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Especial verano: El Bosco en su quinto centenario con Pilar Silva

Las tentaciones de san Antonio del Bosco

El año 1500 fue un hito en la historia occidental. Para unos llegaba el fin del mundo, para otros se consumaba el renacimiento de la Antigüedad. Si hubo un pintor enigmático que viviera aquel momento, no fue otro sino Jheronimus Bosch, conocido por nosotros como el Bosco. Y es que poco sabemos de la vida de este artista, cuya obra, si cabe, nos muestra más enigmas todavía. Para responder a algunas de las preguntas suscitadas en torno a la obra de este magnífico y a la vez extraño pintor, Pilar Silva, comisaria de la exposición del V centenario del Bosco en el Museo del Prado, ha tenido la gentileza de atendernos y arrojar luz sobre algunas de las cuestiones que atañen a este personaje y su obra.

Pilar Silva es Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, con Premio Extraordinario por su tesis sobre La pintura hispanoflamenca castellana: Burgos y Palencia. Durante muchos años ha ejercido como profesora titular en dicha universidad, y desde 1997 forma parte de la Comisión de Servicio en el Museo del Prado como Jefa de Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (1400-1600) y del de Pintura Española (1100-1500).

Su principal línea de investigación es la pintura española y flamenca de los siglos XV y XVI, sobre la que ha desarrollado abundantes estudios. Ha participado en numerosos congresos y coloquios nacionales e internacionales sobre arte flamenco, y ha colaborado en numerosas exposiciones. Participó en la recuperación de la obra El vino en la fiesta de San Martín de Pieter Brueghel el Viejo, uno de los descubrimientos de mayor relevancia en muchos años respecto a la obra del pintor.

Entre sus libros podemos citar las monografías sobre Juan de Flandes, Fernando Gallego, Pedro Berruguete, el arte hispanoflamenco y sobre la pintura hispanoflamenca en Castilla.

Uno de los últimos retos de Pilar Silva fue comisariar la muestra más importante del Bosco en España: la exposición retrospectiva «El Bosco. La exposición del V centenario» en el Museo del Prado.

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Programa 02×15 La historia del Tarot en Europa con Victoria Braojos

Conocer el futuro ha sido un anhelo del hombre desde los albores del tiempo: los oráculos, las profecías y otras vías de adivinación han sido las más utilizadas en la Antigüedad para responder a esta necesidad.

Pero sin lugar a dudas la herramienta de adivinación más popular a partir de la Edad Moderna no fue otra sino una baraja de cartas muy especial: nos estamos refiriendo al Tarot.

Por ello, esta noche trazaremos un recorrido a lo largo de Europa para conocer su historia. Pero, ¿qué es realmente el Tarot? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Qué usos se le han dado? ¿Y cuál ha sido su recorrido a lo largo del tiempo?

En este programa desvelaremos todos estos enigmas y arrojaremos luz sobre esta arcana disciplina. Para guiarnos a través de la Historia del Tarot y su recorrido por Europa, contamos  con la presencia de Victoria Braojos “Ayala”, directora de la Orden de Ayala y la Escuela Esotérica Europea, presidenta del Museo de la baraja y el Tarot y de la asociación ASES y co-directora del I congreso Internacional de Baraja y Tarot que se desarrollará el 8,9 y 10 de Marzo del 2019 en Madrid.

Seguiremos con Pedro Ortega que, en “La obra de Arte desconocida” nos lleva al Museo del Prado para conocer una serie de cuadros renacentista que nos narra una historia de fantasmas.

Después, David Hidalgo, en “Cuadernos de Viaje” nos habla de una serie de libros pertenecientes a la colección de Victoria Ayala, repletos de misterios.

Seguiremos con Miguel Zorita que en “Terra Secreta” nos lleva a la isla Serrana para contarnos la historia de dos náufragos españoles en el Atlántico cuya historia pudo inspirar la novela de Robinson Crusoe.

Y terminaremos con “Última Parada” donde os ofrecemos un relato titulado “Déjenme que les cuente”.

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El bestiario monstruoso del «jardín de los suplicios»

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

El tríptico de El jardín de las delicias es la pieza fundamental de la exposición retrospectiva que el Museo del Prado ha celebrado con motivo del quinto centenario de la muerte (1516-2016) del Bosco. destaca la vigencia de esta obra inabarcable y enigmática, sin fecha ni firma, algo habitual en las obras de este artista.

Cada siglo ha interpretado de diferentes modos al Bosco: el inventor de monstruos y quimeras grotescas, el traductor visual de las metáforas bíblicas, el pintor diabólico del horror y el misterio, o el surrealista avant la lettre creador de extrañas pesadillas. Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, era «el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente».

no voy a hablar aquí de la totalidad de su obra El jardín de las delicias, sino de un aspecto fragmentario, del bestiario antropomórfico que habita en este tríptico, para intentar descifrar algún enigma a través de ciertas palabras e iconografías claves: «H» de herejía» e «híbrido». «O» de «ornitorrinco». «B» de «búho». «P» de «paraíso». «C» de «cuerpo» y «culo». «E» de «escatología». «S» de «suplicios».

Freud lo consideraba el paradigma de la represión sexual desbordada a través de la plasmación de las pulsiones eróticas; según Jung, [el Bosco] era ‘el maestro de lo monstruoso […] el descubridor del inconsciente’.

 

«H» de «herejías medievales»: la secta de los adamitas

Jeroen van Aken (c. 1450-1516), más conocido como Hieronymus Bosch, nació y vivió en Bolduque (´s-Hertogenbosch, Holanda), de donde tomó su nombre. Pertenecía a una familia de artistas del gremio de los pintores. Las obras del Bosco pertenecen al estilo gótico, pues conservan una mentalidad medieval muy alejada del estilo renacentista de la época. en ellas coexisten en extraña sintonía las ciencias ocultas, la alquimia y la Biblia. En 1488 se unió a la Hermandad de Nuestra Señora, a la que pertenecían también su padre y su adinerada esposa. Era esta una elitista cofradía ultraortodoxa, lo que contrasta fuertemente con el contenido heterodoxo de las obras del Bosco. En una época en la que la Inquisición reprimía brutalmente toda forma de expresión contraria al dogma, pertenecer a una cofradía tan reputada podía ser la mejor manera de ocultar las herejías que se le atribuyen al Bosco, las cuales se desvelan en forma de enigmas en su tríptico.

El Bosco. «Infierno», El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Wilhem Fraenger, en su obra Hieronymus Bosch. Das Tausendjährige Reich (1945), defiende la tesis de que el Bosco pertenecía a la secta herética de los Hermanos del Espíritu Libre o adamitas; esta teoría aparece también en el libro de Javier Sierra, El maestro del Prado (2013). La secta estaba arraigada en Flandes desde el siglo xiii, precisamente en la ciudad natal del Bosco: Bolduque. Las herejías eran una respuesta al poder avasallador de la Iglesia y sus dogmas fanáticos. la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria. por ello practicaban sus rituales desnudos y en cuevas, en plena naturaleza, como un modo de regeneración espiritual. precisamente son los cuerpos heréticos y desnudos de los adamitas los que pueblan El jardín de las delicias.

la secta de los adamitas buscaba el retorno a la inocencia original del paraíso, y sus integrantes creían que el Espíritu Santo les liberaba del pecado de la lujuria

Pero ¿cuál es el origen de este tríptico? ¿Quién y por qué lo encargó? ¿Es acaso una Biblia herética?

Aunque El jardín de las delicias (1490-1500) está realizado en forma de tríptico, no fue creado para ninguna iglesia; fue encargado por un miembro de la familia real de Holanda, posiblemente Engelberto II de Nassau o su sobrino Enrique III de Nassau. Ambos pertenecían, como el Bosco, a la cofradía de Nuestra Señora, y posiblemente también a la secta adamita. La obra oculta el retrato de dos hombres en una cueva, los cuales han sido atribuidos respectivamente al pintor y al aristócrata que la encargó, como una firma iconográfica y críptica.

Jacques Le Boucq. Retrato de Jheronimus Bosch, c. 1550. Carboncillo y sanguina sobre papel. Biblioteca Municipal de Arrás, Francia.

El cuadro, que se encontraba en el Palacio Real de Bruselas, fue confiscado por los españoles a los herederos de la casa de Orange y subastado junto con El carro de heno y Mesa de los pecados capitales. Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación; tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno.

Entresacado: “Felipe II, apasionado coleccionista del Bosco, adquirió aquellas pinturas para el Monasterio de El Escorial en 1593. El rey murió en 1598 mirando esta obra teológica situada en su habitación, tal vez intentando descifrar los mil y un enigmas de aquella antesala al paraíso o al infierno”

 

Bestiario monstruoso

– «B» de «búho» y «O» de «ornitorrinco»

El tríptico se cierra con dos puertas pintadas en la escala de grises, las cuales representan el tercer día de la creación del mundo. En ellas hay sendas leyendas escritas en latín que rezan «Él mismo lo dijo y todo fue hecho» y «Él mismo lo ordenó y todo fue creado». Una imagen de Dios preside el orbe cristalino que sustenta una tierra plana y rodeada de agua translucida, tal como convencionalmente se la representaba.

La tabla izquierda está dedicada al paraíso, con Dios presentando a la recién creada Eva a un Adán sedente. Por encima de ellos vemos la fuente de la vida, que surge de un lago cristalino rodeado de animales míticos, bellos y exóticos. De allí surgen extrañas criaturas, una especie de renacuajos y reptiles, que parecen escindirse y transformarse; como si se tratara de una tabla evolutiva de la vida anfibia casi cuatrocientos años antes de Darwin y el Origen de las especies.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: fuente de la vida, búho, anfibios y reptiles.

En el orbe central de la fuente, desde una especie de globo ocular gigantesco, se asoma un búho o una lechuza; aves asociadas a magos y brujas además de a Atenea, la diosa de la sabiduría. El búho representa el secreto y la clarividencia. Simboliza la unión entre el inframundo, el mundo visible y el celestial. Estas aves aparecen observándonos fijamente en las tres tablas, como si estuvieran en posesión de una verdad oculta solo entendible para los iniciados.

En la parte inferior del paraíso, hay un pozo de agua oscura con todo un bestiario alucinógeno, donde destaca un extraño ser encapuchado (una especie de ornitorrinco leyendo un breviario). Unicornios, grifos, jirafas y elefantes eran animales habituales en el imaginario occidental, pero el ornitorrinco fue desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera este animal? Quizá seamos nosotros quienes traducimos este híbrido a un código visual reconocible. El ornitorrinco es un enigma darwiniano, un oxímoron en sí mismo: anfibio, mamífero y ave a la vez. es el paradigma de todos los seres grotescos que aparecen en este bestiario; de estas criaturas llamadas drolleries (bufonadas o grotescos) que ilustran los manuscritos medievales con todo tipo de animales con actitudes humanizadas, como metáforas de los pecados, deseos y pasiones.

Unicornios, grifos, jirafas o elefantes eran animales habituales en el imaginario Occidental, pero el ornitorrinco era desconocido en Europa hasta el siglo xviii. Así que ¿cómo es posible que el Bosco pintara o concibiera a este animal?

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Paraíso»: poza con criaturas ficcionales y ornitorrinco.

– «C» de «cuerpo» y «culo»

El Bosco también fusiona hombres con animales, reales o míticos, con plantas, con instrumentos y con demonios, creando criaturas que parecen extraídas de Las Metamorfosis de Ovidio. El Edén y el infierno se convierten en una especie de isla laboratorio del Doctor Moreau con sus híbridos contra natura, en el lugar donde habitan los monstruos de la imaginación y la locura, de la represión religiosa y sexual, de las alucinaciones y la magia.

En la tabla central aparece el «jardín de las delicias». En esta Arcadia pagana o paraíso perdido, donde el hombre vivía en armonía con los animales, vemos a seres entregados a una serie de infinitas combinaciones sexuales entre humanos y animales, e incluso a extrañas formas de placer compartido con flores exuberantes y frutas suculentas. Varios lagos surcan la tierra, en referencia a la fertilidad, y esta se hace especialmente presente en la piscina central. Allí aparecen tentadoras mujeres rubias con manzanas en la cabeza, sirenas y algunas jóvenes negras; rodeadas por un desfile de hombres montados sobre unicornios y «gatocornios», camellos, caballos, jabalíes, ciervos, peces voladores… La profusión de aves, de todas las formas y tamaños, es abrumadora; entre ellas aparece algún ornitorrinco, el omnipresente búho que nos taladra con su mirada, y dos ícaros de frágiles alas.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: el cortejo de los caballeros.

¿Pero representan esos cuerpos desnudos de los adamitas una condena de la lujuria, o acaso la celebran sin temor al pecado original? La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual. Estos cuerpos se entregan al placer de los sentidos sin importarles cómo lo obtienen. Vemos culos de los que surgen aves, rostros, flores, frutas o perlas; culos azotados y amoratados; culos como soporte de una partitura o de los que afloran instrumentos musicales… sodomíticas y escatológicas imágenes, pero con diferentes interpretaciones.

La doctrina herética adamita, surgida en el siglo ii, consideraba la desnudez y la sexualidad en plena naturaleza como formas de regeneración espiritual

 

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central.: coraza de langosta y adamitas.

– Una temporada en el infierno. «E» de «escatología» y «S» de «suplicios»

La escatología tiene un doble significado en el idioma español: por un lado trata de los excrementos, y por otro es un conjunto de teorías (comunes a diferentes mitologías y religiones) referidas al fin del mundo y la humanidad; en suma, el Apocalipsis. El purgatorio y el infierno cristianos forman parte de esas teorías, que el Bosco traduce de nuevo a su bestiario monstruoso. Así los animales del Edén ya no son objeto de placer, sino que se han convertido en seres infernales con deformaciones grotescas; símbolos de la corrupción del alma humana y ejecutores del castigo por los pecados capitales.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: Instrumentos musicales de tortura y lujuria.

La música se consideraba afrodisíaca y la lujuria se asociaba a «la música de la carne». Los instrumentos de suplicio son armas y artefactos musicales gigantescos: flautas, arpas, gaitas, tambores… Engendros acorazados pululan por este escenario alrededor de la tenebrosa laguna Estigia, congelada y surcada por un ornitorrinco con patines y hombres abocados a naufragar. Algunos seres van vestidos como monjes, y uno de ellos sostiene un largo gancho del que cuelga una llave gigante con un hombre como carnaza; críptico mensaje cuya clave es el hombre desnudo. Decapitaciones, empalamientos y descuartizamientos son la rutina infernal. Un caballero caído portador de un cáliz de oro (tal vez el Santo Grial de reminiscencias artúricas) es devorado por bestias que atraviesan su armadura. Otro caballero, desnudo pero con yelmo, es atravesado con una espada blandida por un híbrido de pez abisal con alas de mariposa.

El Bosco. El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle del panel «Infierno»: la llave del hombre desnudo y los caballeros asesinados.

El amo de este infierno dantesco es un gigantesco pajarraco antropomorfo devorador de hombres, a los que deglute y expulsa, como desechos abyectos, hacia un pozo negro; un sumidero insondable donde un hombre vomita y otro defeca monedas de oro. Vemos la escatología tanto en la fase anal freudiana, asociada a la avaricia, como en el sentido bíblico apocalíptico.

 

Los hombres de la cueva

El Bosco, El jardín de las delicias, 1490-1500. Museo Nacional del Prado, Madrid. Detalle de la tabla central: presunto autorretrato del Bosco.

Pero después de esta lectura fragmentada, ¿se ha conseguido descifrar algún misterio? ¿Era el Bosco fiel transmisor de la ortodoxia religiosa medieval? ¿O por el contrario era un hereje que socavaba desde su interior el dogma católico? Creo que este tríptico desvela una clave sobre el propio autor. Javier Sierra sostiene que, a pesar de no estar firmada, esta obra es sin duda de él, porque encierra una firma visual en forma de autorretrato: en la parte inferior derecha del panel central (correspondiente al paraíso) se ve a dos hombres medio ocultos en una cueva junto a una mujer con una manzana en la mano. El rostro del hombre más oculto ha sido interpretado como un autorretrato del pintor; el otro hombre sería el aristócrata que encargó la obra. Este último es más visible y aparece con el dedo señalando a la Eva/Venus adamita.

Esta firma iconográfica podría ser entendida como el desvelamiento de la pertenencia del artista a la secta adamita, ya que era conocedor en profundidad de sus rituales heréticos. Aunque estos códigos encriptados en las imágenes tienen significados polisémicos inabarcables, los símbolos, alegorías y metáforas escondidos en su obra nos conducen a esta interpretación: en el Bosco, hijo de una época cismática, coexistían la ortodoxia y la heterodoxia, la lujuria y la culpa, lo sublime y lo grotesco, el eterno conflicto entre el orden y el caos.

 

Este artículo pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta 7

 

 

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El Bosco. La exposición del V centenario

Entrevista a Pilar Silva, comisaria de la exposición «El Bosco, la exposición del V centenario» que se celebró en el Museo del Prado de Madrid. La entrevista ha sido realizada por Pedro Ortega y pertenece a la revista Mistérica Ars Secreta n.º 7 que puedes adquirir aquí:

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Copiado por el sol

Todos los amantes de la Historia del Arte estamos de enhorabuena. El Museo del Prado acoge, hasta el 4 de septiembre de 2016, la exposición titulada “Copiado por el sol”, en la que podemos comprobar de primera mano cómo se realizó el cuarto volumen del libro Annals of the Artists of Spain, en el cual se recogen las primeras fotografías que ilustraron un libro de Historia del Arte. Así que estamos ante un hito: si los libros de arte hasta la mitad del siglo XIX se habían ilustrado con reproducciones gráficas fue con la llegada de las primeras técnicas fotográficas cuando por fin el lector de libros de arte pudo, por fin, disfrutar de fotografías de monumentos, esculturas y pinturas, adquiriendo de este modo una nueva experiencia a la hora de disfrutar de las obras de arte que estaban en otros lugares.

Hay que resaltar que este primer libro de la Historia del Arte con fotografías está dedicado a nuestro país. Y es que España (con el permiso de Italia) era la gran referente del arte en el siglo XIX, aparte de su legado artístico, por el exotismo de nuestra cultura a la que se vinculaba en cierto modo también con lo oriental. El promotor de esta idea editorial fue el coleccionista e hispanista inglés William Stirling Maxwell quien utilizó la técnica del talbotipo o calotipo, la primera técnica fotográfica que permitía la reproducción de varios positivos a partir de un negativo, a diferencia del daguerrotipo. El único problema que presentaba esta técnica es que no podía reproducir imágenes de interior. Tendrían que llegar nuevas técnicas como el colodión para poder reproducir imágenes de interior.

Esto permitió que el arte español se expandiera fuera de nuestras fronteras, pudiendo observar de primera mano obras de artistas españoles de los siglos XVI y XVII, además de la obra de dos de nuestros grandes genios: Velázquez y Goya.

El volumen cuenta con un total sesenta y ocho reproducciones fotográficas realizadas por el fotógrafo Nicolaas Henneman bajo la supervisión de Stirling, el editor.

Así que si queréis ver de primera mano esta joya de bibliofilia para la Historia del Arte, la tenéis en el Museo del Prado.

Más información en www.museodelprado.es

baltasar carlos

Diego Velázquez, Retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos (a partir de una estampa de Francisco de Goya)

Nicolaas Henneman

Papel a la sal publicado en William Stirling, Talbotype Illustrations, 1848

1847

Madrid, Museo Nacional del Prado

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Visita virtual al e-Museo del Prado

La experiencia de usuario (CX) llega al mundo de los museos, que buscan nuevas formas de identificarse y conectar con el espectador del siglo XXI. En este sentido son muchas las instituciones artísticas que han renovado su web en los últimos años, si bien cabe una mención especial la del Museo del Prado de Madrid. La nueva web, estrenada a finales de 2015, viene a sustituir la operativa desde 2007 y supone, desde su página principal, toda una declaración de intenciones. El objetivo: establecer un nexo entre el mundo físico y el virtual y crear una experiencia de usuario amigable, interactiva y pedagógica.

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Home de la web del Museo del Prado

Desde que se accede a la web llama la atención su usabilidad (todo es fácil de encontrar) y que está adaptada para multidispositivos. Según los últimos estudios, de los más de 7.200 millones de personas que habitamos el planeta, aprox. 3.010 millones están conectados a Internet. Y entre todos los dispositivos a nuestra disposición el smartphone se ha convertido en una pieza esencial en nuestra vida, seguido muy de cerca por las tabletas. Los museos han comprendido que garantizar una buena navegación y facilitar que el visitante encuentre rápidamente lo que busca es esencial para que el uso de la web o de la app sea recurrente.

El Museo del Prado ha apostado por la digitalización de la mayor parte de su espléndida colección. De este modo, desde el botón “Colección” se pueden visitar online más de 10.000 las obras de más de 1.800 autores, organizadas por diferentes categorías: artistas destacados, por tema o bien por índice onomástico. Las obras de los grandes maestros están disponibles para ser descargadas a alta calidad, y además se complementan los textos con breves vídeos educativos de destacados especialistas.

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Sección “Colección” de la web del Museo del Prado

Otra sección interesante es la de “Actualidad”, desde la cual es posible conocer diversas actividades culturales organizadas en torno al museo: seminarios, conferencias, itinerarios, exposiciones temporales y otros.

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Sección “Actualidad” de la web del Museo del Prado

Hasta aquí podríamos pensar que, aparte de la estética y funcionalidad, no hay una gran diferencia respecto a las webs de otros grandes museos del mundo. La nota de valor especial la aporta la sección “Mi Prado”. Una vez que el usuario se ha registrado, es posible buscar las obras que más le interesen a cada persona y añadirlas a un recorrido personal (para poder visitarlas posteriormente en el museo virtual o en el físico). Estos recorridos se pueden compartir en las redes sociales (Twitter, Facebook y Google+), buscando con ello viralizar el interés por el arte.

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Sección “Mi Prado” de la web del Museo del Prado

En la inauguración de su nueva web, el Museo y Radio 3 organizaron además a través del programa “El viaje de los sentidos” una serie de recorridos temáticos especiales que musicalizaron las obras asociándolas con una pieza musical, en una lista de Spotify.

Por último, cabe destacar que la web del Museo del Prado ha sido nominada a los Webby Awards, unos prestigiosos premios que buscan reconocer las mejores web en diferentes categorías. Dentro de la de “Cultural Institutions” el Prado compite con las excepcionales páginas de instituciones como la National Trust, Hoover-Mason Trestle, Google Cultural Institute – Performing Arts y The Chauvet-Pont d’Arc Cave – 36 000 years ago.

El ganador se conocerá el próximo martes 26 de abril. Sea cual sea la web premiada, todas ellas, comenzando por la del Museo del Prado, son absolutamente recomendables.

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La nueva web del Museo del Prado, nominada en la categoría de Cultural Intitutions a los Webby Awards 2016

Para saber más:

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El Bosco en versión gigapixel

La transformación y la inmersión en la cultura digital llega paulatinamente a los museos a través de iniciativas que tratan de romper los límites arquitectónicos, atraer a un público más joven y heterogéneo, y hacer de la visita a una colección o a una exposición una experiencia interactiva y social.

Si bien el cambio comenzó hace unos años con las audioguías que otorgaban autonomía al visitante (además de darle explicaciones mucho más completas de las que se pueden obtener de las cartelas junto a las obras), la irrupción de internet y de los dispositivos móviles ha provocado que casi todos los grandes museos se hayan decidido a desarrollar sus propias APPs para mejorar la experiencia del usuario. Aprovechando el fenómeno del BYOD (Bring Your Own Device), la opción de descargar una APP directamente al dispositivo del visitante supone un importante ahorro en términos de costes, y también permite disfrutar el museo fuera del museo. No obstante, resulta una contradicción que muchos centros de arte españoles aún se resistan a facilitar una wifi gratuita, que además podría servir para captar -a través de la landing page y de un login social- interesantes datos de los usuarios como nombre, edad o redes sociales en las que se mueven.

Además de las APPs para vivir el museo in situ, muchos centros se han animado a meterse de lleno en la cultura digital y crear interesantes aplicaciones complementarias. Es el caso del Museo del Prado y Second Canvas, una APP que en su día supuso una revolución por la incorporación de 14 obras maestras en gigapixel (ultra-HD), entre otros contenidos. A través de estas imágenes de altísima calidad, el usuario puede realizar un zoom en profundidad a detalles que de otro modo, incluso con la obra delante, le podrían pasar desapercibidos.

Es el caso del tríptico El jardín de las delicias de El Bosco (h. 1500). A través de la ventana de su tableta, el curioso espectador puede descubrir todos los detalles deliciosos, divertidos y siniestros de este óleo, organizados en 7 grandes secciones: desde el Paraíso antes de la Caída, hasta el Infierno como mundo interior. Resulta fascinante recorrer con el dedo las diferentes zonas y encontrar las peculiares combinaciones que El Bosco hacía del mundo orgánico e inorgánico: animales, seres humanos, naturaleza y objetos se convierten en mezclas surrealistas de abrumador poder visual.

Es entonces cuando cabe preguntarse qué significan estas creaciones:

¿Qué misterio se oculta detrás de una figura masculina que se tapa los genitales, medio sumergida en el agua, mientras sostiene en la cruz de sus piernas un fruto rojo del que emergen pájaros?

"El jardín de las delicias" de El Bosco en la APP Second Canvas del Museo del Prado
Detalle del mundo terrenal apreciable con la APP Second Canvas del Museo del Prado

¿Acaso estos seres que salen del agua y se arrastran hacia la tierra pudieran anticiparse a las teorías evolucionistas de Darwin?

"El jardín de las delicias" de El Bosco en la APP Second Canvas del Museo del Prado
Detalle de la Creación del hombre y la mujer en el Jardín del Edén apreciable con la APP Second Canvas del Museo del Prado

¿Hasta qué punto las construcciones del infierno inspiraron composiciones de surrealistas como Dalí en “El gran masturbador”?

"El jardín de las delicias" de El Bosco en la APP Second Canvas del Museo del Prado
Detalle del Infierno como mundo interior apreciable con la APP Second Canvas del Museo del Prado

¿No fue Goya quien, cuatro siglos después, se atrevió a representar a los clérigos como puercos y a los maestros como pollinos, en sus “Caprichos»?

"El jardín de las delicias" de El Bosco en la APP Second Canvas del Museo del Prado
Detalle del Infierno como mundo interior apreciable con la APP Second Canvas del Museo del Prado

Sin duda, una APP con la que aprender historia del arte e iconografía, pero sobre todo, con la que dar rienda a la imaginación, puesto que cada imagen bien podría sugerir, en las ensoñaciones del espectador, una historia que contar.

Nota: Todas las imágenes son capturas de pantalla de la APP Second Canvas del Museo del Prado de Madrid.

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Una partitura en las nalgas

El Bosco es sin lugar a dudas uno de los pintores renacentistas nórdicos más inquietantes. Y si hay una obra suya que está repleta de simbolismo y claves por descifrar esa es El jardín de las Delicias, obra que adquirió en su día Felipe II y que hoy podemos contemplar en el Museo del Prado. Las tres partes del fascinante tríptico se han interpretado de diversos modos -Javier Sierra por ejemplo nos propone una muy curiosa en El maestro del Prado– aunque tradicionalmente se acepta que se trata de la historia de la Humanidad desde el Paraíso hasta la caída a los Infiernos. Pues bien, es en esos Infiernos donde reside el misterio que hoy comentamos. En una parte del lienzo en la que se aprecian algunos instrumentos musicales -laúd, arpa y hurdy-gurdy- se aprecia un libro abierto con una partitura que se continúa en las nalgas de un hombre del que solamente podemos ver su mitad inferior.

Esta partitura, que en ocasiones había tratado de ser descifrada, parece por fin haberse resuelto. Unos investigadores de Ocklahoma, asignando a la primera línea del tetragrama la clave de Do, proponen la supuesta melodía diabólica que El Bosco escondió en esta parte de su lienzo.

No cabe la menor duda que la obra del Bosco está repleta de secretos por descifrar y a buen seguro El jardín de las Delicias contiene todavía muchos misterios..

Fuentes: ABC y RTVE.

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El maestro del Prado


El Maestro del Prado y las pinturas proféticas.

Javier Sierra.

Editorial Planeta.

Por Belén Doblas

“El Prado es un lugar hermético, secreto, conventual, en donde lo español va metiéndose en clausura, espesándose, encastillándose.” Ramón Gaya.

Estamos ante una historia de fantasmas. De esas que tanto nos gustan. No obstante, en esta inquietante historia el fantasma en lugar de asustar y atormentar a un incauto estudiante se dedica a redescubrir un camino ya olvidado… A desentrañar enigmáticas y esotéricas claves a través de un paseo iniciático y misterioso por la famosa pinacoteca madrileña: El Prado.

Su víctima, o mejor dicho, afortunado pupilo, no es otro que un jovencísimo Javier Sierra, estudiante de ciencias de la información de la complutense, que allá por el año 1991 ya apuntaba maneras, y al que dicho fantasma, o mejor dicho, maestro, le influirá para siempre en su posterior carrera periodística y literaria.Portada de El maestro del Prado

Esta enseñanza comenzará por desaprender el camino recorrido a la hora de enfrentarse a un cuadro y a hacerse otras preguntas anteriormente ignoradas como la razón exacta de la ejecución de una obra, entre otras, y lo más importante: para descifrar los secretos, las claves, los símbolos y las profecías de los viejos arcanos del arte habrá que contemplarlas con mirada humilde.

En esta sorprendente novela, mitad autobiográfica mitad literaria, conoceremos las respuestas a muchos inquietantes enigmas: ¿tuvo Jesús un hermano gemelo?, ¿qué es el Apocalypsis nova?, ¿y el Deuteronomio?, ¿puede lo invisible hacerse tangible?, ¿existe algún cuadro que represente fantasmas?, ¿y que muestre el verdadero Grial?, ¿qué era y quién pertenecía a los hermanos del Espíritu Libre?, ¿cuáles fueron las tablas mortuorias que tuvieron obsesionados a Carlos V y a su hijo Felipe II en sus últimos días?, etc.

Todas las respuestas a estas sorprendentes preguntas y muchas más las encontraréis en esta interesante novela con magníficas y acertadas reproducciones de obras maestras de Rafael, El Bosco, Brueghel, Tiziano, Juan de Juanes o El Greco entre otras. Desde luego, no creo que haya mejor campaña publicitaria para el Museo del Prado que esta obra literaria, ya que te hace desear volver a visitar el museo, para cotejar lo aprendido en el libro y llegar así a desvelar todos sus antiguos secretos.

En enero de 2013 Javier Sierra inauguró las tradicionales V Jornadas de Parapsicología organizadas por el Grupo Hepta en el Colegio Jesús de María, con un sorprendente adelanto de esta novela a punto de ser editada en la conferencia titulada “Los grandes Arcanos del Museo del Prado.” Tras la magistral ponencia, al igual que todos los asistentes, quedé encantada deseando que fuese inmediatamente publicada para poder descifrar aquellas pinceladas del misterio que tan didácticamente nos había trazado, y pude intuir que El Maestro del Prado y las pinturas proféticas marcaría un antes y un después en la espectacular carrera literaria de Javier Sierra, uno de nuestros autores con mayor proyección internacional. No me equivoqué, de hecho en esta 72ª edición de la Feria del Libro, pese a los difíciles momentos en que se encuentra el sector, Javier Sierra, tuvo que proseguir su firma de libros en un banco del Parque del Retiro cerradas ya todas las casetas hasta que la luz del crepúsculo lo permitió.

Desde que terminé la novela, ésta ha pasado de mano en mano, y aún sigue haciéndolo, y es curioso que todos los lectores que conozco la hayamos devorado sin miramientos. No creo que exista mejor recomendación que esta confidencia, la verdad. No obstante, puestos a pedir, hubiese deseado que el final de la historia no se cerrase tan rápido, ya que seguramente los amantes del arte desearán más claves y enigmas, y en cambio para los más románticos, en los que me incluyo, echarán de menos más detalles sobre algunas relaciones personales. Quién sabe, ¿habrá segunda parte?