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Ruta por el Turín subterráneo

Turín es una ciudad que no deja de sorprenderte. Los amantes del misterio debemos hacer parada obligatoria en lugares como la Catedral donde se encuentra el Santo Sudario de Cristo, el polo de la energía negativa con una supuesta estatua de Lucifer en la Piazza Statuto, el Portón del Diablo, y como no, el Museo Egipcio.

Pero hay otra visita a Turín que es muy interesante y es la que nos lleva por las entrañas de la ciudad. Me estoy refiriendo a la ruta del Turín subterráneo… Si quieres descubrir los túneles que atraviesan la ciudad, aquí os dejamos los lugares más interesantes que debéis visitar.

 

Empezamos en el Museo Pietro Micca, llamado así por un héroe de guerra con cuya intervención se salvó la ciudad a comienzos del siglo XVIII. Los orígenes del museo se remontan a la vida y la historia militar del General Guido Amoretti bajo cuyas órdenes se protegió la ciudad de Turín. En el museo se encuentra el acceso a las galerías a través de la bodega. Allí encontramos todo un laberinto de túneles subterráneos que llevaban hasta fuera de la Ciudadela y llevaban justo hasta debajo de la posición enemiga. De hecho, toda esta red estaba dispuesta con explosivos para detonarlos cuando los ejércitos intentasen tomar la ciudad. Así, las galerías fueron una de las principales razones de la victoria sobre los franceses durante el cerco de Turín en 1706, gracias al sacrificio heroico de Pietro Micca que prendió fuego a la mecha de una carga explosiva en un túnel antes de que los franceses pudieran entrar en la ciudad a través de los túneles.

A partir del lugar de las galerías donde se encontró el cuerpo de Pietro Micca, Amoretti comenzó un trabajo de descubrimiento y restauración de las galerías y durante este período, en 1958, se encontró la famosa escalera, donde Pietro Micca hizo detonar la mina.

De este modo quedó constituido este museo en honor de este héroe de guerra turinés.

La segunda parada a este viaje a lo más profundo de Turín la tenemos en el Museo de la Resistencia. Allí podemos visitar uno de los refugios antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la mayoría de los refugios de este tipo en la ciudad quedaron cerrados tras la guerra por lo que han permitido la preservación de estos lugares tal y cómo fueron utilizados en el período de combate.

Por el museo accedemos al refugio de Piazza Risorgimento, uno de los más grandes de los más de cuarenta refugios públicos construidos a lo largo de la ciudad de Turín. Consta de  tres galerías paralelas, de 40 metros de largo y 4,5 metros de largo cada una, conectadas por ocho pasajes y situadas a una profundidad de doce metros. Ocupan aproximadamente unos 700 metros cuadrados.

La siguiente parada nos lleva hasta los cimientos de la Catedral de Turín y de sus lugares anejos. Se desciende a través de la cripta renacentista que se abre bajo la llamada Catedral de San Juan Bautista. Allí podemos ver por los estratos los distintos niveles que ocupó la ciudad a lo largo de su historia. Según desciendes vas encontrando restos más antiguos. Así, podemos ver los restos de los edificios de época romana así como tres antiguas iglesias paleocristianas en las que se pueden ver sus enterramientos, además de un mosaico antiguo y misterioso que representa la rueda de la fortuna, uno de los símbolos  de del destino en la vida humana.

Seguimos esta ruta en los antiguos recintos para conservar el hielo. Están ubicados bajo el Centro Palatino, el antiguo y gran mercado cubierto de la Piazza della Repubblica: se trataba de enormes depósitos de hielo en el corazón de la ciudad. Llegamos hasta el sótano de la iglesia Consolata. Debajo de esta basílica barroca, se ha inaugurado otro espacio subterráneo que a través de su sótano nos conduce a una antigua necrópolis medieval, rica en restos históricos y símbolos esotéricos que podemos apreciar en las lápidas de piedra.

Hasta aquí, la ruta por el Turín subterráneo. Si viajas a esta ciudad, polo del bien y del mal, no dejes de sumergirte en la inmensa red de túneles de la ciudad que van desde época romana hasta la terrible Segunda Guerra Mundial. Una ruta oscura e interesante…

Para hacer esta visita, te recomendamos:

www.somewhere.it

 

Fotografías: Mistérica

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El infierno dormita bajo las tierras de Pennsylvania

El pueblo minero de Centralia, Pennsylvania, EE. UU., sufre una agonizante tragedia desde la década de los sesenta: un terrible incendio subterráneo en sus minas de carbón, imposible de extinguir, ha convertido el lugar en un verdadero infierno terrenal.

«¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!»

Divina comedia, «Infierno», Canto III. Dante Alighieri

A pesar del interés que despierta la pequeña población de Centralia, al este del estado de Pennsylvania, no posee la fama de otras grandes catástrofes. Todavía hoy, gracias a la persistencia de cientos de voluntarios que desean preservar la historia de la ciudad, se puede llegar a esta tierra humeante y casi devorada por el bosque desde la Interestatal 81 y una serie de carreteras secundarias que discurren en dirección a Ashland. Las casas que siguen en pie no llegan a la decena y el resto del entonces bullicioso pueblo se resume en un limitado entramado de asfalto lleno de grietas y socavones.

El inicio de este asentamiento originalmente minero se remonta a principios del siglo xix, y no son pocos los hechos que a lo largo de su historia han manchado esta tierra de sangre y violencia. Con el comienzo de la explotación del carbón de antracita en Pennsylvania por las grandes compañías, se funda la prometedora ciudad de Centreville, que años más tarde pasaría a llamarse Centralia. Es en la década de 1870 cuando miles de mineros irlandeses llegan esperanzados a estas tierras en busca de trabajo y un nuevo hogar. Los problemas sindicales de la época, los continuos abusos laborales y la explotación de los mineros en funestas condiciones son algunos de los coletazos que terminan truncando el sueño minero. Todo ello, unido a la crisis financiera de 1873 (conocida como Panic of 1873), crea un caldo de cultivo que da vía libre para que poco a poco la situación vaya agravándose. Así se dará lugar a condiciones poco menos que esclavistas, con numerosas palizas, horribles muertes debidas a falta de seguridad y continuos incendios dentro de los túneles. No es de extrañar, por lo tanto, que en estos mismos años comiencen a extenderse por todo el estado de Pennsylvania las agrupaciones secretas y clandestinas de mineros unidos contra el despotismo del poder industrial. Así es como llega a constituirse en Centralia una poderosa célula de los Molly Maguires; sociedad compuesta por mineros irlandeses que hacían uso de la violencia, la intimidación e incluso el asesinato contra los terratenientes. Para devolver el mismo trato que les habían dado a ellos, los mollies (apelativo con el que se conocía extraoficialmente a este grupo organizado) lucharon en defensa de los mineros al más puro estilo del héroe romántico: huyendo de la justicia, quebrantando la ley y provocando innumerables y graves altercados. Su lucha —reflejada en películas tan interesantes como The Molly Maguires (Odio en las entrañas, 1970)— sirvió de excusa para perpetrar horrendos asesinatos, como el del fundador de Centralia, Alexander Rea, en 1868. Por este último hecho fueron finalmente apresados y condenados a muerte.

Aquella terrible ola de violencia (a menudo ocultada en la historia) dejó rescoldos, como los de un fuego sin apagar, que aún siguen vivos bajo la tierra. Envidias, acusaciones en falso o represiones públicas son algunos de los factores que fueron llenando de odio el pueblo de Centralia a lo largo de las décadas siguientes. Sin embargo, la decadencia de la población llegaría en la década de 1960, cuando las compañías industriales empezaron a abandonar la explotación del carbón en favor de otro tipo de combustibles y energías.

Pero la circunstancia que realmente convirtió este pueblo en un espectro infernal ocurrió en 1962, año en el que se produjo un fatídico incendio de magnitudes inconmensurables bajo la tierra sobre la que descansa Centralia. Aún hoy día, son inexplicables los motivos por los que comenzaron a arder las minas de forma incontrolada. Existen diferentes posturas: desde la de aquellos que achacan la tragedia a la quema de basuras durante esa época, hasta la adoptada por los ancianos del lugar, que aseguraban que existía un misterioso pozo en llamas del que escapaban extraños y quejumbrosos ruidos surgidos de las profundidades de los túneles descubiertos en los años treinta. La opinión de los ocho habitantes actuales de Centralia, quienes se negaron a abandonar el infierno despertado en sus tierras, roza la teoría conspiratoria, ya que señalan directamente al gobierno como culpable. Creen que todo fue una treta para apoderarse de las importantes vetas de carbón de la zona. Dejando a un lado la locura paranoide de esta última supuesta causa, lo sorprendente de toda la historia de Centralia es que el incendio jamás pudo sofocarse. Se propusieron decenas de soluciones y se tomaron fuertes medidas durante las décadas posteriores, pero el fuego subterráneo continuó su violenta combustión desquebrajando calles, expulsando grandes columnas de humo de la tierra y escupiendo rescoldos entre las llamas de los socavones.

Durante los años setenta y ochenta el problema comenzó a hacerse cada vez más patente, pese a que aún quedaban más de un centenar de habitantes que habían depositado sus esperanzas en el fin de las llamas. La alerta cundió cuando el propietario de la gasolinera del pueblo descubrió, mientras revisaba los tanques subterráneos de gasolina, que el carburante se encontraba a casi 80 ºC (la temperatura más alta recomendable es de 20 ºC). Otro hecho alarmante fue la caída de un muchacho por un hoyo de cincuenta metros de profundidad, que se abrió bajo sus pies mientras jugaba en el patio trasero de su casa. Finalmente, todo el pueblo fue obligado a marcharse por un programa de reubicación del gobierno central, que condenó Centralia a su clausura en 1992 (todavía hoy se pueden leer los múltiples carteles de advertencia que informan sobre la inestabilidad del suelo, los gases expulsados y el peligro de muerte). Hubo una serie de demandas de algunos propietarios que acabaron resolviéndose a favor de los habitantes a principios de 2007. Nueve personas retornaron a sus tierras, bajo su propia responsabilidad, pese a lo inhóspito del paisaje, lleno de gases tóxicos que continúan emanando del interior de la tierra.

Un dato curioso es que en los años siguientes al inicio de la terrible tragedia, eran muchas las escuelas católicas que tenían sede en la zona, las cuales aportaron su propia conjetura ideológica al misterio de Centralia: sin duda todo el odio, la violencia y la sangre derramada a lo largo de los años habían corrompido la tierra hasta el punto de que el mismísimo infierno se abría paso hacia la superficie.

Es interesante constatar cómo la historia de Centralia, pese a su agonizar actual, sigue más viva que nunca, al igual que las llamas que lamen la ciudad desde el interior. El infierno de este lugar ha inspirado a cientos de artistas a lo largo del tiempo con poemas, novelas, una ópera rock y algunas películas. Entre estas últimas, la que más llama la atención es Silent Hill (2006). aunque está basada abiertamente en la conocida saga de videojuegos, su guionista, Roger Avary, se inspiró en la población de Pennsylvania. Más allá de las obras de ficción, Centralia sigue despertando gran interés entre investigadores y curiosos, que han retomado esta historia en varios reportajes (como el de BBC News), interesantes documentales (entre los que destaca el realizado en 2007 por Chris Perkel y Georgie Roland, The Town That Was) y en el excelente trabajo de investigación realizado por David DeKok en su libro Fire Underground: The Ongoing Tragedy of the Centralia Mine Fire (2009).

Con todo, la tierra humeante de Centralia sigue en pie, quejumbrosa y agrietada, quebradiza y débil, siendo devorada lentamente por dos de las más poderosas fuerzas de la tierra: el fuego que la golpea desde abajo y la naturaleza que poco a poco engulle la ciudad. En un pequeño rincón, enterrada a buen recaudo de las llamas, aún espera dormida la cápsula del tiempo que fuera depositada en 1866 con la historia de la ciudad. según reza su inscripción, debería abrirse en 2016. Si el fuego no los devora ¿cuántos secretos más desvelará el infierno de Centralia?