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Libros de sangre II

Clive Barker.
Libros de sangre II [volúmenes IV, V y VI].
Valdemar. Madrid, 2017.
634 págs.
32 €

Si con la edición de la primera parte de los Libros de sangre los seguidores de Barker quedaban satisfechos, esta segunda completa la satisfacción ante lo esperado de la entrega. Claro que ya existían ediciones en castellano de los relatos más terroríficos del autor de Liverpool, pero como ocurría con la primera parte, no existía una edición actualizada a la altura de la calidad literaria de su artífice. Barker, creador de los mitos de horror moderno a la par que el archiconocido King —incluso éste último alaba la producción literaria de Barker—, recopiló en la segunda mitad de la década de los ochenta lo que todavía hoy se considera la antología de horror más impactante del siglo XX y Valdemar, siempre a la altura de los escritores que edita, ha sabido darle el honor que merece tanto a nivel de edición como de traducción al castellano, sin duda una proeza que hay que reconocer a Marta Lila Murillo, la encargada tanto en esta parte como en la primera de traducir a Barker.

Si bien en esta segunda parte se echan de menos las obras pictóricas del propio Barker —que acompañaban a nivel ilustrativo el anterior volumen con gran maestría—, los relatos presentados aquí encandilan al lector hasta tal punto que la ausencia de sus ilustraciones terminan olvidándose. La inmersión en la lectura, para todo aquel que desee estremecerse con el horror más visceral y perturbador de Barker, se hace de la misma forma que se adentra un buzo en aguas profundas: primero uno se acostumbra a la presión, después se siente cómodo sumergiéndose hasta que se da cuenta de la oscuridad tan terrible que le rodea cuando ha descendido demasiado.

Es cierto que la mayor parte de los relatos de Barker que llaman la atención del lector, bien por su fama, bien por su nivel de atrocidad, se encuentran en la primera parte de estos Libros de la sangre, pero sin duda alguna relatos como “El cuerpo político”, “La condición inhumana” —que encabezan esta edición— o “Lo prohibido” harán que hasta el más aventurado de los lectores sienta la tentación de mirar por encima de su hombro durante la lectura. Un ejemplar digno de disfrute —para los que sepan disfrutar del horror— hasta el punto de que más de una página termine salpicándole sangre…

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Menú del día… nada apetitoso

Canibalismo

La gastronomía es uno de los aspectos diferenciadores de una cultura. Tanto es así que cuando viajamos siempre recomiendan probar los diferentes platos típicos de cada zona para que nos hagamos una idea más nítida de cada pueblo. Por los viajes al extranjero somos conscientes de lo saludable de la dieta mediterránea y no faltan buenos viajeros que como comensales en otros países claman aquello de “Como en casa, en ningún sitio”. Nos asombramos continuamente al conocer qué animales son considerados manjares en unas zonas del planeta o la afición obsesiva por el picante en otras. Pero… ¿qué ocurre cuando el ingrediente principal de la receta es lo que realmente nos horroriza? Condenado en la actualidad, adjetivado de inhumano y rechazado en el Primer Mundo, el canibalismo todavía sigue siendo un oscuro episodio de la humanidad que no ha terminado de erradicarse…

Existen evidencias de canibalismo desde la Prehistoria hasta que quedó anclado en el siglo XIX en casos aislados de algunas culturas del Pacífico Sur. Hoy en día son célebres los korowai, originarios de Papúa Nueva Guinea, una de las pocas tribus que comen carne humana y conocida gracias a la labor de investigación y acercamiento del antropólogo Paul Raffaele. La mayoría de los korowai, según Raffaele, viven aislados del mundo y no conocen más allá de su hábitat, sus rituales caníbales se basan en matar y devorar a aquellos que consideran khakhua, término con el que designan a los brujos y brujas. Claro que nos echamos las manos a la cabeza al escuchar esto, pero… no sé qué es más horrible, si comerse a una persona que es acusada de brujería o quemarla viva.

Pero el sinsentido del mundo posmoderno nos ha dejado perlas mucho más increíbles que rozan el absurdo y dinamitan la fe en la humanidad. Tal es el caso de la autodenominada Iglesia de la Eutanasia, cofundada por la conocida música transgender Chris Korda en Massachusetts en los años noventa. No sé qué es exactamente lo que se les pasaría por la cabeza a los fundadores de este extraño movimiento, pero predican sus cuatro pilares fundamentales como suicidio, aborto, canibalismo y sodomía. Esta suerte de activistas que protestan contra la superpoblación del planeta, promueven el veganismo radical, por lo que debe ser que destinan el canibalismo para sus adeptos no iniciados en las dietas veganas… Por el momento quiero pensar que hay más de humor negro de mal gusto que de realidad verídica en el supuesto movimiento, pero nunca se sabe.

Las noticias de caníbales reales hoy en día salpican los telediarios cuando se trata de asesinos cruentos, personas que a menudo sufren desequilibrios mentales y que nos recuerdan que el mundo está día a día un poco menos cuerdo. La ficción se ha nutrido de monstruos como Nicolas Cocaign —el caníbal de Rouen—, Jeffrey Dahmer o Armin Meiwes —el caníbal de Rotemburgo—, y ha dado personajes tan aterradores como carismáticos, recordando todos al Doctor Lecter que Thomas Harris perpetuó con su pluma —que nada tenía que envidiar al violento asesino de “Un hombre bueno es difícil de encontrar” de Flannery O’Connor—. Un canibalismo que puede tornarse en filosofía de la manera más perversa, como sucede en la primera novela de David Cronenberg, Consumidos (Anagrama, 2016), altamente recomendable y de una exquisitez que poco tiene que ver con el apetito.

Sea como fuere, el canibalismo ha ido evolucionando en la clandestinidad y lo verdaderamente inquietante es la fuerza que posee al haber retomado la característica de ritual originario de las civilizaciones americanas antiguas. El misterio del ritual proviene, muy seguramente, de la misma clasificación como tabú. Al quedarse confinado como algo prohibido, el canibalismo ha ido reforzándose sobre todo en dudosas sociedades secretas o creciendo como leyendas urbanas. Tal es así que hemos podido degustar algunos extraños platos en recetarios televisivos como Masters of Horror o The Hunger.

En el caso de Masters of Horror, el episodio 12 de la segunda temporada, “Los Washingtonianos” (2007), nos muestra una oscura logia que pervive desde que fue fundada por el mismísimo George Washington y que a día de hoy sigue manteniendo el ritual caníbal. The Hunger, si bien en España recibió el poco acertado título de El lado salvaje del deseo, es una serie similar, de capítulos autoconclusivos y poco conocida hoy día, pero que sin duda posee grandes capítulos memorables. En el cuarto episodio de la primera temporada, “The Secret Shih Tan” (1997), narra la obsesión de un maestro cocinero por un antiguo recetario chino que le llevará a cocinar el más inesperado de los platos.

Por lo que, si su estómago se lo permite, siempre es un placer —no del todo culinario— revisitar estas obras, más allá de la monstruosidad caníbal. Pero cuidado, no hay que olvidar que, como dice el refrán, de golosos y tragones están llenos los panteones, así que no se pegue el atracón.

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El pavoroso imaginario de Ligotti

Grimscribe

 

 

 

 

 

 

 

 

Thomas Ligotti.

Grimscribe. Vidas y obras.

Editorial Valdemar. Madrid, 2015.

248 págs.

21 €

 

La editorial Valdemar ha apostado fuerte por el literato norteamericano contemporáneo Thomas Ligotti. Con esta edición (para la que ha elegido su colección más lujosa, Valdemar Gótica), van ya tres títulos publicados: Noctuario. Relatos extraños y terroríficos (en 2012), La conspiración contra la especie humana (este año; ya reseñado en Mistérica Ars Secreta n.º 3) y el que hoy nos ocupa, Grimscribe. Vidas y obras.

La editorial Valdemar no duda en encuadrar a Thomas Ligotti en una terna formada con Edgar Allan Poe y Howard Phillips Lovecraft, a la que que denomina «la insana, justa y necesaria Trinidad de la Moderna Literatura Fantástica y Extraña». Quizá esta aseveración resulte algo exagerada, pues aunque Ligotti se ha alzado a la cima de los grandes, no sé todavía si es capaz de ostentar esa altísima calificación. Y digo esto porque, si bien Noctuario y La fábrica de pesadillas (este título editado por Panini Cómics en 2007) me parecieron dos obras sencillamente geniales, Grimscribe me ha dejado peor sabor de boca.

Grimscribe. Vida y obras es de nuevo una recopilación de relatos, género en el que Thomas Ligotti se mueve como pez en el agua y en el que es capaz de desarrollar brillantemente tramas cortas, capaces de aterrorizar al lector contemporáneo. Ahora, aunque «La última fiesta de Arlequín», el relato que abre la recopilación, es excelente, del resto de narraciones (con excepciones) podemos decir que son algo menores.

En «La última fiesta de Arlequín», el autor nos cuenta la inmersión de un antropólogo en un extraño pueblo donde durante el invierno se celebra todos los años una festividad caracterizada por unos siniestros payasos. El protagonista se sumergirá en este extraño mundo, donde la imaginación del autor nos lleva de la mano brillantemente a través de una historia espeluznante.

Otro relato que me ha sorprendido gratamente lleva por título «Los anteojos de la caja». En él este elemento permite a su portador viajar a mundos mágicos y que no trae sino consecuencias funestas. También «Nethescurial» es una buena muestra de horror, el cual hunde sus raíces en un extraño documento hallado entre los legajos de una biblioteca. Por último destacar «Los capullos», relato muy a lo Lovecraft, donde la cita con un extraño personaje es la excusa para hallar un fatídico final.

Pese a considerar que Grimscribe no es una obra de la talla de sus antecesoras, quizá se trate solamente de una apreciación personal. No obstante, quiero expresar de nuevo mi condición de seguidor incondicional de Ligotti, lo que no implica que siempre me deleite al ciento por ciento con cada una de sus obras.

Pedro Ortega