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Penny Dreadful: un mordisco de cómic al horror clásico

Eva Green as Vanessa Ives and Timothy Dalton as Sir Malcolm in Penny Dreadful (season 1, episode 8). - Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME - Photo ID: PennyDreadful_108_0681
Eva Green como Vanessa Ives y Timothy Dalton como Sir Malcolm in Penny Dreadful (temporada 1, episodio 8). – Foto: Jonathan Hession/SHOWTIME

La elegancia decimonónica, el terror arrabalero londinense, el pulp fiction de plumas de pavo real, las ínfulas poéticas más refinadas y malditas y, en definitiva, toda la sed de sangre que un dandy vampírico a la vieja usanza necesita, se encuentra, se sacia, en este maravilloso ejercicio de retorcido y malvado fin de siècle televisivo. Al fin se estrena en España esta serie de ocho capítulos capitaneados por John Logan, un reputado guionista hollywoodiense que cuenta entre algunas de sus películas más conocidas obras como, Gladiator y la más cercana a la sangre londinense que nos ocupa, Sweeny Todd, de nuestro querido y cada vez más prescindible Tim Burton. Acompañando a John Logan se encuentra Sam Mendes, al que conocemos sobre todo por dirigir la estupenda American Beauty. Ambos crean para la cadena de televisión estadounidense Showtime, un serial basado supuestamente en las pequeñas publicaciones de horror en la antigua Inglaterra victoriana que proliferaban por aquella época, de la que precisamente Sweeny Todd era uno de sus hallazgos, pero traídas al presente en un pastiche muy de cómic, parecido a la Liga de los Hombres Extraordinarios, en el que mezclan a los vampiros con Dorian Gray, Frankenstein y cualquier otro personaje popular y maldito del horror del siglo XIX.

La historia de esta primera temporada es bastante débil y en ocasiones inconsistente, con comportamientos y actitudes a veces tan inconexos como incoherentes. Pero eso es lo de menos, porque la factura estética de la serie es tan apabullante que acabamos perdonando todos sus pecados. Tanto la fotografía como los decorados o la cuidada ambientación, es de una soberbia calidad, y para ello se han contratado a algunos directores punteros como el español Juan Antonio Bayona, que se encarga de los dos primeros capítulos de la saga con una maestría estética semejante a la de sus películas. El elenco de actores recoge algunos nombres célebres venidos a menos, como Josh Harnett o Timothy Dalton, pero son fagocitados en escena cada vez que aparece la insultante y graciosa presencia de su majestad Eva Green que, a veces se muestra irónica, a ratos poseída, en ocasiones enloquecida, pero siempre, absolutamente siempre, esconde toda una definición del arte escénico cada vez que se acerca una taza de té a sus labios. Simplemente está estupenda. Mención aparte hay que hacerla a mi admirado David Warner, uno de mis “malos” favoritos del cine, que aquí hace un pequeño papel como Van Helsing. La música, a cargo de Abel Korzeniowski, acompaña a las imágenes con un estupendo manto sonoro tan siniestro como atormentado, en uno de los mejores trabajos que recuerdo a nivel musical en una serie de televisión. Clásica, pero a un mismo tiempo actual, la partitura del maestro Korzeniowski siembra oscuridad y belleza a partes iguales.

Episode 101

Las reminiscencias del posromanticismo tardío campan a sus anchas en los perversos fotogramas de Penny Dreadful. Uno parece ver cuadros de Franz Von Stuck o los ambientes malditos de Baudelaire o Poe mientras recorre los capítulos de esta serie, todo ello salpicado por el cine de terror actual realizado con gusto, estilo y de una manera muy gótica, más cercana a la ortodoxia clasicista del terror romántico que a la serie B del terror actual, aunque Penny Dreadful emane de las dos fuentes. La pena es que haya capítulos muy irregulares o que algunas tramas carezcan de interés o resulten prescindibles. El punto débil es, sin duda alguna, su guión. Si no fuera por ello estaríamos hablando de una obra maestra. Afortunadamente, en lo que sí destaca sobremanera esta serie, es en el auténtico regalo para la vista: su cuidada estética. Es una delicia disfrutar del excelente vestuario. En cada cambio de escena estoy que me muerdo las uñas por saber qué llevará la Green. También destaca la magnífica ambientación, la iluminación, la decoración, que huele toda ella a perfumes henchidos en cloacas de sangre. En ese sentido, Penny Dreadful es muy especial y, si te atrae el terror del siglo XIX y la estética decadentista, Penny Dreadful es perfecta. Y afortunadamente sus responsables han confirmado una segunda temporada, que actualmente se está rodando en Dublín y que constará de diez capítulos más con los que saciar de sangre nuestro apetito de gótico canónico.

Por Alberto Monreal

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Una colección de relatos steampunk

05 Retrofuturismos

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

Retrofuturismos. Antología Steampunk.

Ediciones Nevsky. Madrid, 2014.

420 págs.

20,90 €

 

El término steampunk, acuñado por K. W. Jeter en la década de 1980, un poco a modo de broma, para describir las obras que estaban escribiendo Tim Powers, James P. Blaylock y él mismo como contraposición al popular cyberpunk de la época, está en pleno auge. Aunque a veces el término se use para definir solamente una estética muy característica, lo cierto es que el steampunk nació en la literatura de ciencia ficción. Como subgénero de esta última lo defiende Marian Womack, la editora de la presente antología, en el interesantísimo postfacio que acompaña a la obra. Para Womack, el steampunk no solo se centra en la nostalgia por la belleza del pasado (belleza, por cierto, imaginaria, ya que nada ha sido tan atractivo visualmente como se representa en el género), sino que también es un medio para hacer crítica social, al reconocer en la sociedad victoriana un reflejo de nuestra sociedad actual.

Nos encontramos ante la segunda antología steampunk publicada por la editorial Nevsky. La primera, Steampunk. Antología retrofuturista, seleccionada por el escritor Félix J. Palma, se publicó en 2012. Los quince relatos que componen esta segunda antología son muy variados. Todos van más allá de la estética de los dirigibles y los engranajes, y pocos tienen lugar en el sempiterno Londres victoriano. Lo más importante es que gran parte de ellos incorporan elementos de crítica social.

La recopilación contiene quince relatos retrofuturistas, entre los que destacan el relato de Félix J. Palma, «La princesa del centro de la Tierra», que abre la antología con una historia ambientada dentro de su trilogía victoriana; «La biblioteca de BubbleLon» de Sofía Rhei, uno de los más interesantes de la colección, el cual está protagonizado por una bibliotecaria un tanto peculiar y concluye con un bonito guiño a Oscar Wilde; «Biocronografía del salto lateral: el teorema de Aub», un relato de Guillermo Zapata que cuenta con viajes en el tiempo, agujeros de gusano, el inicio de la guerra civil española y la presencia de Luis Buñuel, entre otros elementos; «Aborrecer a Lester J. Murray», de Laura Fernández, la historia más divertida y pulp del libro, trata sobre un dirigible parlanchín; el relato escrito por Rubén Sánchez Trigos, «Gigantes», trae a Georges Méliès al Madrid de la década de 1930 para montar un extraordinario parque de atracciones; «Tiros a la barriga», de Jesús Cañadas, mezcla magistralmente la tecnología steampunk, la magia más arcaica y los sucesos de Casas Viejas (Cádiz, 1933); «Berlin Mechanical Men», de Noemí Sabugal, es un relato hardboiled que narra un conflicto centrado en la lucha de clases con autómatas de por medio; «El manco», escrito por Rocío Tizón, es otra narración de detectives y asesinos en serie; el relato de Luis Guallar, «Como dentro de un reloj», provoca en el lector la angustia de los mejores cuentos góticos, aderezando la clásica casa encantada de estos con autómatas y mecanismos varios; «Los hijos de Saturno», de Sergio Lifante, hace que la infame vampira de Barcelona protagonice una historia sobre una máquina capaz de traer la paz mental (eso sí, por un precio que no todos querrían pagar); «Prey’s Moon», de Joseph Remesar, nos hace reflexionar sobre si bestias tales como los hombres lobo tienen conciencia; y, cerrando la antología, encontramos el relato de Ángel Luis Sucasas y Francisco Miguel Espinosa, «Las manos que construyeron América», ambientado en la guerra de la Independencia norteamericana, que cuenta la historia de dos hermanos junto a la de los bandos contingentes.

Retrofuturismos consigue demostrar la enorme versatilidad que puede llegar a tener el género, así como también que se pueden escribir relatos steampunk de una gran calidad fuera del ámbito anglosajón.

Gema Solís Villamarzo