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Musgos de una vieja rectoría

Musgos de una vieja rectoríaNathaniel Hawthorne.

Musgos de una vieja rectoría. Relatos fantásticos y siniestros.

Valdemar. Madrid, 2015.

376 págs.

25 €

Hawthorne puede considerarse, dentro de la literatura norteamericana, como uno de los autores más relevantes de la narrativa del siglo xviii. El conocido escritor de Salem, con una brillante pluma que mezcla un arraigado sentimiento religioso y su consciente preocupación por la moral y entereza humanas, despliega su imaginario en dieciséis increíbles relatos alejados de la visión más realista de su posterior La granja de Blithedale.

El estilo de Hawthorne, además de responder a la narrativa gótica norteamericana con aspectos propios del gótico sureño, está plagado de elementos que, más que convertir las historias en sobrenaturales, ayudan al lector a introducirse de lleno en lo siniestro y, por tanto, a convocar lo extraño en un ambiente que en principio se cree seguro. Lo inquietante de la prosa de este autor se encamina más hacia la perspectiva de lo ambiguo; así consigue que el lector no reconozca la naturaleza de los hechos narrados, sombras dispuestas a perturbar al espectador y provocar preguntas sobre la moralidad humana. Lo interesante de los relatos que alberga esta antología no radica en los hechos descritos en sí, sino en cómo estos son más bien la excusa perfecta para enredar y desviar la atención ante un tipo de actitud, un comportamiento, que terminará entreabriendo una puerta hacia lo macabro. Musgos de una vieja rectoría es, ante todo, una colección de perturbaciones morales de otro tiempo, pero sin duda hará las delicias de los lectores ávidos de un terror fantástico olvidado, el espanto cercano que proviene directamente de los hombres.

Entre todos los relatos de la presente antología, cabe destacar cómo Hawthorne nos presenta diferentes estilos de su narrativa. Así, encontramos relatos puramente alegóricos llenos de simbología que señala directamente a la sociedad, como «El egoísmo» o «La serpiente en el pecho», donde el protagonista puede ver a los malévolos reptiles que se enroscan en los corazones de los hombres y constatar cómo actúan estos. Un político con una boa constrictor que ahoga y devora al país y un avaro cuya serpiente es de bronce son algunos de los ejemplos, que siempre inciden en la descripción de la maldad, retratando el nido del alma humana bajo la visión pesimista del autor.

Relatos como «El joven Goodman Brown», sin embargo, insisten más en la visión fantástica, si bien esta también adopta una perspectiva social, pues el lector se convierte junto al protagonista en testigo de cómo cae la buena apariencia de las grandes personalidades del lugar al despojarse estas de sus máscaras para acudir a un sabbat donde la maldad muestra su verdadero rostro. Un increíble relato que recuerda a la visión de la bruja de M. R. James en «El fresno».

Pero sin duda una de las mejores historias, muy célebre dentro de la literatura norteamericana, es «La hija de Rappaccini». El núcleo narrativo de la obra se centra en un jardín de auténtico carácter gótico, donde un científico obsesionado por el estudio de los venenos ha creado un museo de horribles plantas tóxicas. A tales proporciones llega su obsesión, que no duda ni un instante en hacer de su propia hija un experimento viviente, al dotarla de las características que provocan la muerte en vida de la hermosa joven.

Una antología cuidada, editada con gran acierto como ya es costumbre en Valdemar y que proporcionará al lector exigente una inquietante pero placentera lectura.

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Los relatos de Hawthorne

Nathaniel Hawthorne.

Musgos de una vieja casa parroquial.

Acantilado.

 Por Pedro Ortega.

Nathaniel Hawthorne (Salem, Massachusetts, 1804 – Plymouth, New Hampshire, 1864) es un escritor de muy variados registros y muy apegado siempre a las historias que acontecen en su tierra, en su mayoría ubicadas en Nueva Inglaterra o en relación con ella. Fue autor de novelas como The Scarlet Letter, The House of the Seven Gables o The Blithdale Romance, pero en la faceta en la que realmente destacó fue en la del relato, que se popularizó a través de sus publicaciones en diarios y revistas. En este sentido, la editorial Acantilado ha querido rendir tributo a este genial escritor publicando dos colecciones de relatos: Historias contadas dos veces y, la que hoy reseñamos, Musgos de una vieja casa parroquial.

Musgos de una casa parroquialEl presente volumen es una recopilación un tanto heterogénea en lo que a temática de los relatos se refiere. Por un lado tenemos un registro de relato fantástico y por otro uno de crítica social y de pensamiento. Si bien en los primeros la imaginación es desbordante y captura rápidamente al lector, en los segundos tenemos que ponernos en la piel de un habitante de Nueva Inglaterra en el siglo XIX y pensar en el tipo de sociedad y en los problemas que presenta y contra los que Hawthorne blande su pluma.

Los primeros son sin duda mis favoritos. Abundan la hechicería, las pócimas y los venenos en títulos como “La hija de Rappaccini”, “La marca de nacimiento” o “Penacho” en los que el elemento mágico o alquímico está muy presente. El tema del doble inquietante aparece en “El señor Du Miroir” en donde algo más que casualidad identifica en sus hechos y pareceres a dos singulares personajes. Y más que inquietante es “Egotismo, o la serpiente en el pecho” donde el fenómeno de la posesión se disfraza de reptil inoculado en el pecho del protagonista.

Entre los segundos, podemos citar “La correspondencia de P.” en el cual el autor hace una crítica de las letras contemporáneas, sobre todo británicas, haciendo un repaso a la obra de Lord Byron, P.B. Shelley, Coleridge o Keats. Otras críticas sociales aparecen en “Los nuevos Adán y Eva” que aparecen en un mundo contemporáneo donde todos los habitantes han muerto o “El ferrocarril celestial” al que se supone que todos deberían querer subir para llegar a su anhelado destino, pero que resulta ser una quimera.

Quiero hacer mención a que en varios de los relatos aquí recogidos aparece la figura de Don Quijote. Es muy de agradecer cómo un escritor de más allá del charco, en pleno siglo XIX, glosa y alaba de nuestro genial caballero.

El libro se cierra con un fantástico cuento titulado “Una colección de virtuoso” donde el escritor nos hace recorrer un gabinete de curiosidades donde se hallan todos los objetos y curiosidades relacionadas con los grandes personajes de la historia o de la literatura: Bucéfalo disecado, la paloma del arca de Noé, el espejo mágico de Cornelio Agripa, la capa de Carlomagno, Excalibur o el zapatito de Cenicienta. Con este colofón, Hawthorne exhibe su particular universo: todos aquellos elementos del imaginario tanto real como fantástico de los que ha bebido en sus creaciones literarias.

Dejo en manos del lector aficionado a los relatos esta interesante antología que a buen seguro le resultará de lectura deliciosa y profunda, siempre con esa connotación espacio-temporal que debe asentar en nosotros el clima social de la Nueva Inglaterra del siglo XIX.