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Las máscaras de Cristo

Lynn Picknett y Clive Prince.Portada del libro Las máscaras de Cristo

Las máscaras de Cristo.

Barcelona: Editorial Luciérnaga, 2017.

464 págs.

19,95 €

 

Si nos preguntamos acerca de la realidad de la figura de Cristo, sin duda estamos tratando el tema más crucial de la historia de Occidente. Sin Jesucristo el panorama histórico hubiera sido, sin duda, completamente diferente. Pero ¿los valores sobre los que se ha asentado el Cristianismo son de verdad los que planteó su mesías? La respuesta a esta pregunta es rotundamente no. Las variaciones tan notables entre los cuatro Evangelios (sobre todo el de Juan que se desmarca de los tres sinópticos) ya nos hacen poner en duda la realidad de muchos de los episodios loados por la Iglesia. Si a esto le sumamos los Apócrifos, los textos gnósticos y otras fuentes de la época, la cuestión se vuelve totalmente enrevesada.

El tema ha dejado infinitas líneas de tinta a lo largo de la historia, así que la cuestión que plantean Picknett y Prince no es en absoluto nueva. El mérito de esta publicación es de nuevo traer a la actualidad esas dudas, poner de manifiesto las incongruencias, abrir nuevos interrogantes sobre esta cuestión fundamental. 

Como no podía ser de otra manera, se ponen de relieve temas como la plausible rivalidad entre San Juan Bautista y Jesús, en el vínculo posiblemente marital con María Magdalena, en que tenía hermanos, en la poca veracidad de los supuestos milagros y cómo no el tema clave: la muerte y resurrección de Jesús. 

Creo que este volumen es muy interesante. Y si viene de la mano de Javier Sierra y de su colección Ocultura, el resultado ha de ser sin lugar a dudas muy positivo. La colección a mi juicio es un acierto, por los temas que lleva tratando desde su inicio (aquí podéis leer la reseña de El ocultismo en la política) y con la que me alineo, pues no en vano he defendido y defiendo el concepto de “la cultura del misterio” que creo que viene a ser un sinónimo de “ocultura”. Así que creo que podemos lanzarnos a la lectura de este libro para darnos cuenta de cuánto nos falta todavía por saber sobre la figura y la doctrina real de Jesucristo, pilar fundamental de las creencias sobre las que se sustenta nuestra cultura.

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El Evangelio de las Suertes de María

Han pasado varios años desde que la investigadora Anne Marie Luijendijk, al examinar un códice copto del siglo VI en el Museo Sackler de Harvard, descubrió otro códice más pequeño, en pergamino, titulado Evangelio de las Suertes de María, la madre del Señor Jesucristo, a la que Gabriel el arcángel trajo la buena nueva. El que persiga con todo su corazón, obtendrá lo que desea. No seas de dos mentes. Se trata de un manuscrito de setenta y cinco páginas, que contienen pasajes breves de carácter mágico.

Aunque lleve por título “Evangelio”, el libro no contiene ningún pasaje de la vida o la pasión de Cristo: ni María ni Cristo son los protagonistas. Si abundan las referencias bíblicas, con citas de Salmos, Job, Proverbios, Mateo o Lucas. En realidad, la finalidad del libro era la de adivinar el futuro y cada página elegida al azar daba una respuesta a la pregunta del consultante.

El Evangelio de las Suertes de María es una muestra del papel que tenían las artes adivinatorias en el Egipto cristiano. Encontramos oráculos como el siguiente: «Ve y haz tus votos, y lo que prometiste cúmplelo inmediatamente. No tengas una mente doble, pues Dios es misericordioso. Él es el que cumplirá tu petición y aliviará la aflicción de tu corazón» (oráculo 25).

Para consultar las respuestas existían diversos métodos. Se podían utilizar pequeñas fichas en las que se inscribía la pregunta y a través de diversos juegos de azar se obtenía la respuesta. También se empleaban dados o astrágalos, cuyo número indicaba la respuesta, ya fuera un número que se correspondía con el nombre de un dios, una página o un verso. En un fragmento de papiro se cuenta que se usaban hojas de palma para invocar a la Gran Señora Isis a través del mensajero Hermes.

Acostumbrados a la fe y a los milagros, vemos cómo también el cristianismo primitivo de origen copto utilizaba la adivinación vinculada a la religión, manteniendo la tradición egipcia previa al cristianismo.
Fuente: National Geographic