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La noche en que el ciudadano nos la jugó

¿Qué sería del mundo sin bromas? Tal están las cosas hoy en día, que muchos nos preguntamos cuándo se acabó de matar el humor en el mundo posmoderno. Y es que al humor no se le puede reprochar nada, siempre y cuando respete los límites de sus propias perspectivas. El humor es vida que decía el gran Groucho, pero también es mucho más. Por medio del humor que hace surgir la risa de lo más profundo de nuestro ser, juzgamos el mundo, como indicaba Bergson. El ojo crítico con el que juega el humor nos permite seguir creyendo —todo lo posible— en la libertad de expresión y en el poder de las sonrisas. Gracias a las parodias el ser humano supera sus traumas: así han demostrado los diferentes pueblos que han conseguido desarrollar la no fácil tarea de reírse de sí mismos, y prueba de ello es Blackadder Goes Forth (1989), donde un joven Rowan Atkinson se reía de la I Guerra Mundial; igual lo hemos intentado nosotros —los míticos sketches de Gila— con la Guerra Civil —Plaza España (2011)—, pero con poco éxito… debe ser que aún somos reacios a superar ciertas cosas, una lástima. ¡Y lo que nos hemos reído de los nazis! Los hemos transformado desde zombis —Zombis nazis (2009)— hasta seres rencorosos que huyeron del planeta y esperaron su regreso en el espacio —Iron Sky (2012)—. Pero aun así, desde esta óptica, si una revista satírica hoy en día ataca a un conjunto ideológico de esta índole en nuestro país, seguimos sorprendiéndonos de la más horrible de las formas.

Fuera como fuese, el humor está presente en nuestra historia de forma natural. Los bromistas pronto comenzaron a aprovecharse de los crecientes medios a inicios del siglo XX para subir un escalón más alto en la gracia colectiva. Los años veinte supusieron el nacimiento de las más prestigiosas emisoras de radio de todo el mundo, destacando Inglaterra con la British Broadcasting Company (BBC), fundada en 1922. Cabe aclarar que no nos quedamos atrás, 1924 es el año que surge la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) siendo todavía una de las emisoras más escuchadas en territorio nacional. Pero es la célebre Columbia Broadcasting System (CBS, 1927) la protagonista en esta ocasión. El poder de comunicación de los gigantes informativos se comenzó a palpar en los años de su creación y se confirmó en los siguientes, tras la Crisis del 29. La noche del 30 de octubre de 1938, fueron los estudios de la CBS desde donde un joven Orson Welles nos la jugó a todos.

Aunque en un primer momento no estaba planteado como broma, Welles, que desde unos años atrás ya trabajaba junto con Howard Koch en la radio adaptando textos literarios a representaciones radiofónicas, se le ocurrió la maravillosa idea de retar el endeble espíritu norteamericano mezclando realidad y ficción. Consiguió crear un guion de radio adaptando la novela de ciencia ficción de H. G. Wells, La guerra de los mundos (1898), donde se relata la invasión de los marcianos a la Tierra, pero lo hizo tan bien que incluso habiendo advertido al inicio del programa que se trataba de una dramatización, la gente lo creyó verdad absoluta. Ya sólo el inicio, “El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando.”, un inocente y aparentemente verídico noticiero, empujó a millones de habitantes de Nueva Jersey y Nueva York a precipitarse en sus coches a las carreteras, huir de sus casas en masa, colapsar los servicios de emergencia…

El posterior creador de Ciudadano Kane (1941), maestro del cine y devoto shakespeariano, jugó con los misterios insondables del alma, con la inocencia y la ingenuidad americanas, con el humor, la ficción y todo siempre desde la profesionalidad. Welles demostró al mundo aquella víspera de Halloween, nos demostró a todos, que nada es absoluto y todo se puede tergiversar… hasta las lechuzas, según Lynch, no son lo que parecen.