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04×05 Especial Halloween: Simbolismo de las tumbas

Nos abrimos paso entre las brumas de la noche de difuntos para adentrarnos en algunos camposantos de la geografía española con el motivo de desentrañar el significado oculto que esconden. Y es que sus lápidas están repletas de simbología que pasa desapercibida para el común de los mortales. Por ello esta noche acudimos, de la mano de nuestra invitada, a recorrer los cementerios en pos de los secretos que guardan aquellos que viajaron al más allá. Adéntrate con nosotros en el misterio que esconde la última morada del hombre.

Seguiremos con Pedro Ortega y su sección “PATRIMONIO SECRETO”, donde viajamos a un tétrico lugar de la República Checa: el osario de Sedlec, uno de los ejemplos más espeluznantes del arte mortuorio.

Y para finalizar, como ya es costumbre, cerraremos el programa con nuestra “AGENDA SECRETA” para manteneros al día de todas las novedades culturales que no os podéis perder.

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En busca de los osarios

El tema de los osarios siempre me ha interesado y lo que querría proponeros es un viaje para visitar distintos osarios de la mano de un libro titulado El imperio de la muerte de Paul Koudounaris de la editorial H.f.ullmann.

El libro nos habla de cómo desde tiempos neolíticos se observa la importancia dada a los huesos en algunas necrópolis, parece que la idea primigenia de la exposición de los huesos pudiera tener un componente ceremonial o religioso. Pero el verdadero origen de los que hoy llamamos osarios tiene una vinculación con el cristianismo que, a diferencia de otras religiones, entierra a los muertos en vez de incinerarlos.

Los cristianos, desde sus orígenes, van a querer enterrarse en suelo sagrado, esto es, alrededor de las iglesias. Este hecho va a implicar una rápida saturación de los suelos sagrados de donde viene el problema de qué hacer con tantos huesos acumulados. Una de las soluciones a este problema será la creación de osarios.

Así, los primeros osarios se crearon en los monasterios ortodoxos griegos ante la acuciante necesidad de espacio para sus muertos. El primer osario del que tenemos registro es el del monasterio de Santa Catalina del Sinaí en Egipto, aproximadamente del año 530.

En Europa occidental se datan en fechas posteriores. Tenemos constancia de algunos en el siglo XII, pero cuando toman importancia es en el siglo XIII. En el caso de Alemania, llegó a ser obligatorio que las iglesias contaran con un osario. La costumbre pasó pronto a Italia, a Francia, y más tarde a todo el continente.

Si bien estos primeros osarios estaban destinados únicamente al almacenamiento de huesos, a partir del siglo XIV esos recintos empezarían a ser visitados y venerados.

Los osarios van a tener un auge importantísimo a partir de la Contrarreforma, fundamentalmente desde comienzos del siglo XVII. Es en ese momento cuando pasan de ser recintos que almacenan huesos a constituir composiciones artísticas arquitectónicas. Y aquí es donde surgen los osarios visitables, realizados con una intención artística además de sagrada.

Empezamos el recorrido por la República Checa y por el osario de Sedlec, quizá el más famoso de Europa.

El monasterio original se construyó en 1142 y adquirió notoriedad cuando Enrique, el abad, fue enviado a Tierra Santa y trajo consigo tierra recogida en el Gólgota y la esparció por el cementerio de la abadía. Este acto generó un fenómeno de atracción de fieles, y el cementerio de Sedlec se convirtió en un lugar de entierro codiciado en toda Europa Central.

En torno al año 1400 se construyó una iglesia gótica en el cementerio dedicada a todos los santos, con una bóveda en la parte superior y una capilla en el sótano, donde se ubicó el osario. Esta es la estructura que podemos ver ahora.

La historia del osario actual nos conduce al siglo XVIII, cuando la familia Schwarzenberg adquirió el monasterio. En 1860 se acometieron las reformas del espacio y la nueva decoración. La capilla contó con restos de más de cuarenta mil personas.

Entre las composiciones artísticas de este lugar realizadas con huesos podemos destacar: la lámpara de araña, los cálices de hueso, grandes custodias con calaveras en medio, guirnaldas y cuatro chapiteles con calaveras rematados por angelotes. Además, como elemento relevante dentro de la capilla, hay que destacar el escudo de la familia Schwarzenberg, realizado íntegramente con huesos.

El segundo que quiero citar está en Roma, y se ubica en la Iglesia de Santa María de la Concepción de los Capuchinos que fue construida entre 1626 y 1631 bajo las órdenes del papa Urbano VIII.

Tras la finalización de la construcción de la iglesia, en 1631, Fray Antonio Marcello Barberini ordenó el traslado de los restos de los hermanos Capuchinos desde el cementerio principal hasta la cripta de la iglesia. Pero el encargo implicaba además que estos huesos fuesen ordenados de forma “artística”. La cripta está  dividida en seis pequeñas capillas decoradas con los huesos de más de 4.000 capuchinos fallecidos entre 1528 y 1870.

Además de los huesos ordenados de diferentes formas, en la cripta también se pueden ver algunos esqueletos completos ataviados con el hábito de los monjes capuchinos, lo que le confiere un aspecto verdaderamente siniestro. En la iglesia hay una inscripción que dice: “Aquello que vosotros sois, nosotros éramos; aquello que nosotros somos, vosotros seréis”.

Pero también hay osarios que no están vinculados a la fe cristiana. Y hay uno muy importante. Me estoy refiriendo a las Catacumbas de París. Las catacumbas en su origen eran unos túneles destinados a canteras para fabricar los edificios de la ciudad, pero en 1786, para combatir las epidemias y enfermedades que asolaban a la población se decidió trasladar los cadáveres y huesos de distintos cementerios de la ciudad a las catacumbas. La mayoría de esos huesos provenían del gran cementerio de los Inocentes, en el cual sabemos que estuvieron representadas las más famosas Danzas de la muerte que por desgracia en esa época se destruyeron.

Sabemos que las catacumbas albergan más de seis millones de esqueletos humanos en unos 300 kilómetros de túneles, la mayor concentración de este tipo en Europa.

Esos huesos se dispusieron colocados a lo largo de todas las galerías, de las que en la actualidad solo se pueden visitar una pequeña parte.

Si queremos visitar osarios en la Península, tenemos por una parte, el de Wamba, muy cerquita de Valladolid. Aquí os remito al Programa 14 de Mistérica Radio Secreta donde Manuel Berrocal nos habla de este osario. Pero no muy lejos tenemos uno muy importante que está en Portugal, en la localidad de Évora.

Se trata de la Capela dos Ossos, una pequeña capilla interior situada en las proximidades de la Iglesia de San Francisco. Fue construida en el siglo XVI por un monje franciscano quien, bajo el espíritu de la Contrarreforma, quería llevar a sus hermanos hacia la contemplación y transmitir un mensaje sobre el carácter efímero y transitorio de la vida.

Sus paredes y sus ocho columnas están “decoradas” con huesos y cráneos cuidadosamente ordenados y sujetos con cemento.
Se calcula que el número aproximado de esqueletos es de unos 5000, provenientes de los cementerios de las iglesias situadas en los alrededores. Algunos de los cráneos tienen dibujados grafitis sobre ellos. Además, hay dos cadáveres disecados, uno de ellos perteneciente a un niño, los cuales están colgados de unas cadenas.

Y aquí termina este pequeño recorrido por los osarios más importantes pero recordad que existen muchos más que podéis conocer a través del libro El imperio de la muerte de Paul Koudounaris.

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Programa 14. El osario de Wamba (Valladolid) con Manuel Berrocal

Puteal de la Moncloa. Museo Arqueológico Nacional. Madrid.

Viajamos a la comarca de los Montes Torozos en la provincia de Valladolid. Concretamente a la localidad de Wamba. Y es que el nombre de este lugar proviene de uno de los reyes godos: Wamba, coronado rey en este municipio en el año 672.

Hablamos de la existencia de un osario en la iglesia de Santa María de Wamba, uno de los pocos visitables que existen en España, testimonio de la costumbre de enterrar a los fallecidos en suelo sagrado y en el que encontramos epitafios relacionados con la muerte.

En “MADRID SECRETO” Pedro Ortega nos muestra una curiosa relación entre Madrid y Atenas, y David Hidalgo en sus “CUADERNOS DE VIAJE” nos guia a través de un recorrido marcado por las casas encantadas.

Casa de Amityville.

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El imperio de la muerte. Historia cultural de los osarios

osario de Sedlec

Paul Koudonaris.

El imperio de la muerte. Historia cultural de los osarios.

H.F. Ullmann. Postdam, 2014.

Por Pedro Ortega

 

Reseña 10Recuerdo un viaje con unos buenos amigos a Calcena, un pueblecito en  la falda del Moncayo, en la provincia de Zaragoza. Una de las cosas que nos llevó a hacer aquella excursión fue visitar algo intrigante que había en la iglesia del pueblo. Pedimos las llaves y entramos sigilosamente en el templo. En una parte del suelo había unos tablones que retiramos cuidadosamente y bajamos por una débil escalera. Cuando alumbramos con nuestras linternas nos encontramos con un montón de calaveras, fémures y demás huesos apilados, así como cuatro cuerpos momificados apoyados contra la pared.

Ese fue el primer osario que vi en mi vida y ciertamente me impresionó. Después, en mis viajes, siempre que he tenido noticias de algún osario próximo a donde me encontraba lo he ido a visitar. Tal es el caso de los osarios de Évora en Portugal, la Iglesia de los Capuchinos en Roma, Sedlec en la República Checa o el osario subterráneo de París.

Siempre he creído que eran pocos los lugares de estas características pero sin lugar a dudas Paul Koudonaris, a través de este fantástico libro, me ha revelado la multitud de emplazamientos de este tipo, así como los orígenes tan antiguos a los que se remontan.

El libro en primer lugar hace una reflexión a cómo desde tiempos neolíticos se observa la importancia dada a los huesos en algunas necrópolis, parece que la idea primigenia de la exposición de los huesos pueda tener un componente ceremonial o religioso. Pero el verdadero origen de los que hoy llamamos osarios tiene una vinculación con el cristianismo que, a diferencia de otras religiones, entierra a los muertos en vez de incinerarlos.

Los cristianos, desde sus orígenes, van a querer enterrarse en suelo sagrado, esto es, alrededor de las iglesias. Este hecho va a implicar una rápida saturación de los suelos sagrados de donde viene el  problema de qué hacer con tantos huesos acumulados. Una de las soluciones a este problema será la creación de osarios.

Una de las épocas en las que se extiende la creación de osarios es sin duda la Contrarreforma, el período dorado de este tipo de creaciones. Lo más curioso es que el osario se entiende no solo como un constructo religioso sino también artístico. Este arte macabro proliferará también de una manera importante en el siglo XIX y son los osarios de esta época los que mejor conservados han llegado hasta nuestros días.

El libro nos habla también de osarios conmemorativos, realizados con la intención de que los allí expuestos pervivieran en la memoria de las generaciones venideras. Así encontraremos osarios con calaveras con sus nombres inscritos sobre la frente. El libro es fascinante, no solo por el discurso histórico y cultural sobre los osarios, sino también por la gran profusión de fotografías –el libro es de gran formato e ilustrado a todo color– que nos hacen tomar conciencia de la gran cantidad de osarios que existen en el mundo así como de su macabra espectacularidad. El libro incluye además un apéndice geográfico que nos indica dónde se encuentran todos los osarios referenciados y los datos para visitarlos; el libro cumple además una función de guía.

Os dejo con una reflexión final, la inscripción que podemos leer en el osario de la Iglesia de los  Capuchinos de Roma: “Aquello que vosotros sois, nosotros éramos; aquello que nosotros somos, vosotros seréis».