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Programa 02×20 Viaje a Caballar y Sotosalbos (Segovia) con Eduardo Juárez

El pasado 12 de enero, Mistérica Radio Secreta organizó un viaje a las localidades de Sotosalbos y Caballar en Segovia accesible para personas sordas, de la mano de la asociación Cecusor.

Allí tuvimos el privilegio de grabar un programa en vivo, que es el que hoy se emite. Al mismo tiempo, podéis seguirlo también en vídeo desde el canal de Youtube de Mistérica Radio Secreta, con Lengua de Signos, en este enlace:

https://youtu.be/a7z9MUvaV5E

Por una parte contamos con la colaboración de José María San Segundo, gracias a quien hemos recabado el apoyo para realizar este viaje tan especial, esto es, la Diputación de Segovia, Alcaldes e Innovación y COTEC, y con la alcaldesa de Caballar.

Fotografías: Ángel Maderuelo e Irene/Decimononic

En el programa de hoy nos acompaña un invitado muy querido: Eduardo Juárez, que nos hará viajar en el tiempo para conocer cuál fue el pasado de Sotosalbos y Caballar así como de otros pueblos limítrofes de esta cara norte de la Sierra de Guadarrama.

Contamos también con Pedro Ortega, que hoy nos trae la sección “TERRA SECRETA”, en la que en nos descubre la tradición de las mojadas de Caballar, un rito ancestral que se llevaba a cabo cuando arreciaban las sequías en la zona y gracias a los santos Engracia y Valentín se obraba el milagro.

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La imagen de Juana de Arco en el fin de siglo

 

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Albert Lynch. Juana de Arco. 1903.

Pese a sus desventuras, la figura de Juana de Arco será para la promoción política de la nación francesa en el siglo XIX. Ella es el principal icono decimonónico de mujer condenada injustamente a la hoguera, la heroína francesa que tras haber sido condenada y quemada por la Inquisición, fue reivindicada, se rectificaron los errores y fue canonizada en 1920. Pero el proceso de beatificación y canonización fue arduo. Así, es durante el siglo XIX donde se va a reivindicar la figura de Juana y la idea de que fue una valedora de Francia y que murió mártir, lo que se va a mostrar a través de las narraciones de su vida y de los lienzos, dibujos y grabados que exaltan su figura.

 

Jules Michelet, el gran historiador francés que dedica gran parte de su obra a escribir la historia de su país, nos narra el proceso de Juana de Arco por la Inquisición en 1431. La acusación primera fue de magia, pero la que consiguió mayor convenio fue la de herejía. Fue interrogada pero no torturada, en un proceso que tenía un carácter más político que religioso. Los ingleses presionaron a los franceses para que Juana fuese condenada a muerte. Y de este modo, un proceso viciado de principio, llevó a Juana de Arco a la hoguera. Mientras las llamas ascendían por su cuerpo y la conducían al otro mundo, según un testigo: “La escuchamos, añaden, invocar a sus santas, su arcángel, repetir en el fuego el nombre del Salvador… Finalmente, dejando caer su cabeza, exhaló un profundo grito: ¡Jesús!” (Michelet, Jules. Juana de Arco. Fondo de Cultura Económica. México D. F., 1986, p. 132.).

A lo largo del siglo XIX se prodigaron las imágenes de Juana de Arco, sobre todo en el ámbito francés, que la reclama como figura icónica de la patria francesa. Juana va a ser representada en los distintos pasajes de su vida: la iluminación, la batalla, victoriosa, procesada y muerta en la hoguera. Así, contamos con numerosos lienzos y estatuas de la Doncella de Francia a lo

largo del siglo, a cargo de Ingres, Henri Revoil, Paul Delaroche o Adolphe-Alexandre Dillens y esculturas de Emmanuel Frémiet, Paul Dubois o Henri Chapu. Es reseñable la interpretación que hace del tema Paul Gauguin en 1889. Fuera de las fronteras visitarán también el tema los Prerrafaelitas: Millais, Rossetti, Annie Louisa Swynnerton, William Blake Richmond o Frank Dicksee.

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Frank DuMond. Frontispicio para Personal Recollections of Joan of Arc. 1896.

 

En Juana de Arco concurre también el paradigma de santa martirizada: el triunfo sobre la muerte. Además, como las santas barbadas, Juana es una virgo fortis, una mujer guerrera, con atributos tanto femeninos como masculinos. La iconografía finisecular va a retratar a la Dama de Orleans con coraza, como guerrera, y con larga cabellera pelirroja, como doncella. Es una suerte de combinación exitosa de la andrógina del fin de siglo. Un autor foráneo cantará también a Juana de Arco. Es Mark Twain en su obra titulada Personal Recollections of Joan of Arc, by the Sieur Louis de Conte, publicada seriada en el Harper’s Magazine

en 1895 y aparece como libro en 1896. El texto pretende ser una traducción de un antiguo manuscrito en el que Louis de Contes, narra en primera persona los tres hitos clave de la vida de Juana: su juventud en Domrémy, como guerrera bajo las órdenes de Charles VII y su juicio inquisitorial en Rouen. En la versión ilustrada de 1896 cabe señalar el frontispicio de Frank DuMond titulado Jeanne D’Arc Martyr cargado de simbolismo. Juana ataviada con una túnica blanca está atada a un poste sobre la pira inquisitorial. Su bello rostro tiene la mirada perdida hacia la larga cruz que se presenta ante ella. Al fondo la Catedral de Rouen y debajo un prelado que parece aclamar la sentencia de muerte a los presentes. Esta imagen está flanqueada por dos grandes espadas, símbolo del combate de Juana por Francia y en las esquinas superiores dos cruces góticas en piedra que parecen continuar las grisallas de esculturas de un santo y de la Virgen a ambos lados. Arriba, en letras góticas aparece la cartela “JEAN D’ARC MARTYR”.

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Octave Denis Victor Guillonnet. Portada para el libro Jeanne d’Arc de Frantz Funck-Brentano. 1912. 

Para culminar el tema de Juana de Arco tenemos otra representación de bibliofilia. Nos remitimos a un libro escrito por Frantz Funck-Brentano en 1912, en cuya edición parisién ilustrada por Octave Denis Victor Guillonnet se muestra una portada tremendamente impactante: Juana de Arco crucificada. La doncella está vestida de armadura, con el cabello corto pero con formas femeninas, abriendo los brazos, en pose crucificada. Sutilmente, sobre el fondo amarillo, se distingue una forma de cruz trazada a base de flores de lis. Es una forma alegórica de expresar el martirio sublime de Juana de Arco, que más que con su santidad, la vincula directamente con la propia imagen de Cristo.

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La Ofelia cristiana

Paul Delaroche. Mártir cristiana ahogada en el Tíber en tiempos de Diocleciano. 1853. Óleo sobre lienzo, 73.5x60 cm. Hermitage Museum, St Petersburg, Russia

Paul Delaroche. Mártir cristiana ahogada en el Tíber en tiempos de Diocleciano. 1853. Óleo sobre lienzo, 73.5x60 cm. Hermitage Museum, St Petersburg, Russia
Paul Delaroche. Mártir cristiana ahogada en el Tíber en tiempos de Diocleciano. 1853. Óleo sobre lienzo, 73.5×60 cm. Hermitage Museum, St Petersburg, Russia

En la Francia del Segundo Imperio comenzó a surgir el tema de la representación de la mártir romana. Vamos a analizar un ejemplo de primer nivel de esta iconografía.

La primera obra de esta temática la hallamos en la madurez del pintor francés Paul Delaroche. Se trata de Mártir cristiana ahogada en el Tíber en tiempos de Diocleciano fechada en 1853. Aunque la representación de mártires romanas en este período son realizadas por  pintores críticos con la iglesia, no debemos ver en esta obra ningún atisbo de heterodoxia: Delaroche es un sincero pintor cristiano que aborda en su producción temas cristológicos, hagiográficos y veterotestamentarios, a la par que se dedica a la pintura de historia y al retrato.

Según parece el cuadro fue concebido por el autor en una grave enfermedad que podría haberle costado la muerte. Podríamos hablar de que el cuadro es en cierta manera una visión casi póstuma del autor. La descripción que acompaña al catálogo de 1858 de la obra de Delaroche dice así:

Une jeune Romaine n’ayant pas voulu sacrifier aux faux dieux, est condamnée à mort et précipitée dans le Tibre, les mains jiées; le soleil est couché derrière les rives sombres et nues du fleuve; deux chrétiens aperçoivent le cadavre de la jeune martyre, qui passe devan eux, emporté par les flots[1].

La obra tiene un notable carácter romántico: la hermosa joven, cuyas manos están aún atadas, flota en unas aguas turquesa, y, aunque es de noche, el halo de santidad ilumina su rostro. En las sombras dos cristianos se percatan de la escena y acuden a recoger su cuerpo, tal y como sucede en las leyendas hagiográficas de los mártires.

Esta estampa provocó la reacción del agudo crítico Theophile Gautier quien la bautizó como la “Ofelia cristiana” por el paralelismo con su coetánea Ofelia del prerrafaelista Millais.

[1] Delaroche, Paul (1797-1856). Oeuvre de Paul Delaroche / reproduit en photographie par Bingham ; accompagné d’une notice sur la vie et les ouvrages de Paul Delaroche ; et du catalogue raisonné de l’oeuvre par Jules Godé. París, 1858. Pl. 75.

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Un artista polaco en torno a Quo Vadis?

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Henryk Siemiradzki

Entre 1895 y 1896 se publica por entregas en la Gazeta Polska la novela Quo Vadis? Del escritor polaco Henryk Sienkiewicz, Premio Nobel de Literatura en 1905 por esta obra. Su éxito va a ser fulgurante y su publicación se extiende rápidamente a todo el continente. Se trata de una novela histórica ambientada en los tiempos de Nerón que narra, entre otras, las persecuciones y martirios a los cristianos. Esta novela es significativa porque inspira y se inspira en los artistas europeos de finales del XIX.

El tema de los mártires cristianos en el circo romano fue muy desarrollado en la pintura europea de finales del siglo XIX, pero será en Polonia donde el tema esté más imbuido de religiosidad. Los pintores polacos son devotos cristianos y tratan el tema del martirio con contención, con verismo histórico y, salvo excepciones, sin regodearse en la tragedia. El artista polaco del que hoy vamos a hablar es Henryk Siemiradzki (1843-1902) pues representa varias veces en su obra pasajes de Quo Vadis?

Para tener una breve referencia mencionar que Henryk Siemiradzki se forma en la Academia de Arte de San Petersburgo y en 1871 recibe una beca para estudiar en Múnich. No obstante, pronto viajará a Roma donde desarrollará la mayor parte de su obra, aunque se mantiene en contacto directo con Rusia y Polonia durante toda su vida. El sentimiento cristiano del autor le llevará a cultivar toda una serie de pinturas relacionadas con la vida de Cristo y de los primeros cristianos, algunas de ellas inspiradas directamente en Quo Vadis?

Henryk Siemiradzki, Las antorchas de Nerón, 1877.
Henryk Siemiradzki, Las antorchas de Nerón, 1877.

Las antorchas de Nerón (1877) es la primera obra que dedica el autor a los mártires romanos y se trata de un pasaje que aparecerá después novela de Sienkiewicz. Se centra en uno de los pasajes de martirio a los cristianos por parte de Nerón que se describirá después en Quo Vadis? Los acontecimientos tienen lugar después del incendio de Roma: Nerón acusa a los cristianos de provocar la tragedia y trama venganza contra ellos. La idea que le viene a la cabeza es quemarles atados en estacas al igual que ellos habían quemado la ciudad.

Así lo representa Siemiradzki en esta impresionante pintura mural. Mas de dos tercios de la obra están ocupados por los grandes edificios imperiales en los que se adivinan basamentos, relieves y estatuas. Están plagados de gente que quiere presenciar la venganza de Nerón: plebeyos, esclavos, patricios, senadores. En el tercio de la derecha podemos ver en escorzo las piras humanas que se han dispuesto frente a los edificios. Los mártires están atados y dispuestos en alto, sobre una escala que sirve para que los verdugos puedan subir a prenderles fuego. Efectivamente son antorchas humanas, como reza el título. La intención del autor es la de representar una escena histórica a través de la cual reivindica la valentía de todos aquellos que en los primeros siglos de nuestra era defendieron con su vida su fe en Cristo. Pese a que sabemos qué terrible suceso va a acontecer, el autor no se regodea en absoluto en el escarnio. Queda todo en la imaginación piadosa del espectador.

Henryk Siemiradzki, Una Dirce cristiana, 1897.
Henryk Siemiradzki, Una Dirce cristiana, 1897.

El segundo de los lienzos que vamos a ver hoy es la obra titulada Una Dirce cristiana, de 1897. La referencia en un primer término es griega, Dirce aparece en la tragedia Antiope de Eurípides en donde muere asaeteada por los cuernos de un toro. Si acudimos a Quo Vadis? vemos cómo el tema de Dirce aparece durante el martirio a los cristianos en el circo: tras la sucesión de martirios, la protagonista Ligia es sometida a la tortura de Dirce que muere víctima de las cornadas del toro.

Siemiradzki se inspira directamente de Quo Vadis? para su Dirce cristiana. La Dirce de Siemiradzki ha muerto por las cornadas del toro. En el lienzo la observamos yacer desnuda, tirada en el suelo, con apenas un paño de pureza que cubre su sexo, junto al cuerpo del toro que ha sido asaeteado tras el tormento. A la izquierda de la escena, un centurión y varios notables acompañan a Nerón, que va a coger su lira inspirado por la escena, para cantar una canción. Todo ello enmarcado por la arena y las gradas del circo.

El tema de Quo Vadis? en el arte va a tener un largo recorrido a comienzos del siglo XX y va a inspirar no solo a los pintores sino también al naciente séptimo arte. Del temas de Quo Vadis? en el cine hablaremos en futuras entradas.

Enlace al libro Quo Vadis? en formato PDF.