribles monstruos. Para recuperarse podrá descansar en la zona llamada “el Sueño del Cazador”, en la que es posible conseguir objetos y nuevas características que le ayuden a recobrar energía y tener más medios para enfrentarse a los enemigos.

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Portada de Bloodborne.

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El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.

Si hay algo que llama la atención en Bloodborne desde el primer momento es su impresionante ambientación, un delirio de estilos en el que el gótico más exagerado cobra el protagonismo absoluto. Capillas, iglesias, plazas, cementerios se entremezclan escenario tras escenario en una confusión de arcos apuntados, ojivas, contrafuertes y pináculos que emergen entre la niebla nocturna. Sin embargo, nada es casual en la estética de Bloodborne. El equipo de Hidetaka Miyazaki se documentó profusamente para diseñar los espacios y la arquitectura del videojuego, tomando como referentes edificios de Rumanía y la República Checa, además de paradigmas arquitectónicos de la arquitectura victoriana y del gótico de Europa central. De hecho, algunos de los edificios han sido recreados a partir de referentes reales claramente identificables, añadiéndoles un toque de locura a lo Lovecraft.

A continuación se muestran algunos de los escenarios del videojuego junto a su inspiración real, si bien es recomendable recorrer el videojuego y explorar sus rincones para encontrar muchos más testimonios arquitectónicos:

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Bloodborne. Oedon Chapel.

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Catedral de Aquisgrán (Alemania).

 

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Bloodborne. Great Bridge.

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Puente de Praga (República Checa).

 

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Bloodborne. Paso del Osario de Hemwick.

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Cementerio judío de Praga (República Checa).

También la escultura en el videojuego encuentra su inspiración real en autores como Claus Sluter, escultor del siglo XIV célebre por sus enigmáticas figura encapuchadas, como las del Sepulcro de Felipe el Atrevido.

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Bloodborne. Escultura encapuchada.

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Claus Sluter. Figuras encapuchadas del Sepulcro de Felipe el Atrevido.

Bloodborne es en definitiva un videojuego no solo pensado para superar enemigos cada vez más poderosos y terroríficos. Es una obra de arte que merece la pena explorar, deteniéndonos cuando sea posible en el camino para deleitarnos con la calidad de las estructuras, puentes, capillas y demás construcciones que jalonan el confuso camino hacia nuestro no menos confuso objetivo. Arte en movimiento, construido no solo por y para el espectador, sino con él, ya que un videojuego es, a diferencias de las artes plásticas, una obra que requiere ser vivida para tener sentido.

Para saber más:

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Redescubriendo los secretos de Madrid

Madrid oculto

 

 

 

 

 

 

 

 

Marco y Peter Besas.

Madrid oculto.

Ediciones La Librería. Madrid, 2014.

444 págs.

22,95 €

 

¿Quién no se ha sentido un turista más en su propia ciudad?, ¿acaso hemos visitado todos sus museos y monumentos históricos?, ¿sabemos qué acogieron o presenciaron esas antiguas calles? Es posible que hayamos contestado a estas preguntas con varias negaciones; es lo que tiene dejarse llevar por la vorágine de nuestros días. En cualquier caso, muchos de nosotros nos seguimos maravillando de la esencia de este lugar cuando viajamos en autobús o simplemente paseamos admirando su arquitectura, sus fuentes, las extrañas placas de sus calles… En fin, todos esos asombrosos detalles que hacen de Madrid una ciudad única.

Y es que en esta villa de Madrid hay tanta historia oculta, tantas anécdotas ignoradas y hechos increíbles que no sorprende que proliferen rutas guiadas de todo tipo y condición por sus castizas calles, tanto para madrileños o residentes en la capital como para cualquiera que se deje atrapar y quiera escuchar su increíble historia.

Pues bien, para los que realmente quieran adentrarse en las entrañas de esta misteriosa, divertida y apasionante gran ciudad, qué mejor que recurrir a todo un clásico, la edición especial del exitoso Madrid oculto, que ya supera la tercera edición y a la que con toda seguridad seguirán muchas más. En esta nueva edición (mejorada y aumentada), sus autores, Peter y Marco Besas (padre e hijo, respectivamente, grandes investigadores y conocedores de la historia de la villa), han incluido: veinticinco secciones nuevas, más de ochocientas fotos a todo color y dos nuevos mapas para orientarse sin perderse en el periplo; además, han adoptado un nuevo formato más grande y visual con textos revisados y actualizados, donde se han añadido todas las últimas novedades.

Pero quizá la verdadera recompensa por hacerse con este clásico la encontrarán los lectores en la resolución de los numerosos enigmas repartidos en sus casi cuatrocientas cincuenta páginas:

¿Cuántas estatuas al Ángel Caído hay en Madrid?, ¿dónde se pueden encontrar vestigios de las antiguas murallas de la ciudad?, ¿dónde están los restos de Velázquez?, ¿qué lado oscuro encierra la plaza Mayor?, ¿y la plaza de la Cebada?, ¿dónde descansa el cuerpo «incorrupto» de san Isidro?, ¿guardaba el Dr. Velasco a su hija momificada?, ¿qué símbolos y secretos esconde la fuente de Cibeles?, ¿construyó un túnel secreto José Bonaparte para escapar del Palacio Real?, ¿cuál es la historia del fantasma de la Casa de las Siete Chimeneas?, ¿y la del Palacio de Linares?

Seguro que después de tan entretenida lectura verás Madrid con otros ojos…

 

Belén Doblas

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Misterios entre sillares: construcciones mágicas a lo largo de la Historia

10 Edificios mágicos

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Aroca.

Edificios mágicos.

Espasa. Barcelona, 2014.

281 págs.

21,90 €

 

Ricardo Aroca, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, nos presenta un texto cuya intención es la de poner en relación los grandes edificios de la historia de la humanidad con sus aspectos mágicos —e, incluso, ocultistas—. No cabe duda de que la empresa es ambiciosa y precisa de conocimientos profundos, tanto de arquitectura como de ocultismo. Vamos a ver de qué lado se inclina la balanza.

El libro está estructurado siguiendo una línea cronológica, desde Stonehenge hasta el Museo Guggenheim de Bilbao. Entre medias todos los grandes edificios de la historia, como el Templo de Salomón, el Panteón de Roma, Santa Sofía, las catedrales góticas, San Pedro de Roma o el edificio Chrysler.

En esta ambiciosa tarea, Aroca va haciendo énfasis, sobre todo, en las dimensiones de los edificios; una materia en la que mucho se ha especulado y donde frecuentemente se trata de justificar la vinculación de un edificio con el ocultismo o la magia. Así, Aroca disecciona perfectamente las dimensiones de los edificios; ardua tarea cuando el edificio ya ha desaparecido y hay que apoyarse en las descripciones literarias. Este es el caso de los edificios bíblicos, como el Tabernáculo de Moisés o el Templo de Salomón, donde las medidas que aparecen en los textos —como los codos— no tienen una correlación precisa en nuestro sistema métrico. Examinando esas proporciones, por ejemplo en las grandes pirámides egipcias, se especula con la aparición del número pi e, incluso, una posible alineación con la constelación de Orión, de donde podrían haber venido los supuestos extraterrestres constructores de las pirámides. Aroca sale al paso de esta última suposición asegurando que las pirámides son de construcción humana sin lugar a dudas. Otros factores numerológicos que van a ir apareciendo en los edificios son la proporción áurea o el número fi.

Otro de los temas que Aroca aborda a lo largo del libro es la construcción de cúpulas. Esta figura geométrica perfecta, cuya construcción conlleva gran dificultad técnica, aparece en grandes edificios como el Panteón de Roma, Santa Sofía de Constantinopla o San Pedro del Vaticano. Después de conseguir construir la cúpula, la rivalidad arquitectónica parece haber residido en la construcción de edificios cada vez más altos. Aquí llegamos a una época apasionante: la de la edificación de las catedrales góticas. En este contexto aparece posteriormente la cuestión de la vinculación de la masonería (que aparecerá en el s. XVII) con los maestros canteros constructores de las catedrales. Aroca pone de relieve que esta conexión no es directa, sino más bien una cuestión de admiración. Nada hay que pruebe una verdadera relación entre maestros canteros y masones. La competitividad en la construcción de los edificios más altos seguirá hasta nuestros días. Así aparecerán la Torre Eiffel, el edificio Chrysler y el Empire State.

Una vez concluida la lectura nos damos cuenta de que hemos recibido una gran lección de arquitectura. No obstante, la vinculación con la magia y el ocultismo está cogida con alfileres. Por citar un ejemplo, no se la menciona en relación con un edificio emblemático como el Monasterio de El Escorial, del que tantas vinculaciones esotéricas se proponen —como la de estar destinado a tapar una de las bocas del Infierno—. Tampoco hay referencia alguna a un tema tan importante como el de las corrientes telúricas donde numerosos edificios han sido edificados. Echamos, pues, en falta esa componente mágica, que solo en ocasiones concretas se pone de relieve en el libro.

La balanza se inclina, pues, del lado de la arquitectura, campo en el que sin duda Aroca es un gran especialista y divulgador. Pero echamos de menos un poco más de misterio alrededor de los grandes edificios de la humanidad.

Pedro Ortega