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Zanoni

“Antes de que volvamos a vernos, quizá habréis sufrido, quizá habréis sentido ya los primeros sinsabores de la vida. Acordaos de que la fama tiene poco que dar, y que nunca puede restituir lo que el corazón puede perder. Sed fuerte… y no cedáis ni aun a lo que pueda parecer compasión por la tristeza. Observad aquel árbol de vuestro jardín; mirad cuán encorvado y torcido crece. Alguna ráfaga de viento debió llevar la semilla de la cual brotó a la hendidura de aquella roca. Cercado de paredes y de casas, oprimido por la naturaleza y por el hombre, su vida ha sido una continua lucha por la existencia. Esta lucha es su necesidad y el principio de su vida. Mirad cómo se ha agarrado y enroscado, y cómo, allí donde ha encontrado una barrera, tallo y ramas han trabajado para superarla y elevarse hacia la luz. ¿Qué es lo que le ha preservado de tantos azares y de las desventajas de su nacimiento? ¿Por qué son sus hojas tan verdes y hermosas como las de la parra que tenéis detrás, a pesar de que toda ella disfruta del aire y del sol? Porque el instinto que le impelía a luchar y el afán que tenía por vivir, le han hecho vivir al fin. Aprended del árbol, y con el corazón sereno, atravesad los accidentes adversos y los días de tristeza, hasta que hayáis vencido todos los obstáculos y os hayáis hecho digna del cielo. Esta lucha es la que enseña a los fuertes y la que hace felices a los débiles. Antes de que volvamos a vernos, habréis mirado más de una vez, con ojos tristes, aquellas ramas, y cuando oigáis como las avecillas trinan posadas en ellas, y cuando veáis cómo los rayos oblicuos del sol juguetean sobre sus hojas, no olvidéis la lección; acordaos que la naturaleza os enseña, y que la luz se abre paso luchando para atravesar las tinieblas.”

Edward Bulwer-Lytton, poeta, novelista, dramaturgo
Zanoni, pág. 38

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