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Westworld: filosofía futurista

Westworld es un parque temático a gran escala donde los visitantes pueden ir escogiendo diferentes aventuras en los ambientes de su elección, con una sencilla premisa: cuando más se alejen del núcleo central del pueblo, más intensas serán las emociones con las que podrán encontrarse.

Los figurantes que trabajan en Westworld viven para hacer que la experiencia del visitante sea lo más realista posible, sin poner límite a la escalera de emociones que este escoja: acción, drama, diversión, sexo o incluso violencia. Sin embargo, los visitantes (huéspedes) saben algo que los locales (anfitriones) ignoran. Y es que todos los habitantes de este lejano Oeste ideal son en realidad androides, robots humanoides que sienten, padecen e incluso mueren cada día en su interacción con los humanos.

Los misterios que esconde la serie se van revelando de forma magistral capítulo a capítulo de mano de sus protagonistas. De este modo, podremos vivir con la bella Dolores Abernathy un doloroso despertar a la autoconciencia, y buscaremos con el siniestro “Hombre de negro” el laberinto, ese oscuro “nivel más profundo” donde todas las verdades serán por fin reveladas.

La serie, basada en la película homónima de 1973 escrita y dirigida por el novelista Michael Crichton, se puede leer desde muchos ángulos diferentes:

  • Por un lado, explora el tema de la autoconciencia de los humanoides y la inteligencia artificial, tema tratado en clásicos como Blade Runner, Ex Machina o Ghost in the Shell.
  • Por otro lado, se puede hacer una conexión con el mito de la caverna de Platón: qué es realidad y qué es sueño o ensoñación? ¿Es real lo que captamos por los sentidos, aunque solo sea un reflejo de la auténtica realidad, si es la única verdad que conocemos?
  • También se puede hacer una interpretación religiosa, ya que el creador de Westworld, como un demiurgo implacable, da la vida y la muerte, la conciencia o el olvido, a cada una de sus creaciones, manipulándolas como si de insectos en un experimento se trataran. Este este estupendo artículo se profundiza precisamente en ese aspecto bíblico de la serie.
  • Cabe además una interpretación desde el punto de vista de los derechos humanos y la explotación de las minorías: los androides son golpeados, prostituidos, avasallados e incluso asesinados impunemente por los huéspedes del parque, que no ven en ellos más que meros objetos para su propia diversión.

Westworld bebe además de muchas otras fuentes, como por ejemplo Matrix, desde el momento en que los anfitriones descubren otro mundo real más allá de ese otro inoculado vía software. Y también nos puede traer a la memoria la aventura de descubrimiento personal alucinada y terrible de Alicia en el País de las Maravillas (de hecho, la estética del personaje de Dolores nos recuerda muchísimo al personaje de Lewis Carroll).

Westworld incita a pensar, a reflexionar, a sentir empatía por el débil, hacia el que reclama su derecho a actuar y moverse con libertad. Nos hace sentir repulsa ante la muerte sin sentido y la crueldad del ser humano. Provoca miedo al no saber diferenciar una persona de un anfitrión, e incluso nos hace preguntarnos si nosotros mismos no seremos un replicante de espantoso realismo. Nos hace interrogarnos si nuestros recuerdos son reales o implantados. Nos impulsa a querer saber a toda costa qué esconde ese laberinto esotérico, ese fin que justifica cualquier medio y que obsesiona al Hombre de Negro. Se trata, ni más ni menos, de encontrar el sentido mismo de la vida y lo que nos hace humanos.

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