05 Retrofuturismos

 

 

 

 

 

 

 

 

Varios autores.

Retrofuturismos. Antología Steampunk.

Ediciones Nevsky. Madrid, 2014.

420 págs.

20,90 €

 

El término steampunk, acuñado por K. W. Jeter en la década de 1980, un poco a modo de broma, para describir las obras que estaban escribiendo Tim Powers, James P. Blaylock y él mismo como contraposición al popular cyberpunk de la época, está en pleno auge. Aunque a veces el término se use para definir solamente una estética muy característica, lo cierto es que el steampunk nació en la literatura de ciencia ficción. Como subgénero de esta última lo defiende Marian Womack, la editora de la presente antología, en el interesantísimo postfacio que acompaña a la obra. Para Womack, el steampunk no solo se centra en la nostalgia por la belleza del pasado (belleza, por cierto, imaginaria, ya que nada ha sido tan atractivo visualmente como se representa en el género), sino que también es un medio para hacer crítica social, al reconocer en la sociedad victoriana un reflejo de nuestra sociedad actual.

Nos encontramos ante la segunda antología steampunk publicada por la editorial Nevsky. La primera, Steampunk. Antología retrofuturista, seleccionada por el escritor Félix J. Palma, se publicó en 2012. Los quince relatos que componen esta segunda antología son muy variados. Todos van más allá de la estética de los dirigibles y los engranajes, y pocos tienen lugar en el sempiterno Londres victoriano. Lo más importante es que gran parte de ellos incorporan elementos de crítica social.

La recopilación contiene quince relatos retrofuturistas, entre los que destacan el relato de Félix J. Palma, «La princesa del centro de la Tierra», que abre la antología con una historia ambientada dentro de su trilogía victoriana; «La biblioteca de BubbleLon» de Sofía Rhei, uno de los más interesantes de la colección, el cual está protagonizado por una bibliotecaria un tanto peculiar y concluye con un bonito guiño a Oscar Wilde; «Biocronografía del salto lateral: el teorema de Aub», un relato de Guillermo Zapata que cuenta con viajes en el tiempo, agujeros de gusano, el inicio de la guerra civil española y la presencia de Luis Buñuel, entre otros elementos; «Aborrecer a Lester J. Murray», de Laura Fernández, la historia más divertida y pulp del libro, trata sobre un dirigible parlanchín; el relato escrito por Rubén Sánchez Trigos, «Gigantes», trae a Georges Méliès al Madrid de la década de 1930 para montar un extraordinario parque de atracciones; «Tiros a la barriga», de Jesús Cañadas, mezcla magistralmente la tecnología steampunk, la magia más arcaica y los sucesos de Casas Viejas (Cádiz, 1933); «Berlin Mechanical Men», de Noemí Sabugal, es un relato hardboiled que narra un conflicto centrado en la lucha de clases con autómatas de por medio; «El manco», escrito por Rocío Tizón, es otra narración de detectives y asesinos en serie; el relato de Luis Guallar, «Como dentro de un reloj», provoca en el lector la angustia de los mejores cuentos góticos, aderezando la clásica casa encantada de estos con autómatas y mecanismos varios; «Los hijos de Saturno», de Sergio Lifante, hace que la infame vampira de Barcelona protagonice una historia sobre una máquina capaz de traer la paz mental (eso sí, por un precio que no todos querrían pagar); «Prey’s Moon», de Joseph Remesar, nos hace reflexionar sobre si bestias tales como los hombres lobo tienen conciencia; y, cerrando la antología, encontramos el relato de Ángel Luis Sucasas y Francisco Miguel Espinosa, «Las manos que construyeron América», ambientado en la guerra de la Independencia norteamericana, que cuenta la historia de dos hermanos junto a la de los bandos contingentes.

Retrofuturismos consigue demostrar la enorme versatilidad que puede llegar a tener el género, así como también que se pueden escribir relatos steampunk de una gran calidad fuera del ámbito anglosajón.

Gema Solís Villamarzo